Opinion

Comfort Gaming | Street Fighter a través del tiempo

¿Es el factor nostalgia o nos divierte jugarlo? Casi tres décadas después de Street Fighter II se mantiene vigente, casi como el estándar de los juegos de pelea

A lo largo de nuestra vida como jugadores, no importa que juguemos hace 20 años o hayamos empezado hace relativamente poco, nos hemos encontrado con juegos que nos han marcado y a los que siempre volvemos. Aún cuando en medio de la vorágine de la rutina o la grandiosa oferta de títulos nuevos que nos distrae y nos tiene jugando cosas nuevas todo el tiempo, hay juegos que son un refugio, un hogar al cual regresar. Eso significa que entra en la categoría de Comfort Gaming, pero además es el mayor mérito que puede alcanzar un juego, el que lo juguemos una y otra vez. Simplemente jugar por el placer de jugar, porque nos divierte.

El mejor ejemplo que se me viene a la mente son los fighting games, en especial la saga Street Fighter. En 1991, a partir del exitoso lanzamiento de Street Fighter II: The World Warrior, el género fue forzado a evolucionar dejando en evidencia cuán balanceada estaba cada experiencia, y muy ligado a ese balance estaba el disfrute de competir contra otros jugadores. Hoy en día puede llegar a sonar como una obviedad, pero el corazón de la propuesta siempre fue enfrentarse a un oponente con alguno de nuestros luchadores favoritos, el resto quedaba en segundo plano. Esto implicaba que, si no tenías amigos que vengan a jugar a tu casa, ibas a pasarte las tardes jugando contra la IA con el único objetivo de derrotar a M. Bison y ver el ending que usualmente consistía en un par de imágenes con texto.

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¿Por qué algo en apariencia tan reiterativo como pelear con o contra los mismos 8 o 12 luchadores puede resultar tan divertido? En esencia Street Fighter se trata de utilizar las particularidades de cada personaje para castigar los descuidos del oponente, pero lo que siempre lo diferenció del resto es la sensación de estar jugando en igualdad de condiciones. Esto nos permitía sentir que prevalecía nuestro talento, que las horas de práctica rendían sus frutos y que no se trataba únicamente de quien elige “el mejor luchador”. Si bien es cierto que la comunidad, en especial aquellos que juegan de forma profesional, se encarga de clasificarlos según cuales tienen más ventajas, la gran mayoría de los jugadores estamos en igualdad de condiciones.

Todos los personajes cuentan con seis botones de ataque, la gran mayoría tienen tres tipos de golpe de puño y otros tres de patada, ordenados según su intensidad y cada uno con sus pros y contras. Generalmente los golpes rápidos hacen poco daño y los fuertes tardan más en impactar, los especiales hacen un poco de daño por más que el oponente se cubra pero requieren de un comando preciso para ejecutarse, y así para cada ataque hay una forma de bloquearlo o defenderse. Street Fighter es un juego que castiga al incauto, al que elige siempre el golpe fuerte sin razón y al que lo vencen los nervios y se la pasa haciendo lo mismo. Sentando estas bases también dio origen a un sinfín de estrategias y formas de pelear, algunos jugadores versátiles observan el comportamiento de su oponente y adaptan su estilo; otros se dedican a provocar el error en el rival y castigarlo con la mayor severidad posible y hasta hay un estilo de pelea que se basa en defenderse en un rincón esperando la apertura para atacar, ganándose el mote de “tortugas”.

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No es casualidad que la fórmula haya sobrevivido por casi treinta años y en gran parte se debe a que el fuerte de la saga sigue siendo su sistema de combate, pero también a cuán arraigada está en la cultura popular. Todos saben qué es un “Hadouken”, seguramente tienen idea de cómo hay que poner las manos y hasta una forma muy personal de pronunciarlo, por ese mismo motivo se mantiene vigente en todos los ambientes. Inclusive un producto con un lanzamiento escandaloso como Street Fighter V, que salió despojado de de su tradicional modo arcade con la excusa de haber estado orientado a ser una plataforma para combatir online, sigue estando entre los juegos de pelea más jugados. Nada de esto hubiera sido posible sin el trabajo del equipo de Yoshinori Ono, que fue arreglando cada desastre, y el apoyo de la comunidad que se encarga de mantenerlo vivo, pero otro juego de peleas sin dudas habría fracasado por mucho menos.

En mi experiencia Street Fighter es una de esas sagas que hacen bien al alma y, a lo largo de mi vida, siempre ha estado al pie del cañón para ayudar a relajarme luego de una jornada agotadora. Es el simple ritual de encender la consola o la PC (porque lo tengo en ambas plataformas) y comenzar el calentamiento con un par de partidas en survival, ponerme a practicar los combos que más me gustan contra el Dummy de entrenamiento y finalmente ir a buscar oponentes en Ranked. Esto no quiere decir que Street Fighter V no me genere momentos de stress, por el contrario nada me genera más tensión que la adrenalina de apostar los puntos en un duelo rankeado, pero apenas aparece el clásico mensaje “Here comes a new challenger” el resto de los problemas del mundo desaparece completamente y sólo quedan los próximos tres rounds. Por eso siempre vuelvo a Street Fighter, ya sea a través de un antiguo cartucho de 16 bits, un compilado digital de clásicos de Capcom o en la versión más actualizada, en la que seguiré invirtiendo mi dinero en trajecitos.

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