Análisis

Análisis | The Touryst nos da unas breves pero entretenidas vacaciones

Nos vamos en un viaje tropical por los voxelados mundos de The Touryst y descubrimos que, si bien no es tanto como esperábamos, sigue siendo suficiente para divertirnos

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Por: Maximiliano Baldo

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A medida que escribo, borro y vuelvo a escribir estas líneas, intento ordenar mis pensamientos y opiniones respecto a The Touryst, el nuevo juego de Shin’En para Nintendo Switch; y tal situación de debe a que este título cae en el conflictivo punto medio (o mediocre) que puja entre apuntar a ser un clásico de culto de la consola o un juego más bien para el olvido; así que intentemos desmenuzar este espécimen y ver qué nos depara en estas vacaciones digitales.

El tráiler que pueden ver aquí arriba es lo que me tentó a adquirir el juego en la eShop de Nintendo, esperando encontrar aventura y acción en un mundo de sorprendente belleza voxelart. Debo decir, habiendo pasado todo el juego, que el tráiler vende un poquito más de lo que The Touryst realmente es. Al menos no había mentiras respecto a su estética, claramente uno de los puntos más fuertes del juego.

Los mundos tropicales en formato voxel son bellísimos, y los efectos de cámara (el desenfoque con la distancia, el agua que moja el lente en algunos segmentos) le dan un toque adicional a un apartado artístico precioso. El control del juego, por otro lado, tiene unos leves altibajos: los movimientos principales de nuestro protagonista, un turista sin nombre, se sienten muy bien la mayor parte del tiempo; pero hay un detalle respecto al uso de la cámara que viene a complicar un poco las cosas a la hora de realizar saltos de precisión. Y habrá mucho de eso a medida que exploramos los desafíos que el juego nos ofrece.

Paseando por el centro turístico

Es la narrativa el punto en la que las cosas empiezan a decaer. Más precisamente, no hay una narrativa establecida. Tan pronto inicia el juego nuestro turista llega a la isla y ya podemos ir a explorar, sin tener contexto de quiénes somos, por qué estamos en esta isla o qué debemos hacer para cumplir la misión. Uno solamente puede interpretarlo desde el punto de vista más lógico y pensar “somos un turista y eso es todo”, y algo de razón tendría, pues a lo largo y ancho de nuestro periplo podremos realizar muchas actividades de turismo, como descansar en las sillas de la playa, bailar en la disco tropical, hacer buceo y hasta pasar un rato en un arcade.

En cuanto a una narrativa principal… la hay, pero es demasiado escueta. Nuestro objetivo en la primera isla termina siendo entrar al Monumento que allí yace y resolver los puzles en su interior, lo que nos llevará a una cámara que revela la “trama” central: viajar a otras islas para activar otros Monumentos. Cada una de estas edificaciones oficia de mazmorras a ser exploradas, las cuales se limitan a un puñado de habitaciones con algún puzzle o elemento de ingenio, culminando en la batalla con el jefe de turno. No hay sistema de combate en The Touryst, de manera que estos jefes son derrotados mediante ingenio y habilidad, utilizando los elementos del escenario de una forma u otra.

Descansamos un ratito

Pero a medida que avanzamos nos damos cuenta que quizá estamos yendo demasiado rápido. Llegamos entonces al verdadero punto en contra de The Touryst, y es que todo el juego puede superarse en menos de 4 horas; 5 como mucho. Todo es cuestión de explorar 5 ó 6 Monumentos y ver la cinemática final, que no termina de darle contexto a nuestra aventura y, lo peor, sugiere que podría haber una secuela.

No es que The Touryst no tenga contenido; es sólo que no hay una verdadera constante que una todas sus piezas, más allá de ser nosotros un turista. Las actividades y misiones adicionales son necesarias para cumplir un último requerimiento previo al final, que nos pide haber superado una cantidad mínima de misiones; lo que se siente más como una excusa para extender el tiempo de juego. Algunas de estas actividades son genuinamente divertidas, como manejar un dron por toda la isla, jugar a meter goles (con el entrenador “Diego”, que lleva la camiseta Argentina) y especialmente jugar en el arcade.

A las profundidades

El arcade merece un párrafo propio. Este simpático lugar cuenta con tres máquinas funcionales: un émulo de F-Zero, una copia de Mighty Bomb Jack y otra de Arkanoid. Una de las misiones consiste en superar los puntajes máximos en cada juego. Es interesante el detallito de que las pantallas de cada gabinete de arcade es la pantalla posta del juego, ya que si abandonamos la partida en medio de un intento veremos (y oiremos) el arcade todavía funcionando al fondo. Son detallitos como esos los que le dan puntos a favor a The Touryst. El juego brilla mayormente en su ambientación e inmersión, haciendo de cada lugar que visitamos un momento memorable.

En contraste, los picos de dificultad darán otros tipos de momentos memorables. Es irónico que en un juego de relativa poca duración pueda haber instancias de frustración. Varios de los puzles en las profundidades de los Monumentos requieren de saltos precisos en escenarios 3D, que son mucho más difíciles de los que imaginamos en un principio. Mención especial merecen las pantallas finales de cada Monumento, que transcurren en la casi total oscuridad y que pueden llegar a poner a prueba nuestra paciencia y tolerancia para navegar estas cámaras.

Nada mejor que los jueguitos en la costa

Al final del día, lo mejor que puedo decir de The Touryst es que es un juego hecho para entretener, y nada más. No hay tramas complejas de por medio. No hay ni siquiera un villano al cual derrotar. No hay más que islas para explorar y acertijos a resolver; y quizá eso sea suficiente. Eso sí, lo deja a uno con ganas de más. De mucho más. Tal vez sea la alegoría del Turista… del Viaje… de las Vacaciones; que duran menos de lo que uno esperaba y que por eso debemos disfrutar de cada una de sus actividades como si fuera la última vez. Si es así; si esa fue la intención; entonces misión cumplida. Y si no… bueno… siempre quedan los recuerdos del viaje.

THE TOURYST

21/11/2019 (SWITCH)
7.0

Superé The Touryst en aproximadamente 4 horas (menos de 5 en todo caso) habiendo completado casi el 90% de las misiones secundarias. El juego me entretuvo durante todo el transcurso, pero nunca llegó a atraparme del todo. Tanto su estética como su esquema de control y premisa básica pedían a gritos mucho más contenido. Una pena.

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