Análisis

ANÁLISIS | Ninjala: un combo atípico que funciona muy bien

Aunque es evidente que en muchos aspectos evoca a Splatoon, Ninjala se desmarca con una propuesta única y muy atractiva.

Los primeros minutos con Ninjala nos llevan directo a Splatoon 2 y en esto, nadie puede culparnos. Su dirección artística y sobre todo, la paleta de colores seleccionada son dos claves que están en la frontera misma entre el homenaje y el plagio. Sin embargo, considero que el punto más importante que los une es que nos plantean enfrentamientos online que escapan al común denominador que suelen tener los juegos competitivos, evitando caer en el uso de armas de fuego tradicionales. Mientras que Splatoon 2 nos invita a pintar zonas enteras de un mapa determinado para ganar, Ninjala nos acerca combates cuerpo a cuerpo que derivan en batallas frenéticas, con una complejidad y profundidad que por momentos, nos hace pensar en un fighting game.

Ninjala nos presenta entonces un repertorio de ninjas en la preadolescencia, todos lookeados con trajes rebosantes de estilo y la particularidad de estar masticando chicle todo el tiempo. Más que una decisión estética, el chicle forma parte fundamental en los conceptos del título tanto como de sus mecánicas. En el universo que GungHo nos plantea, estos ninjas son descendientes de legendarios guerreros y es a través del chicle que se activa el ADN ninja que llevan dentro y lo que en definitiva les permite realizar distintas técnicas de ninjutsu. Con el chicle, entonces, podemos emplear desde escudos hasta ataques especiales y finishers para derrotar a nuestros enemigos en el campo de batalla.

Ninjala - Launch Trailer - Nintendo Switch

Si bien jugar Ninala es completamente gratuito -ni siquiera necesitamos una suscripción online activa para poder jugarlo- existe la posibilidad de expandir la magra oferta de modos de juego mediante la compra del primer episodio de historia. Lejos de ser una pieza rutilante en su desarrollo, sirve para ponernos de lleno en el universo de Ninjala y entender algunos de sus misterios. Este primer paquete de historia está compuesto por un prólogo y cuatro episodios que utilizan los escenarios existentes en el modo multiplayer para ofrecernos narrativa en forma de novela visual mezclada con escenas de acción, batalla contra jefe gigante como cierre incluida. Lo que no logra -de hecho, esta es una falta mayor en Ninjala- es enseñarnos todos los trucos para poder desenvolvernos con soltura en los combates.

Ninjala, al menos por ahora, está compuesto principalmente por dos modos de juego bien definidos: un Battle Royale (que en realidad es un free for all para 8 jugadores) y modo de enfrentamientos por equipos de a cuatro participantes. También podemos entrenar, pero no hay ningún tutorial mínimamente funcional que explique en detalle la enorme cantidad de mecánicas con las que contamos para sentirnos como verdaderos ninjas. Y esto es una verdadera lástima porque a nivel jugable, Ninjala es un triunfo. Con esta enorme barrera de accesibilidad, lo más probable es que muchos jugadores que se animen a descargarlo se encuentren rápidamente frustrados sin entender mucho qué hacer y cómo llevar adelante una partida exitosamente, porque, como suele suceder en este tipo de juegos, las arenas online ya están pobladas de auténticos asesinos virtuales, que van a demandar lo mejor de nosotros a la hora de batirnos a duelo. En estos duelos, encontramos lo mejor que Ninjala tiene para ofrecer de sí.

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Ninjala se ve realmente espectacular.

Ninjala se ve realmente espectacular.

Sin importar el modo que seleccionemos, la idea principal es siempre la misma: ubicar unos drones que están repartidos por el escenario para destruirlos y ganar energía, con el objeto de poder desarrollar una versión gigante del arma que hayamos seleccionado y tener una amplia ventaja de cara al combate. Las armas se dividen en tres categorías que podríamos definir como “balanceadas” (espadas y garrotes), “pesadas” (martillos) y de distancia (armas tipo yo-yo). Cada una de ellas responde de manera distinta y además, vienen equipadas con distintos finishers que podemos ejecutar hasta dos veces por partida. Lejos de tener una representación “realista”, las armas evocan chupetines, mazorcas de choclo, bombones de chocolate o piezas de sushi: todo muy en consonancia con la idea del chicle, lo cual en conjunción al estilo visual, hará que más de uno termine asaltando el kiosco más cercano en busca de un par de caramelos.

Además de los tres ataques especiales que utilizan la energía del chicle, tenemos la posibilidad de cubrirnos, esquivar con un dash y atacar con distintas variantes, pulsando un botón y presionando distintas direcciones en el stick izquierdo. La idea es asestar una cantidad de golpes para noquear al enemigo o mejor todavía, realizar un “ippon” o “remate”, que es lo que nos otorga la mayor cantidad de puntos. Llegar a esta instancia requiere trabajo y astucia, porque como sucede en los fighting games, es necesario hacer una lectura de los movimientos que ejecuta el rival. En determinados momentos puede suceder lo que se llama “clash”, donde se emplea un sistema de piedra - papel - tijera que nos insta a pulsar una dirección para definir el curso del duelo. Es una mecánica que ya divide a la comunidad pero que yo celebro, porque no depende exclusivamente de la suerte, sino por sobre todas las cosas, de entender con qué ataque entra nuestro rival a esta instancia de duelo más íntima.

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La Academia es uno de los dos -sí DOS- escenarios disponibles.

La Academia es uno de los dos -sí DOS- escenarios disponibles.

Si contamos con la versión gigante de nuestra arma no sólo podemos hacer más daño, sino que nuestras chances de ganar los duelos se vuelven todavía más importantes: de ahí la importancia de estar siempre atento a la reaparición de los drones en el escenario. Por fuera de la jugabilidad básica, existe una enorme cantidad de estrategias: podemos transformarnos en elementos del escenario para poder engañar al rival -y a su vez, ¡curarnos!-, podemos hacer uso de un extenso sistema de ventajas y perks que nos otorgan toda clase de mejoras pasivas que pueden cambiar el desarrollo de la partida. Podemos escapar de los duelos si no nos sentimos con la ventaja, siempre y cuando contemos con energía de chicle en el tanque. Incluso podemos ganar partidas no sólo noqueando rivales, sino también siendo el que más drones se carga, ya que al finalizar cada partida se tienen en cuenta muchos factores para definir la posición final. La cantidad de opciones y profundidad en el núcleo jugable de Ninjala es mucho más de lo que cabría esperar para un juego de esta envergadura y habla de un diseño inteligente, más allá de que un buen tutorial hubiera venido fantástico para no aprender todo por mi cuenta, a fuerza de apestar en decenas de partidas.

Como decía, Ninjala es un juego gratuito y que como medio de monetización, adopta la estructura “freemium. No sólo tiene micropagos para una enorme cantidad de elementos estéticos -la personalización del avatar es otro de sus grandes fuertes- sino que también emplea un sistema de pases de batalla muy en la onda de Fortnite. De hecho, el pase cuesta exactamente lo mismo que en Fortnite (9.99 dólares) y ofrece una progresión escalonada por niveles a través una línea "gratuita" y otra “paga” que se activa al comprar el pase de temporada. Un calco total. De momento, ninguna de las compras se sienten obligatorias ya que está lejos caer en lo que podemos definir como “pay to win”: todos los elementos que se compran son estéticos, y las mejoras se desbloquean juntando medallas de oro, plata y bronce, que se pueden ganar jugando tanto online como en el modo historia.

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Ninjala se ve caótico pero les aseguro que después de un rato, tiene muchísimo sentido.

Ninjala se ve caótico pero les aseguro que después de un rato, tiene muchísimo sentido.

La falta de contenido es otro de los grandes problemas de Ninjala, que ponen en jaque su capacidad de llamar la atención de la comunidad. Si no estás profundamente enganchado con cómo se juega, no vas a tardar en descubrir que realmente no hay mucho para hacer: fuera del modo historia pago, Ninjala cuenta con dos modos de juego y solo dos escenarios para competir. Sí, es cierto que ambos ofrecen diversas propuestas para el desarrollo de los combates y cuentan con un muy buen diseño, pero la sensación general que nos deja todo es gusto a poco. Y aunque se nota que hay mucha cabeza puesta en la dirección artística y jugable, queda esa impresión incómoda que nos hace pensar que lo único que resolvieron al 100% son los distintos mecanismos para que pasemos la tarjeta de crédito por la tienda.

Dicho esto, encuentro en Ninjala una grata sorpresa. No esperaba absolutamente nada de él -por su aspecto clónico- pero me encontré jugando hasta altas horas de la madrugada prendido con su espectacular combate. Es cierto que cuesta mucho aprender a jugarlo, a leer correctamente el caos que parecen desplegar sus enfrentamientos, pero una vez superado este escollo nos espera una máquina de producir combates memorables. Por eso pienso que hay un enorme potencial para ser explotado en Ninjala: la parte jugable es excelente, funciona y es verdaderamente única. Por fuera de esto hay cosas por pulir y mucho contenido que entregar si es que GungHo aspira a hacer de Ninjala una auténtica plataforma competitiva. Mientras tanto, incluso con sus fallas, no puedo dejar de recomendarlo: si le tienen algo de paciencia, van a disfrutar de un título que puede dar muchísimo, sin cobrarte una sola moneda.

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NINJALA

24/06/2020 (NINTENDO SWITCH)
7.5

Jugué Ninjala durante 10 horas en el modo online, además de las 3 horas que me duró el primer capítulo del modo historia. El día de lanzamiento tuve problemas para acceder al servidor, pero al día siguiente -y hasta hoy- funcionó todo perfecto.

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