Opinion

Revisitando The Last of Us, sigo quedándome con la secuela

Revisitamos la primera entrega de The Last of Us, un juego que, para muchos, es mejor que la secuela

Es temporada de GOTYs, The Last of Us Parte II está arrasando en las nominaciones y es probable que se lleve decenas de premios en distintas premiaciones y de parte de varias publicaciones. Claro que, como es bien sabido a esta altura, la secuela dividió aguas y hay quienes sostienen que no está a la altura del primero o que incluso ni siquiera es digna.

Como alguien que viene sosteniendo hace meses que la segunda parte me gustó más que la primera, me propuse rejugarla. Mi opinión sobre aquel juego de 2013 podría haber cambiado.

Habiendo revisitado, entonces, The Last of Us de principio a fin en su versión remasterizada de PlayStation 4, ¿mi opinión cambió? La respuesta no les sorprenderá.

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2013 fue un gran año para el gaming. Fue el año de Grand Theft Auto V, de Gone Home, de Bioshock Infinite. Todos estos juegos en su momento me gustaron más que The Last of Us. En su momento no fui muy crítica y no analicé a fondo el por qué. Hoy en día tengo la respuesta.

GTA V lo voy a dejar de lado –porque no tengo que ni explicar qué me atrapa de los mundos abiertos de Rockstar, además es un juego muy distinto a The Last of Us–, pero Gone Home y Bioshock Infinite tienen sus similitudes. Ambas son experiencias narrativas y también son más “contenidas” –a falta de una mejor palabra– que el juego de Naughty Dog. ¿En qué sentido?

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The Last of Us no es un mal juego para nada. De hecho, es brillante. En él desemboca mucho de lo que Naughty Dog aprendió con la saga Uncharted. Es el paso que sigue. La construcción del mundo, la forma en que Joel y Ellie interactúan entre sí y con los escenarios, los momentos íntimos en los que la acción se detiene, todo esto y más es muy memorable. Pero mi problema es con la estructura más amplia de la aventura. Si en su momento no me convenció, hoy en día no hay chances de que esto cambie porque incluso quedó vieja.

The Last of Us tiene buen ritmo considerando que apuesta por una estructura divida en estaciones, del verano al invierno, similar a la de una novela o a una serie de TV. Joel emprende un viaje junto a Ellie para que ella llegue a la otra punta del país y se reúna con Las Luciérnagas y así poder encontrar una cura. El viaje es larguísimo y en el medio les pasa de todo. Una trama menos contenida porque no cuenta una sola historia, sino muchas. Hay momentos brillantes –como cuando Ellie tiene que cuidar de Joel y valerse por sí misma– y personajes muy bien trabajados, como Bill, que es un superviviente ermitaño y hosco, pero que esconde humanidad y termina revelando una historia de amor.

Pero también hay personajes secundarios como Henry y Sam, que tocan todos los clichés del género de supervivencia y no suman nada concreto a la historia en sí. Por otro lado, David es un villano temible, pero siempre sentí que su arco argumental está apurado –como toda la parte en que jugamos con Ellie– y su peso, en la historia completa, se diluye.

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Al final, me pasó como la primera vez que lo jugué. Siento que The Last of Us es un juego con un comienzo impactante y con un final igual de impresionante, que completa un ciclo, forja la relación entre Ellie y Joel y nos deja, cuando menos, con un nudo en la garganta. Pero todo lo que pasa en el medio, en los peores momentos, llega a ser hasta olvidable y cliché (especialmente si jugás habiendo visto mucho género de supervivencia antes, cof cof, The Walking Dead).

The Last of Us Parte II tiene a dos protagonistas con motivaciones más claras y enfocadas. Es un western de venganza llevado a una ambientación post-apocalíptica y maneja ganchos narrativos más potentes. Nos tienen todo el juego esperando a que Ellie y Abby se crucen, y cuando finalmente lo hacen, se termina el juego. Pero hasta ese punto, nunca dejas de estar enganchado porque está lleno de cliffhangers. Además, al romper con la estructura clásica de tres actos, en la recta final estamos todo el tiempo creyendo que sabemos qué va a venir, creyendo que sabemos cómo va a terminar. Pero no, el juego nos amaga mil veces, nos sorprende hasta el último segundo.

Repito. The Last of Us es un gran juego, pero los problemas que tenía en su momento hoy en día son incluso más claros. Me gustaría que no cayese en los mismos enfrentamientos, una y otra vez, que tuviese más momentos de exploración, charla e intimidad. Esos momentos llegaron por suerte, pero meses después, con el DLC Left Behind.

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En la secuela, Naughty Dog consigue balancear mejor los momentos de acción y los de aventura. No le quita protagonismo a ninguno, como sí sucede en el primer juego, donde prevalecen los combates.

Entiendo si no pueden amar The Last of Us Parte II por el recuerdo de Joel que tenían del primer juego. A ustedes, los invito a rejugar la primera parte. Quizás no se acuerden que todo el tiempo a Joel se lo presenta como un mercenario. Es un tipo que mata gente, a quien la gente le debe favores (Bill, sin ir más lejos). El destino de Joel estuvo marcado desde un principio, con el tipo de vida que eligió, tal y como Ellie hace su elección en el acto final de la secuela. No hay héroes ni heroínas en The Last of Us, hay supervivientes que tienen bien en claro que su vida vale más que la del resto. En un mundo con esas reglas, las muertes no son heroicas.

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