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¿Cuál es el problema con el DLC?

¿SACARON LOS SIMPSONS DE TELEFE? ¡ME ALEGRO!, o el análisis por demás positivo a BATMAN VS. SUPERMAN: EL ORIGEN DE LA JUSTICIA. Lo que estoy intentando decir con este descarado intento de proveer clicks a artículos antiguos es que probablemente esta nota no vaya a caer en gracia pero mi planteo del día es que yo, realmente, no veo nada de malo con los contenidos descargables.

Los infames DLC son uno de los peores karmas de los amantes de los videojuegos. Cada vez que un título que aún no salió anuncia que tendrá disponible – en un futuro cercano o lejano – contenido descargable, los foros y las redes sociales se inundan de insultos exagerados mientras que en Youtube todo el mundo hace exactamente el mismo video como si su Megazord de quejas lograra algo. Y sin embargo, el DLC es algo bueno para el juego, la compañía, las comunidades y por encima de todo, para los jugadores.

A partir de este momento, todo el mundo estará preparando en los comentarios los contra argumentos para defender su posición de usuario desfavorecido, pero como todo en el universo, para poder argumentar a favor o en contra tenemos que poner las cosas en contexto. Para efectos de esta nota, por DLC nos referimos a contenido que se agrega a un juego en el día de su lanzamiento o después – de manera gratuita o paga – y agrega mecánicas, misiones, opciones estéticas y/o todo tipo de contenido que no esté disponible en el disco físico. Un parche no es DLC – por más que un DLC pueda incluir un parche -, destrabar contenido ya existente en el disco no es DLC y, sea justo hacerlo o no, contenido extra que viene en otro disco no es DLC. 

Porque en parte, lo que vengo a plantear es que no sólo no hay nada malo con el contenido descargable, sino que en realidad los jugadores lo estigmatizaron, convirtiendo su sigla en una mala palabra de la peor manera posible, como quienes utilizan el gentilicio de otro país en forma peyorativa. Yendo un poco hacía atrás, el DLC es la versión moderna de las expansiones. No todo tiempo pasado fue mejor, pero en las épocas que los juegos de PC – por ejemplo – venían en enorme cajas con mapas, libros, manuales y alguna que otra chuchería de regalo, Internet era un lujo de muy pocos y la transmisión de un paquete de datos que contuviera una porción de videojuego hubiera sido una locura. La opción del momento para expandir la vida útil de un juego, era lanzar nuevos discos físicos denominados expansiones que tenían su propio packaging y maquinaria de marketing tras ellos. Tanto en ese entonces como ahora, esto era un arma de doble filo de lo más efectiva para quienes la empuñaban por el mango ya que por un lado se mantenía contenta a la comunidad y viva a la marca, mientras por el otro el dinero obtenido servía para financiar nuevos proyectos de la compañía, siendo los costos de dichas expansiones de bajo impacto al básicamente reutilizar los assets ya trabajados para el título original.El DLC hoy por hoy funciona exactamente de la misma manera. La comunidad se mantiene activa, el estudio recauda y la máquina de movimiento perpetuo se mantiene aceitada. Inclusive, si el día de hoy no existieran las descargas digitales, estaríamos rezando por un sistema de características similares, sobre todo en nuestro país con los sobreprecios existentes en los locales comerciales. Más allá de quien lo utiliza mejor o peor, la industria fue estandarizando las normas que encauzan este tipo de contenido y cada vez más estudios los están incorporando en su rutina de lanzamientos, en lugar de deshacerse de la práctica.Pero tal vez lo más importante es que hay una gran cantidad de DLC que realmente complementa la experiencia de algunos juegos. Muchos contenidos descargables ganaron su lugar en la historia como todos los capítulos adicionales a la saga Borderlands donde, si me permiten, los DLC de su segunda parte ofrecen historias superiores al argumento principal tirando la casa por la ventana con ‘Tiny Tina’s Assault on Dragon Keep’. Red Dead Redemption, la estrella de rock de Rockstar, pegó un volantazo inesperado con su DLC titulado ‘Undead Nightmare’ y los fanáticos se desmayaron como veíamos a los adolescentes hacerlo en los videos de los Beatles. ‘Blood & Wine’ de The Witcher 3 se ríe de la frase ‘Si no está roto, no lo arregles’ y por la vereda contraria ‘The Taken King’ revitalizó un juego que todo el mundo daba por muerto. ‘Minerva´s Dent’ de Bioshock 2 nos ofreció una perspectiva diferente dentro de la floja continuación de este clásico moderno y ‘Left Behind’ de The Last Of Us demostró que un juego que ya era un 10, podía ascender a un 11. Inclusive contenidos descargables tan sencillos y escuetos como ‘Cold, Cold Heart’ de Batman: Arkham Origins o ‘Fast & Furious’ de Forza Horizon 2 son memorables y, sólo para no ganar por afano, estoy obviando todo lo que haya aparecido para juegos como The Elder Scrolls V: Skyrim, Fallout, la trilogía Dark Souls y la frutilla de la torta siendo ‘The Tyranny of King Washington’ de Assassin’s Creed III.Por más obsceno que pueda parecer tirar nombres como un hijo de papá en la puerta de un boliche recién inaugurado, el punto es claro. Porque si hacemos un análisis un poco más profundo, muchos de los títulos recién mencionados cuentan con comunidades de individuos que no juegan otra cosa. Hay gente que al día de hoy sigue explorando Skyrim y jugadores que quedaron prendidos a la saga Dark Souls como si rejugarlos una y otra vez los dejará un paso más cerca de la trascendencia espiritual. No sólo la aparición de nuevos contenidos descargables expande la vida de sus juego favoritos, sino que demuestran que dentro de la tiranía y megalomanía de las grandes corporaciones del imperio norteamericano y sus serpenteantes cabezas de Hidra en Europa y Occidente, todavía se piensa en los usuarios y en los fans.

Y acá es donde todo se vuelca para el lado desagradable. Porque el principal problema con el DLC es que cuesta dinero y de alguna manera, el común denominador de la comunidad considera esto como un acto indigno por parte de la industria, como si la palabra ‘industria’ no lo dejará ya todo en claro. Mientras que los noticieros vespertinos siempre nos van a seguir regalando Grog XD y los psicólogos mediáticos de turno van a seguir culpando a la saga GTA por la violencia en los jóvenes, los jugadores o los gamers si prefieren el término, tienen que empezar a aceptar el hecho que los videojuegos cuestan plata. Está perfecto que se consideren fans pero antes de eso son clientes y, siendo 2017 y estando la humanidad planeando la colonización de Marte, hay que entender que intercambiar dinero por los juegos que nos gustan no es pecado y ser fanático tampoco implica que nos tengan que regalar sus productos.

Los primera línea de la oposición al DLC viene por parte del recorte de la comunidad que no compra los juegos, sino que los descarga de manera ilegal. Si, puede ser que haya plantado la oración de manera que suene un poco más dañina de lo que es, pero al fin y al cabo la definición es correcta. El pirata se queja por los lanzamientos de DLC como se queja de que los juegos y las consolas son cada vez más difícil de crackear. Sin embargo, no se dan cuenta que pensar que los juegos son un bien público que uno debería tener la opción de no pagar, es el equivalente gamer a pensar durante la adolescencia, que todas las canciones hablan de uno. Si decir que la piratería daña a la industria suena pensamiento capitalista, pues lo siento por sus oídos, pero para que Nintendo, Sony, Microsoft y todos los estudios externos sigan existiendo, tienen que hacer dinero con sus juegos. Esto no es debatible. Esto es un hecho y punto.

Tampoco planeo ser hipócrita. El que esté libre de descargas que lance la primera piedra. Pero fue cuando empecé a trabajar con videojuegos y me interiorice en la industria que me di cuenta que como pirata no era un vivo, sino una sanguijuela – y si piensan ‘claro, a ustedes porque se los mandan los juegos’, creanme que Argentina no está al tope de la lista de los papanoeles de la industria. Todos fuimos a Parque Rivadavia a buscar una copia del Age of Empires II, pero mientras más piensa el descargador serial que es un Robin Hood en la comunidad, menos se da cuenta que más se parece al Sheriff de Nottingham, agujereando los bolsillos de quienes trabajan a su servicio.

Cuando esta semana el mundo se enteró que The Legend of Zelda: Breath of the Wild contará con dos paquetes de DLC los teclados ardieron de nuevo, siendo el mayor pecado osar incluir una nueva historia dentro del mismo o argumentando que está práctica se debe a que el título no está aún terminado. Yo no me encuentro en condiciones de afirmar eso porque no tengo una máquina del tiempo que me lleve al futuro y me demuestre que el título que se lanzará el próximo tres de marzo está incompleto, pero si puedo ir al pasado y recordar que otro DLC que incluyó historias nuevas en un juego Triple A ya lanzado fue GTA IV con ‘The Lost and The Damned’ y ‘The Ballad of Gay Tony’. DLC no significa Desahuciar a Los Consumidores, es simplemente la bastardeada designación a un contenido extra, sea un mapa de Call of Duty, una pista en Asetto Corsa o un personaje en Super Smash Bros. Si el modelo es válido para los juegos de celulares, ¿porque no puede serlo para el resto de la industria?.

¿Saben – preguntó el redactor retóricamente – cuál es una de las mayores ventajas de los DLC? Que nadie está obligado a comprarlos. Este contenido extra puede ser extremadamente tentador, pero el el noventa y nueve por ciento de los casos no modifica la experiencia del título madre al cual se adhiere, permitiendo que si tanto nos indigna que lo cobren, podamos optar por no adquirirlo. Que te vendan la hamburguesa sin la panceta prometida es un problema, pero que te ofrezcan agrandar la gaseosa es una opción y de ninguna manera afecta el sabor del sandwich.Dentro de las conclusiones finales, quiero agregar que lo más reprochable del odio hacía el DLC es que es un enojo selectivo. ¿Hay alguna diferencia entre pagar el doble del valor original por la edición de colector que solo agregará una estatua sobre nuestras repisas? ¿No es mejor utilizar ese dinero en contenido adicional del juego? Y si dicha edición de colector incluye el contenido descargable, ¿el costo extra que pagamos gustosos no lo está cubriendo ya?. ¿Entonces qué es lo que molesta? ¿Que venga por separado, que salga después o que sea parte de una estrategia de Marketing? ¿Será que nosotros descargamos en el DLC las frustraciones de nuestros bolsillos? En un mundo ideal donde el dinero no fuera un problema, pero el contenido de los DLC fuera el mismo, estos no se disfrutaría más por poder ser comprados, porque su calidad está en el trabajo de los artistas y los programadores y no en cuanto costaron. Hay que dejar de entender los DLC con la lógica de ‘mientras más plata se ponga, mejor es’ y hay que comenzar a entender que uno no es un ahijado de la industria, sino un cliente y de la misma manera que hoy se invierte en un Kickstarter a cambio de una gorrita y una menciòn en los créditos para que el desarrollador independiente pueda hacer su juego, los grandes estudios financian sus proyectos a través de contenidos como los discutidos. Así que antes de protestar porque el próximo lanzamiento de la semana incluirá expansiones en formato de descargas pagas o sea entregado en formato episódico, pensemos que si no existe la posibilidad monetaria de adquirirlo esto no significa un ataque personal de la empresa hacía el jugador y si directamente no se va a pagar por el juego, entonces no hay derecho a reclamo. Guardemos las broncas para cosas importantes.