Opinion

Comfort Gaming | 9 años con Dragon's Dogma

El Action JRPG de Capcom es uno de lo pilares de Comfort Gaming y se mantiene vigente a pesar del paso del tiempo y a través de dos generaciones.

Hace nueve años salió a la venta un Action RPG de Capcom que desde su anuncio supo generar expectativas, tanto por su espectacular tráiler de lanzamiento como por la conformación de su equipo de desarrollo. Dragon’s Dogma ostentaba su pedigrí a fuerza de talentos que trabajaron en títulos de la talla de Breath of Fire, Resident Evil y Devil May Cry. Gracias a esta carta de presentación, y el plus de haber incluido una demo exclusiva de Resident Evil 6, consiguió un lanzamiento exitoso y superó las expectativas de Capcom. Pero su mayor logro fue conseguir romper con las expectativas de una generación de jugadores que estaban hartos de sistemas de combate toscos o elitistas, por eso Dragon’s Dogma se ganó un lugar de privilegio en mi Comfort Gaming.

Dragon's Dogma: Dark Arisen - Launch Trailer | PS4

El juego de Hideaki Itsuno proponía un punto intermedio entre el JRPG clásico y el RPG occidental con corazón de Dungeons & Dragons, pero sin las referencias a dados de 20 caras ni el tener que estar repartiendo skill points cada vez que subíamos de nivel. A cambio de las simplificaciones nos ofrecía un JRPG de acción ambientado en un universo claramente inspirado en D&D, con Dragones que hablaban mediante transferencia de pensamiento, Goblins, Hobgoblins, Ogros, Cíclopes, Quimeras, Hydras, Grifos y todas las criaturas mitológicas que nos pudiéramos imaginar. Y si bien hoy en día puede llegar a verse un poco anticuado, su vasto mundo abierto sigue siendo uno de los más hermosos que ví y está repleto de secretos, cuevas y personajes entrañables.

En una época en la que la audiencia estaba dividida entre las mieles de la saga de Hidetaka Miyazaki y la simpleza de Skyrim, Dragon’s Dogma apostó por un sistema de combate puramente orientado a la acción, muy cerca del Hack n’ Slash, que aún hoy funciona de maravillas. Para sumar un poco de variedad a la mezcla contábamos con 9 clases intercambiables, cada una con sus armaduras y habilidades propias, que proponían una forma completamente distinta de afrontar los combates. Un Fighter básico se limitaba a luchar con espada y escudo, no tenía ataque a distancia pero usaba armaduras medianas; en cambio un Strider tenía dos dagas que le permitían hacer combos largos y atacaba a rango con el arco, pero estaba limitado a las armaduras livianas. La tercera clase principal (el mago) era un verdadero glass cannon, que podía arrasar a su paso pero si nos descuidábamos moría en dos golpes, pero cumplía su función con creces.

Comfort Gaming - Dragons Dogma 03.jpg

Las 9 clases de Dragon’s Dogma estaban claramente definidas y partían de las 3 básicas, que eventualmente daban paso a 3 evoluciones puras (Warrior, Sorcerer y Ranger) que a su vez tenían mejores habilidades y armas exclusivas. Y cuando ya estábamos bien inmersos en su fantástico universo se habilitaban las últimas clases que mezclaban anteriores: Mystic Knight [Fighter+Mage], Magic Archer [Strider+Mage] y Assassin [Fighter+Strider]. Cada una contaba con habilidades propias e intercambiables que podíamos heredar cuando elegíamos otro estilo de combate, logrando personajes con combinaciones únicas a pesar de tener relativamente pocas opciones de personalización. Pero lo importante era cómo complementaban el sistema de combate ágil y divertido, y que en conjunto hacían que la exploración se sienta como una verdadera aventura.

Dragon’s Dogma nos invitaba a recorrer un mundo enorme y abierto de acceso libre, que quedaba a nuestra disposición desde que salíamos del primer pueblito. Si bien había una narrativa principal, de hecho encarnamos a “Arisen” un personaje legendario que sobrevive a pesar de haber perdido el corazón a manos de un dragón, era la sensación de descubrimiento y aventura lo que nos obligaba a seguir jugándolo. Para aquel entonces el mundo era tan grande que hasta ir de pueblo en pueblo ofrecía una palpable sensación de riesgo, había que recorrer largos tramos por caminos peligrosos en viajes a pie que en algunos casos se extendían durante días y noches. A medida que avanzaba la narrativa podíamos teletransportarnos, pero las misiones de escolta y la exploración nocturna siempre resultaban en aventuras peligrosas, dignas de una buena partida de rol de mesa.

Comfort Gaming - Dragons Dogma 01.jpg

El juego en sí no pretendía reinventar la rueda, pero logró aportar una dosis de innovación con el sistema de “Pawns”, personajes controlados por la IA que creábamos para que nos acompañen a lo largo de la aventura. Uno de los 3 personajes del party era nuestro pawn principal, que podíamos crear con el mismo detalle que a nuestro protagonista, los otros dos podíamos reclutarlos a medida que avanzabamos. Lo más interesante era que podíamos ir puliendo el comportamiento de nuestro pawn a través de un diálogo sencillo. Había “Sillas de Mentor” repartidas por todas las posadas en las que nos sentábamos para charlar con nuestro compañero, respondíamos sus preguntas y así aprendía a ser más útil. Imagino que internamente funcionaba como una suerte de sistema de gambits (como en Final Fantasy XII) pero dispuesto de una forma más simple y orgánica. Mi compañero era el curador ideal, atacaba con magias devastadoras y juntaba recursos como un poseso, haciendo mucha más llevadera mi exploración.

Comfort Gaming - Dragons Dogma 04.jpg

En cuanto a los otros dos integrantes del party, podíamos elegir entre miles de creaciones de otros jugadores. Dragon’s Dogma tenía una suerte de multijugador asimétrico, nos dejaba contratar a los pawns de otros jugadores y a su vez ponía una copia del nuestro a su disposición. Esta mecánica, además de innovadora, era verdaderamente útil tanto para quien contrataba el pawn de otro jugador como para su creador original. Cada vez que iniciábamos el juego nuestro compañero “regresaba de sus aventuras” y nos traía regalos, ganaba experiencia, conocimientos sobre las misiones que completaba y hasta recordaba información sobre los enemigos que derrotaba junto al otro jugador. Era fantástico ver que nuestro Pawn sugería utilizar una estrategia contra un enemigo nuevo, o recordaba un tesoro oculto por la zona, simplemente porque había vivido otras aventuras a través del multijugador asimétrico. Hoy en día puede sonar anecdótico, pero en 2012 se sentía como una maravilla de la ingeniería videojueguil y, ¿saben qué? no recuerdo un juego que haya implementado una mecánica similar y que funcione ni la mitad de bien.

Comfort Gaming - Dragons Dogma 06.jpg

Quizás haya sido que llegó a mi vida en el momento justo, unos meses antes de mi cumpleaños número 30. Tal vez estaba necesitando una aventura grandiosa con un sistema de combate ágil y divertido, que ofrezca profundidad pero no castigue tanto como un Souls y que no sea blando e insulso como el de Skirim, pero que tenga un mundo enorme y fantástico como el del coloso de Bethesda. Para mí, hace un poco más de 9 años, Dragon’s Dogma fue todo eso y mucho más. Al poco tiempo de haberlo terminado salió la versión Dark Arisen, con más enemigos, nuevas zonas y varias mejoras a la calidad de vida y tuve que volver a jugarlo. Desde entonces lo volví a comprar en cuanta plataforma pude, de hecho es uno de los pocos juegos que está disponible sin importar si jugás en Switch, PC, Xbox o PlayStation, y al día de hoy lo sigo disfrutando como el primer día.

Comfort Gaming - Dragons Dogma 05.jpg

Ayer volví a empezarlo en Steam, luego de comprobar con una buena dosis de desilusión que en Series X no recibió mejoras sustanciales más allá de una resolución superior, y decidí arrancar con una Strider. Mi Pawn principal se llama Grungecloud, ostenta una barba poderosa y una calva brillante, y se dedica a reventar goblins a espadazos mientras yo ataco con mi arco a una distancia prudente. En PC no tiene limitaciones de FPS y aprovecha todo el poder del hardware, no se ve como un juego moderno pero tampoco es que ofrece un espectáculo despreciable. Anoche antes de ir a dormir le corté una cabeza a la primera hydra que aparece y, aún manchado con su sangre, me detuve a mirar un atardecer en el acantilado justo al lado del primer campamento: Dragon’s Dogma está repleto de estos detalles, diálogos toscos y momentos graciosos, pero es 100 por ciento pura diversión. Por eso sigue siendo uno de los pilares de mi Comfort Gaming y uno de los títulos que no puedo dejar de recomendar. Hoy en día los rumores de una continuación son cada vez más fuertes y el estreno reciente de la serie animada de Netflix inspirada en el juego no hacen más que avivar las llamas. ¿Ustedes lo jugaron o tienen algún juego que les genere estas sensaciones? ¡Los leo en los comentarios!

Dejá tu comentario