Análisis | Pipe Push Paradise
Análisis

Análisis | Pipe Push Paradise

Un ingenioso juego de puzzles con ideas brillantes, pero con una ejecución que lo vuelve más áspero de lo que debería.

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Por: Jeremias Curci

A Corey Martin le encantan los rompecabezas. Se trata de un autor de clarísima escuela Increpare, que a lo largo de los últimos dos años ha estado experimentando con diferentes conceptos de lo que entendemos como juego de puzzles. Los ejes son siempre el movimiento y las cuadrículas: inspirado en Sokoban, Martin ha realizado ensayos que incorporan más o menos elementos al concepto central de tomar un objeto y transportarlo a un lugar específico.

Ese es el caso de “SoBroken”, un clon cute de Sokoban en el que no hay botón para deshacer tus movimientos. En “Hiding Spot” (otro de sus juegos), nuestro objetivo es hacernos lugar entre distintos muebles para encontrar un punto para aislarnos del exterior “ya sea porque estamos deprimidos o porque necesitamos tiempo de soledad”. Casi toda su obra puede ser revisada en itch.io a un costo muy bajo, incluyendo el juego que nos ocupa: Pipe Push Paradise. Ya está disponible en PC y Nintendo Switch y esta semana se publica en consolas mayores: PlayStation 4 y Xbox One, además de llegar incluso al mundo celular.

Y fiel a su estilo, Pipe Push Paradise es un juego de plomería en el que la meta es mover piezas de caños para arreglar el sistema de drenado de una isla otrora paradisíaca. Con un arte muy particular, una base narrativa simple pero efectiva y una simpática bossa nova ejecutada a guitarra acústica, nuestra aventurera deberá ir sorteando un total de 47 rompecabezas desperdigados en un mapa que recuerda mucho a los de Super Mario Bros 3. Aunque la premisa habla de “mundos abiertos”, lo concreto es que la isla está rigurosamente sectorizada y para avanzar hacia nuevos lugares, debemos completar el total de los rompecabezas de cada sector.

Corey Martin se caracteriza por su diseño limpio y en eso, este juego se mantiene estoico: ya al empezar a resolver los primeros puzzles nos damos cuenta de que hay mucha cabeza puesta en cómo se nos presentan los objetivos. Por lo general, queda clarísimo cuál es el recorrido que deben hacer las tuberías, pero lo difícil es ir acomodando las piezas en el contexto de cada nivel con sus propios obstáculos. Es cierto que en un principio parece un Sokoban, pero las mecánicas van cambiando y ganando en complejidad puesto que las piezas se comportan de distintas maneras.

Por ejemplo, una tubería con forma de U rota sobre sí misma según desde dónde la empujamos. De ahí que ciertos segmentos nos llevan a tener que hacer difíciles malabares para hacer pasar piezas de un lugar al otro salteando obstáculos. Otras piezas se pueden rotar para que conecten en un plano elevado y poder pasar por debajo el resto de las tuberías requeridas para la resolución del nivel. A medida que nos abrimos paso, todo esto se vuelve más y más espeso: escenarios que nos llevan a calcular profundidades o incluso contar como poseso la cantidad de movimientos necesarios para que la pieza caiga encajando en el sitio justo. Es raro hablar del concepto de la “verticalidad” en un título de este tipo, pero eso es exactamente lo que logra Martin a medida que añade nuevas mecánicas: la inventiva en el diseño y cómo nos sorprende con nuevos giros es donde está el corazón de la experiencia; es lo mejor que tiene para ofrecernos.

En Pipe Push Paradise, todo parece sencillo pero en realidad, lejos está de serlo.

Apelando a un recurso típicamente “de Darksouls”, Pipe Push Paradise se reserva el derecho de contarnos sus fundamentos de juego. Evidentemente tiene que ver con una cuestión de ajustarse y ofrecer una experiencia compacta, pero es mucho lo que se pierde. No sería justo compararlo con The Witness, pero el tiempo que se toma Jonathan Blow para introducir cada mecánica es el ideal, de hecho, es tal vez el juego que mejor comunica sus intenciones y sus ideas mientras nos provee las herramientas necesarias para avanzar.

No es lo que ocurre con el juego de Corey Martin: todo tenemos que descubrirlo por nosotros mismos y esto deriva en momentos de altísima frustración. Esto es así porque la progresión del desafío no es lineal: en un mismo sector de la isla tenemos niveles catalogados como fáciles, intermedios, difíciles y extremos. En estos últimos, Pipe Push Paradise se vuelve muy obtuso; casi como si diera por supuesto que conocemos mecánicas que en realidad todavía no se nos han mostrado, ni mucho menos asimilado.

Creo que ese es el peor pecado que puede cometer un juego de este tipo: empezar a hablar su propio dialecto sin incluirnos. Entre las opciones que manejamos desde el control, tenemos la posibilidad de deshacer todos los movimientos hasta que empezamos a jugar un nivel, o directamente reiniciarlo todo. Desde ya que se agradece porque es una forma de poder salvar un error de cálculo inhabilitando una pieza clave; incluso así, con esta ayuda, en algunas ocasiones no es suficiente. Porque la frustración es tal que hasta la simpática música que acompasa los puzzles termina quemándonos la sesera.

Como digo una cosa digo la otra: así como te frustra, te deja muchísimos momentos “Eureka”, que son en gran parte lo mejor que puede sucederte con este tipo de juegos. Si podemos sortear los elevados picos de dificultad y nos tomamos el tiempo de entender cómo funcionan sus engranajes (principalmente, qué nos está queriendo decir Corey Martin) aflora un título con un diseño sumamente inteligente y limpio, como pocos los hay en este género.
Y es que otra cosa que tiene la obra de este singular diseñador es que no son juegos para cualquiera: están dedicados a aquellos jugadores más bien “hardcore”, amantes de los desafíos. Pipe Push Paradise peca de poco inclusivo.

Entonces, acá es donde debería cerrar con la clásica muletilla: “Pipe Push Paradise es recomendable para los amantes del puzzle, y el resto debería esperar una oferta”, pero en PC lo conseguís al mismo precio que una bebida gaseosa. Incluso en las dolarizadas tiendas consoleras su costo está súper ajustado y en un alto balance costo / beneficio, lo cual lo hace ideal para los que busquen un buen desafío o tengan ganas de probar algo por completo distinto.

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