Análisis

ANÁLISIS | Borderlands 3 es un éxito que atrasa

El juego que fusionó a los shooters con el loot vuelve para darle a sus fanáticos exactamente aquello que querían, usando la misma fórmula de hace una década

Como pocas veces lo ha hecho algún juego, Borderlands 3 puso en conflicto mi faceta periodística con mi naturaleza entusiasta sobre un arte como los videojuegos que me fascina desde que tengo memoria. Porque si tuviera que solamente apegarme a mi trabajo como analista y si tuviera que mantener la cabeza en frío, tranquilamente el veredicto sobre Borderlands 3 podría ser bastante poco feliz: un juego que no aprendió demasiado de cómo ha evolucionado este género de “Shlooters” (shooter + looter), que repite prácticamente la misma fórmula de los juegos anteriores, que no evolucionó su narrativa, su diseño de misiones ni su humor. Pero al mismo tiempo todos esos hechos, se chocan contra la experiencia que viví como fanático de la saga y como alguien que disfruta muchísimo este tipo de juegos. Porque en ese aspecto, Borderlands 3 me dio exactamente lo que estaba necesitando y lo que extrañaba de esta franquicia: un juego extremadamente divertido de jugar, con un loop de jugabilidad y de recompensas inoxidable, con una experiencia cooperativa como pocas y con una cantidad de contenido que va creciendo en escala y espectacularidad.

Lamentablemente Borderlands 3 no ofrece una buena primera impresión y ya en una preview que pueden leer aquí expliqué cómo es ese arranque. Todo lo que sentí en aquellas misiones iniciales y en aquella porción más adelantada de la historia, se exacerban tanto para lo negativo como para lo positivo. Ni las misiones, ni las habilidades, ni las armas, ni la historia durante las primera 4 o 5 horas son memorables. Pandora es un deja vu demasiado grande, seguir a Claptrap en un tutorial ya cansa, cada arma gris que toca es más aburrida que la otra y ni siquiera hay un gran vuelo creativo en las locaciones. La trama que se nos empieza a delimitar no le hace ni sombra a lo que termina siendo una historia que cuando más oscura se pone, más interesante resulta y que cuando se anima a introducir conflictos familiares o momentos dramáticos, despliega todo el potencial que tiene un mundo como Borderlands.

En este comienzo conocemos a los villanos del juego: Tyreen y Troy Calypso, dos hermanos influencers que crearon a su alrededor un culto de seguidores dispuestos a hacer todo por ellos. Su objetivo es llegar a “La Gran Bóveda”, algo que sienten que es casi un derecho de nacimiento de ellos. Son personajes interesantes, pero no creo que se termine de explotar su potencial del todo bien. Recién llegando al último acto nos enteramos de datos claves de su procedencia o empiezan a demostrar algunos roces entre ellos que hacen de su relación algo un poco más interesante. Durante el resto del juego el registro de sus chistes no cambia y termina resultando un poco pesado y predecible su humor. No se explora tanto el hecho de cómo un dúo de jóvenes usan su influencia para manipular a una manada de psicópatas y simplemente se queda en el chiste repetido de “Like, follow and obey ”. Handsome Jack en Borderlands 2 funcionaba mucho mejor no sólo por sus matices, sino por lo compleja de su historia (que el resto de la saga aprovechó muy bien) y por eso no sólo era tolerable sino que se volvió un personaje icónico. Los Calypso en un principio podían parecer carismáticos, pero su encanto se diluye.

Las cuatro clases principales de este nuevo Borderlands

Esta aventura nos llevará a recorrer un montón de planetas en búsqueda de llaves para poder abrir ciertas bóvedas y así lograr dar con la mítica “Great Vault” que tanto buscan los Calypso. Para eso trabajaremos codo a codo con un cast de personajes ya familiares para aquellos que venimos siguiendo la saga. Lilith vuelve como la comandante de los Crimson Raiders, Ellie continúa siendo nuestra mecánica de confianza, Tannis tendrá un papel importantísimo, Zero también va a colaborar con nosotros, Rhys (Tales From The Borderlands) regresa con un bigote polémico y Marcus sigue siendo el exponente más importante del capitalismo en el universo Borderlands. En lo personal, volver a ver a estos personajes es como reencontrarse con viejos amigos; sé quiénes son, conozco sus historia, sé lo que sufrieron, ya me han hecho reír y la mayoría (salvo Claptrap) me resultan adorables. Sin embargo, no siento que el juego haga un buen trabajo en introducir ni a ellos ni al “lore” que acompaña a Borderlands a nuevos jugadores. Por supuesto que si el juego tiene un 3 en el título tampoco están obligados a llevar de la mano a usuarios que recién se suman; pero considerando que pasó tanto tiempo desde Borderlands 2 y que la base de usuarios a nivel mundial se expandió tanto, quizás se pudo haber tenido un poco más de consideración.

Al igual que todos los juegos anteriores de esta franquicia, tenemos un nuevo grupo de Vault Hunters para elegir. Por suerte Borderlands 3 tiene de los ensambles más atractivos y dinámicos de toda la saga con personajes como Fl4k manejando a sus bestias, Amara siendo una Siren con habilidades bastante originales, con Zane y sus hologramas y con Moze y su mecha al que te podés subir. Son personajes que se complementan muy bien en lo jugable y que brillan con su personalidad; probablemente varios de los momentos más graciosos del juego vienen de las contestaciones que ellos tienen al resto del cast del juego. Las pequeñas intervenciones que, en mi caso, tiene Fl4k sobre aquello que sucede alrededor son una delicia ya que es un personaje muy teatral y que tiene un registro distinto al del resto de Borderlands que opta por ser lo más exagerado y arrogante posible o que constantemente busca forzar un rasgo canchero que la mayoría de las veces termina siendo un pifie. 

Amara es la Siren de esta edición y sus habilidades son devastadoras

A la hora de jugar con estas clases Borderlands 3 sí marca un avance notorio con respecto a los anteriores. Hay más posibilidades para ir mezclando clases y para customizar nuestro estilo de juego; es más sencillo volver a atribuir nuestros puntos al subir de nivel y así poder probar distintas builds. Además cada árbol ofrece una forma muy diferente de jugar; Fl4k por ejemplo tiene tres “action skills” que proponen formas de encarar los combates bastante distintas con una volcándose mucho más a lo stealth, otra tirándose por una bandada de rakks que hacen daño a los enemigos y otra centrándose en la bestia que elijamos para fortalecerla y que haga más daño. Lo mismo sucede con la mayoría de las clases y personajes como Zane hasta pueden resignar la posibilidad de tener granadas y pasar a utilizar dos “action skills” a la vez, lo cual significa un cambio radical en la jugabilidad. Cada personaje es un mundo en sí mismo y es una razón suficiente como para rejugar esta aventura.

Más allá del flojo comienzo, una vez que empezamos a viajar a otros planetas Borderlands 3 despega y no levanta el pie del acelerador. El resultado final es un juego que cada vez sube más la apuesta, no tanto en términos de variedad de misiones, sino en dramatismo de la historia y en la escala de las misiones principales. Es una más grandilocuente que la otra con escenarios sumamente trabajados y espectaculares. Cada planeta tiene una estética distinta y eso le da frescura a la acción: Promethea es una ciudad futurista llena de neón, Athenas tiene una estética de templo tibetano, Eden 6 es un pantano a lo New Orleans con misiones en mansiones que parecen embrujadas por momentos y así con cada nueva locación que visitamos. Las batallas con jefes son más alocadas y épicas por los diseños de las arenas de batalla o por los personajes en sí que por lo que hay que hacer para derrotarlos, pero terminan siendo efectivas y las recompensas suelen ser acordes a lo espectacular de la pelea. Además hay ciertos lugares o arenas que están hechas solamente para misiones secundarias que muestran un grado de trabajo enorme pero que tranquilamente puede ser salteado si decidimos enfocarnos sólo en la historia principal. Por lo tanto contenido no le falta al juego y en ese aspecto los siete años que tardó en llegar (si no contamos la Pre-sequel que no fue desarrollada por Gearbox) se justifican cuando vemos lo larga que es la campaña principal, las muchas sidequests que tenemos para hacer (muchas de ellas muy entretenidas), el valor de rejugabilidad y también lo que ofrece el endgame con desafíos mucho más complejos a nivel dificultad.

Tyreen Calypso, una de las villanas de esta aventura

Pero más allá del aspecto trotamundo que tiene la campaña, su escala o su duración, el corazón de Borderlands está en el loot y en las armas. Nuevamente acá no reinventaron la rueda ni llevaron la saga un paso adelante; patearon fuerte al medio y fueron a lo seguro. No intentaron revolucionar el juego agregando armadura como loot sino que apuntaron todo a darnos las armas más alocadas posibles. El resultado es un festival de loot que por momentos puede resultar abrumador y que nos va a tener más horas de las deseadas manejando el inventario, pero que luego de varias horas de juego hace que nos maravillemos con cada nueva arma épica o legendaria que nos toque. Si bien cada empresa de armamento va a hacer loot similar (Maliwan se basa en armas de carga, Torgue apunta a proyectiles o Tediore nos da armas que se convierten en torretas o que son arrojables) las posibilidades son infinitas. De repente nos pueden tocar armas con dos tipos de daño distinto gracias al nuevo sistema de disparos alternativos, puede ser que tengamos un sniper que a la vez es un lanzamisiles, armas que no cambian cartucho pero que se pueden sobrecalentar, otras que lanzan bolas de energía que rebotan, algunas donde arrojamos un disco que nos permite rastrear enemigos y embocarles disparos sin necesidad de apuntarles y eso es tan solo una pequeña demostración de lo que pueden ser las armas en Borderlands 3. A nivel diseño son las más atractivas de la saga y quizás la única contra es que vamos a estar cambiándolas constantemente y por ende es difícil apegarse a ellas o sentir que tienen una personalidad cuando no pasamos tanto tiempo utilizándolas. No sucede lo mismo que en juegos como Destiny donde podemos enamorarnos de un cierto rifle y seguir usándolo casi para siempre. Borderlands busca que todo el tiempo estés persiguiendo un arma con mejores estadísticas o que se adapte más a tu estilo de juego y en eso hay poco títulos que le hagan competencia.

Si la variedad de armas, el loot y la acción minuto a minuto de Borderlands son la esencia de esta saga, el humor irreverente también lo es. Sin embargo, no estamos en 2012 y eso por más que sea una obviedad, es un detalle que los guionistas del juego parecieron desconocer. Por suerte la comedia, los diálogos y el sentido del humor de este juego son más desastrosos que ofensivos. Simplemente no funciona, se siente arcaico y vuelve hasta a los personajes más entrañables, personas insoportables que simplemente querés que se callen la boca. Es como si hubieran convertido a prácticamente todo el elenco en Tiny Tina, un registro que en ella funciona muy bien (y que en este título vuelve a funcionar) pero que en el resto termina siendo redundante. Es un humor que todo el tiempo busca la exageración, que abusa de las groserías y que se enamora demasiado de los genitales o las partes traseras de una persona. Al mismo tiempo, cada tanto tenemos algún haz de luz entre tanta oscuridad: los diálogos de los personajes con los que jugamos funcionan y también hay ciertas misiones secundarias que genuinamente me sacaron una sonrisa. Por otro lado esta vez no abusan tanto de las referencias o de emular memes, sino que cada tanto aparecerá una misión con un easter egg sobre series como Rick and Morty (algo que genera bastante “cringe”). 

Las ridículas armas de este Borderlands son las protagonistas del juego

Pero así como el humor no es bien recibido, un aspecto que quizás puede pasar desapercibido o que no es tan valorado, es todo el trabajo que el juego tiene a nivel estético y gráfico. A simple vista y por apoyarse en un estilo “cel shading”, muchos podrán pensar que este juego se ve igual que los anteriores. Pero cuando los comparamos lado a lado la diferencia es abismal. El trabajo de texturas y de detalle en cada personaje está elevado a la enécima potencia y el juego termina siendo un delirio lleno de color, explosiones y partículas que se desprenden de nuestras armas. El soundtrack acompaña a la identidad de cada planeta y de cada momento de la historia a la perfección, convirtiendo a la música de este Borderlands (escrita por Jesper Kyd) en la que probablemente sea la mejor de toda la saga.

Lamentablemente si hablamos del aspecto técnico, no se puede dejar de mencionar la pobrísima optimización que tiene el juego en todas las plataformas, algo que resulta difícil de perdonar luego de tanto tiempo de desarrollo. Las versiones de consola no sólo no son muy agradables a la vista sino que ni siquiera pueden sacarle el juego a la Xbox One X o a la PS4 Pro. En PC cuesta mantener unos cuadros por segundo estables incluso con configuraciones de hardware más que adecuadas; ningún cambio en la configuración gráfica tendrá demasiada importancia y cada tanto nos veremos forzados a salir del juego para que se vuelve a estabilizar el rendimiento luego de perder frames de una manera inexplicable. Para colmo está plagado de bugs, de misiones cuyo progreso se queda trabado y hasta hubo problemas con la sincronización de las partidas guardadas en la nube. Cada vez que queramos entrar al inventario se nos va a trabar todo y eso es un calvario que tendremos del que no podemos escapar y que nos va a traer muchos dolores de cabeza. Incluso detalles que a esta altura deberían estar resueltos terminan siendo piedras en el zapato de este Borderlands 3: navegar el mapa es sumamente confuso, no hay un minimapa que se de mucha utilidad ni una brújula que ayude a ver dónde están los objetivos. Todos estos pequeños detalles tiran para abajo una experiencia que en lo estrictamente jugable es por escándalo la mejor de la saga y que tuvo muchas mejoras de calidad de vida como el hecho de poder trepar a estructuras para darle mayor verticalidad al combate o de deslizarse para hacerlo más dinámico o de mejoras en la habilidades y en armas como las escopetas. Y probablemente a la hora de poner todo en la balanza lo negativo no va a pesar más que lo positivo, pero sí es imposible pensar en cuánto mejor podría ser Borderlands 3 si resolviera estos inconvenientes o si hubiera aprendido todavía más de los mayores exponentes del género. 

Fl4k domina a sus bestias en el campo de batalla

Hay varias preguntas que nos podemos hacer al analizar una experiencia como Borderlands 3. ¿Qué juego debería ser? ¿Qué juego queremos que sea? Pero por sobre todas las cosas ¿qué juego necesita ser? Esta última pregunta probablemente sea la más importante y aquella que Gearbox tuvo más ganas de responder. Porque su intención fue hacer un juego a medida de su público más fiel; una base de usuarios que incluye personas que no siguen la industria tan de cerca y que no están tan interesados en que reinvente su fórmula. Más bien están buscando volver a divertirse con esa experiencia cooperativa que tanto disfrutaron hace ya varios años. Incluso también es un juego que sabe satisfacer las necesidades de un público al que le gustan estos shooters con loot, estas experiencias en constante evolución y que se sienten vivas, pero al que le cuesta estar a la par de los jugadores más comprometidos. Por lo tanto Borderlands 3 es ese juego que te brinda dopamina constantemente en forma de loot y de armas alocadas pero que no busca esclavizarte ni exigirte cientos de horas para tener el nivel necesario para hacer la próxima raid. La gente de Gearbox incluso hizo una experiencia amena donde no importe mucho el nivel que tengas para jugar con otras personas ya que ajusta la dificultad de acuerdo a cada usuario y genera instancias de loot distintas (más allá de que también incluye un modo tradicional donde todos nos vamos a tirar encima del loot a ver quién lo agarra primero). Esta jugada le funcionó a la perfección al estudio y a 2k, su publicador; el juego ya vendió más de 5 millones de unidades y no muestra signos de detenerse.

Por lo tanto e incluso con lo arcaica que es la fórmula y con lo muy similar que puede parecer a los juegos anteriores, Borderlands 3 se ha convertido en una de las experiencias más entretenidas que tuve este año. Por primera vez lo estoy jugando enteramente en cooperativo y cada enfrentamiento está lleno de adrenalina, con poderes que llenan la pantalla de color, con explosiones constantes, con loot que vuela por los aires cada vez que derrotamos a un enemigo importante y con bandidos, psicópatas, tanques y todo tipo de contrincantes que plantean un desafío más que adecuado y que nos tendrán cambiando de tipo de arma y de daño constantemente. Todo lo que no funciona a nivel humor, sí resulta en lo ridícula que se vuelve cada batalla o cada misión principal que va en un in crescendo constante que mejora a cada paso, reponiéndose a un arranque lento, predecible y poco espectacular. La principal contra de Borderlands 3 es que si nunca te gustó esta fórmula, este juego no te va a hacer cambiar de opinión y si esperabas una reinvención, tampoco está interesado en hacer eso. Pero si querías más de aquello que hizo al juego de Gearbox una franquicia tan importante en la industria de los videojuegos, tenés en tus manos algo que difícilmente te defraude y que te puede llegar a ofrecer innumerables horas de diversión.

BORDERLANDS 3

13/9/2019 (XBOX ONE, PS4, PC)
7.0

Jugué Borderlands 3 durante unas 25 horas. El código fue provisto por la publicadora.

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