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10 juegos que me acompañaron todo el 2019

Pasado el furor de los GOTYs los Malditos Nerds elegimos nuestros favoritos del año. Sebas nos cuenta qué juegos capturaron su corazón durante el 2019.

Si algo nos une, tanto a lectores como a periodistas, son esas incondicionales ganas de ponernos a jugar. No importa si podemos dedicarle tiempo todos los días o si tenemos que esperar hasta el fin de semana para avanzar en nuestro juego favorito, el gaming nos conecta a todos. A la vez cada uno de nosotros juega por algún motivo, más allá de la primordial recompensa lúdica, que puede ir desde algo tan sencillo como matar un par de horas libres, ser el escape de una rutina opresora o algo tan importante como ayudar a lidiar con una circunstancia de la vida que no podemos evitar.

En mi caso particular, además de jugar como parte de mi profesión, existen juegos que echan raíces en mi corazón porque me ayudan a aliviar la tensión del día a día. La idea se asemeja mucho al término “comfort food”, con el que se denomina a esa comida que ingerimos no sólo para saciar el hambre, sino porque nos reconforta el hecho de comerla: nos gusta, nos hace sentir bien. Lo mismo me sucede con el gaming, hay juegos que invitan a relajarse en su loop de jugabilidad y en los que me he perdido durante cientos de horas a lo largo del año pasado. Algunos de ellos forman parte de esta lista, porque son los diez juegos con los que mejor la pasé en 2019 y que tengo pensado seguir jugando.

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Mortal Kombat 11

Me gustan los juegos de peleas balanceados, en los que uno siente que la victoria se decidió en base a la estrategia en el combate, a los reflejos y al conocimiento no sólo de nuestro personaje sino en especial de los oponentes. Por eso me gusta Street Fighter en casi todas sus presentaciones, pero como soy un niño de los noventas Mortal Kombat tiene un lugar guardado en mi corazón. La entrega anterior nunca terminó de capturarme, estaba roto por donde se lo mire, luego llegó Injustice 2 y me demostró que NetherRealm Studios estaban en el camino correcto. Por eso aposté por Mortal Kombat 11 y lo puedo recomendar con tranquilidad, porque no solo satisface a todos los que crecimos con la franquicia de Ed Boon y sobrevivimos sus tropiezos, sino que es un juego de peleas hecho y derecho. Claro que es rápido y tiene movimientos que, a simple vista, pueden parecer exageradamente abusivos, pero todo tiene una forma de ser contrarrestado. Es el primer MK balanceado, que ofrece una experiencia atractiva tanto en el clásico modo campaña como luego de terminarlo, con razones para que invirtamos decenas de horas y le saquemos el máximo provecho.

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Dragon Quest XI S: Echoes of an Elusive Age

Los fanáticos de los JRPGs tuvimos varias “edades doradas” y en la mayoría de ellas el juego insignia de Enix tuvo un fuerte protagonismo. Seguramente no hace falta aclaración, pero si en Japón la canción principal de tu juego es más popular que la de Super Mario Bros, tenés una franquicia legendaria entre manos: así de popular es Dragon Quest. Sin embargo, pese a la calidad de sus entregas principales, desde la fusión que resultó en Square-Enix la saga había quedado relegada a títulos portátiles y spin offs. Por eso su onceava entrega era de vital importancia y Takeshi Uchikawa decidió hacer su mejor esfuerzo para estar a la altura de las circunstancias. El resultado fue sublime, estableciéndose como uno de los mejores capítulos de la saga, ya sea por su brillante apartado estético en el que brilla la mano de Akira Toriyama, su renovado sistema de combate o su clásica pero atractiva historia, Dragon Quest XI es una verdadera maravilla. Y si puede formar parte de este listado, a pesar de haber salido en 2017, es que en septiembre salió la versión definitiva para Nintendo Switch que trae una buena cantidad de razones para justificar la compra. Una de las mejoras tiene que ver con la narrativa porque trae una versión expandida de la historia original, pero además se puede jugar completamente con la estética de 16 bits clásica de Super Nintendo, trae las voces originales en japonés y una banda de sonido opcional orquestada por la Filarmónica de Tokyo. Pero lo que me enamoró fue su regreso a lo básico, a las aventuras simples, a los personajes queribles y bien desarrollados, y sin dudas a la posibilidad de llevarlo a todos lados en la mochila. Dragon Quest XI S fue la mejor compañía durante los últimos meses del año y lo seguirá siendo por un tiempo más mientras consigo el 100% de todo lo que tiene para ofrecerme.

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Call of Duty: Modern Warfare

No juego bien Modern Warfare. No se me da naturalmente como a muchos de ustedes, por eso siempre termino en la mitad de la tabla de posiciones y, si alguna vez me llegan a ver entre los primeros, es porque estoy teniendo el mejor día de mi vida. Sin embargo no puedo dejar de jugarlo, noche de por medio cuando quiero desconectarme del mundo prendo mi Xbox One o mi PC y me siento a intercambiar escopetazos con millones de usuarios. El nuevo Call of Duty me enamoró y eso no es tarea fácil, siempre fui jugador de Battlefield y esas cosas no se negocian, pero este año me tocó analizarlo y probé las mieles de su propuesta. ¿Será por el balance entre modos clásicos y nuevos que incorpora su modo multijugador? ¿Tal vez haya sido su compacta y atrapante campaña? ¿Quizás sus 60pfs constantes y la posibilidad de jugar con amigos a través de las 3 plataformas en las que salió? Seguramente es una mezcla de todas las anteriores, lo cierto es que cada vez que inicio Call of Duty: Modern Warfare sé que me espera una jornada de absoluta diversión y eso lo hace uno de mis favoritos del año.

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Destiny 2: Shadowkeep

¿Cómo describir la sensación que me genera volver a visitar La Torre, levantar los contratos de Zabala y subir a mi nave a patrullar la galaxia? ¡Es simple! Para mi jugar Destiny 2 es como ir a visitar a un viejo y muy querido amigo, de esos con los que te vas reencontrando a lo largo de la vida y a quienes siempre volvés a elegir. Puedo alejarme de vez en cuando para jugar otras cosas, pero siempre vuelvo a este glorioso universo para sumarle unas 40 o 50 horas más a los centenares acumulados. Shadowkeep fue la excusa ideal para volver a Destiny 2, para festejar la independencia de Bungie de la tirana intervención de Activision/Blizzard y abrazar los nuevos cambios que trajo aparejados este cuasi relanzamiento. Una grandiosa cantidad de contenido consolidada por la gigantesca base de jugadores que aporta la versión gratuita (que incluye las 3 campañas del Año 1) y un renovado sistema de progresión, con modificación y forja de equipamiento incluído, que lo transforma en una de las experiencias que definió la década. Puede llegar a ser agresivo y abrumador para los nuevos jugadores, pero la curva de aprendizaje es sencilla y pronto estarán cruzando la vía láctea en busca de nuevos desafíos.

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6

Final Fantasy VIII Remastered

El único error que cometió Final Fantasy VIII fue haber salido después del Final Fantasy más popular de la historia, no necesariamente el mejor, pero sí el más aclamado. La aventura de Squall, un adolescente tímido y de pocas palabras, nos llevará a recorrer una tierra repleta de animales exóticos, ciudades-escuela que entrenan a sus alumnos como soldados y combaten entre sí como si fuera una partida de TEG. Habrá hechiceras, control mental, viaje en el tiempo y una historia de amor que lo atravesará todo hasta dejarnos al borde de las lágrimas. Todo eso eso había quedado olvidado junto con el código del juego a finales de la década anterior, sepultado entre nuevos JRPGs y confinado a los recuerdos de unos pocos (aunque fieles) jugadores acérrimos. La remasterización de Final Fantasy VIII no es una obra de arte, pero sí acerca este grandioso juego a una nueva generación de jugadores. Trae una vez más a la luz un revolucionario sistema de progresión que no depende enteramente de los puntos de experiencia, sino de cómo utilicemos las invocaciones clásicas y qué habilidades le enseñemos. La magia no depende de MP sino de cargas, que a su vez potencian las características de los personajes, los ataques límite pueden ser infinitos si es que nos mantenemos al borde de la muerte y mientras tanto el combate sigue su ritmo. Si no jugaron al original lo van a ver viejito, pero en realidad las mejoras al apartado técnico son tangibles y más que bienvenidas. Además incluye el mini game previamente exclusivo para usuarios de PocketStation y Triple Triad: el mejor juego de cartas visto en un RPG.

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5

Bloodstained: Ritual of the Night

Koji Igarashi es el responsable de varios de mis juegos favoritos, por quien se acuñó el término “Metroidvania” y uno de los creadores que más respeto en la industria. Claro que sus credenciales son vitalicias, pero este año pudo demostrar que aún tiene lo necesario para crear una obra a la altura de su obra maestra. Bloodstained: Ritual of the Night es, ni más ni menos, que la verdadera continuación espiritual del legendario Castlevania: Symphony of the Night con todo lo que esta afirmación conlleva. Bloodstained captura la esencia de los mejores clásicos de Igarashi y los trae a la actualidad, pero no desde la innovación (en ese frente hay grandes títulos modernos) sino desde la ejecución y el perfeccionamiento de las mecánicas. El apartado artístico es exquisito, la banda sonora sublime y la progresión de la aventura verdaderamente irresistible, al menos para alguien que creció en los noventas jugando este tipo de juegos. Por eso es que, de vez en cuando, comienzo una partida nueva para volver a recorrer el castillo y explorar hasta la última mazmorra al mando de Miriam.

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Remnant: From the Ashes

Si alguien me hubiera dicho que iba a pasar más de 60 horas sumergido en un título que toma abiertamente elementos de mi saga favorita, los mezcla con la jugabilidad de uno de mis Comfort Games de cabecera y lo adereza con mundos creados de forma procedural, no hubiera habido forma de convencerme de que iba a ser uno los juegos que más disfrutaría en el año. Gunfire Games logró lo imposible: capturó una partecita de la esencia de Destiny, sus razas y mundos alienígenas, añadió la exploración y los combates contra jefes espectaculares de la saga Soulsborne, y lo transformó en un shooter cooperativo que se juega en 3ra persona y resulta imposible de soltar. Ya sea que prefieran jugar solos, con amigues o extraños a través de internet, Remnant: From the Ashes tiene potencialmente cientos de horas de diversión para ofrecerles. Puede que su modesto presupuesto engañe, pero detrás de los sucios edificios abandonados del primer mundo se ocultan escenarios coloridos, selvas tupidas y pútridas catacumbas que explorar, decenas de armas especiales que forjar y misiones emergentes que encontrar. Los creadores de Darksiders III tienen una mina de oro en el fondo de su casa, esperemos que sepan cómo explotarla manteniendo felices a los jugadores en el proceso.

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The Division 2

Así como Destiny rasca la picazón del shooter espacial en primera persona The Division 2 hace lo suyo con mis ganas de coleccionar armas realistas, personalizarlas y liberar Washington DC a los tiros. La historia del juego, basada en la novela de Tom Clancy, no es mucho más que una fantasía de poder machista en la que resolvemos todo masacrando a aquellos que piensan distinto. No hay distinción entre quienes se unieron a los Hyenas por desesperación, hambre o para salvar el pellejo, todos terminarán del otro lado de nuestro fusil. Pero detrás de esta narrativa sesgada de nacionalismos barato, a la cual no le presto demasiada atención, se esconde uno de los mejores shooters cooperativos de los últimos años. The Division 2 edifica sobre los firmes cimientos de su antecesor, corrigiendo todos los pasos en falsos del pasado, uniendo la base de jugadores con contenidos gratuitos y ofreciendo una experiencia repleta de actividades nuevas que realizar. Es el juego ideal para sentarse a explorar y sumergirse en el loop de looteo-mejora-levelup que nos abrazará alejándonos de los problemas de la rutina. Y como si la campaña de más de 30 horas fuera poco, el endgame es gigantesco y desafiante, las especializaciones aportan variedad al gameplay y el apartado técnico es tan hermoso que hasta la versión más humilde nos dejará boquiabiertos de vez en cuando.

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Resident Evil 2

Allá por 1998 mi flamante PlayStation me hacía entender que había mucho más en el gaming que plataformas afiladas, beat ‘em ups y juegos de carreras. Resident Evil 2 fue el responsable de demostrarme que un juego podía tener acción y a la vez una atmósfera cinematográfica, al punto de llegar a capturar mi imaginación e invitarme a absorber cada detalle del escenario. Desde entonces busqué esa sensación en cada una de las entregas de la popular saga de Capcom y no volví a tenerla sino hasta RE7, pero la experiencia era tan diferente que hasta se sentía de otra saga. La remake de Resident Evil 2 me devolvió a mi habitación en la casa de mis padres, al sentimiento de descubrimiento detrás de cada puerta de la estación de policía de Racoon City, a la desesperación por saber que Mr. X me seguía y toda mi munición no sería suficiente para abatirlo. Capcom logró adaptar la esencia del mejor Resident Evil a los tiempos que corren, con un motor gráfico exquisito que funciona perfecto en todas las configuraciones y una propuesta que se mantuvo fresca hasta para los más acérrimos amantes del original. Resident Evil 2 es mucho más que una simple remake, es la reimaginación del survival horror hollywoodense traída a los tiempos que corren, con aires de película de clase B, una pizca de Carpenter, y uno de mis juegos favoritos de esta generación.

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Sekiro: Shadows Die Twice

Desde que lo jugué por primera vez en Brasil Game Show 2018 quedé completamente enamorado de Sekiro. Para ser sincero siempre me gustaron los desafíos, me crié renegando con todos los Megaman, Ducktales, Contra y cuanto juego de acción y plataformas pasó por mis manos, pero esa pasión volvió fuerte en 2010 cuando jugué Demon’s Souls por primera vez. Desde entonces soy soldado de Hidetaka Miyazaki al punto que me pongo a platinar sus juegos y pienso que en realidad no son difíciles, sino que requieren más atención del jugador que el promedio de los títulos modernos. Sin embargo Sekiro me castigó desde el primer momento y lo sigue haciendo cada vez que vuelvo a Ashina a por una partidita. Pero lo lindo es saber que detrás de cada muerte hay un motivo, algo que podría haber anticipado, manejado o aprendido a manejar por mis propios medios: esa es la magia de los juegos de From Software. Esta vez no sólo volvieron a alcanzar la perfección (Bloodborne sigue siendo su obra maestra) sino que pulieron la fórmula hasta conseguir la esencia más pura de la propuesta que vienen trabajando durante 10 años, y lo pusieron al alcance de todos, demostrando todo lo preciso que puede llegar a ser un juego de acción en 3ra persona si el estudio responsable se lo propone.

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