Opinion

Yakuza, el anti-GTA de Japón

Con el lanzamiento de Yakuza: Like a Dragon, la serie nipona finalmente está recibiendo, de este lado del mundo, el reconocimiento que merece.

Yakuza: LIke a Dragon salió hace varias semanas ya, y más allá de lo que piense cada uno de la implementación del sistema de pelea por turnos, se puede decir que es otra exitosa entrada en la larga y muy querida franquicia, Yakuza.

Una serie que, debido a su antigüedad, generalmente se asocia a GTA. No porque hayan salido cerca uno del otro —aunque es cierto también que el impacto de GTA III y San Andreas en la industria general es innegable—, sino porque ambos fueron de los primeros títulos de mundo abierto que trataban con el bajo mundo del crimen organizado de cada país, y tomaron decisiones sin precedentes en los videojuegos.

Yakuza: Like a Dragon - Launch Trailer | PS4

Pero claro, más de diez años después, lo más interesante no son sus similitudes, sino sus diferencias. Algunas debido a limitaciones tecnológicas, otras por decisiones de diseño y algunas directamente por la idiosincrasia de cada país. Seguramente la falta de autos fue motivada por falta de presupuesto, pero esta decisión fundacional terminó siendo positiva para la serie, ya que nos permitió conocer íntimamente el encantador distrito ficticio de Kamurocho, un lugar que volvió en varias entregas de la serie, y se ha vuelto un lugar representativo para la serie, incluso más que metrópolis virtuales como Liberty City.

Pero su creador, Toshihiro Nagoshi, nunca quiso que haya ninguna relación entre estos juegos. Hasta una vez llegó al extremo de declarar que “nunca quisiera hacer un juego de ese estilo”, donde lo único que hacés es “matar o lo que sea”. Nagoshi siempre ha sido acompañado por un “código moral” que se hace bien evidente en sus juegos, donde las peleas son siempre dirigidas hacia alguien conflictivo y la mayoría de los “Yakuza” tienen corazón de oro; como el héroe de la aventura, Kazuma Kiryu, que desde el primer juego, recién salido de la cárcel, ya esta afuera del negocio, y de algún modo siempre vuelven a meterlo en problemas con la mafia japonesa.

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Kamurocho, el distrito rojo ficticio de Tokio, es ya un personaje propio de la serie.

Kamurocho, el distrito rojo ficticio de Tokio, es ya un personaje propio de la serie.

Yakuza, o como se lo conoce en Japón, Ryo Ga Gotoku (Como un Dragón), nació en uno de los peores momentos de SEGA. Cuando el boom del gaming Japón estaban en eclive y el inmenso mundo de los arcade empezaba a eclipsar. Pero algunos en el estudio veían esta oportunidad para desarrollar juegos que, hasta ese momento, no se consideraban viables, como por ejemplo, un título diseñado exclusivamente para adultos; recién empezado el nuevo milenio, en Japón los videojuegos todavía se veían como “juguetes para niños”.

Fue el primer juego japonés que tenía intenciones de mostrar el mundo oculto de Tokio, el Distrito Rojo, los tratado de los Yakuza y las interrelaciones dentro de las familias mismas, y tenían planeado ser lo más fieles posible, incluyendo los controvertidos tatuajes, que hasta hoy están prohibidos en muchas casas de baño de Japón. Por supuesto, SEGA no iba a aceptar nada de eso. Nagoshi tuvo que presentar el concepto tres veces, con muy pocas modificaciones, y fue siempre rechazado.

Yakuza Zero - E3 2016 Trailer

Eventualmente la dirigencia de SEGA cambió, y Nagoshi tuvo una nueva oportunidad. Pero necesitaban una modificación para que esta historia sobre sea más marketinera. ¿Cómo lo solucionaron? De una manera bastante simple. Un día el histórico productor, Masayoshi Kikuchi, dijo: “Agreguen una niña.” ¡Y listo! ¡Proyecto aprobado!

Cuando salió, Yakuza rompió todas las expectativas de venta y tuvo una secuela tan solo un año después lo que cimentó a la serie como una de las más importantes en la nueva era de gaming.

Rockstar es un estudio tan grande, que cuesta pensar que puede tener iguales, pero no nos asusta decir que en cuanto a juegos de mundo abierto sobre gangsters, Yakuza es un fantástico competidor, aunque diferente. ¡Y hasta hace algunas cosas bastante mejor que GTA!, incluso en el apartado técnico. Por ejemplo: Mientras que en GTA las quests son sumamente estructuradas, y es muy fácil perder, en Yakuza, las quests secundarias son tan versátiles, que es posible empezar una, seguir con una misión principal, empezar y terminar una segunda misión secundaria y después terminar la primera, sin ningún tipo de problema para el juego o el jugador. Cosas como estas, o la regularidad con la que entregan minijuegos consistentemente divertidos en cada entrega, hacen de estas aventuras algo mucho más liviano que GTA, sin por eso perder el sentido de historia épica de traición y venganza.

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Kazuma Kiryu, recientemente retirado, fue el estándarte de la serie por quince años. Ahora, le pasó la batuta a  Ichiban Kasuga, en Like a Dragon.

Kazuma Kiryu, recientemente retirado, fue el estándarte de la serie por quince años. Ahora, le pasó la batuta a Ichiban Kasuga, en Like a Dragon.

También Yakuza tiene muchas cosas que GTA no. La serie tiene un magnífico encanto, típicamente japonés, cuya ausencia de cinismo es algo sumamente refrescante. En gran medida esto explica el éxito reciente de la serie, que ha tenido muchos fans a lo largo de los años, pero recién ahora se está volviendo masivo. En parte, puede ser porque la audiencia ya está cansada de los mismos yeites de siempre, y ver algo tan fresco y diferente, les llama la atención. ¡Enhorabuena!

Y aunque la más reciente entrega está diseñada con el público occidental en mente, no hace otra cosa que reforzar la idea de anti-GTA, cambiando su indentificable sistema de combate por uno a turnos, inspirado en los JRPG de antaño, sin perder para nada su esencia. Y suma la apuesta, al hacerlo una parte integral de la historia, porque Ichiban es fanático de los viejos Dragon Quest.

Cuando Yakuza 1 y 2 llegaron por primera vez a este lado del mundo, el público no lo entendió. Lisa y llanamente. GTA estaba de moda, entonces fue tildado como “otro pobre clon de GTA”, pero en realidad es una experiencia muy diferente. Una que, por suerte, con las reediciones Kiwami, ahora podemos disfrutar en su mejor versión. ¡Mejor tarde que nunca!

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