Shenmue III
Análisis

Análisis | Shenmue III es sólo para nostálgicos

La esperadísima continuación de la obra maestra de Yu Suzuki está cortada con la misma tijera que sus predecesores pero se queda a medio camino entre la nostalgia y el fan service.

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Por: Sebastián Cigarreta

Cuando una saga tan emblemática, innovadora y original como la protagonizada por Ryo Hazuki es cancelada todos perdemos. Desde los jugadores que nos quedamos con una historia truncada, pasando por sus creadores e inclusive hasta la industria en general. En 2001 vimos salir Shenmue II y, a pesar de sus ports para Xbox que nos permitieron soñar con una continuación en las plataformas de Microsoft, terminaría siendo el último episodio de la saga oficialmente. En 2015 Yu Suzuki nos sorprendería a todos con el anuncio de un nuevo juego que continuaría la narrativa exactamente desde donde había quedado, aprovechando las bondades del hardware moderno y dándole un cierre a la saga iniciada en la última consola de Sega. La respuesta del público fue abrumadora y la campaña de Kickstarter cumplió su objetivo inicial de 2 millones de dólares en tan solo 9 horas.

Desde entonces esperamos el lanzamiento de Shenmue III, rejugando las aventuras anteriores gracias a las remasterizaciones y soñando con la ansiada resolución que muchos esperamos por 18 años. Desde un punto de vista realista resultaba difícil ignorar la posibilidad de que haya pasado tanto tiempo que el juego termine decepcionando a fans y al público general por igual, y la realidad está más cerca de lo que nos hubiera gustado admitir. Este nuevo episodio de las aventuras de Ryo mantiene vivo el espíritu de la saga, incorpora una serie de mejoras a la calidad de vida y en el apartado técnico, pero a la vez ignora completamente los avances que logró la industria durante las últimas dos décadas y se aferra demasiado a mecánicas que podrían haber resultado innovadoras, pero en la época de oro de Dreamcast y PlayStation 2.
 


Shenmue es una saga que se caracteriza por dos aspectos centrales: la historia de venganza de Ryo por la muerte de su padre y su forma de narrarla. La primera es sencilla y durante los primeros dos juegos se encargó de sumar misterio a lo que podría haber sido la trama de cualquier película de acción de los 90’s. La segunda es donde radica la verdadera magia de la propuesta, porque nos invita a vivir la vida de Ryo en un Japón (y diferentes locaciones vecinas) ochentoso hasta el más mínimo detalle. Eso implica dormir, comer, caminar por el barrio haciéndole favores a los vecinos, jugar una fichita al juego de turno, comer un ramen e ir a trabajar de lo que sea para conseguir el dinero necesario para seguir nuestra rutina. Como se trata de una continuación directa, Shenmue III requiere que sepamos lo que sucedió en los dos juegos anteriores. Para eso incluye una película muy breve que intentará poner al día a los nuevos jugadores y refrescarle la memoria a los recurrentes. Lamentablemente solo funciona como un mediocre ayuda memoria y no le hace justicia a lo que sucedió en realidad, dejando a los recién llegados con la idea de que lo importante fueron las 4 o 5 peleas más vistosas y reduciendo la historia a una suma de clichés. Por suerte existe YouTube y un ejército de fans dispuestos a llenar los baches narrativos de esta película.

Shenmue III comienza en China, con Ryo y Ling Shenhua llegando a Bailu Village en las montañas de Guilin, en donde pasaremos toda la primera parte del juego buscando al padre de Shenhua. Lo que en un comienzo parece ser el tutorial termina siendo una gran parte de la experiencia inicial, pasaremos al menos un tercio del juego recorriendo esta primer zona. Aquellos que tengan frescos los juegos anteriores apreciarán inmediatamente la mejora técnica, los efectos de iluminación, la vegetación y el nivel de detalle con el que Suzuki construyó su juego. Los que estén dando sus primeros pasos en la saga verán un apartado visual correcto con texturas y modelos irregulares, animaciones precarias y una gran cantidad de zonas bloqueadas. Este tipo de situaciones en las que la experiencia cambia radicalmente entre los fans y el resto del público son una constante a lo largo del juego y, eventualmente, puede llegar a provocar un profundo rechazo en todo aquel que no esté dispuesto a aceptar la visión del director.

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Chobu City es la segunda locación del juego y ofrece un hermoso contraste a los paisajes rurales de Bailu Village

Shenmue III intenta hacernos vivir la vida de Ryo, pero utiliza mecánicas que ya se hubieran sentido vetustas hace una década. Por ejemplo si queremos revisar en profundidad una zona tenemos que activar el “Modo de observación”, que se traduce a un rudimentario modo en primera persona en el que todo aquello con lo que se pueda interactuar brilla con un círculo rojo. Por ejemplo para abrir un cajón deberemos activar este modo, mirar el cajón y presionar un botón sobre el círculo resaltado, entonces Ryo procederá a abrirlo con una larga parsimonia. Luego un click más para revisarlo y  uno más para cerrarlo, finalmente un último click para salir de este modo y en el caso de que haya más de un cajón podríamos haber seguido revisándolo en el modo anterior. El problema es que está lleno de cajones, cómodas, cajas y objetos que revisar, pero muy pocas tienen cosas de interés y aún así no valen la pena la grandiosa pérdida de tiempo que requiere esta labor.

Esta misma aproximación se repite a la hora de “investigar” el misterio de turno. Sin ánimo de spoilear, para completar la primera parte del juego deberemos hablar con casi TODOS los habitantes del pueblito. El problema es que habrá que hacerlo en el orden que Shenmue III quiere que lo hagamos, a la hora que el NPC esté disponible y dándole lo que necesita para hablarnos. Entonces de un misterio básico como “encontrar al padre de Shenhua” pasaremos a hablar día tras día con nuevos habitantes que nos contarán (desde el primer momento) un gramo de información a la vez en un plot bastante básico. Para que Ryo se de cuenta oficialmente del punto de conexión (realmente obvio desde la segunda hora de juego) deberemos pasar al menos 5 o 6 horas preguntando, volviendo a dormir porque nos quedamos sin luz de día y mostrando la misma foto a todo el mundo, y así hasta que un bendito NPC nos dice algo que haga que a nuestro aprendiz de artes marciales favorito se le prenda una lamparita en la cabeza.

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El controversial, aunque querido, autoelevador también hace su regreso y pasaremos largas horas conduciéndolo

Esto es solo un ejemplo, pero el esquema se repite una y otra vez. Para avanzar un pequeño paso hacia el objetivo principal deberemos desviarnos durante horas y hacer una tediosa cantidad de actividades que nada tiene que ver con el tema en cuestión. Aquello que durante las primeras diez horas es pintoresco y entretenido, como apostar en una una carrera de tortugas, conseguir trabajo cortando leña o hacer quick time events en la lamentablemente precaria versión del salón de arcades de este nuevo capítulo, pronto se vuelve tedioso. Y si a todo eso le sumamos el tener que volver a dormir, comer porque nuestra vitalidad se gasta a medida que corremos y dar vueltas hasta encontrar al último NPC al que faltaba hablarle para que nos permita avanzar, nuestra paciencia será probada todo el tiempo. La progresión es trabada y anticuada, no podremos explorar a nuestras anchas porque Ryo dirá: "no tengo nada que hacer acá, mejor sigo hablando con la gente", y no es algo del comienzo, sino una constante a lo largo de toda la aventura.

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Los salones de arcades nos consumirán una buena parte del tiempo libre, la selección de juegos podría haber sido mejor

El ritmo lento, el dialogar con todos los NPC y experimentar con lujo de detalles la vida de Ryo hasta en sus tiempos de ocio, siempre fueron una parte vital de la experiencia Shenmue. Sin embargo esta vez Yu Suzuki no logra transmitir la misma sensación que hace veinte años. Las mecánicas que antes fueron innovadoras y lo transformaron en un juego de culto hoy se sienten viejas, como si estuviéramos como mucho ante un juego del 2005. Hubo mejoras a la calidad de vida, importantes con respecto a sus antecesores, pero de ninguna manera se siente un producto contemporáneo. Hay una forma de viajar rápido, tanto en el tiempo como en el espacio, y así simplificar el viaje cuando es hora de regresar a dormir (porque Ryo aún no se acuesta tarde) o necesitamos regresar a una locación a cierta hora para seguir el hilo de la misión. También se cambió el sistema de combate y aprendizaje de combos, es más accesible, nos permite programar algunos y activarlos con un botón y resulta más entretenido. De todas formas sigue siendo impredecible y tosco, especialmente cuando peleamos con más de un oponente a la vez. Ahora es más simple la forma de entrenar, hay minigames para mejorar el ataque y la resistencia, también una buena cantidad de sparrings para practicar y subir de nivel los movimientos especiales que aprendimos. El problema vuelve a ser el tedio: los minigames se vuelven viejos rápidamente, las peleas coreografiadas con QTE son repetitivas y más que habilidad o reflejos requieren que memoricemos la secuencia de botones. Inclusive las peleas libres son básicas y tienden a resolverse a través de spammear movimientos, tanto de nuestro lado como del de los enemigos.

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El centrito de Bailu brilla por las noches con una zona comercia, un pequeño arcade de pueblo y una casa de empeños

No todas son malas noticias, al menos para los seguidores acérrimos de la saga. Shenmue III se siente exactamente como las entregas anteriores, es una continuación hecha y derecha que no defraudará a aquellos que añoren las viejas épocas. La nostalgia paga en satisfacción: poder ver a Ryo continuar con su historia de venganza casi veinte años después, con un apartado técnico superior, traducido al español, con la posibilidad de elegir las voces en japonés (en inglés son un desastre) y saber que todo se logró a fuerza de años de peticiones resulta todo un acontecimiento para celebrar. No hay nada que pueda quitarles el disfrute al ver un atardecer junto al arroyo en Bailu, la satisfacción de completar todas la colecciones de juguetes encapsulados (máquinas gacha) o tener el primer puesto en todos los juegos de arcade. La experiencia Shenmue está intacta, así lo quiso Yu Suzuki, y guste o no todo lo que ofrece el juego es completamente una decisión de diseño.

Shenmue III es un juego que nos invita a vivir como a finales de los 80’s con un apartado jugable propio de comienzos de siglo y, para bien o para mal, según la visión de Yu Suzuki. Es fiel a sus orígenes, respeta todos los rasgos de identidad de la saga de culto y está concebido sólo para sus fans. A pesar de todo, lamentablemente, este tercer episodio no representa la esperada conclusión de la saga, tampoco avanza significativamente en cuanto a la narrativa principal y vuelve a dejarnos sin un final, con la certeza de que aún quedan varios juegos por delante. Así lo confirmó su creador en una carta incluida en el juego y nos deja un sabor agridulce, porque dice que el futuro de Ryo depende de las ventas de este título, que paradójicamente no está diseñado para que lo disfrute el consumidor promedio. Es una experiencia única y original, pero lenta y poco accesible, que sólo podrán disfrutar nostálgicos y seguidores. A pesar de todo es un buen juego porque cada mecánica, por más anticuada y tediosa, está creada e implementada bajo la visión de un genio creativo, pero es imposible de recomendar por fuera de su nicho de seguidores.

SHENMUE III

19 DE NOVIEMBRE DE 2019 (PS4, PC)
6.0


Pasé dos semanas jugando Shenmue III, enamorándome de sus paisajes y pintorescos personajes y a la vez renegando de su ritmo de juego. A veces las horas pasaban volando, otras sentía que me hacía perder el tiempo. Me encantó la vinculación con los protagonistas, los diálogos y la atmósfera que solo Yu Suzuki puede crear. Me aburrió el sistema de combate, la progresión trabada y lo poco que avanza en la historia principal a pesar de los 18 años de ausencia.

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