Análisis | Streets of Rogue es una joyita del gaming independiente
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Análisis | Streets of Rogue es una joyita del gaming independiente

Un nuevo éxito de Early Access da finalmente el paso a su versión final. Recorré las calles de Streets of Rogue y descubrí un mundo de posibilidades, diversión y muchísimo caos

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Por: Maximiliano Baldo

En la última década hemos podido apreciar un notable aumento en la cantidad de grandes juegos independientes desarrollados por una o dos personas, pudiendo mencionar el Undertale de Toby Fox; la hermosa experiencia de campo del Stardew Valley de Eric Barone; el impecable ingenio zen de Hempuli Oy y su Baba is You; el viaje de autosuperación (y profundo control de ira) que Bennett Foddy nos ofrece con Getting Over It; las pesadillas animatrónicas de la saga Five Nights at Freddy’s, de Scott Cawthon; y, porque no puedo no mencionarlo, la épica de supervivencia enanil de Dwarf Fortress, de los hermanos Tarn y Zach Adams; y me quedo corto en una lista que incluye a muchos grandes desarrolladores de pequeñas maravillas… listado en el que hoy se suma Matt Dabrowski y esta fantástica locura titulada Streets of Rogue.

…que, para ser francos, viene repartiendo alegría desde Marzo de 2017, fecha en la que apareció a la venta en formato Early Access, siendo hoy el día de su lanzamiento oficial para PC, Xbox One, PS4 y Nintendo Switch. Habiendo podido experimentar el juego desde sus etapas más tempranas, es notable lo mucho que ha cambiado el producto sin alejarse en lo más mínimo de su núcleo central; pero esto se debe a que la jugabilidad principal se ha mantenido intacta mientras Matt continuaba agregando más y más contenido alrededor de un juego que, incluso desde aquellas primeras Alphas, se sentía mucho más completo que varios títulos de gran porte en sus respectivas versiones de lanzamiento.

El núcleo de jugabilidad que mencionamos es el de un juego roguelike de vista cenital con generación de niveles procedural, un género bastante quemado en la actualidad por la saturación del mismo en el mercado. ¿Por qué íbamos a invertir nuestro valioso tiempo en Streets of Rogue? Primero y principal, porque Streets of Rogue es uno de los juegos más entretenidos, hilarantes y caóticos que he tenido el gran placer de jugar. En las calles de una ciudad distópica dividida en niveles, los ciudadanos más adinerados viven en las capas superiores, dejando a la escoria de la sociedad apretujada en los suburbios del fondo. Nuestro objetivo es ascender, nivel tras nivel, hasta alcanzar las capas superiores y darle una lección al hombre a cargo de todo. Desde luego, no será tan sencillo como parece.

El propio Tutorial está lleno de momentos divertidos

Cada “capa social” consta de tres niveles que debemos atravesar, habiendo cumplido antes todas las misiones que se nos encarguen en cada uno. Estas misiones consisten en eliminar personajes específicos, obtener algún ítem, liberar individuos y operar ciertos interruptores. Completar estos encargos nos recompensa con algún ítem especial, finalmente habilitando el ascensor que nos llevará a la próxima etapa. Técnicamente es sólo repetir y enjuagar hasta llegar al final. Y entonces, ¿dónde está la gracia? La gracia está en que Streets of Rogue nos ofrece una infinidad de rejugabilidad, tanto en la Clase que elegimos al iniciar la partida como en la forma en que intentaremos cumplir cada objetivo.

El juego cuenta con una generosa variedad de Clases, cada una con habilidades, stats o ítems iniciales específicos. El humilde Vagabundo no tiene mucho a su favor, pero un Soldado entra al juego equipado con armas pesadas y protección considerable. Por otro lado, el buen Ladrón sabe cómo entrar a hurtadillas y puede robar a espaldas de las personas, mientras que el Hacker puede activar computadoras y otros aparatos a distancia. La gran variedad de Clases incluye varias que deberán ser desbloqueadas al realizar ciertas acciones dentro del juego, y también contamos con un editor especial para forjar nuestra propia Clase personalizada, mezclando elementos de todas las demás. Además de las misiones básicas del nivel, cada Clase tiene una agenda propia; una misión especial (y opcional) que debe realizar antes de pasar al siguiente nivel, sumando otra capa de diversidad.

Muchas Clases para elegir

Luego está el abanico de posibilidades en cada nivel. Sus gráficos simplones no lo demuestran en principio, pero detrás de esos simpáticos monigotes pixelados se encuentran interacciones complejas y varias soluciones para un mismo problema. ¿Cómo obtener el ítem que posee un individuo en particular? La solución directa es eliminar al tipo en cuestión y recuperar el ítem de sus dedos duros y fríos, pero aquellos que busquen rutas más diplomáticas descubrirán que es posible sobornar al objetivo con dinero en efectivo o con alguno de nuestros ítems. ¿No tenemos ni plata ni objetos? Un ladrón puede robar sin que nadie se dé cuenta; un científico puede usar un paño con cloroformo para sedar al individuo, y la policía puede ponerle las esposas para inmovilizarlo. Siempre hay una solución, dependiendo de qué tan creativos nos sintamos.

La complejidad aumenta a medida que descubrimos nuevas interacciones con el entorno. Por ejemplo, muchos edificios poseen filtros de aire en el perímetro exterior. Si dejamos caer alguna droga en la ventilación, todo el edificio sufrirá los efectos del narcótico; tanto los negativos como los positivos: así como podemos adormecer a todos los habitantes de la habitación, también podemos darles superfuerza temporal. La presencia de la policía puede afectar nuestro accionar en el área… a menos que les pasemos unas monedas para que hagan la vista gorda de nuestras futuras actividades ilegales. Podremos pedir la asistencia de varios individuos, ya sea a cambio de efectivo o mediante otros medios de persuasión, formando nuestra propia pandilla que obedecerá nuestras órdenes, causando alborotos para distraer a los guardias o directamente atacando al pobre diablo que les ordenemos machacar.

Un problema, varias soluciones

Cada escenario es un mapa colmado de vida; desde los individuos que transitan las calles, los empleados de los comercios y otros elementos activos a los que habrá que prestar atención. Estudiar nuestras misiones y formar un plan de ataque es fundamental, dependiendo de qué ítems tengamos a mano y qué más podemos hallar en el mapa, ya sea en los tachos de basura (sorprendentemente buenos para encontrar monedas y un par de ítems básicos), en las máquinas expendedoras, o en los cuerpos de aquellos que sucumban ante el poder de nuestros ataques. Cada tres niveles tendremos una etapa afectada por una condición especial que nos fuerza a salir del área de confort para mantenernos con vida: lluvia de cohetes explosivos, invasión de zombies, oleadas radiactivas, un robot onda Terminator que nos sigue por todo el nivel para matarnos, y hasta una súbita rebelión que pone a todos los personajes del mapa a pelear con todos los demás personajes del mapa en una impresionante batalla campal; y Streets of Rogue tiene uno de los sistemas de combate más estupendamente caóticos de toda la industria.

El combate en Streets of Rogue consta básicamente de golpes físicos y disparos con armas de fuego. Al igual que con el resto de las características del producto, el combate es engañosamente simple a primera vista, pero una vez que experimentemos un par de luchas notaremos un sinfín de pequeños detallitos que la vuelven una experiencia altamente satisfactoria. Ya de por sí cada golpe resuena con ganas; son impactos contundentes que no dejan lugar a dudas de que se ha producido daño. El poder de nuestro protagonista, en relación a la resistencia de nuestro adversario, puede hacer que un golpe directo haga salir volando al contrincante, estrellándolo contra una pared que quedará destruida si es lo suficientemente débil. Las armas de fuego son muy versátiles, pero debemos cuidar la preciada munición y, también, debemos apuntar con sumo cuidado, porque una bala perdida puede acertar a un inocente y causar un verdadero efecto dominó que terminará en una batahola épica como pocas, pero seguramente muy mala para nuestra salud.

¡Alto, o disparo! Ah, ya disparé...

Aquí la versión de PC gana un puntito extra, ya que se siente mucho más fácil apuntar con el mouse en lugar de con el stick derecho del gamepad. Esto se debe, además de la precisión adicional del mouse, a que el movimiento de la cámara es uno de los puntos más divisivos en la comunidad. Ocurre que la cámara sigue al puntero del mouse al tiempo que mantiene a nuestro protagonista en pantalla, causando un efecto en principio muy confuso, pero que luego de un par de partidas se vuelve suave y práctico para observar a nuestros alrededores. El mismo sistema, desde el stick del gamepad, tiene sus reparos y cuesta más acostumbrarse, pero es un pequeño precio a pagar por un juego que, por encima de todo, es extremadamente entretenido.

Más entretenido, incluso, si compartimos la experiencia con amigos en sesiones multijugador, tanto online como en juego local. Si el juego ofrecía enormes posibilidades jugando solo, con un compañero de travesuras la cosa se pone muchísimo mejor. Coordinar movimientos para cumplir objetivos resulta en secuencias de acción y sigilo que no deberían ser tan pero tan emocionantes; por ejemplo, haciendo que un jugador golpee la ventana de un edificio para atraer la atención de un guardia, mientras que su compañero se escabulle por detrás para acceder a la puerta que estaba vigilando.

Cuantos más, mejor

Pero Streets of Rogue sigue siendo—como su nombre lo indica—una experiencia roguelike, y por lo tanto se adhiere a ciertos elementos del género: tendremos una especie de progresión global desde el cuartel general de nuestra organización rebelde, donde podremos cambiar las croquetas de pollo acumuladas (la moneda especial del juego, en serio) por mejoras permanentes, nuevas recompensas para las misiones, nuevas habilidades para elegir al pasar de nivel y otras características únicas. Desde nuestro cuartel podremos acceder directamente a niveles superiores, si es que conseguimos activar sus ascensores tras repetidas visitas previas; y también podremos encarar las partidas con la aplicación de Modificadores que cambian considerablemente algunos elementos del juego.

Lo más importante para un juego roguelike es que el jugador no se sienta demasiado frustrado al morir y tener que volver a empezar; que prevalezca el deseo de una partidita más; y en ese apartado Streets of Rogue triunfa de manera inequívoca, pues hay tanta diversión en su jugabilidad caótica que uno se siente tentado de inmediato a volver a probar; quizá esta vez con una nueva Clase o con otro plan de ataque; pero siempre con la idea de seguir pasándola bien. Matt Dabrowski le ha dado vida a un pequeño monstruo del que tiene que sentirse muy orgulloso, porque es una de las experiencias de juego más gratificantes de la industria actual, y todavía promete continuar añadiendo contenido más adelante para que la diversión no se detenga nunca.

Más diversión cuando nos volvemos gigantones

Nada mejor para un juego en el que las calles son peligrosas, descubrir que el verdadero peligro somos nosotros. Meta palo y a la bolsa.

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