Análisis

Análisis: Resident Evil 7: Biohazard (PC, PS4, XONE)

Resident Evil revive de la mano de Capcom con el juego más fiel a la franquicia en mucho tiempo.
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Por: Jeremias Curci

¿Qué es Resident Evil? Esta es una pregunta que muchos fanáticos y seguidores de hueso colorado no temen responder: es survival horror de pura cepa. Es Leon Kennedy. Es Jill Valentine. ¡Obvio! Umbrella y Wesker también. Pero cuando miramos a Capcom y la manera en la que manejó la franquicia durante casi dos décadas, nos damos cuenta de que es mucho más que eso. De hecho, desde lo conceptual y lo jugable, Resident Evil fue de todo un poco: no sólo por los spin-offs, sino también por cómo fue mutando el ofrecimiento a través de los juegos principales de la saga.

Aunque Resident Evil 4 es uno de los juegos más aclamados de la historia, para Resident Evil fue el principio del fin: lejos habían quedado aquellos momentos en donde el juego construía climas y suscitaba terror por estímulos propios más que por limitaciones inherentes al control. La obra cúlmine de Mikami era un juego ampliamente volcado a la acción, como también lo fueron los dos juegos principales de la franquicia que lo siguieron. Esto hizo que propios y extraños pierdan la fe en un nombre que, pese a todo, sigue siendo pesado, sigue evocando grandes momentos a lo largo de estos veinte años: imaginar un nuevo Resident Evil que devuelva el prestigio a la franquicia parecía imposible.

Pero Capcom parece tener la estirpe de esos púgiles que ganan la pelea en el momento menos pensado: arrinconados, con un ojo cerrado de la hinchazón y a punto de caer a la lona, lanzan un certero cross de derecha justo en el mentón del rival, mandándolo a dormir en un knockout soñado y completamente inesperado, alzándose con la corona del campeón. Ese cross de derecha para Capcom se llama Resident Evil 7.

Desde el principio, parece que Capcom quiere dejar atrás todo el legado de la serie. Su nuevo juego toma todos los elementos que funcionan de otros exponentes contemporáneos del género como Alien: Isolation, Amnesia, Outlast e incluso de su clásico “rival”: Silent Hill (s). No sólo en términos estructurales, sino también desde la perspectiva en la que transcurre la acción: en primera persona. Pero después de unas horas de acondicionarnos a estos cambios, empezamos a ver que, en realidad, Resident Evil 7 está mucho más cerca de la primera entrega de lo que jamás estuvo la serie desde el mítico juego de Mikami.

La historia nos pone en los pies de Ethan: un flaco esmirriado que sufre por la desaparición de su esposa, Mia. Pero todo cambia después de tres años de haber perdido el contacto: recibe un mail de ella, invitándolo a que la busque en la mansión Baker, en los calurosos brazos pantanosos de Luisiana. Ni bien llegamos al lugar del encuentro, dos cosas son muy notorias: primero, que el equipo hizo un trabajo de ambientación estupendo, cosa que mantiene de principio a fin. Los ambientes rebosan de detalles desagradables que no sólo resultan espeluznantes, sino que incluso pueden generar un poco de náusea. Resident Evil 7 es puro clima, del mejor en mucho tiempo.

En segundo lugar, que los creadores no sólo se nutrieron de doctrinas de desarrollo occidentales en cuanto al género del horror, sino que también hay un bagaje importante de cultura pop proveniente del cine y de la TV. La secuencia introductoria es un guiño gigantesco a True Detective, mientras que el concepto de la amenaza y la locura, la insania y la saña con la que se mueve la familia Baker es un calco de la genial Masacre de Texas de Tobe Hooper. Porque sí: la amenaza en esta ocasión, es esta familia de zombies – caníbales – lunáticos que, tras un horrífico encuentro con nuestra desaparecida esposa, nos capturan y nos someten a las vejaciones y torturas más sádicas que creo haber visto en un juego.

En cuanto nos recuperamos de la escena de apertura, nos encontramos en un lugar que no habíamos conocido hasta el momento, pero que se siente familiar: la mansión Baker. Tal y como el primer juego, Resident Evil 7 transcurre en los confines de una enorme edificación y los nexos que unen a esta unidad central con casas de huéspedes y un circuito de pruebas del cual escapar, obra de un maniático absoluto. Para abrirnos paso, el juego recita de memoria recetas conocidas: puzles sencillos para obtener ítems y destrabar distintas secciones de la casa.

Los hay de toda clase: algunos bien simples, y otros que requieren una serie de pasos ordenados, por ejemplo, el que nos sirve para obtener la escopeta más poderosa del juego. No se asusten por esto: sí, hay combate en el juego y tenemos varias armas de las que disponer. Si bien el juego se mueve en las reglas de los FPS en términos de control, la velocidad de desplazamiento y la visión restringida mantiene todo en su lugar, además de homenajear las limitaciones a nivel perspectiva de los primeros juegos, vital para crear tensión y pegarnos al borde del asiento.

Hay armas muy poderosas, pero carecen de la cantidad de munición como para romper el juego, puesto que, justo cuando pensamos que las cosas van a ser más sencillas con nuestras nuevas herramientas, Capcom sacude el avispero y nos tira con todo encima. Este es uno de los logros más importantes del juego: en Resident Evil 7 no hay un momento donde nos sintamos a salvo, a excepción de cuando alcanzamos los puntos de guardar partida. Los enemigos son temibles: los miembros de la familia residen en distintos puntos de la casa, y funcionan como jefes dominantes del nivel hasta que libramos una batalla final en la que nos los quitamos de encima de forma definitiva. Las peleas contra los jefes podrían haber sido mejores, pero no están del todo bien pensadas: ofrecen momentos espectaculares, pero son monótonas hasta el hartazgo, carentes de imaginación en términos de mecánicas de juego.

El resto de las amenazas están dadas por una suerte de criaturas fungiformes que aparecen desde los lugares más inesperados y que como casi todos los enemigos en el juego, son auténticas esponjas de balas. Son tres tipos de enemigos que aparecen en distintas combinaciones, volviéndose durísimos al finalizar el juego. Más allá de esto, la ambientación es tan efectiva que caminaremos con cuidado incluso allí donde hayamos limpiado todos los enemigos. Porque otra cosa que en lo que Resident Evil 7 se luce es en la dirección de sonido. Brillante.

Así y todo, no podemos decir que es un juego desafiante: de hecho, es tal vez el más lineal de todos, y ofrece un balance correcto entre recursos disponibles y enemigos que reventar. Como medida cautelar, antes de cada enfrentamiento grande, el escenario nos dedica algunos guiños en forma de medicinas y power ups. También está lleno de secretos e ítems que nos pueden hacer pasar un mejor momento, encerrados en distintos puzles sencillos: esteroides para mejorar de forma permanente la salud total, o una especie de calmante para mejorar la recarga y la puntería. La residencia Baker está repleta de secretos que descubrir y en este aspecto, sumado a varios extras que se desbloquean al terminar la aventura, está el valor de rejugabilidad que tiene Resident Evil 7.

En esta falta de desafío algunos podrán encontrar un punto negativo, pero lo que realmente le juega en contra a esta aventura es su última parte: más allá de las revelaciones argumentales que están muy bien, el ritmo se pierde y se siente estirado por demás, perdiendo un balance entre acción, tensión y suspenso que hasta el momento venía muy bien cuidado. No es tan grave como para arruinar la experiencia, pero se siente como si el equipo no hubiera sabido cómo darle forma al último cuarto del juego.

No quita que Resident Evil 7 haya logrado lo que creíamos imposible: en primer lugar, ser un Resident Evil efectivo, que guste y que den ganas de jugar hasta el final, el cual bebe de todas las influencias y a través de una alquimia muy bien ejecutada, termine entregando una experiencia que rebosa de confianza, de profundidad y de personalidad.


No vas a encontrar a Wesker ni a Jill Valentine, pero si lo que buscabas era un Resident Evil fiel a los conceptos iniciales de la franquicia, te vas a llevar una sorpresa muy agradable con esta séptima entrega. Capcom logra revitalizar una serie que muchos daban por muerta, capitalizando las hélices más interesantes de su ADN, mezclándola con influencias nuevas y entregando una experiencia de horror que no sólo se despega de Playable Teaser, sino de todo lo que jugamos hasta acá. En términos de terror, claro.

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