Opinion

Minority Report | Más allá de Japón: Terror asiático en videojuegos

Cuando pensamos en terror asiático, indudablemente pensamos en Japón. ¿Pero qué hay más allá?

Cuando pensamos en terror asiático, indudablemente pensamos en Japón. El impacto cultural que tuvieron las películas Ringu (1998) y su remake, The Ring (2002) abrió las puertas a otro tipo de terror en occidente. En videojuegos, los juegos de terror japoneses siempre fueron considerados los mejores. Resident Evil y Silent Hill son un claro ejemplo, aunque, también a comienzos de los 2000s, en occidente empezó a haber lugar para joyas más folclóricas como Fatal Frame y Forbidden Siren.

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Pero hoy no estoy para hablar de terror japonés porque estoy segura de que la mayoría como mínimo conoce varios juegos que nacieron en el país nipón, si es que no los jugaron. En los últimos años la industria de videojuegos se diversificó y nacieron estudios independientes en todo el mundo. De la misma forma que hablamos de cómo crece la industria argentina y latina de videojuegos en FichineAR, algo similar se puede decir de Corea del Sur, Indonesia o Taiwán.

El primer juego que me hizo ver que había terror asiático fuera de Japón fue White Day, lanzado en 2001 en PC. Este juego no salió de su país natal por años, Corea del Sur, pero se convirtió en una pequeña joya de culto para los amantes del terror cuando fue traducido al inglés unos 10 años después de su lanzamiento original.

La versión original de White Day es incluso freeware, porque nunca llegó a este lado del mundo, y se puede encontrar en IndieDB. En 2015, el estudio surcoreano ROI Games lanzó un remake de este juego, que llegó a occidente en 2017 de la mano del publisher europeo con alcance internacional, PQube Limited. Hicieron falta casi 20 años para que White Day llegase a nuestros pagos y no creo que haya sido casualidad que recién hace pocos años el mercado occidental se interese por ver un juego de terror coreano en PC y consolas. El boom del cine coreano de terror en Estados Unidos es relativamente reciente y su impacto cultura claramente se trasladó al mercado de videojuegos.

White Day, el juego original de PC, supo captar a las audiencias basándose en una tradición cultural muy popular en Japón. Cualquier persona que vea anime sabe que el White Day es una celebración romántica como San Valentín, de modo que, para jugar este juego en su tiempo, no hacía falta tener idea del folclore o la cultura coreana. Eso lo hizo un juego accesible para todos los amantes del terror que, por esos años, estábamos fascinados con The Ring, The Grudge y Dark Water, así como con juegos como Fatal Frame.

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Sin embargo, a su vez, el juego se sentía distinto. White Day, como todo el terror asiático, se vale de fantasmas, apariciones y terror sobrenatural, pero también nos introduce a leyendas urbanas y a un tipo de terror más social, como hoy en día se ve tan claro en el cine de Kim Jee-woon (A Tale of Two Sisters) y Bong Joon-ho (Parasite).

Algo similar consiguió DreadOut en 2014. Se trata de un juego indonesio de terror, el primero en su país en pegarla fuerte en occidente. Con un gameplay muy inspirado en Fatal Frame, controlamos a Linda, una joven en una excursión escolar que termina separándose del grupo y viviendo una pesadilla.

Al igual que White Day, este juego, desarrollado por los indonesios de Digital Happiness, recae en algunos de los lugares comunes del terror japonés, como el hecho de hacer del colegio un lugar central para las vivencias de cualquier adolescente. Sin embargo, las criaturas del juego son propias del folclore indonesio y, realmente, se ven aterradoramente originales para nosotros. Con DreadOut nos damos cuenta lo muy distintas que pueden ser las leyendas y creencias, y por ende los miedos, de los países asiáticos.

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Lo que tienen en común estos dos títulos que mencioné hasta acá es que sirvieron para abrirle la puerta a lanzamientos con una impronta cultural más marcada. Los juegos del estudio taiwanés Red Candle Games, Detention y Devotion, están ambientados en la década de 1960 en el propio país y hablan de cómo se vivió el periodo de represión y persecución política llamado White Terror, el período de ley marcial más largo de la historia.

Detention es un juego de terror en el que no hay combate; sí hay enemigos, y nos escondemos de ellos reteniendo la respiración. Esto suena muy visto, pero lo que hace peculiar al juego es que el verdadero terror está en cómo relata las experiencias de quienes vivieron ese período oscuro en Taiwán. El miedo a la represión y a la censura están presentes en la historia y, siendo un juego de terror psicológico, cala hondo como ninguno.

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Algo similar sucede en Devotion, el segundo juego del estudio que llegó a PC el año pasado. En el caso de esta segunda entrega, la historia es más intimista y nos muestra cómo la religión y el fanatismo político pueden destruir por dentro a una familia. Lo irónico, y triste, sobre Devotion, es que duró poco tiempo en Steam porque el gobierno chino lo censuró debido a un easter egg que se burlaba del presidente chino, Xi Jinping, comparándolo con Winnie Pooh. Los nacionalistas chinos lo review bombardearon también, como explicamos acá.

Las críticas sociales de Red Candle Games siguen vigentes hoy en día. Lamentablemente, Devotion no volverá a Steam, pero Detention sí está disponible (por suerte la censura fue contra el juego y no contra el estudio).

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Una propuesta similar a estos dos juegos que acabo de mencionar, pero hecha en Indonesia es Pamali: Indonesian Folklore Horror, un juego de terror en primera persona que se inspira directamente en las costumbres y los ritos del país no solo para su historia, también para el gameplay.

Pamali es en realidad una antología de tres juegos cuyo punto en común es invitarnos a visitar y recorrer espacios embrujados. El estudio desarrollador, StoryTale Studios, parte de la filosofía de que lo que se entiende cómo terror depende de la cultura. Para algunos contextos sociales, el terror surge de la guerra y sus secuelas, para otros de los asesinos seriales y para Indonesia, según esta gente, de lo que hacemos y pensamos.

En concreto, Pamali basa su terror en el tabú, es decir, la prohibición de ciertas cosas y costumbres que están mal vistas. Este concepto se traslada al gameplay de un manera increíble y muy original porque el terror en el juego reacciona a nuestra forma de actuar. ¿En qué sentido? En el primer capítulo de Pamali estamos en la que casa que habitaron nuestros padres, ahora fallecidos. Regresamos al lugar para limpiar y recoger algunas cosas. Teniendo en cuenta esto, nuestras acciones, incluso la más simple como recoger un objeto, prender una luz o acomodar un cuadro, afectan la actitud de la entidad que vive en esa casa.

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Pamali es un juego basado en prueba y error. Tenemos que descubrir cuál es la forma más respetuosa, y menos tabú, de movernos en la morada del ser sobrenatural en cuestión, sin enojarlo porque podemos terminar mal. El primer capítulo, para que se den una idea, tiene 36 finales, y lo mejor es que los sustos nunca son iguales porque nunca jugamos igual. Además, los enemigos son recreaciones de seres mitológicos indonesios.

Sin dudas, Pamali es un ejemplo perfecto de cómo trasladar la idiosincrasia de una nación al gameplay y de qué tan distintos son los modos de vivir y de entender el mundo en los países de Asia. A veces, por prejuicios, creemos que el terror japonés es idéntico al coreano o al chino y, la verdad, nada más lejos de la realidad. Hay temas en común y estéticas, pero cada uno de estos países tiene su propio enfoque a la hora de asustarnos.

Espero que se animen a jugar estos títulos. Si buscan todavía más, pueden ir por Home Sweet Home, de origen tailandés, un juego en primera persona de pura atmósfera, sin gore y con fantasmas clásicos de este tipo de terror. También está The Coma, de los surcoreanos de Devespresso Games, un survival horror con elementos de novela visual que explora los terrores de los sistemas educativos asiáticos. Como verán, hay mucho para jugar.

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