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Análisis | Turok: Escape from Lost Valley reinventa la franquicia

Un personaje clásico regresa al mundo de los videojuegos; pero no es ni la versión que esperan, ni el género que imaginan, ni el juego que querían

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Por: Maximiliano Baldo

Análisis | Turok: Escape from Lost Valley reinventa la franquicia

Análisis | Turok: Escape from Lost Valley reinventa la franquicia

Habiendo jugado aproximadamente veinte minutos de Turok: Escape from Lost Valley, tuve que hacer una pausa, salir del juego e investigar al respecto, porque tenía la sensación de que se me estaba pasando por alto algún elemento fundamental que justificara la enorme decepción que estaba experimentando. Este título, desarrollado por Pillow Pig Games, ostenta la aprobación de Universal Studios Interactive Entertainment como distribuidores, y aquellos jugadores que esperaban el resurgimiento de la franquicia clásica se van a llevar un enorme chasco desde el primer momento.

Basta un vistazo para corroborar que este Turok no es necesariamente el mismo aguerrido personaje que salía a cazar dinosaurios en aquellas frenéticas aventuras en primera persona, sino una versión extremadamente caricaturesca que recorre mapas isométricos junto a su hermano, Andar, buscando la forma de escapar del epónimo Valle Perdido. Este es el resultado de un concurso llevado a cabo por Universal Games en conjunto con Unity Technologies, cuyo ganador se dio el gusto de ver a su juego publicado por la distribuidora.

Turok contra los dinos mononos

Ocurre que Turok: Escape from Lost Valley ni siquiera fue el juego ganador, sino uno de los elegidos como mención de honor. Pillow Pig Games, un pequeño estudio conformado por apenas dos integrantes, no sabía prácticamente nada de la franquicia, habiendo debido informarse al respecto mediante los comics originales de la década del ’50, Turok: Son of Stone. Esto hace de Turok: Escape from Lost Valley un título que no refiere realmente al clásico FPS que todos conocen, sino a la primera iteración de los personajes en forma de comic.

Aun así, el cambio de contraste entre el material original y el juego de Pillow Pig Games es tremendo, pasando del arte realista de las historietas a una estética decididamente simplificada, colorida, adorable. Es ciertamente uno de los elementos más sobresalientes de este producto… pero quizá también sea el único; porque si bien el juego puede alejarse de sus supuestas raíces FPS (que nunca las tuvo, al estar basado en el comic original) para convertirse en una aventura de acción con cámara isométrica, no hay excusa que lo salve de su pésima jugabilidad.

Este oso es el primer pico de dificultad sorpresiva

No es una historia complicada: nivel tras nivel, Turok y Andar recorren un trayecto poblado de un puñado de enemigos y eventualmente se enfrentan a un jefe. Nuestro héroe cuenta con un cuchillo como arma principal y algunas flechas como arma secundaria. Debería ser suficiente en un juego competente, pero una vez que empezamos a controlar al personaje nos damos cuenta que vamos a tener muchos problemas: el control de Turok es tosco, lento y tortuoso. Entre que presionamos el botón y Turok realiza su ataque hay una brevísima pausa de poco menos de un segundo; lo suficiente para sentirse como una eternidad ante la velocidad y voracidad de los jefes y otros enemigos. Peor aún es que, tras cada ataque, Turok se pausa por una fracción de segundo, quedando al descubierto ante potenciales contraataques. Contamos con un movimiento de rodada para esquivar golpes, pero los hitboxes de jefes y enemigos no siempre es claro, resultando en ataques fallidos y daños inesperados.

Peor es usar las flechas; no sólo por el tiempo de preparación de cada disparo sino especialmente por la limitación a ocho posibles direcciones de tiro. Será muy fácil fallar al blanco con esas limitaciones… excepto para Andar, que la mayor parte del tiempo va a acertarnos flechazos mientras trata de ayudar en las luchas. Ya que tocamos ese tema, Andar, como compañero controlado por la computadora, es bastante inútil: cuando no está siendo raptado (pasa más seguido de lo que imaginan) se la pasa disparando flechas en nuestra dirección general. Afortunadamente no perdemos vida si recibimos un flechazo de nuestro hermano, pero sí nos hace detenernos por un momento, y eso es suficiente para que los enemigos—especialmente los jefes—nos masacren de lo lindo.

Este dino sabe usar la cabeza

Cada jefe sigue patrones de ataque determinados, aumentando la violencia de estos ataques a medida que vamos restando su barra de vida. El problema es que todos ellos son muy veloces y debemos estar constantemente decidiendo entre escapar por los pelos de una arremetida y acertar uno o dos golpes en algún momento de distracción. Si mantenemos la calma podemos dar cuenta de todos estos monstruos prehistóricos con tiempo y paciencia, pero en cuanto cometemos un error todo se va al diablo; y cometer errores en este juego es facilísimo. De hecho, el juego completo podría pasarse en poco más de una hora; pero los picos de dificultad que impone cada jefe eleva ese promedio de tiempo a un valor de entre 3 y 4 horas de juego; y serán horas de miseria y tedio con una aventura que realmente no ofrece ningún incentivo para continuar.

No tendremos otra arma que nuestro cuchillo para ataques cuerpo a cuerpo, aunque es posible encontrar un par de tipos de flechas adicionales para arremeter a distancia. Más allá de eso, una amable nativa nos ofrecerá nuevos atuendos a cambio de pieles. Estas ropas le dan a Turok algunas ventajas, pero también traen desventajas a tener en cuenta; y realmente no suman demasiado al conjunto. Finalmente, tanto la banda sonora como la historia en general son inexistentes; la primera con un par de tonadas muy básicas, reservadas para momentos de acción; la segunda carente de toda emoción o conflicto, manteniendo siempre la premisa del deseo de nuestros protagonistas de abandonar el Valle… hasta que lo abandonan. Fin. Así, de una.

Hay bichos hasta en el agua

Turok: Escape from Lost Valley podría haber sido algo mucho mejor. No necesariamente un nuevo clásico que venga a mitigar la ausencia de una secuela posta de la franquicia que todos conocen y quieren, pero al menos un juego divertido para pasar el rato. Sus severas falencias de control, insulsa historia y total falta de emoción lo convierten en una experiencia olvidable e innecesaria. Lo mejor es que este juego nunca salga de su Valle Perdido.

Jugué Turok: Escape from Lost Valley durante 4 horas, buena parte de ese tiempo lidiando con la tosquedad de sus controles, la voracidad de sus jefes, la frustración de sus controles toscos ante la voracidad de sus jefes, y el pensamiento de que nadie me va a regresar el tiempo perdido.

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