One Piece World Seeker
Análisis

Análisis | One Piece: World Seeker (Xbox One, PS4, PC)

Monkey D. Luffy está de regreso en un juego que prometía mucho, pero termina entregando poco y nada más allá de un vistoso apartado técnico y una buena dosis de decepciones.

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Por: Sebastián Cigarreta

No debe ser sencillo desarrollar y publicar un juego de mundo abierto a estas alturas. No sólo hacen falta recursos económicos e imaginación, sino estar al tanto de la evolución del género durante la generación. La industria aún se está recuperando del cambio de paradigma que provocó el lanzamiento de The Legend of Zelda: Breath of the Wild, las grandes desarrolladoras se están subiendo al cambio y cada una está intentando ponerse a la altura de las circunstancias.

En este contexto de renovación, a un par de entregas de ver cómo se reinventaba Assassin’s Creed y Far Cry quedaba estancado. Semanas después de que Bioware tropiece con su primer intento de shooter online de mundo abierto, pero que siga mejorándolo a fuerza de parches, y The Division 2 termine de hacernos olvidar de los problemas de la primer entrega. Es justamente en esta generación que vió salir Marvel’s Spider-Man y criticó, a pesar de sus valores de producción y majestuosidad, lo atrasado de la propuesta jugable de Red Dead Redemption 2, que Ganbarion decide vendernos un nuevo juego de mundo abierto.

El estudio contaba con la ventaja de poder utilizar una licencia tan importante como la de One Piece, una serie que se destaca por proponer narrativas interesantes, llena de personajes queridos por millones y que de por sí les resuelve el problema del diseño de personajes. A pesar de todo esto Ganbarion choca esta Ferrari nipona entregando un juego mediocre por donde se lo mire, que solo brilla en lo que todos sabíamos que estaba asegurado: el apartado técnico y el cast de protagonistas.

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El motor gráfico hace maravillas, lástima que el resto del juego no esté a la altura

One Piece: World Seeker se promocionó como el juego que todos esperábamos. Prometió grandes entornos explorables llenos de vida, con variadas actividades que realizar y una narrativa a la altura de la serie. Ganbarion dijo haber preparado un sistema de combate profundo y gratificante, que permitiría diferentes aproximaciones a las instancias de lucha, con tintes de aventura y acción frenética, y una forma de desplazamiento que haría placentera la exploración. Y por más cauteloso que uno haya sido con sus expectativas, a la hora de jugar, el inevitable golpe de realidad resulta tan fuerte que la decepción termina dando paso a la indignación.

Hay que admitir que el nuevo juego protagonizado por Monkey D. Luffy tiene una historia relativamente interesante, original, porque no se inspira en eventos conocidos, y que fue supervisada por el productor del anime Hiroki Koyama. También hace gala de una deliciosa banda de sonido compuesta por Kohei Tanaka (Sakura Taisen, Dragon Ball, Patlabor) y nos sumerge en un mundo colorido, radiante y hermoso gracias a las bondades técnicas del hardware moderno. Si a todo esto le sumamos la licencia de One Piece todo debería resultar, en el peor de los casos, en una experiencia gratificante. Sin embargo lo bueno termina ahí, en lo que se pudo conseguir a fuerza de dinero: grandes productores, compositores y un motor gráfico atractivo.

En su punto más alto la experiencia de One Piece: World Seeker está asediada por lugares comunes. Cuando muestra su peor cara sufre de cuestiones que la industria del gaming resolvió hace casi diez años, y no hablamos de problemas técnicos, sino de la mismísima concepción de “mundo abierto”. Ganbarion toma el concepto desde su aproximación más literal, implementando un mapeado gigante que podemos recorrer con absoluta libertad. La mayor parte de estas islas ofrecen escenarios naturales, bosques, lagos y montañas mechadas con pequeños pueblos, bases militares y ciudades. Pero la ilusión se rompe rápidamente cuando vemos que los asentamientos están casi vacíos, poblados por un puñados de NPC que repiten líneas de diálogo insulsas como si de un “tributo” a los peores JRPG de 8 bits se tratara. Las ciudades son aún peores, porque su gran tamaño delata la falta de cuidado a los detalles: texturas y diseños genéricos, edificios a los que no se puede entrar y una falta de vida que resulta increíble para los tiempos que corren.

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Ni siquiera un cast de personajes tan carismáticos puede remontar el desastre que hizo Ganbarion.

Las misiones son tediosas, no ayudan a mejorar la experiencia de juego. Hay que llevar y traer objetos, hablar con cierto NPC en particular (ojalá tengas suerte para encontrarlo) o ir a derrotar al enemigo de turno. El resto de los protagonistas, los clásicos amigos de Luffy y dos personajes nuevos, se limitan a mirar la acción desde afuera, haciendo alguna aparición para darnos una misión y volviendo a las sombras. Todo el peso de la jugabilidad recae sobre nuestro elástico héroe que, a pesar de contar con una buena serie de movimientos especiales, no termina de dar la talla. El sistema de combate es mediocre, y no necesariamente a falta de opciones, sino porque ninguna resulta realmente útil. Las peleas se pueden resolver machacando el mismo ataque genérico, cambiando de modo de exploración a ataque según parezca conveniente o utilizando un ataque a distancia cuando corresponda.

Ninguno de los enemigos nos dará pelea. La inteligencia artificial cumple en avistar a nuestro protagonista y en atacarlo, pero parece no saber cómo responder a una simple lluvia de piñas. Inclusive los jefes, que en apariencia son hermosos y desafiantes, nunca llegan a mostrar patrones interesantes de combate y caen bajo el peso de la más repetitiva combinación de habilidades. Hay una grilla de skills que desbloquear, pero la única verdaderamente útil es la de proyectarse en el aire estirando los brazos, algo vital para desplazarse por el mundo y explorar. También contamos con la posibilidad de teletransportarnos desde el mapa, pero desplazarse manualmente nos permite explorar en busca de secretos.

Para ser un juego basado en un grupo de piratas que vive de la búsqueda de tesoros, One Piece: World Seeker parece no entender la importancia de las recompensas. Está lleno de puntos brillantes que marcan un objeto de interés, incluye un código de colores según su rareza y todo, pero la mayoría serán ingredientes para forjar que no utilizaremos por un largo tiempo. Esto hace que nos preguntemos una y otra vez si estamos perdiendo el tiempo al recogerlos, y la respuesta es que sí, gracias a lo inútil de la IA realmente no hará falta forjar demasiado. También hay cofres repartidos por todo el mundo que Luffy tardará entre 5 y 10 segundo (sí, lo cronometré) para abrir, recordándonos a cada paso que podríamos estar jugando a otra cosa. Hay habilidades que aceleran la apertura de estos cofres, se compran con puntos de habilidad, pero no solo es un desperdicio de puntos sino que ejemplifica perfectamente la falta de criterio con la que actuó Ganbarion.

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Bienvenido a los próximos 10 segundos de tu vida. Es eso o gastar skill points para acelerarlo.

La historia es de lo mejor del juego y, si bien no se compara con los arcos de la obra original, llega a servir de incentivo para invertir las más de 20 horas que Ganbarion pretende de nuestro tiempo. Inclusive la música, uno de los puntos fuertes de la propuesta, se ve boicoteada por un bug que hace que juguemos sin banda sonora a menos que activemos cada tema manualmente. Y por más que lo hagamos, nunca estaremos seguros si está sonando la melodía indicada. Esto aún no fue solucionado al día de la publicación de este análisis.

Al final del día One Piece: World Seeker es un juego de acción con un sistema de combate mediocre, repetitivo y completamente abusable. Es un título que nos quiere vender un mundo abierto que, más allá de su innegable belleza y extensión, se siente artificial y sin vida a cada paso. Es un juego que encara y mezcla de la peor manera dos géneros tan evolucionados hoy en día que deja en vergüenza al estudio y se aprovecha de los fans de One Piece. Es una aventura en la que un grupo de piratas se cruzará con cientos de cofres e ítems secretos, pero cuyo contenido será  inútil debido a la falta de desafío. La única solución que nos queda es subirle la dificultad artificialmente pero, ¿quién estaría dispuesto a sumarle esa cuota de frustración a una propuesta de por sí aburrida?

Ficha técnica One Piece
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