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ANÁLISIS | Do Not Feed the Monkeys y la tentación del mirón

Uno de los juegos más interesantes de 2018, Do Not Feed the Monkeys, llega a Nintendo Switch en una versión digna de nuestra curiosidad de primate

El Club de Observación de Primates es un extraño y misterioso grupo que permite a sus miembros acceder a cámaras—o “jaulas”, como las llaman ellos—desde las que se podrá observar el comportamiento de toda clase de monos. El hecho de que estos primates vistan ropas y hablen nuestro mismo idioma no debe causar sorpresa a nosotros, el nuevo miembro de esta inusual entidad. Tan inusual como las características de jugabilidad que Do not Feed the Monkeys, el nuevo juego de Fictiorama Studios ( Dead Synchronicity: Tomorrow Comes Today) tiene para ofrecernos; en especial ahora que finalmente ha sido lanzado en su versión para Nintendo Switch.

"Do Not Feed the Monkeys" - Trailer

Viviendo el día a día en nuestro más que modesto apartamento, nuestra nueva membrecía en esta asociación tan particular nos pondrá al control de algunas “jaulas” para observar desde la comodidad de nuestra PC. Las reglas del club son muy sencillas: se nos permite apreciar las jaulas suministradas con nuestra aplicación MonkeyVision 2.1 y se nos pide no desinstalar el programa, o nuestros lazos con el club se romperán para siempre. Además, se nos requiere que cumplamos con una cuota de jaulas dentro de un tiempo límite a fin de ascender de categoría; caso contrario seremos expulsados del Club. Y desde luego, la regla principal del grupo: No Alimente a los Monos.

Todo esto quiere decir que, básicamente, hemos instalado un software que accede a cámaras hackeadas para espiar a la gente en sus actividades diarias. Comenzaremos con cuatro cámaras ya activadas y podremos adquirir nuevas “jaulas” por un módico precio desde la pestaña de compras del software MonkeyVision. Las cámaras en sí son elegidas al azar de una gran colección, de manera que cada partida ofrecerá nuevas historias para descubrir.

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La transmisión va a empezar

La transmisión va a empezar

Se aprecia una gran inmersión en este mundo reducido; no tanto por el arte pixelart en sí—que cumple lo justo y necesario—sino por el diseño de su universo. El periódico de cada mañana nos da un pantallazo de la situación actual del mundo, al igual que algunas personas que vendrán a golpear a nuestra puerta con el transcurso de los días. Más aún nos sentiremos atraídos por el audio del juego, destacando los ruidos y melodías de otros apartamentos que se filtran a través de las paredes. Esos sonidos apagados dan una sensación bastante inusual en un videojuego y ayudan mucho a crear la ambientación ideal para espiar con nuestras cámaras.

Para no perdernos de nada de lo que ocurre al otro lado de nuestros ojos electrónicos, el software anunciará cuando algo interesante esté tomando lugar en alguna jaula, tanto con un leve pitido como también con una alerta visual. Podremos seleccionar una cámara en particular para apreciar mejor lo que ocurre en ella, permitiéndonos además seleccionar algunos objetos diversos del escenario, como así también palabras clave en los diálogos entre los monos presentes en escena. Todos estos elementos de interés van a parar a nuestra libreta de notas, desde la que iremos formando una idea general de lo que creemos que ocurre en la jaula actual.

Cada elemento anotado en la libreta puede ser analizado en el Buscador de nuestra PC, tanto palabras individuales como combinaciones de dos términos. Esto suele suministrar información adicional sobre los temas indagados, además de proveer nuevas pistas para darle más contexto a lo que estamos viendo. Por supuesto, todo esto es únicamente con fines investigativos, ¿verdad? A veces el Club nos enviará solicitudes de información respecto a algún elemento de alguna de las jaulas a nuestro control, momento en el que podremos responder con la data obtenida de ver, escuchar e investigar los eventos que toman lugar.

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Algo está pasando aquí...

Algo está pasando aquí...

Responder correctamente a las peticiones del Club equivale a una bonificación en efectivo, muy bienvenida para adquirir nuevas jaulas, pagarle la renta a la fastidiosa casera y llenar nuestro refrigerador con comida. También podremos obtener dinero de algunos trabajitos temporales destacados en la puerta de nuestro hogar, aunque estos requieren que nos ausentemos por algunas horas, perdiendo la oportunidad de seguir observando a nuestros monos. Es entonces que empezamos a notar que nosotros tenemos necesidades propias; no sólo pagar la renta a tiempo, sino además mantenernos despiertos y bien alimentados.

Un viaje al supermercado nos pide una hora de nuestras vidas, pero también nos da las opciones alimenticias más saludables. También podemos ordenar comida a domicilio, que en general llena más la barriga pero también hace daño a nuestra salud. Un balance dietario es indispensable para mantener nuestra energía a buen nivel. Por otro lado, cuando nuestra visión se vuelve borrosa quizá sea hora de echar unas horas de sueñito en nuestra cama; aunque eso implica perder tiempo de observación. Una buena taza de café ayuda a prevenir el sueño, pero también causa leves daños a nuestro cuerpo. Aquí es donde el juego muestra su costado de supervivencia, pues debemos mantener un ojo en nuestros niveles de hambre, sueño y salud para permanecer activos.

Es meritorio hablar del sistema de control, ya que cambia un poco entre la versión original en PC y el reciente lanzamiento en Switch. En PC basta y sobra con el mouse y, en lo personal, se siente como el sistema de control predilecto, principalmente porque la mayor parte de nuestra actividad dentro del juego transcurre en la pantalla de otra computadora, de modo que mover un puntero de aquí para allá es totalmente intuitivo. La versión de Switch, mientras tanto, ofrece un combo entre pantalla táctil y comandos mediante el Stick izquierdo (para mover un puntero lentamente por la pantalla) y los botones de acción para realizar funciones, algunas de ellas de manera directa.

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Tomando apuntes

Tomando apuntes

Debido a la cantidad de acciones dentro del juego (acceder a los iconos del escritorio, entrar a las pantallas de video, ver el periódico, ver nuestro anotador, voltearnos para atender la puerta y otras cosas más) el control por pantalla táctil es el más indicado, muy especialmente si contamos con un lápiz Stylus que funcione con Switch. Caso contrario, la colección de botones necesarios para acceder a todas las funciones del juego es ciertamente efectiva, pero no resulta intuitiva en un principio, por lo que tendremos que acostumbrarnos a recordar cuál botón hace qué acción, aún si los prompts están presentes en pantalla. Al menos se agradece la opción de usar pantalla táctil y botones a la vez, dejando al jugador elegir su combinación más cómoda.

Con todo lo visto podríamos terminar aquí la reseña y decir que Do Not Feed the Monkeys es un juego de supervivencia básico con un elemento de observación opcional, ya que honestamente todo lo que necesitamos hacer para ganar es adquirir nuevas cámaras, mantener nuestras necesidades cubiertas y tener suficiente dinero para pagarle a la casera. Es decir, sólo debemos ir a trabajar y usar ese dinero para comprar comida, cámaras y pagar la renta. ¿Por qué íbamos a molestarnos en ver esos monitores?

Pues porque la curiosidad es una de las mayores tentaciones de la humanidad. Por eso. “No Alimente a los Monos” quiere decir que no debemos inmiscuirnos en sus vidas y actividades, pero el juego se encarga de darnos demasiadas oportunidades como para dejarlas pasar. Nuestras investigaciones pueden resultar en obtener direcciones físicas, nombres personales, números de teléfono y nicks de chats; todos ellos elementos de los que nos podemos aprovechar para intentar hacer contacto.

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El Club nos pide datos

El Club nos pide datos

El software MonkeyVision también cuenta con una función para grabar unos segundos de video. A veces es muy tentador grabar momentos críticos y vendérselos a la estación de TV para que lo publiquen a cambio de dinero fresco… o incluso para chantajear a algunos de los monos a nuestro cuidado. Tras un par de días tendremos acceso a un sistema de compra online que nos permite enviar ciertos productos a cualquier dirección que tengamos a mano, pudiendo afectar los eventos que transcurren en ciertas jaulas específicas. Y cuando nada de eso es suficiente, muchas veces la propia sensación de altruismo se impone sobre todo lo demás, queriendo ayudar a los monos al otro lado de la pantalla.

Pero cuidado, que todas nuestras acciones tienen consecuencias. Varias de las historias que atestiguaremos en nuestras actividades del Club poseen múltiples finales dependiendo de nuestras acciones… o de nuestra total falta de compromiso, pues algunos desenlaces ocurrirán si sólo nos limitamos a mirar. Las jaulas cuyas historias han concluido, para bien o para mal, pasan a estar “cerradas” y ya no podremos interactuar con ellas para nada.

Es notable el enorme factor humano que Fictiorama ha puesto en este concepto: uno realmente no necesita intervenir, pero está en la naturaleza propia la idea de querer meter la cuchara en donde podamos, ya sea enviándole el juguete correcto a un niño que no deja de llorar, dándole una lección a un acosador, o incluso desbaratando un intento de conquista mundial de parte de un ente inesperado. El juego incita a la rejugabilidad; a volver a probar escenarios y ver si podemos resolverlos de otra forma; o a descubrir nuevas historias para desentrañar.

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Lo mejor es no hacer enojar a la casera

Lo mejor es no hacer enojar a la casera

En ese sentido debo decir que el juego se queda un poco corto, sin embargo: además de sólo contar con una única casilla para guardar partidas, las necesidades de nuestro protagonista pueden volver muy caóticas las secuencias finales; principalmente porque tenemos un tiempo límite muy estricto: cada pocos días el Club verificará si cumplimos con el requerimiento de cámaras pedido, pero debido a esto sólo tenemos una cantidad específica de días para hacer todo lo que podamos. Si bien el juego cuenta con un modo especial que mitiga nuestras necesidades y permite mayor tiempo para estudiar a los monos (al precio de desactivar los Logros), una opción adicional para estudiar estas cámaras libremente no hubiera estado de más, al menos como modo desbloqueable al pasar el juego una vez.

Pero esas son quejas menores; casi elogios, si uno se pone a pensar que lo que se está criticando del juego es que no hay suficiente juego a pesar de que hay mucho juego (perdón por la confusión), porque lo que nos deja sobre la mesa es una experiencia inusual, atractiva, original, que apela a nuestra curiosidad innata de humanos (o de primates, ya que estamos), a nuestra empatía hacia los demás o, por qué no, hacia el morbo de estar espiando la intimidad de otros, obteniendo información que podríamos usar a nuestro favor. De nosotros depende qué hacer con la información que se nos da; y uno llega a pensar, pasadas varias horas de juego, si todo esto que estamos haciendo no estará siendo observado, ahora mismo, por otro mono en otra jaula.

¿Qué tan seguros estamos de nuestra propia privacidad? Gracias, Fictiorama; ahora voy a tener que tapar con cinta el lente de mi webcam. Tómenlo como un cumplido.

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DO NOT FEED THE MONKEYS

01/06/2020
8.5

Ya había jugado Do Not Feed the Monkeys durante su lanzamiento original en PC, en 2018. La versión de Switch funciona exactamente igual, salvo por los detalles del sistema de control ya explicados durante la reseña. Experimenté con la versión de la consola de Nintendo durante aproximadamente 4 horas, prestando especial atención a las prestaciones de la pantalla táctil en conjunto con los demás botones. Personalmente sigo prefiriendo la versión de PC, sencillamente porque es mucho más fácil controlar el juego con el mouse; pero aquellos que nunca han jugado este título se acostumbrarán rápido al control de Switch. Sigue siendo, aún dos años más tarde, un juego que recomiendo experimentar encarecidamente.

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