Opinion

Comfort Gaming | Las mismas mentiras y el humo de la NextGen

PlayStation y Xbox nos venden humo y nosotros compramos contentos: ¿Aceptamos sólo por la mística o la Next-Gen realmente puede cambiar nuestro Comfort Gaming?

Estamos en la antesala de la Next-Gen y todos los que amamos el gaming, podamos pagar el salto o no, estamos con un ojo atento a las novedades. La principal incógnita sigue siendo el precio, en especial por cuánto lo multiplicarán las cadenas de siempre en nuestro país, pero no es el objeto de esta entrega de Comfort Gaming. La gran mayoría de los usuarios queremos que nos convenzan con razones y, a pesar de que cada uno de nosotros ya tenemos una plataforma favorita en mente, eventualmente tomar la decisión que mejor nos represente. Y como las grandes empresas saben lo que el público quiere escuchar, se lo dicen, a veces mintiendo descaradamente y otras magnificando la realidad. Esta semana les propongo hablar de dos puntos cruciales en las propuestas de Xbox Series X y PlayStation 5: su postura con respecto a la retrocompatibilidad y a los joysticks.

Nintendo aún no muestra sus cartas en cuanto a hardware, si es que las tiene, y no hay razón para hacerlo. ¿Para qué meterse en el duelo a muerte que van a tener Sony y Microsoft cuando Switch sigue batiendo récords de venta tanto en software como en ambos modelos de la consola? En el mercado de PC Nvidia acaba de anunciar una placa nueva con prestaciones muy superiores y que cuesta menos de la mitad de su RTX 2080 Ti, que nos llevaría directamente a los parámetros de la Next-Gen consolera, y dos opciones más caras (y de rendimiento increíble) para quienes puedan pagarlas. Mientras tanto los dos gigantes restantes intercambian guiños, latigazos e intentan darnos razones para saltar a su plataforma a fin de año.

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Microsoft va a lo seguro. Izando la bandera de la retrocompatibilidad, asegura que las dos versiones de la nueva Xbox podrán correr tanto los títulos modernos como los de las tres generaciones anteriores. Esto implica, además de lo obvio, que en la Xbox Series S/X podremos jugar a todo lo que tengamos comprado en nuestra biblioteca digital y a los juegos retro que hayamos activado a través de un disco físico. Y como si todo esto fuera poco, si el desarrollador lo habilita, afirma que sólo deberemos comprar una vez los títulos Cross-en. Esto significa que, en teoría, podríamos comprarlos en Xbox One y cuando demos el salto a la Next-Gen ya estarían en nuestra biblioteca con todas las mejoras pertinentes. Hay excepciones por supuesto, como el caso de Control, que efectivamente nos permitirá jugarlo pero no será la versión mejorada sino la misma que jugamos en su momento. A pesar de todo seguro aprovechará las ventajas del nuevo hardware pero, al menos en teoría, no estaría optimizado como la versión definitiva.

Por el lado de Sony las cosas parecen no haber cambiado demasiado. Si bien en el coqueteo de los últimos meses parecía que PlayStation 5 sería retrocompatible, las últimas novedades dejaron ver que sólo lo será con los juegos de PS4. A diferencia de su principal competidor, y manteniendo la postura de siempre, PlayStation vuelve a mostrarse reacio a que sus usuarios puedan acceder en una plataforma moderna a los títulos que adquirieron en su familia de consolas. Podríamos justificarlo de mil maneras, de hecho Jim Ryan (el CEO de Sony Interactive Entertainment) dijo hace unos meses que la retrocompatibilidad “es algo que se pide mucho, pero que en realidad no se utiliza tanto”, preguntándose quién querría jugar los Gran Turismo de PS1 o PS2 que “se ven tan anticuados”. Lo cierto es que aún no hay nada dicho de manera oficial, pero si sumamos las declaraciones del presidente de SIE a la última filtración en el sitio de Ubisoft podemos darnos una idea de lo que se viene.

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En mi caso particular considero vital la retrocompatibilidad por dos razones. En primer lugar para desterrar la idea de que cuando compramos contenido digital el soporte puede desaparecer de un día para el otro, dejando nuestra biblioteca digital en el limbo de la letra pequeña que nadie lee. ¿Cuántos de ustedes temen que los juegos que compraron en la tienda de PS3, que incluyen clásicos de PS1, PS2, PSP y PS Vita, desaparezcan tras un breve anuncio de Sony? Para mi es una preocupación constante, tengo más de 4 mil artículos entre juegos y DLC y el día que mi PS3 deje de funcionar, la consola deje de conseguirse o decidan cerrar los servidores toda mi colección terminará en la nada. En segundo lugar, me parece vital poder acceder a mis contenidos de la familia PlayStation en cada nueva plataforma, así no tengo que volver a comprar por ejemplo Symphony of the Night en PS5, porque compre el clásico en PSP/PS3 y una vez más en la recopilación de PS4 con el doblaje nuevo.

Todo eso es norma en la plataforma de Microsoft, familia a la que entré hace unos años con Xbox One S y sin embargo me abrió las puertas a un sinfín de títulos de previas generaciones. Así pude comprar Panzer Dragoon Orta, jugar los JRPG de Mistwalker Studios como Blue Dragon y Lost Odyssey, toda la saga Gears of War e incontables clásicos que experimenté por primera vez gracias a la retrocompatibilidad. Por el otro lado me deja tranquilo a la hora de comprar contenido digital, porque sé que aquello que compré estará a mi disposición de cara a las generaciones venideras. Entiendo que todo esto puede cambiar en un plumazo y que al comprar digital adquirimos una licencia que puede ser revocada según los términos y condiciones que aceptamos, pero en la familia PlayStation todo esto se siente más frágil e incierto.

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Y cuando hablamos de retrocompatibilidad no sólo nos referimos al software, sino además al periférico por excelencia. El control de Xbox Series X promete ser superior al de Xbox One S, que ya de por sí no es tarea sencilla, pero también será compatible con la generación actual de consolas. El joystick de Xbox One S es uno de los mejores del mercado gracias a la altura de sus sticks, la calidad de sus botones, su forma ergonómica y la disposición más cómoda para títulos de acción y ya confirmaron que será compatible con Xbox Series X. Sin embargo tiene dos puntos débiles: una cruceta tosca que dificulta el movimiento diagonal y que los botones superiores (LB y RB) son de una calidad pésima. En cuanto a la primera contra parece que entendieron todo, el nuevo modelo trae una cruceta similar a la del control Elite, circular para facilitar los inputs diagonales pero con con las cuatro direcciones principales bien marcadas. Y si bien Microsoft no ha reconocido que sus botones superiores se rompían con demasiada facilidad, afirma que los del nuevo control serán más accesibles y redondeados para adaptarse a todo tipo de manos.

Por el lado de PlayStation también se viene un nuevo control, bautizado DualSense, que promete elevar la experiencia sensitiva al máximo gracias a su retroalimentación háptica. Hay toda una ciencia detrás de este concepto, que promete una vibración más sutil y precisa que la que conocemos hasta ahora y será parte fundamental de la propuesta de Sony. Si cumple con todo lo que promete estaremos verdaderamente al borde de un cambio radical en la forma en que percibimos un juego, equivalente quizás al salto que hay entre el sonido estéreo y el 7.1 que nos permite escuchar en 360 grados. Sin embargo permítanme dudar y recordar un poco el pasado del joystick de PlayStation, en especial cuando quieren vendernos una “innovación radical en la forma en que jugamos”.

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La incorporación de la vibración fue un cambio bienvenido aunque superficial, porque muy pocos juegos lograron usarla de forma inteligente, exceptuando al trabajo de Hideo Kojima en Metal Gear Solid. En PS2 la vibración era la norma, se volvió algo rutinario y hasta un poco molesto que podía desactivarse. En PS3 la innovación venía de la mano del mando inalámbrico, pero de lanzamiento se saltaron la vibración en pos del control por movimiento, porque si Nintendo lo hacía Sony también. El efecto Sixaxis era incómodo, poco preciso y venía metido a la fuerza en casi todos los títulos de lanzamiento, en especial los First Party. Así en Uncharted tuvimos que apuntar las granadas con esta nueva y “revolucionaria” característica, también en Heavenly Sword y algunos otros. Eventualmente se volvería opcional, a través de parches, y ciertos juegos como Flower y Heavy Rain lo aprovecharon mejor, pero al final terminó resultando en la venta de humo de siempre. Lo mismo sucedió con el Dualshock 4, que sumó el infame panel táctil frontal que realmente nunca sirvió para nada.

¿Qué tienen en común el sensor de movimiento, el panel frontal y ahora la retroalimentación háptica? Todos fueron presentados como “la nueva forma de jugar”, terminaron siendo bien implementados en pocos juegos y fueron la excusa perfecta para obligarnos a comprar nuevos joysticks. Desde hace más de una década Sony nos viene negando la retrocompatibilidad en joysticks y, si bien hay algunas excepciones, parece que en la nueva generación seguirá por este camino. Los Dualshock 4 serán compatibles con PS5 sólo cuando estemos jugando títulos de PS4, tampoco hay confirmación de que el DualSense funcione en PS4, pero como es “tan diferente” seguramente el parche de compatibilidad demorará varios años y será sólo parcial como sucede hoy en día con los DS4 en PlayStation 3.

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Todo esto me deja pensando en las propuestas de ambas empresas y cuán diferentes son sus posturas. Microsoft la pasó mal en esta generación y supo subsistir evolucionando a Xbox de una simple consola a una plataforma de gaming que extiende su marca a PC. En lugar de limitar las ventas de software a la base de jugadores que compraron Xbox One la expandió primero a Windows 10 y luego creó la mejor plataforma de juegos por suscripción. PlayStation dominó toda la generación, llenó a sus usuarios de títulos exclusivos y vendió remasterizaciones de sus clásicos de PS2 y PS3. Microsoft sumó títulos retrocompatibles a paso firme, reconociendo la titularidad de quienes ya lo habían comprado y ofreciendo Game Pass Ultimate para abaratar el costo de Xbox Live Gold, mientras PlayStation mantuvo su oferta de títulos gratuitos en PS Plus, pero no logró cautivar a la audiencia con su servicio PlayStation Now.

De cara a la Next Gen, Microsoft vuelve a apostar por crear un mejor ambiente para sus usuarios desde el servicio, garantizando retrocompatibilidad de software y hardware mientras promete mejorar la calidad de sus títulos first party. PlayStation propone que demos el salto de fé en base a su historial de grandes exclusivos, la remake de Demon’s Souls y la promesa de épicas continuaciones son su gran caballito de batalla, mientras nos dice que la retrocompatibilidad no se usa demasiado y que para jugar en cooperativo habrá que volver a invertir en joysticks. La pregunta principal es: ¿Hasta cuándo vamos a seguir comprando el mismo humo de siempre? Creo que en parte nos gusta comprarlo, y si lo disfrutamos está genial, pero a la vez estamos permitiendo que se perpetúen estas prácticas. ¿Existe la posibilidad de que el DualSense revolucione la forma en la que percibimos y experimentamos un juego? ¡Claro que sí! Y de lograrlo ganaríamos todos, pero hoy en día me quedo con la propuesta de Microsoft, porque siento que me cuida mejor como usuario en cada aspecto: en mi bolsillo con la tienda localizada, en mi colección digital con la retrocompatibilidad y porque revaloriza mi inversión en joysticks. ¿Y ustedes qué consola piensan comprar en este cambio de generación? ¡Los leo en los comentarios!

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