Opinion

Comfort Gaming | Breath of the Wild y su propuesta única

El tráiler de Breath of the Wild 2 me dejó pensando en cómo el primero cambió para siempre el paradigma del género y se volvió un pilar de Comfort Gaming

Hace tiempo que quiero escribir sobre The Legend of Zelda - Breath of The Wild, porque desde que lo jugué se transformó en uno de los pilares de mi Comfort Gaming. Aún hoy, más de tres años después de jugarlo por primera vez, sigo descubriendo cosas, aprendiendo pequeños secretos y dándome cuenta de la increíble versatilidad de las herramientas que le ofrece al jugador. Sin dudas es un juego fantástico, del que mucho se ha hablado, pero el trailer de Breath of the Wild 2 sacudió mis sentimientos una vez más y las ganas de volver a Hyrule son muy fuertes. Por eso elijo plasmarlas en esta columna semanal y contarles por qué me parece que cambió el paradigma de los juegos de mundo abierto para siempre, desde una anécdota sencilla pero que representa a la perfección la verdadera magia de la propuesta.

Primer vistazo de la secuela de The Legend of Zelda: Breath of the Wild – E3 2021 (Nintendo Switch)

Breath of The Wild fue uno de los dos juegos que compré apenas llegué a mi casa con la Switch, pero a decir verdad lo terminé jugando casi un mes después. Aún para alguien tan acostumbrado a ver el meta del gaming, llegar a entender la magnitud de la propuesta de mundo abierto de este título sólo fue posible sentándome a jugarlo. Es que viéndolo desde afuera, si nos limitamos a enumerar sus características, es inevitable sospechar que nos hallamos ante un juego más de estilo sandbox y, lamentablemente, caer en la comparación con otros exponentes del género. ¿Podríamos pensarlo desde Middle Earth Shadow of Mordor? Sí, pero la distancia entre ellos es tan magnífica y la propuesta de este último TAN básica que sería un insulto. Otra opción sería Horizon: Zero Dawn, pero si bien comparten el mundo vasto y un componente de exploración, son dos juegos absolutamente diferentes en cualquier otro apartado. ¿Cuál es la diferencia? Al final del día el título de Guerrilla no deja de ser un gran videojuego, con todas las características que parece necesitar un exponente de su género, mientras que el juego de Nintendo ofrece una experiencia distinta en todo sentido.

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Difícil labor el intentar describir por qué la última entrega de The Legend of Zelda es un juego tan diferente, pero quizás a través de una anécdota pueda llegar a transmitirles todo lo que me generó. El comienzo me pareció convencional pero didáctico, no es posible comprender la propuesta tras un par de horas de juego, pero en el primer sector del mapa aprendí todo lo necesario para explorar el mundo más grande que jugué en mis 30 años de gaming. Todo lo que vemos en el horizonte existe y puede ser alcanzado de alguna manera, ya sea en balsa, caminando, escalando o planeando. Es fácil de imaginar, pero experimentarlo es algo increíble. No hay ayudas de ningún tipo y la misión principal se nos da a conocer desde el primer instante. Si bien cuenta con un detallado diario para misiones primarias, secundarias, de templos y demás, no hay marcadores de ningún tipo que nos ayuden a progresar en la historia. El viaje de un punto a otro, ya sea por satisfacer nuestra curiosidad o para llegar a un templo que marcamos en el mapa, conforma una mini aventura en sí. Y todo se siente orgánico, desde los enemigos y los animales dispersos por el mapa hasta los accidentes del terreno, no hay zonas seguras y, como todo el mapa está disponible desde el primer momento, podemos encontrar la muerte en el lugar menos pensado.

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Esta idea del peligro latente detrás de cada esquina es uno de los pilares de la propuesta y una de las misiones principales es recobrar la memoria de Link. Esto se logra encontrando las locaciones de 12 fotos que Zelda nos dejó guardadas en la memoria de nuestra tablet. Esta misión se convirtió en una de mis más poderosas obsesiones desde que lo empecé a jugar y me la pasé todo el juego mirando escenarios en busca de estos recuerdos en forma de flashback. Una de mis primeras aventuras fue irme hasta el Castillo de Hyrule a buscar una de estas imágenes, no al mismísimo castillo, sino a sus inmediaciones. Para eso pensé que iba a ser mejor reclamar una de las torres que cumplen la función de las infames atalayas de la popular franquicia de Ubisoft, y en mi afán de lograrlo a como dé lugar tuve que esquivar ataques de guardianes ancestrales. Allí estaba yo con mis armas de madera, mis primeros corazoncitos de vida y frente a mi un puñado de robots que se vuelven agresivos cuando nos ven a la distancia y disparan rayos láser explosivos. De alguna manera, corriendo, saltando, esquivando a tiempo, alcancé la torre sólo para darme cuenta de que mi barra de stamina de novato no iba a alcanzar para escalarla.

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¿Cómo logré llegar a la cima de esta avanzada torre a pesar de estar en mis primeras horas con el juego? Gracias a mis habilidades como cocinero. Todo lo que matemos se transforma en materiales, podremos recolectar vegetales e ingredientes para luego cocinarlos si es que encontramos una olla en algún campamento. Como soy inquieto lo primero que hice fue experimentar con esta mecánica y tenía varios platillos que recargaban mi stamina. Si seguía por la torre, descansando en las partes necesarias para regenerarla sin gastar ítems, los lasers de los guardianes me mataban, pero no podían verme desde cierto ángulo. Entonces decidí subir sólo por ese sector consumiendo mis 6 comidas que curaban stamina y así llegue a la cima. Esto me recompensó con un nuevo sector del mapa visible y la posibilidad de teletransportarme a esta torre. Desde ahí utilicé mi planeador para llegar al lugar donde sospechaba que se había sacado la fotografía y, por suerte, logré desbloquear ese recuerdo.

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Más adelante encontré un personaje que se dedica a darnos pistas sobre estas locaciones, esa es la forma más sencilla de completar la misión, pero nunca voy a olvidarme de mi primer recuerdo encontrado. Yo solo, con las herramientas que me dio el juego al comenzarlo, pude aventurarme en terrenos inhóspitos y esquivando lásers que me mataban de un solo golpe completé mi objetivo. Y esta no es la única anécdota, de hecho ni siquiera es la más memorable, pero sí es una de las que mejor grafica la definición de aventura que maneja Breath of The Wild. Y podría contarles tantas otras igual de mágicas, como la vez que salté de un molino gigante y planeé hasta un laberinto volador, o cuando interpretando una críptica pista sobre un templo termine corriendo y escapando de enemigos a los que les hacía poco o nada de daño hasta llegar sin querer a Zora´s Domain. Hasta hubo una aventura increíble en la que, dominado por la avaricia de encontrar un templo perdido, terminé escalando un dragón volador en medio de una montaña congelada y sobreviviendo gracias varios salteados de aji picante que había hecho por precaución. Estas aventuras siguen y lo mejor es que ni siquiera son parte de la trama principal, esta es una de las grandes virtudes de este legendario Zelda.

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Si tuviera que pensar en un mundo vivo que me haya cautivado tanto, al menos en los últimos diez años, sería aquel grandioso Dragon’s Dogma en el que también fue muchísimo más importante el viaje que el destino final. Hace un tiempo perdí mi partida original de Breath of the Wild con más de 120 horas de juego acumuladas, pero luego de ver el tráiler de la secuela creo que volveré a Hyrule con energías renovadas. Volveré a descubrir este mundo con otros ojos, entre recuerdos y nuevas aventuras, mientras me preparo para todo lo que nos depara en 2022. Más allá de si sale o no una nueva Switch, si tienen la chance inviertan en una de estas consolitas que, por más brillante que se vean los juegos de otras plataformas, dudo que puedan equiparar su propuesta a la de The Legend of Zelda: Breath of The Wild que de por sí ya vale su tiempo, su dinero y el sacrificio que conlleva adquirir una consola en la Argentina. Cuentenme en los comentarios sus experiencias con Breath of the Wild: ¿Coinciden conmigo o les parece que es más de lo mismo?

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