Análisis | Pokémon Sword & Shield evoluciona la saga
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Análisis | Pokémon Sword & Shield evoluciona la saga

El nuevo juego de Game Freak no aprovecha del todo la consola pero sí marca el primer paso hacia la adolescencia de la franquicia

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Por: Mariano Rizza

No existe lanzamiento de Pokémon que no arrastre polémicas. Ser una de las marcas más conocidas en el mundo entero tiene ese precio. Pero esta vez la presión estaba más justificada que de costumbre ya que Sword & Shield cumplen con la responsabilidad de ser los primeros juego de la saga principal en llegar a una consola hogareña, abandonado su espíritu nómade de portátiles - o al menos a medias ya que Switch es un híbrido entre estas experiencias. Luego de reafirmar el fenómeno Pokémon Go con el experimento Let’s Go Pikachu & Eevee, Game Freak sabía que todo el mundo se preparaba para juzgar hasta el último píxel de esta nueva entrega. 

Vaya uno a saber si es por el inexpresivo temple japonés o por una confianza ciega en el producto, el estudio no pareció preocuparse mucho por las acusaciones de reutilizar animaciones o el intento de boicot por cercenar el Pokédex y, planteando un juego que no todos terminábamos de dimensionar, salió a la cancha en más de un sentido. Sword and Shield son las entregas más frescas dentro de una franquicia compuesta por más de 100 títulos a lo largo de 23 años y es verdad que puede ser considerado como un gusto a adquirir, pero tal vez esa sea su mejor cualidad.

 

Como ya es costumbre, nuestra aventura empieza cuando abandonamos la casa de nuestros padres aún estando tiernitos, para enfrentar un país lleno de animales salvajes con superpoderes, con la intención de convertirnos en el máximo campeón de una liga donde dichas bestias se enfrentan por nuestro honor y nuestra gloria. La sede elegida para esto es la región de Galar, una Inglaterra cuyos factores culturales más destacados son extrapolados para convertirse en una caricatura sumamente divertida que lejos de parodiarlos, los celebra. El fútbol, la campiña británica, Stonehenge, el movimiento punk y la revolución industrial son viñetas que se amalgaman para dar a luz a la región más original y colorida que haya albergado a esta historia. Lejos queda Luminalia y su tibio intento de Torre Eiffel en la región de Kalos o el caribe inspirado en la Isla de Gilligan de Alola. Galar es una región donde podríamos volver a explorar reiteradas veces sin aburrirnos. 

Galar se presta al turismo gamer como ninguna otra pokeciudad.


Y no es sólo por su atractiva arquitectura retrofuturista o la creatividad aplicada a la disposición de rutas y ciudades que elevan tanto el viaje como los destinos, sino porque Galar ayuda a patear el tablero de las mecánicas formulaicas de Pokémon. O al menos lo sacude un poco. En nuestro camino a conseguir las ocho medallas que nos habilitarán a participar por el máximo galardón al que un Maestro Pokémon puede aspirar, vamos a atravesar senderos lineales y delimitados como también una gran área abiertas denominada “Zona Salvaje”, la cual dice presente por primera vez en la franquicia. En estos amplios biomas donde podremos cruzarnos con distintos jugadores si estamos en línea, el clima varía constantemente y los animales corren libres delante de nuestros ojos, sin restricción de nivel o estadio evolutivo. Una verdadera intemperie que nos invita a pasar horas completando nuestro Pokédex, grindeando a nuestro equipo, buscando secretos o armando la carpa para distender junto a nuestras seis mascotas sobrenaturales. 

En este campamento - versión ampliada del “modo Tamagotchi” introducido hace un par de generaciones - no solo vamos a poder fortalecer la relación con cada pokémon a través de sesiones de charla y juego, sino que tomando prestada una mecánica culinaria de Final Fantasy XV, vamos a poder perseguir el sueño de ser mejor que nadie más a la hora de preparar curry con distintos ingredientes que se nos harán disponibles a lo largo del juego. Consumir estos platos tradicionales galarianos, ya sea con nuestros animales o con otros entrenadores (NPCs o jugadores en línea) visitando sus campamentos, puede curar a nuestro equipo, limpiarlos de efectos nocivos y hasta brindarles puntos de experiencia, elaborando un poco más el concepto de crianza y no tan solo el de entrenamiento y riña. Los jugadores que disfrutan más de atraparlos a todos que de llenarlos de anabólicos para competir en línea, encontrarán en este apartado algo que va por encima de ser un agregado a las mecánicas, ya que nos permite rolear más la experiencia y no consumirla solo como un constante análisis de planillas de Excel con estadísticas. 

La única manera de hacer divertido acampar es con pokémones

Otra cualidad de estas zonas abiertas, además de poder controlar la cámara a nuestro entero capricho por primera vez, es la existencia de puntos específicos donde junto a otros tres entrenadores humanos o programados, podemos enfrentar a versiones gigantes de estas criaturas fantásticas rebautizadas con el pochoclero mote de versiones Gigantamax. Las condiciones para estos encuentros es derrotar al kaiju salvaje antes que noquee cuatro veces a nuestro equipo. De salir victoriosos, no sólo podremos optar por la captura de estos titanes - quienes no suelen estar en la naturaleza en otras partes del mapa - además de recibir una sumatoria de ítems especiales. Para combatir fuego contra fuego, nosotros también podremos maximizar al pokémon que nos acompañe en dicha pelea, con la salvedad que el efecto solo dura cuatro turnos para el jugador. Este detalle puede parecer castrador en principio, pero permite sumar una capa de estrategia tanto a estos combates como a los gimnasios y dota a las peleas de una espectacularidad que sólo veremos una vez cada tanto, a diferencia de las megaevoluciones que se volvían monótonas al poder usarlas cada vez que quisiéramos. 

Esta nueva mecánica es algo más que una excusa para presentar nuevos diseños de estos bichos (además de las formas regionales como fue introducido en Pokémon Sun & Moon) sino que está atado directamente al lore de Sword & Shield, entrelazándose con la mitología de Galar y brindándonos tanto un misterio a resolver como una leyenda autóctona y contenida para disfrutar, con un sabor mucho más localizado que universal, subrayando una vez más la individualidad de este país. Este relato se nos presenta a través de una serie de personajes insta-clásicos como nuestro hiperactivo rival y mejor amigo Hop, el campeón invicto de la región llamado Leon y Sonia, nieta y asistente de la Profesora de turno, con tanto espíritu de la aventura como hambre de demostrar a su abuela que tiene todo lo necesario para ser una experta pokémon. El relato de Sword & Shield es simple, lineal y efectivo aunque desprolijo por momentos con un tercer arco épico pero que sorprende pero no responder claramente a las situaciones que se nos presentan en las primeras veinte horas de juego. Aún así, sus protagonistas salvan el día gracias al imaginario de sus diseños, la calidad de las cinemáticas y el acompañamiento de lo que definitivamente es la mejor banda sonora de la serie. 
 

La entrada en cámara lenta no falla nunca.


Pocas cosas alejan a este nuevo Pokémon de un puntaje perfecto y al día de hoy me parecen más debatibles que absolutas. Estos juegos de rol perdieron el nivel de dificultad hace varias entregas. Y mientras soy capaz de disfrutar un producto que busca ser más entretenido que desafiante, no puedo evitar sentir que soy un veterano jugando un partido homenaje televisado, donde el concepto de riesgo es algo inexistente. Peor que eso es tener que encontrar uno su propio nivel de dificultad, porque a pesar de que disfruto la existencia de una flexibilidad tal que me permita alterar las condiciones del juego con mínimos cambios en las mecánicas base como ser jugar contra tipo, sin utilizar ítems o llevando menos combatientes en mi cinturón, no puedo dejar de sentir que estoy haciendo un trabajo que el estudio no pensó del todo. 

Decir que los juegos de Nintendo carecen de desafío es una falacia fácil de echar por tierra con evidencias tan mainstream como Zelda: Breath of the Wild, tan de nicho como Xenoblade Chronicles 2 o tan clásicas como Donkey Kong Country: Tropical Freeze. Quizá llegó el momento de incluir modos de dificultad que vayan desde el más tranquilo de los paseos a la experiencia survival más exigente. Tanto el imaginario del juego como su base de fans dan lugar a ese tipo de experiencias y mil variantes en el medio. Lamentablemente, Sword & Shield también es un ejemplo de cómo el cambio en la saga es un proceso temerosamente paulatino.

Aun así, no debemos juzgar a un título por lo que pudo ser sino por lo que es y Pokémon Sword & Shield, es una fiesta. Desde sus combates de gimnasio en estadios de fútbol con indumentaria, hinchada, cantitos y todos los condimentos que harían una excelente apertura de Fútbol de Primera, hasta el manejo del ritmo del juego que nos hace sentir más en control de nuestra historia que nunca, es inevitable considerar a esta entrega como el Pokémon más fresco en muchísimo tiempo. Un último golpe de horno podría haber ayudado a los guionistas a engordar un poco las motivaciones del grupo antagonista o hasta tal vez dotar de actuación de voz a los personajes, cosa que por momentos parece haber estado en los planes si nos guiamos por las cinemáticas y pequeños números musicales. No resultaría extraño que el desarrollo haya sido apurado para mantener el ritmo de ventas de la consola, pero tampoco sería raro que simplemente no consideraran necesarios estos detalles. Como dice el dicho, no se le puede enseñar trucos nuevos a un Arcanine viejo.
 

Diversión en tamaño gigante, garantizada.


No sin sentir vergüenza por utilizar una frase tan trillada, siento que Sword & Shield no son los juegos que merecíamos pero si los que necesitábamos. El Pokédex incompleto suma verosimilitud a la región - ya que en la vida real todos los animales del mundo no existen en todos los países - y ayuda a recortarla de cualquier experiencia similar de los últimos años para terminar luciéndose con brillo propio a través de los líderes de gimnasio y los nuevos monstruos de bolsillo. Y aunque el contenido post juego no sea el más rico, la zona salvaje nos invita a volver constantemente ya sea para terminar de atraparlos a todos, desafiarnos con los eventos de tiempo limitado o simplemente para sumergirnos de vez en cuando en la fantasía de ser un entrenador pokémon. Al final del día, el peor pecado de Sword & Shield es sentirse un paso intermedio a un verdadero gran primer Pokémon de consolas y con eso y todo es un deleite de principio a fin… como todos los pecados.

POKEMON SWORD AND SHIELD

15/11/2019 (NINTENDO SWITCH)
8.0
Termine el juego en 27 horas sin cazar más que lo que se me cruzaba específicamente en el camino. Entre el post game y el free roaming creo que puedo sumarle unas 10 horas más. En toda mi experiencia no tuve un sólo problema técnico.
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