Opinion

Far Cry: el problema de la tibieza y los juegos "apolíticos"

Tras el anuncio del nuevo tanque de Ubisoft, no podemos evitar pensar en otros juegos que usan la política para vender, muchas veces burlándose de los pueblos latinoamericanos

El pasado domingo en el evento Ubisoft Forward fuimos testigos del anuncio oficial de la nueva entrega de Far Cry. Ya se había filtrado unos días antes, así que el impacto, en términos de sorpresa, no fue el mismo. Sin embargo, esto no truncó la conversación: se está hablando mucho de Far Cry 6, para bien y para mal. Acá venimos a zanjar lo segundo.

Far Cry 6 (2020) Juego Tráiler Oficial Español

Far Cry 6 pone a los jugadores en el medio de una guerra de guerrillas en Yara, una isla paradisíaca en algún lugar del Caribe. El lugar está gobernado por un dictador, Antón Castillo (Giancarlo Esposito). De fondo, obviamente, habrá corrupción, persecuciones políticas y revolución. Ubisoft dejó en claro que su próximo juego será sobre dictaduras latinoamericanas con el trailer de anuncio.

De hecho, el director de narrativa del título, Navid Khavari, habla de cómo Cuba fue la principal inspiración para el juego. “Cuando hablamos sobre guerra de guerrillas, pensamos en Cuba”, es lo que dice en el blog de Ubisoft, donde también explica que el equipo de desarrollo pasó un mes en la isla aprendiendo de la “cultura y la música” y conociendo a “exguerrilleros”.

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Me encantaría ver con buenos ojos el empeño de Ubisoft al molestarse en visitar el país caribeño, pero la compañía no tiene un buen historial en términos de representación latinoamericana. Uno de los ejemplos más claros es el de Ghost Recon Wildlands. Este shooter táctico nos presenta a un escuadrón estadounidense que llega a Bolivia a "purgar" el país de un cartel mexicano que tomó control de la nación, mientras recorremos un mundo abierto inspirado en biomas reales de Sudamérica como salinas, desiertos y bosques subtropicales.

La premisa de Wildlands es profundamente imperialista, pero, para Sudamérica especialmente, es profundamente hiriente por razones que no tendría que ni explicar. Si tomamos la influencia de Estados Unidos en las dictaduras, desde este lado del mundo, a nadie le hace gracia que lleguen soldados norteamericanos a balear gente. Sumado a esto, dar una visión de Bolivia como un país controlado por carteles solo hizo que el propio gobierno boliviano levante una queja formal contra Ubisoft Francia.

Esto pasa cuando se quiere agarrar una temática controvertida, pero no querés que tu juego sea político porque esa es mala palabra para los gamers. Lo irónico es que estos juegos terminan siendo políticos igual, porque lo apolítico no existe. Son asquerosamente tibios, al punto que, de una forma inexplícita, terminan avalando las ideas libertarias que supuestamente critican.

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Y no solo le pasa a Wildlands, también es el caso de Far Cry 5. Ambos son títulos que van por la controversia fácil. Usaron la política como marketing, pero a la hora de ponernos el joystick en las manos, vemos que son profundamente superficiales, caricaturescos y hasta infantiles.

Far Cry 5 es un caso notable porque comenzó a anunciarse con un marketing que se basaba en criticar abiertamente la cultura de la supremacía blanca que tanto se ve en USA. Antes del lanzamiento, la campaña dio un giro, como si Ubisoft tuviese miedo, y el juego terminó siendo un Frankenstein que nunca llega a ser una buena sátira ni tampoco algo lo suficientemente serio como para que tenga sentido su historia. Roza lo clase B y es una obra superficial que esconde referencias obvias como poner villanos que dicen frases de Trump o una secta que convierte fanáticos usando una droga ridícula que los deja como zombis. Siendo que la violencia de grupos extremistas, religiosos y supremacistas, existe en el sur de Estados Unidos, ¿realmente vas a caricaturizar su accionar de una forma tan simplista?

Si Ubisoft no se animó a criticar la cultura estadounidense cuando ambientó un juego en el propio país (Far Cry 5), ¿se animarán a criticar el imperialismo que hay de fondo en las dictaduras latinoamericanas?

No lo creo.

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Y tampoco creo que sirva de algo cualquier tipo de investigación que haya ido a hacer Ubisoft a Cuba. Porque, al final, el marketing en el que están cayendo es el mismo: Navid Khavari en ningún momento de la entrevista usa la palabra política (recordemos, es mala palabra). También se atreve a decir que el antagonista (el dictador Antón) y el juego “no están basados en ninguna persona o evento específico” y lo dice incluso cuando el trailer y la sinopsis de Far Cry 6 llenan un checklist de estereotipos latinoamericanos.

Los videojuegos necesitan ser políticos si van a darse el lujo de representar realidades sociales y culturales que sus desarrolladores desconocen. No alcanza con irse de viaje un mes a conocer la cuba paradisiaca. No se puede hablar de dictaduras sin ser político; ¿cómo hablamos de uso de armas, conservadurismo y Donald Trump sin caer en política? Si lo haces, terminas cayendo en la mediocridad y la tibieza de Far Cry 5. Estaría buenísimo que la sexta entrega se despegue de estos problemas. Ojalá me equivoque, pero, a juzgar por el trailer y la historia de la compañía, parece que todo se va a repetir otra vez.

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