Análisis

Análisis: Fallout 76 (PS4, XONE, PC)

Bethesda nos invita a recorrer Los Apalaches tras la debacle nuclear en un juego online que depende de nosotros para divertirnos

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Por: Sebastián Cigarreta

Análisis: Fallout 76 (PS4, XONE, PC)

Análisis: Fallout 76 (PS4, XONE, PC)

Fallout 76 es el juego que nadie imaginaba querer jugar hasta ver la conferencia de Bethesda en la E3. Uno de esos títulos en los que la vaguedad de los anuncios, que se aprovecha para generar hype, fue complementada por la imaginación de los seguidores hasta alcanzar niveles insospechados de creatividad. De por sí, cuando se generan expectativas irrealizables, el único camino que queda es la más absoluta decepción. Pero además Bethesda Game Studios ayudó a que un sentimiento de desolación arrase los corazones de sus fans implementando mecánicas vetustas, dejando un buen puñado de bugs sin solucionar y tomando decisiones de diseño que nadie logra comprender del todo. La última entrega de la franquicia tiene todo el potencial para ser algo genial, pero parece haber salido antes de tiempo, y lo peor es que repite los mismos errores siempre.

Sin embargo no todas son pálidas, es necesario aclararlo porque el fuego de la crítica tiende a irse de control y esto no es ningún incendio. A pesar de sus múltiples falencias en Fallout 76 nos espera una aventura inmersiva, llena de momentos épicos y un mundo recientemente devastado que explorar. Retiene la identidad de la franquicia en casi todos los aspectos, especialmente en cuanto a lo adictivo del gameplay, y por más bugs que le encontremos por alguna razón será muy difícil dejar de jugarlo. El problema principal es que Bethesda nos entrega un producto propio de un estudio mal acostumbrado a recibir elogios a pesar de sus errores, algunos de los cuales viene repitiendo desde el lanzamiento de The Elder Scrolls IV, y esta vez se chocaron contra una pared de críticas.

Pero empecemos por lo bueno. Comenzamos la aventura el “Día de la Reclamación” tras la creación de nuestro protagonista (cuyo aspecto estético podremos cambiar en cualquier momento) y luego de un breve tutorial estamos ante lo que quedó de Los Apalaches. El mapa es mucho más extenso de lo que aparenta y detrás de cada punto de interés puede esperarnos un escenario interno, con sus propias misiones secundarias y misterios que desentrañar. La idea de la exploración libre contrasta un poco con la increíble necesidad de un tutorial extendido que vamos a sentir. Durante las primeras horas será normal debatirnos entre seguir la misión principal, que se encarga de darnos las herramientas necesarias para independizarnos y disfrutar del juego, y satisfacer nuestra curiosidad recorriendo zonas a gusto.

El juego se muestra inmenso, los pueblos muertos cuentan su historia a través de las ruinas y los cadáveres petrificados, que reflejan los últimos instantes de sus vidas. Bethesda sabe como sumergirnos en un mundo utilizando el espacio negativo, aquello que ya no está, y Fallout 76 depende casi exclusivamente del contexto para desarrollar el costado argumental. El resto de la narrativa descansa sobre textos olvidados, robots que asumieron los roles de los humanos a quienes servían o directamente quedaron atrapados en un loop laboral por su programación, y más que nada en los holotapes. Estas cintas representan lo más cercano al contacto humano que tendremos a lo largo del juego, están bien actuadas y desarrollan todo tipo de historias como si fuera una radionovela. Bethesda decidió no incluir NPCs en su juego y es la razón principal por la que vamos a sentirnos solos la mayor parte del tiempo. Eso, sumado a que los mundos hospedan un número bajo de jugadores, hará que cuando nos encontremos con alguien sea todo un evento, aún sabiendo que la posición de los usuarios está marcada en el mapa.

La idea de un Fallout con amigos es genial, pero el mundo pseudo persistente y permanentemente online significó algunos sacrificios en cuanto a la jugabilidad. Lo primero que vamos a notar es que todo el combate se realiza en tiempo real, quedando el V.A.T.S. relegado a una forma automática de apuntado que cuesta AP y realmente no sirve demasiado. Lo peor es que el sistema de combate aún se maneja internamente por una adaptación del método S.P.E.C.I.A.L, por lo que la puntería depende tanto del jugador como de una suma algebraica mágica que realiza el juego según nuestros atributos. Eso resulta en situaciones aún más confusas, con escopetazos a corto rango que erran al objetivo y enemigos que nos disparan desde distancias increíbles con una BB Gun miserable.

Subir de nivel sigue siendo excitante, pero ahora deberemos asignar habilidades en forma de cartas. Podremos elegir una a cada nivel, de entre una lista generada al azar, y en algunas ocasiones a través de un sobre especial. Cada una requiere una cierta cantidad de puntos de atributo para ser equipadas y pueden mejorarse fusionando las repetidas. El sistema es atractivo, funciona bien y cuando hayamos superado la etapa de aprendizaje lo aprovecharemos por completo. Sin embargo esta cuota de azar implica que conseguir los perks más útiles para nuestro estilo de juego no siempre estará al alcance de la mano. ¿Por qué Bethesda me impide dedicarle toda mi atención a habilidades de hackeo o cerrajería en una saga que históricamente tiene raíces de RPG? No hay explicación, como tampoco se entiende la ausencia de NPCs humanoides, o la de un punto de encuentro para socializar como hay en casi todo juego que depende de la interacción con otros jugadores.

Lo que resulta difícil de digerir es que todo el potencial de Fallout 76 se vea mermado por supuestas “limitaciones técnicas”. Parece que Bethesda tuvo problemas para optimizarlo y esta excusa se utiliza para justificar una tasa de cuadros por segundo por lo menos irregular, enemigos que se traban en los escenarios y se desplazan como modelos estáticos, y todo tipo de errores. Estamos hablando de unos de los estudios más grandes de la industria y, a pesar de tener un equipo de desarrollo enorme y presupuestos gigantes, tuvieron que limitar el alijo de la base a 400 libras de peso. “Nos era difícil manejar tantos ítems en simultáneo, pero estamos trabajando en una solución”, dice el vocero del estudio, pero el juego se lanzó hace dos semanas y mientras tanto debemos jugarlo así como está.

La propuesta incluye una forma rudimentaria de supervivencia. Deberemos mantenernos hidratados y alimentados, lidiar con la exposición a la radiación y a las enfermedades propias de la ingesta de alimentos de dudosa procedencia. Esto implica juntar madera para hervir agua, conseguir ingredientes para cocinar y aprender a hacer medicina casera. El juego nos provee de lo necesario para crear todo tipo de equipamiento, armamento, ítems y lo que se nos ocurra. También nos invita a crear nuestra propia base, llamada C.A.M.P, la cual podemos empacar con un par de clicks y reubicarla donde nos plazca. El sistema de construcción es una variante del de Fallout 4, pero por supuesto tiene un “presupuesto” que nos previene de dar rienda suelta a nuestra imaginación: otra de las víctimas de “las limitaciones técnicas”. Todo esto suena genial en papel, pero en la práctica resulta frustrante. Por un lado necesitamos recursos para construir, pero tenemos capacidad limitada de almacenamiento. A su vez podemos reubicar nuestro C.A.M.P, pero dependemos de la suerte, ya que el juego interpreta colisiones donde no las hay y a veces no nos permite ponerla aún en terrenos aparentemente vacíos. Esto puede terminar por frustrarnos y en que resignemos la construcción en pos de una experiencia más llevadera, y es una verdadera lástima.

No hay un momento de paz en Fallout 76 y eso termina por cargarse parte de la identidad de la saga. Lejos queda la exploración pausada, las decisiones planificadas y la narrativa oculta de siempre. Por más interesante que sea la nota que hallamos debajo de una alfombra en una mansión, mientras la estamos leyendo puede aparecer un enemigo y atacarnos, por lo que en algunas circunstancias terminaremos salteando todo y siguiendo el marcador de misión. Lo mismo sucede con las holotapes que demuestran la calidad de los actores de voz, pero que se pierden en medio de los tiroteos y la exploración. Porque es eso o buscar una habitación y encerrarnos a escuchar cada una de las cintas, y si bien puede resultar interesante al comienzo, pronto perderemos la paciencia. Claro que hay excepciones, algunas misiones nos darán momentos increíbles, graciosos y hasta reflexivos. La humanidad se encargó de arruinarlo todo una vez más, pero los habitantes de la bóveda 76 tuvieron el “privilegio” de salir antes y verlo más de cerca, y eso queda claro en todo momento, para bien o para mal.

El componente multijugador termina viniendo al rescate de la experiencia, ya sea en forma de un acosador molesto que viene a atacarnos o de un extraño que accedió a intercambiarnos un par de tornillos para reparar nuestra armadura. Jugar en equipo potencia la aventura, especialmente a la hora de completar eventos públicos. Estos se disparan en puntos específicos del mapa y nos recompensan con los preciados Stimpaks, Radaways y equipamiento especial. Fallout 76 nos permite utilizar el chat de voz por aproximación, haciendo que hablar con el resto de los jugadores se sienta natural y promoviendo la interacción. Bethesda incluyó algunas medidas para evitar a los pesados de siempre, desde silenciar sus micrófonos, pasando por un modo pacifista en el que casi no nos podrán hacer daño, y llegando hasta el extremo de poder “bloquear” a alguien para que ya no puedan encontrarnos. La idea es que todos puedan disfrutar a su manera y, en lugar de ofrecer servidores de PvP y PvE como hace el resto, decidieron ir por este híbrido que funciona bastante bien.

Fallout 76 pierde como RPG, ya que las limitaciones son tantas que habrá poco espacio para asumir un rol más allá de ser un violento o un pacifista. Tampoco resulta del todo agradable como shooter, tiene mecánicas que atrasan 10 años y cumple con lo justo. Sin embargo, y a pesar de todo, hay luz al final del túnel. Sobrevivir al holocausto nuclear es divertido, juntar recursos y construir la base es un bienvenido momento de relajación una vez que encontramos un lugar apropiado. Cuando nos hacemos de equipamiento decente será un placer explorar lugares desconocidos, y en cuanto al diseño del mundo hay que sacarse el sombrero. Parques acuáticos, cabañas de cacería, aviones accidentados, estaciones espaciales chocadas, mansiones embrujadas, el juego está lleno de lugares increíbles listos para ser explorados. Cada uno esconde múltiples historias, a veces inclusive con misiones secundarias que nos hacen sentir un detective, un militar o un bombero por un rato. Algunas hasta tienen objetivos secundarios, que podremos realizar o no, según cómo hayamos desarrollado nuestro S.P.E.C.I.A.L. y entonces comienza a notarse que las cosas cobran otro sentido.

En cuanto al apartado técnico la experiencia general es tolerable. Al menos en Xbox One S los bugs con los que me crucé fueron principalmente cosméticos y, si bien el momento de reubicar la base siempre fue irritante, solucionarlo no me costó más que unos minutos. Encontré dos misiones rotas que fueron parchadas una semana después del lanzamiento y la mayoría de los bugs que experimenté fueron solucionados con ese parche. El framerate inconsistente aparece de vez en cuando y, en una ocasión, el juego murió en una pantalla de carga infinita. Pero esas son las excepciones, por lo general los servidores no tienen problemas y las partidas se extienden durante horas sin mayores sobresaltos que alcanzar otra vez el límite de peso y no poder viajar rápido al campamento. Eso sí, se ve como un juego de hace 5 años, por momentos parece brillar, pero las texturas tardan en cargar, a veces directamente son solo colores sólidos y los objetos son los mismos de siempre reutilizados.

Fallout 76 es un juego que necesita trabajo y Bethesda lo sabe más que nadie. Le hace falta un poquito de vida en forma de NPCs y mejores motivos para que los jugadores se unan a compartir sus partidas. Hoy en día ofrece una zona de juego extensa y bien diseñada para las aventuras emergentes, pero depende completamente de nuestras ganas de explorar e interpretar la narrativa del contexto. Necesita que encontremos un buen grupo de aliados para juntarnos a derrotar esas colosales bestias mutantes, o para disparar un misil nuclear e ir a farmear los enemigos de alto nivel generados tras la imponente explosión. Bethesda parece haberse limitado a prestarnos las herramientas para que nuestra curiosidad e imaginación hagan el resto, pero lucha por darnos los motivos para hacerlo. Es difícil obviar  el potencial que tiene la franquicia, pero podrían al menos haber poblado un poco Los Apalaches, ofrecido raids para hacer con amigos o al menos un hub donde socializar.

Sin embargo puede resultar una experiencia disfrutable, es divertido y está lleno de misterios por descubrir. Seguramente en un futuro mejore, eso será a fuerza de nuevos contenidos y de una mejora tangible en la calidad de vida de los jugadores. Mientras tanto Fallout 76 seguirá siendo un juego de nicho, que plantea cosas interesantes pero falla en los aspectos de siempre y a Bethesda ya se le terminaron los permitidos. Es cierto que ofrece cientos de horas de diversión, pero a costa de la imaginación y la paciencia del jugador, y eso termina dejando afuera a una grandísima parte de la audiencia. Es un buen juego, pero por ahora sólo se lo puedo recomendar a los fanáticos de la saga y a aquellos que disfruten de los juegos de supervivencia, los demás deberían esperar a ver cómo evoluciona.

 

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