Análisis

ANÁLISIS | Assassin's Creed: Valhalla no cumple todas sus promesas

Assassin's Creed: Valhalla cierra la trilogía de Layla con algunas buenas ideas pero también promesas sin cumplir.

Assassin’s Creed es una serie con tantas entregas y tanto peso que es difícil imaginar cómo sería la industria sin estos juegos. Assassin’s Creed: Valhalla, el juego más reciente de la serie, es la culminación de las ideas que componen los Assassin’s Creed modernos, que apuntan más a ser un RPG que un juego de sigilo como los de antes. Sin embargo, Valhalla al mismo tiempo intenta rescatar conceptos de aquellos juegos que la serie dejó atrás, y el resultado final es un juego que definitivamente intenta hacer mucho. El problema es que no consigue todo lo que busca.

Assassin’s Creed: Valhalla es un juego enorme, a tal punto que puede resultar abrumador. Lo más simple de entender es su premisa: Eivor, protagonista cuyo género podemos elegir, es parte de un clan vikingo de Noruega en el siglo IX. Después de la traición de un clan rival que la dejó sin sus padres, Eivor es adoptada por el líder del clan de su padre, cuyo jefe es el padre de su mejor amigo y ahora hermano adoptivo Sigurd. Cuando el padre de Sigurd decide doblar la rodilla ante un rey que planea unir toda Noruega sin antes consultar con Sigurd y Eivor, los hermanos deciden abandonar el clan con un grupo de otros desertores rumbo a Inglaterra, en busca de nuevas tierras que conquistar.

ASSASSIN'S CREED VALHALLA: LAUNCH TRAILER

Mientras tanto, fuera del Animus nuestra protagonista sigue siendo Layla, personaje que conocimos en Assassin’s Creed: Origins. Valhalla siempre fue promocionado como el fin de la trilogía de Layla y como tal uno podía esperar que su historia tenga bastante peso. Similar a Assassin’s Creed 3 en 2012, Assassin’s Creed: Valhalla también pone a Layla frente a una crisis que puede significar el fin del mundo (el juego incluso se atreve a mencionar el COVID como uno de los síntomas de esta crisis ficticia). Sin embargo, y a pesar de que llegando al final la historia da giros muy interesantes, Layla termina siendo un personaje totalmente desaprovechado, y Valhalla tampoco se ocupa de explicar nada a aquellos que se hayan perdido algún juego de esta nueva trilogía.

La historia principal del juego en sí gira en torno a Eivor y Sigurd estableciendo un nuevo hogar en Ravensthorpe, la hacienda en la que se instalan luego de llegar a Inglaterra y que se administra con mecánicas similares a las villas de Ezio Auditore. Sigurd como líder del nuevo clan y Eivor como mano derecha comienzan un viaje a lo largo de Inglaterra en busca de alianzas para poder convivir en paz. Esto se traduce en una estructura narrativa bastante diferente a lo que Assassin’s Creed nos tiene acostumbrados. Cada territorio nuevo tiene un arco narrativo propio, generalmente independiente, que suele durar unas dos o tres horas y casi siempre culminan en asaltos y saqueos dignos de vikingos. Con casi 20 arcos diferentes, Assassin’s Creed: Valhalla tiene una extensa historia.

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Eivor es una muy buena protagonista.

Eivor es una muy buena protagonista.

Esta decisión de separar la narrativa en arcos, sin embargo, termina siendo un problema para el juego. Por lo general, lo que pasa en cada arco queda en ese arco, y salvo algunas pocas excepciones no tiene repercusión en ninguna de las otras historias. Esto significa que si un arco no es bueno, al menos es un arco fácil de abandonar una vez terminado. El problema es que esto también afecta los buenos arcos. La gran cantidad y la poca duración hace que sean pocos los que cuentan con personajes bien desarrollados, y en general Assassin’s Creed Valhalla se siente como un juego en donde los personajes más interesantes son Eivor, Sigurd y Basim, el asesino amigo del clan.

Estos arcos también representan uno de los problemas principales del juego, y es que Assassin’s Creed: Valhalla prioriza la cantidad por sobre la calidad. Esto queda claro cuando a lo largo de todos los arcos uno se da cuenta que el juego está contando prácticamente todas las historias sobre reyes o líderes que uno pueda esperar: el rey paranóico; el sucesor que no se siente listo; el rey cobarde que se vuelve valiente; el que planea un secuestro para escapar de responsabilidades. La historia principal llega a durar unas 60 horas, y cuando hay arcos que incluso repiten ideas más de una vez o misiones de relleno con personajes que ni siquiera tienen nombre, uno se llega a preguntar si era necesario que hubiesen tantos.

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Esto no sería Assassin's Creed: Valhalla sin un funeral vikingo.

Esto no sería Assassin's Creed: Valhalla sin un funeral vikingo.

La idea de repetición también se nota en la jugabilidad. Assassin’s Creed: Valhalla sigue la misma línea que los dos juegos anteriores y busca asemejarse a un RPG con un combate enfocado en la acción. Algunas de las decisiones del juego para corregir problemas de los anteriores funcionan muy bien. El sistema de loot, por ejemplo, ya no es tan intenso y ahora todo el equipamiento es único, con habilidades específicas de cada ítem o set. Así, uno puede simplemente mejorar el equipamiento inicial si esas habilidades le gustan y eso es suficiente para jugar de principio a fin sin problemas.

El juego también dice deshacerse de la idea de niveles en favor de un sistema de “poder”, determinado por la cantidad de habilidades desbloqueadas en el árbol de habilidades. Sin embargo, esto es una idea ridícula ya que el “nuevo” sistema funciona exactamente igual que los niveles de un RPG. Después de un determinado número de experiencia, recibimos puntos para gastar en dicho árbol, donde la mayoría de lo que conseguimos son mejoras a nuestras estadísticas. Cada territorio tiene un nivel recomendado y los enemigos nos hacen más o menos daño dependiendo de la diferencia entre el nivel del territorio y el de Eivor. Es básicamente el mismo sistema, pero con otro nombre.

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Podés navegar en tu barco, pero en este juego no hay combate naval como en los anteriores.

Podés navegar en tu barco, pero en este juego no hay combate naval como en los anteriores.

La exploración del mapa también busca hacer las cosas ligeramente diferentes, pero en esencia termina siendo bastante similar a lo de siempre. Como todo juego de Ubisoft, el mapa está lleno de íconos, pero esta vez son puntos de colores que representan algún tipo de actividad específica. El punto cambia a un ícono que detalla exactamente qué actividad representa solamente cuando Eivor se acerca lo suficiente, en un intento de fomentar la exploración. Sin embargo, con el enorme mapa y la gran cantidad de íconos, es preferible saber con más exactitud qué hay en el mapa, en lugar de pasar tiempo explorando para encontrar alguna clase de actividad que a uno quizás no le interesa.

Uno de los sistemas más esperados de Assassin’s Creed: Valhalla es el regreso del énfasis en el sigilo. En aquellos primeros juegos estos sistemas tenían un peso importante que se dejó de lado en el paso a RPGs, pero Valhalla prometió un regreso triunfante. Como todo en el juego, esto también viene con un “pero”: el sigilo existe, sí, pero no funciona bien. Varias áreas están marcadas como zonas de desconfianza, donde acercarse a los guardias o realizar acciones tan simples como correr levantan sospecha. Cuando doblar una esquina significa toparse con un guardia que uno no vio, o cuando caminar significa tener que inclinar el stick de manera ultra delicada todo el tiempo, el sigilo se siente más como una cortesía para los fans de ese sistema que como un esfuerzo real para volver a incluir esas mecánicas.

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Los colores de los íconos representan actividades, pero no sabés qué exactamente hasta no acercarte.

Los colores de los íconos representan actividades, pero no sabés qué exactamente hasta no acercarte.

El problema más grande de Assassin’s Creed: Valhalla, sin embargo, es el pésimo apartado técnico del juego, al menos en mi propia experiencia. Si bien el juego se ve hermoso y corre a unos casi perfectos 30 fps, la cantidad de bugs con los que me topé a lo largo de mi tiempo jugando son dignas de un juego que necesitaba un retraso: música que suena cuando no corresponde; audio desincronizado; interfaz y controles que no responden; interfaz y controles que responden sin tocarlos; animaciones erróneas; NPCs que se niegan a moverse; NPCs que se mueven solos; NPCs que desaparecen en medio de conversaciones; misiones que se rehúsan a avanzar.

La cantidad de problemas que tuve en esas 60 horas fue tanta que perdí la cuenta. Quizás algunos tengan más tolerancia cuando son detalles pequeños los que fallan, pero cuando todos esos detalles se apilan uno sobre otro, ya no son tan pequeños. Hubo momentos en los que agradecí al sistema de autoguardado ya que fueron muchas las veces que tuve que cargar una partida anterior porque el juego no me dejaba progresar. Incluso en la cinemática final del juego, como para que no me olvide de todos los problemas técnicos que me afectaron, el juego simplemente crasheó, cortando lo que venía siendo una muy buena recta final.

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A este lo bauticé como

A este lo bauticé como "el bote volador", que incluso lo pude remar por los aires.

Assassin’s Creed: Valhalla es claramente producto de un desarrollo con problemas. Hacer un juego de esta talla en medio de una pandemia global es un desafío enorme, pero además el juego se quedó sin director hace meses gracias a la necesaria reestructuración de Ubisoft como consecuencia de los problemas de abuso en la compañía. Esto explica varios de los inconvenientes del juego, aunque no los justifica. Valhalla prometió muchas cosas, y lo mucho que uno vaya a disfrutar o no del juego va a depender del peso que uno haya puesto en las promesas incumplidas.

Dice el refrán que quien mucho abarca poco aprieta, y Assassin’s Creed: Valhalla es la representación perfecta en forma de videojuego. Los mejores momentos de Valhalla son los más íntimos, aquellos que exploran a Eivor como personaje, sentada en una fogata hablando sobre la vida con uno de sus amigos. El juego tiene otras intenciones, y al intentar contar todas las historias posibles termina sufriendo. Los intentos por traer de nuevo sistemas viejos o por fomentar la exploración fracasan cuando Valhalla también intenta apelar a los que quieren un mapa lleno de íconos o no les interesa el sigilo. No se puede dejar contento a todo el mundo, y mucho menos con un juego que tiene tantos problemas técnicos.

Assassin’s Creed: Valhalla deja a la serie preparada para un futuro muy interesante, pero hubiera sido todavía mejor si el presente estuviese a la altura.

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ASSASSIN'S CREED: VALHALLA

10/11/2020 (PS4, PS5, XBOX ONE, XBOX SERIES X/S, PC)
7.0

Jugué Assassin’s Creed: Valhalla en Playstation 4 Pro durante 60 horas, enfocándome en la historia principal y haciendo lo necesario para mejorar mi equipamiento favorito. Si bien en cuanto a rendimiento el jueog no tuvo problemas, todos los bugs mencionados y más afectaron bastante mi experiencia. Quedará en cada uno si son algo fácil de ignorar o no.

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