Análisis World War Z
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Análisis | World War Z (PC, PS4, XONE)

Los juegos basados en pelis también pueden estar buenos, tal y como demuestra Saber Interactive con su nuevo título.

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Por: Jeremias Curci

¿Por qué alguien se tomaría la molestia en lanzar un juego inspirado en una película que ya data de hace unos seis años? La respuesta es bastante sencilla: es muy posible que World War Z sea lo más cercano que tengamos aquí y ahora de lo que podríamos considerar como un sucesor espiritual del viejo y querido Left 4 Dead. De hecho, Saber Interactive toma tantas ideas de ese clásico que la comparación no sólo se siente inevitable sino también necesaria y hasta cierto punto, habla de lo bien que ha captado la esencia de una serie que ha sido imitada hasta el hartazgo pero con resultados mediocres.

Dicho esto, la mejor forma de definir a World War Z es que se mueve por los rieles de lo que sería un shooter en tercera persona, cuestión fundamental siendo que necesitamos tener en todo momento una idea muy precisa del entorno en el que nos movemos. Ya sea online u offline, la premisa es componer un grupo de cuatro jugadores para ir avanzando a través de los tres actos que conforman cada uno de los cuatro capítulos de la campaña principal, y que nos irán llevando de paseo por ciudades como Nueva York, Moscú, Israel y Tokio.

Hay una línea narrativa que hilvana estos actos, pero no será en la historia donde encontremos el mayor fundamento para meternos de lleno en el mundo de World War Z, ni siquiera considerando el gran detalle de los finales exclusivos de cada sobreviviente con el que elijamos jugar (cada capítulo presenta un set distinto de sobrevivientes). Lo que hace que nos sentemos como posesos frente a la pantalla es el loop; es el minuto a minuto de la acción que no da respiro gracias a los principales protagonistas de World War Z, que son los zombies.

Saber Interactive tomó como propio un gesto muy particular de la película World War Z (a su vez, basada en una novela) que tiene que ver con el comportamiento de estos muertos vivos y sus movimientos, trasladándolos a  la perfectamente a la inquietante acción en pantalla. Esto deriva en hordas de cientos de zombies que pueden correr, saltar, tirarse al vacío para alcanzarnos, o bien apilarse hasta alcanzar una altura suficiente para sortear vallas y paredones enteros. Así es que la puesta en escena es realmente espectacular, y no será extraño quedarnos inmóviles ante la incesante avanzada zombie, casi como si fuese un enjambre interminable de avispas caníbales listas para llevárselo todo puesto.

Y ahí, en el medio de ese mar de zombies están los “infectados especiales” que encontraríamos en Left 4 Dead, aunque con toques que los vuelven únicos. El “Bull” es un zombie con armadura de policía antidisturbio durísimo de liquidar, que puede embestirnos y empujarnos lejos. Un “Gasbag” es reconocible por su traje hazmat y si bien son sencillos de eliminar, matarlos requiere una cierta planificación ya que si no damos un tiro certero en el visor del equipo, al morir soltarán un gas tóxico que puede complicar las cosas. Un “Lurker” te agarra y te mantiene en el piso y sólo podrás salir con ayuda de un aliado, y un “Screamer” aumenta la cantidad de zombies en el mapa, convocándolos con su grito singular. La tropa de no muertos siempre está bien surtida y cargada de zombies especiales que nos harán revolear el pad en más de una ocasión, porque según el nivel de dificultad pueden plantarnos cara con un desafío considerablemente elevado.

Por fortuna, nosotros también tenemos herramientas para repelerlos. World War Z es un juego cooperativo basado en clases. Los sobrevivientes a nivel jugable son elementos estéticos; avatares. El armamento que llevan también es similar: además de tener un machete para quitarse zombies de encima, los sobrevivientes portan un arma “auxiliar” tipo pistola, un arma principal y un arma pesada que podemos encontrar explorando en los niveles. Lo que realmente define su función en la partida es el tipo clase que elegimos. Hay un total de seis para elegir, cada una con un arbol de progresión marcado de hasta 30 niveles. El Gunslinger, o pistolero, posee habilidades que le dan mejores armas para empezar la partida y menos penalización en la puntería a causa del movimiento. El Médico sacrifica un slot de granadas para emplear una pistola que le da un subidón de energía a los aliados, y así podría seguir enumerando.

Por momentos, la acción en World War Z puede ser tan espectacular como abrumadora.

No voy a mentirles: al principio, las clases parecen estar ahí por compromiso, y las diferencias entre sí existen pero no se sienten tan drásticas, pero esto empieza a cambiar a partir del nivel 10. En este sentido, ya con varias horas de batalla encima podemos constatar la real importancia de cada clase y su papel en la partida, sin ir más lejos, el médico puede llegar a revivir a alguien a la distancia, lo cual denota una preponderancia estratégica casi fundamental. Además de las clases, tenemos la chance de mejorar nuestro armamento de arranque a través de un sistema de niveles y tiers que se van desbloqueando cuanto más usamos cada arma, y que compramos con monedas que juntamos jugando.

Para darle un correcto énfasis a la idea cooperativa, World War Z emplea no sólo un sistema de emotes y pequeños elementos para poder comunicarnos con el resto de los jugadores en un plan más “habitual”, sino que también involucra un sistema de “ping” a la usanza de Apex Legends. Es cierto que no tiene el nivel de refinamiento alcanzado por Respawn, pero funciona de maravillas y cumple con el objeto de poder emplear una comunicación alternativa con jugadores que no conocemos, evitando el uso del headset que, según a quien, puede llegar a incomodar. Esto hace que las acciones de juego se sientan muchísimo más orgánicas, abriendo la posibilidad de trazar una buena cantidad de estrategias de cara a resolver lo que cada nivel plantea. 

Los capítulos están muy bien diseñados y los niveles poseen todo para que el World War Z brille. Estamos siempre sumergidos en entornos urbanos derruidos por el holocausto zombie, completando misiones que pueden ser ir de un punto a otro, activar distintos interruptores, aguantar el embate de oleadas de zombies o incluso proteger a un VIP. Con sus diferencias temáticas, el diseño de niveles hace un buen trabajo para mezclar zonas de pasillo sumamente claustrofóbicas, segmentos abiertos ideales para la huída y otros que son directamente para poder parapetarnos según el objetivo que se nos tire encima.

El machete es uno de los grandes aliados en World War Z, que conviene aprender a dominar cuanto antes.

Ahí tenemos una mínima fase de conteo donde tenemos que preparar nuestras defensas posicionando torretas automáticas y confeccionando barricadas de alambres de púa o maderas, además de aprovechar elementos estáticos del escenario como ser morteros o nidos de ametralladoras. De nuevo es para destacar el uso del sistema de ping en estas fases, ya que la acción nos lleva a jugar de la manera más cooperativa posible.
Como decíamos, los niveles tienen un estupendo diseño, pero yendo a los tonos grises, hay que decir que tienen sus problemas de ritmo, que se esparcen a todo el juego.

Todo el clima que genera desde el diseño y la artística no termina de explotar porque no hay una idea de generar momentos de tensión o suspenso, como tampoco logra impactar respecto a los zombies especiales. En lugar de guardarse el truco para momentos selectivos, World War Z puede tirarnos con una combinación de tres lurkers, dos bulls y cinco gasbags en menos de veinte minutos. Es innegable que el impacto a medida que vamos descubriendo estos desagradables y potentes seres existe, pero la novedad acaba pronto y lo que podría haber sido algo más significativo, termina licuado entre los cientos de zombies que nos acosan durante todas las partidas.

También es importante notar que sí, hay un océano de profundidad en las clases que elegimos y el armamento disponible en términos de progresión al menos: World War Z se termina rápido, porque el chiste reside justamente en terminarlo la mayor cantidad de veces posible, con el objeto de maxear todas las clases. Pero si se cansan de jugar la campaña principal, pueden encontrar un muy buen refugio en el modo multiplayer. Por su característica de shooter en tercera persona puede recordar un poco a Uncharted o incluso The Last of Us. Sin llegar a ese nivel de pulido, World War Z tiene lo suyo.

En World War Z, el juego en equipo es clave.

Y es que el modo multiplayer encierra en sus adentros cinco modos de juegos distintos que repasan los clásicos estilos del PvP: King of the Hill, una variante de Hardpoint, Team Deathmatch, Swarm Domination y más. Gracias a la buena y permisiva jugabilidad del título, las balaceras se disfrutan casi de inmediato, y es realmente entretenido ver la forma inteligente en la que Saber Interactive ha sabido agregar la espectacularidad de los zombies en cada uno de estos modos, dándonos siempre bastante con lo que entretenernos. Así mismo, el modo multiplayer incorpora nueve clases por completo distintas a las de la campaña principal, al igual que los niveles en los que se da la acción.

World War Z no es un título libre de fallas y se nota que no está pulido -paradójicamente- como sí están las leyendas en las que se inspira. Así y todo, encuentra redención en las ideas que propone. Los zombies son sencillos de despachar (un machetazo o un tiro a la cabeza bien puesto es suficiente) por lo que no es difícil entrar en un frenesí sumamente adictivo cuando el juego desata todo su potencial. Incluso se permite trastear en segmentos mínimos con el sigilo, liquidando un par de zombies aquí y allá para evitar ser detectados. Y la jugabilidad se siente lo suficientemente responsiva para poder ejecutar todo lo que nos pide a lo grande y sin contratiempos. Si a esto le sumamos un precio por demás competitivo y una correctísima dosis de contenidos, es fácil recomendarlo, especialmente si pueden jugarlo con amigos. 

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