Análisis

RETROINSPECCIÓN: Dicetiny

Un juego de tablero con cartas coleccionables que es más entretenido de lo que sus fallas permiten
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Por: Maximiliano Baldo

Detrás de cada juego existe la historia de su desarrollo; de cómo se gestó la idea, de cómo se diseñó su estructura, de cómo se programó su código y de todo lo que siguió tras el eventual lanzamiento. Está claro que no todas estas historias huelen a rosas, pero hay casos especiales en los que uno creería que el proyecto estaba maldito desde el principio.

Si bien no es necesario conocer estas anécdotas de fondo a la hora de disfrutar de un videojuego, a veces ayuda tener el contexto de lo que vemos en pantalla; y por ese lado tenemos que apreciar el hecho de que Dicetiny terminó estando disponible para ser disfrutado a su muy especial manera.

Ocurre que este juego pasó por un complicado proceso de desarrollo, cuya frutilla encima de la proverbial torta fue que por un largo tiempo su página en Steam tuvo el botón de compra desactivado, todo a causa de un problemita de copyright que el desarrollador no puede explicar por motivos legales. Sin embargo, hace relativamente poco las cosas—sean lo que hayan sido—parecieron solucionarse y el juego volvió a estar a la venta. Y cuando uno le da un vistazo al juego en cuestión no le queda ni la más mínima duda que esos problemas legales fueron causados por alguien que no quiso que su propiedad intelectual sea usada de la forma en que Dicetiny la debió usar… porque esta es la Parodia para terminar con todas las Parodias.

En su núcleo, Dicetiny es un juego de tablero para un jugador mezclado con juego de cartas coleccionables. En palabras más estrictas, es HearthStone con tablero; casi literalmente, porque tanto el diseño de los naipes como muchos sistemas de las mecánicas de cartas están prácticamente “tomados prestados” del juego de Blizzard.

Por fortuna Dicetiny añade ese componente de tablero que consigue alejarlo del juego de cartas puro y lo transforma en algo realmente fantástico. La idea de mezclar ambos elementos—cartas y dados—resulta en un concepto que funciona mucho mejor de lo que uno esperaría. Nivel tras nivel nuestro valiente guerrero (que puede aparecer disfrazado de otras Clases, si así lo elegimos al inicio) debe enfrentarse a pintorescos personajes en diversos desafíos en el tablero de juego. La mayoría de las veces el objetivo es eliminar al rival, pero hay otras tareas a cumplir, como obtener mayor cantidad de oro, dar vueltas al tablero antes que el contrincante, y otras ideas semejantes.

También es muy interesante el uso de los naipes, los esbirros y el oro en cada partida. Podremos usar nuestras cartas siempre que contemos con suficiente maná, pudiendo activar sus poderes antes o después de lanzar los dados y avanzar a la casilla indicada por azar. Invocaremos esbirros en las casillas cercanas a nuestra posición actual, mientras que otros poderes permitirán manipular un poco nuestra posición en el tablero (incluso la de nuestro contrincante) y las propiedades de sus casillas y esbirros.

El oro que obtenemos de eliminar esbirros y de dar una vuelta completa al tablero puede ser invertido en obtener un naipe extra por turno, o también para adquirir nuevos naipes en casillas de Tienda. Incluso tendremos la oportunidad de sobornar a ciertos esbirros, neutrales y enemigos, para que se pasen a nuestro bando; y si caemos en una casilla ocupada por uno de los nuestros se nos permitirá invertir un dinerito en mejorar sus atributos.

Cada nivel posee un diseño de tablero específico, pero las casillas especiales en los mismos varían de forma aleatoria. Entre nivel y nivel tendremos la opción de montar campamento para modificar nuestro mazo—algo indispensable para encarar algunos niveles especiales—y también para adquirir nuevos naipes.

Y luego, claro, está el ineludible temita de las parodias. Ay, Dios mío… Las Parodias. Lo mejor que puedo decir de Dicetiny es que se tomó muy en serio eso de no ser serio para nada. El juego parodia todo lo que puede ser parodiado: Star Wars, El Señor de los Anillos, las Tortugas Ninja, Max Max, Street Fighter, Animé, y más memes de internet de lo que podríamos imaginar. Si te gustan las parodias el juego merece una oportunidad sólo por eso, desde la intro calcada de la Guerra de las Galaxias, la historia principal que emula el viaje del Anillo Único (pero acá es el Dado Único) y media tonelada de referencias nerd (la taberna de Tattoo Inn, por ejemplo); es casi imposible no terminar esbozando aunque sea una sonrisita ante semejante cantidad de pequeñas y grandes referencias.

Ayuda mucho que la calidad gráfica del juego en general es bastante buena. Si bien el arte de los naipes puede dejar un poquito que desear, los diseños de los retratos de los personajes y los tableros son muy lindos. Lamentablemente el juego peca de una severa necesidad de pulido; hay que prestar muchísima atención para entender todo lo que hace nuestro contrincante en su turno (por suerte hay Log de partida), faltan guiños sonoros al efectuar algunas acciones, lo mismo con la falta de efectos visuales para demasiados momentos. No son cosas que afecten directamente a la jugabilidad en sí, pero un usuario atento notará muy rápido que algo no está del todo correcto en el diseño general, disminuyendo la experiencia.

El juego peca además de algunos bugs menores. En mis sesiones de juego no creo haber sufrido ningún problema mayor, pero un vistazo a los foros de usuarios revela que hay algunos problemas en casos muy específicos, así que tengan reparo en seguir de cerca el historial de parches.

Quizá lo más lamentable de este juego es que no cuenta en la actualidad con ningún tipo de opción multijugador, ni local ni online; y eso es realmente decepcionante porque la propuesta del juego es muy atractiva; pero éste es otro de los elementos que salieron perjudicados por los múltiples problemas que tuvo Fakedice, el estudio desarrollador. Es triste pensar que, de haber pulido mejor algunos elementos y de haber dotado al juego de un modo online, quizá su concepto podría haber atraído a más interesados.

Tal vez la maldición del Dado Único fue más real de lo que los desarrolladores esperaban. Por lo pronto, el juego se disfruta por derecho propio, con todo y sus falencias; pero es una diversión que habrá que encontrar en solitario, sonriendo ante tanta parodia y lamentando en silencio no poder compartir la experiencia con otras personas.

Malos dados, Fakedice. Más suerte para la próxima.

LO MEJOR:

  • El concepto es fantástico.
  • Si las parodias son lo tuyo, éste es tu juego.

LO PEOR:

  • Algunos bugs.
  • Le falta pulido.
  • Pide a gritos un modo online.
  • De la parodia al robo hay un solo paso.

Entonces… ¿Vale la pena jugarlo hoy?

Sí, pero hasta ahí nomás. La idea central de un HearthStone con juego de tablero incluido funciona mucho mejor de lo que uno esperaría y la enorme cantidad de parodias y referencias puede sacarnos más de una risita nerd, pero no es posible ignorar todas las pequeñas falencias que aquejan al juego. Sigo pensando que se merece una oportunidad… aunque sea cuando esté en oferta.

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