Análisis | Knights and Bikes nos invita a volver a la infancia
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Análisis | Knights and Bikes nos invita a volver a la infancia

¿Qué pasaría si The Goonies hubiera sido Británica? Esa es la pregunta que se hacen los desarrolladores de Knights and Bikes, una adorable narrativa con su buena dosis de puzzles y acción. Subite a la bici y acompañá a Nessa y Demelza en su búsqueda de tesoros

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Por: Maximiliano Baldo

Últimamente hemos podido apreciar una considerable cantidad de producciones enfocadas en la década de los ’80; especialmente dentro de la industria de los videojuegos. Son diez años que evocan recuerdos y estilos que quedaron fuertemente grabados en el colectivo imaginario. Para los que pasamos los 30 y nos acercamos peligrosamente a los 40, esa década en particular fue la principal responsable de moldear nuestros intereses, pensamientos y, en muchos casos, pasiones. No en vano sentimos una innata sensación de nostalgia al recordar algunas de las mejores cosas vistas en aquellos años… haciendo también un poquito la vista gorda a otras cosas más serias que también ocurrieron. Pero, ¿por qué no combinar ambas? Mucho de eso hay en Knights and Bikes, una producción de Foam Sword, distribuida por Double Fine.

Según los desarrolladores, Knights and Bikes está inspirada en la clásica película de aventuras “Los Goonies”, y la verdad es que no hace falta esa aclaración para los que hemos disfrutado de esta odisea con el control en la mano, porque la comparación se vuelve más y más evidente en contexto. Esta es la historia de Penfurzy, una pequeña isla turística británica habitada por un puñado de residentes, entre ellos la joven y entusiasta Demelza, hija del propietario de una de las atracciones más rentables del lugar… O al menos así era.

La isla está pasando por malos tiempos y ni siquiera la perspectiva de una búsqueda de tesoros incita a los turistas a visitar Penfurzy e invertir sus ahorros en el viejo parque de diversiones, el campo de mini-golf, o en la propia excursión para dar con el legendario tesoro de la isla. Demelza, joven e inocente, no está al tanto de la situación, hundida en su propio mundo imaginario, salpicado por algunas gotas de severa Realidad. Las cosas cambian cuando el ferry que solía traer docenas de turistas al puerto arriba con apenas un único pasajero: una niña de aspecto rebelde, Nessa, que se convertirá en la co-protagonista de esta historia.

Dos niñas con mucha personalidad

Pronto Demelza y Nessa traban amistad, se dan cuenta que el padre de Demelza está pasando por una terrible situación financiera y deciden que la mejor solución es encontrar el famoso Tesoro de Penfurzy… aunque quizá Nessa tenga motivos personales para interesarse por semejante leyenda, y la mismísima Demelza carga con su propia cruz en todo este asunto. Aquí se forma un interesante contraste entre lo infantil de las protagonistas con la severidad de todo lo que las rodea, porque todo el aire de inocencia juvenil está constantemente teñido con una capa de oscuridad que mantiene la trama interesante; a veces incluso tensa; pero siempre muy llevadera.

Claro que el primer impacto es visual, y Knights and Bikes hace gala de un apartado estético impresionante. La inusual estructura de sus gráficos se combina con una paleta colorida. Cada cuadro parece salido de un libro de cuentos; en especial por la saturación de elementos sobreimpresos en la “Realidad”, mostrando una perspectiva desde la imaginación de Nessa y Demelza. A veces llega a ser un poquito demasiado saturado, pero toda la estética en general forma una estructura homogénea con la suma de sus partes. Esto lleva a una situación muy interesante, y es que nosotros, como jugadores, nunca estaremos totalmente seguros cuánto de todo lo que está ocurriendo es la Realidad o lo que sea que este dúo de jovencitas está imaginando: ¿Hay realmente una maldición en la isla? ¿Los objetos afectados por ella realmente las están atacando? ¿Es un caso sobrenatural, o sólo la perspectiva de nuestros personajes?

¿Realmente pescamos un submarino?

Realidad o ficción de lado, el juego tiene buenos elementos de jugabilidad. Se trata de una aventura de acción con elementos de rol, pero más enfocado en la narrativa de su historia que en los combates. No que no haya enfrentamientos con enemigos; en este caso objetos poseídos por la supuesta Maldición de Penfurzy; sino que estos enfrentamientos no llegan a ser tan interesantes como deberían. Hay mucha más atención puesta en la resolución de puzles, y por ese lado el juego revela su mayor fuerte: la jugabilidad en cooperativo. Knights and Bikes está diseñado principalmente como una aventura para encarar con un amigo, ya que cada una de las protagonistas cuenta con habilidades especiales que iremos descubriendo a medida que la trama avanza. No sólo eso, la aventura está colmada de instancias competitivas entre Nessa y Demelza; pequeños momentos de rivalidad que acentúan el desarrollo de sus personalidades y afianzan su creciente amistad.

Es perfectamente posible jugar el juego en solitario, pasando el control de uno a otro personaje al presionar un botón. De hecho, jugar solo es más sencillo, porque la inteligencia artificial de la protagonista controlada por el juego es notable, resolviendo puzles por sí misma siempre que tenga la herramienta necesaria equipada. Estas herramientas son objetos mundanos que se utilizan de formas “fantásticas”, como las botas de lluvia de Demelza, que las usa para saltar en charcos y patear; el estéreo de Nessa, ideal para aturdir enemigos y abrir caminos con el poder de la música; y hasta un Guante de Poder (sí, el PowerGlove) capaz de generar campos eléctricos y algunos efectos bastante peculiares.

¡Por el Poder del Guante!

En su cruzada por descubrir la ubicación del Tesoro de Penfurzy, Nessa y Demelza contarán con transporte propio: las icónicas bicicletas a las que alude el propio título del juego. Las mismas nos ayudarán a recorrer la isla con mayor velocidad, pero con el añadido de algunas mejoras también nos permitirán atravesar zonas a las que antes no teníamos acceso. Un muy amable bicicletero también nos proporcionará la posibilidad de adquirir piezas y partes para modificar la apariencia de nuestras bicis, desde el color de la pintura hasta el diseño del banderín. Esto no es más que un elemento estético que en nada modifica la jugabilidad, pero es adorable y no está de más.

Quizá el mayor defecto del juego es que no es una experiencia de rol más hardcore, sino más bien una aventura de tintes más casuales. Su mayor fortaleza está en un apartado gráfico sublime que sigue una historia enternecedora, aunque la propia historia se siente un poco inconclusa en algunos de sus apartados. Tras culminar el juego nos deja una sensación de “¿Y el resto…?”, de querer saber más acerca de los personajes y lo que ocurra luego de la aventura; pero eso ya parece quedar en la imaginación de los jugadores. El sistema de combate funciona, pero no se siente tan necesario a los fines de la trama, que hasta nos deja con un “jefe final” que no es otra cosa que una gran oleada de enemigos. Un poco decepcionante, sí, aunque el juego, en realidad, no apunta a eso.

Bicis personalizadas

Knights and Bikes es otra cosa. Es una historia. Es una narrativa. Es la odisea de un par de niñas que intentan encontrar un tesoro, madurando a medida que el viaje tiene lugar. Es un recorrido de autodescubrimiento; de aceptar cosas malas para darle paso a cosas potencialmente buenas… o al menos, diferentes. Desde esa perspectiva, el juego es un deleite; sus protagonistas son adorables; sus historias, cautivantes. Es sólo que el juego mezcla varias cosas y nunca está del todo seguro qué es lo que debe priorizar a continuación. O quizá—y tendría perfecto sentido con las personalidades de nuestras jóvenes heroínas—se distrajo con algo brillante y salió en una dirección totalmente diferente, dejando que las ruedas rueden y que el viaje, la exploración, la experiencia, sean mucho más importantes que el destino a alcanzar. Ese es un tesoro en sí mismo.

Completé Knights and Bikes luego de aproximadamente nueve horas de juego. Su colorida estética me llamó la atención, pero la historia de sus protagonistas y su viaje en búsqueda del Tesoro de Penfurzy terminó por cautivarme, dejándome siempre con ganas de seguir y ver qué ocurría a continuación. Una gran experiencia narrativa para disfrutar en solitario, y una aventura mucho más divertida si la compartimos con un amigo.

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