Opinion

Comfort Gaming | Mass Effect Andromeda: una carta de amor

Fue uno de los juegos más criticados, Ryder nació a la sombra de Shepard y Andromeda cayó entre bugs y la memoria emotiva, pero es parte de Comfort Gaming

Si tuviera un dólar en mi cuenta bancaria por cada juego que tengo comprado y esperando para iniciar seguramente estaría escribiendo esta entrega de Comfort Gaming desde una de esas PC de la NASA, con neones por todo el gabinete y jugando Warzone en un monitor ultra wide a 144 FPS. Pero la realidad es que soy un coleccionista y, por más que la vida fue moderando a golpes mis compulsiones, no puedo evitar aprovechar cuanta oferta digital se cruza por mi tarjeta de crédito. Esto de juntar juegos y nunca llegar a jugarlos no es nuevo para mi, de hecho tengo cientos de cartuchos de Génesis, SNES, N64 y más de mil títulos de Playstation 1 y 2 que ya no tienen lugar en mis estantes, pero de alguna manera la zanahoria al final del palo sigue siendo irresistible. Mi backlog sigue tan saludable como siempre gracias a Steam y la tienda localizada de Xbox, pero a la hora de jugar mis hábitos me llevan por dos caminos: el trabajo (todo lo que juego para reviews) o el placer, y últimamente este último sendero me lleva a rejugar títulos a los que, por alguna razón inexplicable, necesito volver.

MASS EFFECT™: ANDROMEDA – Official Launch Trailer

No importa cuántos juegos aclamados por colegas y la audiencia tenga en mi haber, listos para comenzar, siempre hay un Comfort Game que requiere mi atención. Las últimas semanas estuvieron cargadas de ansiedad, estoy a días de ser padre y el gaming me ayuda a lidiar con las ganas irresistibles de conocer ya a mi hija. Mass Effect 3 fue un bálsamo en ese sentido, la Legendary Edition me dio la excusa perfecta para volver a ponerme en las botas de Shepard, reviviendo la conclusión de la aventura y confirmando una vez más que el final fue fantástico. Viví en carne propia aquel lanzamiento repleto de polémica y nunca compartí la decepción popular, para mí la historia de Shepard terminó a la altura de la trilogía y siempre tendrá un lugar especial en mi historia como jugador. Sin embargo, con otra década de gaming sobre mis espaldas, entendí que Mass Effect era más sobre la historia que sobre la acción, y esta siempre ponderó por sobre la exploración. Volver a jugar la saga clásica me dio otra perspectiva y reventó la burbuja del recuerdo, ya no se trataba de explorar la galaxia, sino de saltar de tiroteo en tiroteo tomando difíciles decisiones binarias y compensando la falta de un buen sistema de progresión con un cast de personajes entrañables.

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Al finalizar Mass Effect 3 volví a sentirme pleno y satisfecho con el final, porque entendí que no sólo era coherente con todo lo que el Comandante y yo habíamos vivido juntos sino que cerraba bien todas las aristas narrativas. Ese sábado a las 5 de la mañana, mientras me preparaba para ir dormir con la fantástica sensación de haber terminado un juego, dejé bajando Mass Effect Andrómeda. ¿Por qué volvería a jugar uno de los títulos más bastardeados de la generación pasada? ¿Por qué, cuando tengo acceso a tantos juegos empíricamente mejores, iba a dedicar 60 horas a uno que inclusive revisé en su lanzamiento? Porque aún entre las críticas negativas y las decepciones de miles de jugadores, al menos en mi experiencia, la aventura de Pathfinder Ryder se sintió distinta y logró cautivarme completamente. Quizás fue por su premisa narrativa, eso de viajar a la velocidad de la luz por 600 años en un sueño criogénico para explorar una nueva galaxia y encontrarse con lo desconocido. Volver al Helios Cluster fue toda una aventura, en especial con el desenlace (canónico para mi) de la odisea de Shepard tan fresco en la memoria, y ver cómo el gobierno del Nexus trajo la semilla de la discordia a este “nuevo mundo” me pareció cargado de una ironía casi poética.

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No sólo se trataba de arrasar con hordas de alienígenas malvados en niveles pasilleros, había lugar para la exploración de planetas radicalmente diferentes entre sí. Había un misterio de fondo, una civilización (Remnants) que habían dejado tecnología de terraforming oculta y una raza hostil con tantos guiños a The Hive de Destiny que no puedo evitar sonreír de nostalgia cada vez que aparecen. Andrómeda es un Mass Effect que siento mío de verdad, no sólo porque es un paria en la industria, sino porque Pathfinder Ryder es una hoja en blanco que se va llenando a través de mis decisiones. El fin de semana pasado volví a jugar la misión en la que nos enteramos el origen de los Kett, esas dos decisiones al final del capítulo y cómo van preparando el terreno para lo que se viene, y me volvió a electrizar como lo hizo hace un poco más de cuatro años. Me siguen molestando las decisiones binarias, no estoy conforme con los árboles de habilidades (que sigo sintiendo irrelevantes) y nada de lo que haga cambiará la decisión que tomó Bioware sobre el destino de esta etapa de la saga, pero qué bien se siente volver a Andrómeda.

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Puede resultar raro, pero celebro la ausencia de los grandes personajes de la trilogía original, porque hace que la historia de Mass Effect Andromeda pueda desarrollarse con más libertad. Admito que es genial escuchar un audiolog de Liara de vez en cuando, o aprender cómo los Krogan aprovecharon los 600 años para evolucionar y tratar de superar la Genophage, pero la aventura en esta nueva galaxia se trata de encontrar un nuevo hogar para las razas de siempre y superar la adversidad juntos. Explorar planeta completamente congelado, encontrar ruinas y escanear nuevos minerales o vegetación, repeler un ataque Kett y desbaratar una red de tráfico al mando de Ryder es algo que no tiene comparación con nada de lo que la saga me había ofrecido en los títulos anteriores. ¿La comparación es injusta? Seguramente, pero esa espada tiene doble filo. Si quitamos la nostalgia de la mezcla es probable que nuestra querida trilogía no haya envejecido como un buen vino, en casi ninguno de sus apartados, y de repente la vara con la que se juzgó Andrómeda no estaba tan alta como pensábamos. No estoy diciendo que el último Mass Effect haya sido una obra maestra incomprendida, sino que a mi me parece un juego hermoso que sufrió un lanzamiento tumultuoso y repleto de bugs, y recibió el último coletazo de la exageradísima frustración popular por el final de Mass Effect 3.

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Las últimas dos semanas estuve jugando Biomutant, un juego que técnicamente funciona bien y está repleto de momentos hermosos. Una aventura en un mundo enorme y colorido, con cientos de misiones y secretos, con un creador de personajes complejo y un sistema de combate con estadísticas y combos de todo tipo. Un juego que en los papeles debería ser fantástico, pero que en la práctica no hace más que intentar replicar el éxito de otros títulos y sólo logra caer en la mediocridad. Por eso, apenas publiqué mi análisis, volví corriendo a Mass Effect Andromeda. Un juego que terminé hace cuatro años y todo el universo coincide en que es horrible, pero que tarde tras tarde me invita a explorar planetas extraños y a progresar en una narrativa interesante. Un juego en el que descubro nuevas especies y creo vínculos con personajes entrañables, que acarrea un sistema de progresión binario y arcaico pero que mejora exponencialmente la acción de sus antecesores. Un juego que logró hacerme sentir el dueño de la aventura sin abandonar la esencia de la franquicia, o al menos al potencial con el que alguna vez nos hizo soñar Mass Effect. No se cuantos juegos de esta duración pueda seguir jugando una vez que me convierta en padre, pero me alegro que sea Ryder quien me acompañe en estos días de ansiedad y felicidad ¿Ustedes jugaron Mass Effect Andromeda? ¡Los leo en los comentarios!

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