Análisis | Game of Thrones S08E02:
Análisis

Análisis | Game of Thrones S08E02: "A Knight of the Seven Kingdoms"

Después de un capítulo que no hizo mucho más que mover piezas, el segundo capítulo de la octava temporada hace... lo mismo, pero con sensibilidad, belleza, y una profundidad que se extrañaba.

Avatar de Ignacio Esains

Por: Ignacio Esains

Si sos un obsesivo de Game of Thrones como yo (y probablemente lo seas si te metés a leer un análisis en un sitio con este nombre), viste al menos tres veces más “Winterfell”, el primer episodio de la octava temporada. Porque algún detalle nos tenemos que haber perdido ¿no? Alguna mirada significativa entre Tyrion y Varys. Algún complot oculto. Un atisbo de lo sobrenatural, un personaje que no es lo que dice ser… algo. Lo que sea para justificar que el evento que esperamos hace casi dos años empezase de manera tan poco prometedora.

Pero “Winterfell” es lo que es, un compilado de escenas que nos recuerdan quién está de qué lado y cuáles son los conflictos subyacentes. El resto son teorías. Los maníacos de los foros hablan de un complot entre Tyrion y Cersei. Otros juran que Sansa será la responsable de la caída de los Stark. Algunos quieren leer entre líneas que Daenerys es nuestra nueva villana.

Si toleramos “Winterfell” (por mi lado creo que fui demasiado generoso con el puntaje) fue porque era el gran regreso, y necesitábamos ese momento para reunirnos con nuestros héroes - tanto que muchas escenas se sintieron aceleradas. El segundo capítulo no corre con esa ventaja, y podía ser otra decepción en una temporada que no tiene mucho margen para los errores.

"Winterfell" convenció a menos gente que norteños conquistó Dany con sus dulces modos

Parece que los autores también lo sabían, y en vísperas a la batalla más grande de la historia de la serie (que veremos en el próximo episodio), nos dan una especie de versión extendida de los primeros minutos de la batalla de Aguasnegras de la segunda temporada, o la espera en el Muro de la cuarta. Un capítulo dedicado enteramente a personajes que sienten a la muerte cada vez más cerca, y deben conquistar sus propios miedos antes de enfrentar a los de afuera.

Es el primer capítulo desde la cuarta temporada en el que se siente el peso de la historia que estos personajes han vivido. Cada una de sus decisiones, cada error, cada cicatriz. No es más que una serie de conversaciones, pero en cada una respira el espíritu de George R.R. Martin y (por una vez) todo lo positivo que Benioff, Weiss, y su equipo de talentosos directores y guionistas han sumado a la saga. Es un regalo para los fanáticos, tan desvergonzado como generoso.

Nikolaj Coster-Waldau, mejor que nunca

A diferencia de estos interminables análisis, el capítulo no pierde tiempo y empieza con el juicio improvisado a Jaime Lannister por parte de nuestra jueza, jurado y verduga favorita: La reina (a confirmar) de Poniente, Daenerys Targaryen.

La escena empieza con el rostro cansado de Jaime, un Adonis erosionado por el tiempo y las tragedias que le tocó vivir. Sobre esta imagen, la voz de Daenerys, tan dura como siempre, casi relamiéndose por la venganza que piensa cobrarse con el asesino de su padre.

Desde el planteo visual es uno más de los juicios injustos que nos tocó ver en Poniente (en general con otro Lannister en el banquillo de acusados). Después de un capítulo tan chato en lo visual como “Winterfell”, es un placer entrar con una escena orquestada con la riqueza que exigimos de una de las mejores series de todos los tiempos.

David Nutter hace magia cuando le dan tiempo

El plano abierto, oscuro, opresivo, parece un cuadro flamenco. Las pausas acompañan a una edición sobria, con mínimos movimientos de cámara. No hay musicalización. Es un momento de vida y muerte, de desnudez emocional para el personaje, que requiere la misma sobriedad en la forma de ser narrado. Este es el David Nutter que nos dio la Boda Roja y el juicio de Tyrion.

La traición de Cersei queda expuesta frente a los norteños. Las acciones de Tyrion vuelven a bajar. Y a pesar de que la confesión de Jaime es claramente sincera, no es suficiente para una reina que parece lista para tirar en cualquier momento un buen “dracarys”.

¿A qué está jugando Bran? Sabe perfectamente que con decir lo que le hizo (y sólo él sabe) rodaría la cabeza de Jaime. Sin embargo, el mini-stark solo cita las palabras del Matarreyes un segundo antes de empujarlo al vacío por el crimen de haberlo visto en pleno acto sexual con su hermana Cersei: “las cosas que hacemos por amor...”.

Bran Stark y sus miradas misteriosas

Y qué cosas hacemos los espectadores por amor, ¿no? Aunque en temporadas anteriores la serie parecía haber olvidado el monstruo que Jaime Lannister es, este episodio lo enfrenta a su pasado y nos recuerda que el Jaime que conquistó al público está lejos de ser un héroe, aún un héroe trágico. El hombre que confesó a Brienne su terror y su auto desprecio en ese jacuzzi medieval es una víctima de su padre, y a la vez un tipo consciente del mal que ha hecho y que no puede limpiarse de la consciencia.

Tiene sentido que suframos al ver a Myrcella morir en sus brazos. Aplaudimos cuando dejó ir a Tyrion sabiendo que su hermano sólo quería venganza. Es lógico que Brienne lo defienda con elocuencia... ¿pero esperar que Bran, Dany o Sansa lo perdonen, no es pedir demasiado a estos personajes?

Y sin embargo, lo hacen. Al menos por un tiempo. Para Sansa alcanza con la palabra de Brienne. Es el momento de redención de Jaime, para el que la batalla va “más allá de la lealtad”, mientras que Daenerys está indignada - y la cámara, una vez más, la posiciona como la parte irracional de esta situación. Casi resignada a devolver su espada al asesino de su padre.

Sansa Stark ¿la verdadera Reina del Norte?

Empezar el capítulo en medio de una escena tiene el valor agregado de sumar misterio a la resolución de otros momentos. Jon, que acaba de recibir la noticia más importante de su vida, no está ni pensando en el juicio. Para él Jaime no es más que un hombre con una espada, y la única forma de no volverse loco en este momento es concentrarse en la batalla que se viene.

El juicio de Jaime dura menos de cinco minutos y es una escena de efectiva sutileza, porque nunca es sobre Jaime: es sobre Daenerys, que ya no soporta gobernar por comité y odia verse derrotada frente a un pueblo que todavía no le rinde pleitesía. Ni siquiera Jon está dispuesto a verla a los ojos (por razones que ella ni siquiera se imagina).

Dany, por supuesto, se desquita con Tyrion. A lo largo de “Game of Thrones” hay una señal clara de que un personaje no se merece el Trono de Hierro, y es que ponga la conquista por encima de la guerra contra el Rey de la Noche. Si necesitábamos confirmación de que nuestra Khaleesi va por el mal camino, ahí la tenemos.

La edición de este capítulo es tan importante como la dirección. Midan los largos segundos que dura este plano, antes de que nadie hable.

Como en la escena anterior, las pausas son importantes. Nutter quiere que prestemos atención no sólo a lo que pasa, sino a las reacciones de los demás personajes. Las miradas bajas de Jorah y Varys transmiten duda. Esta no es la reina por la que juraron luchar, y los antecedentes Targaryen hacen sentir cada exabrupto como un preludio de algo más.

Parece raro que Nutter también haya dirigido “Winterfell”, porque cada una de las escenas de este segundo episodio tiene una textura distinta a la del primero. Pasamos a Gendry en la forja, y se siente por primera vez que nos estamos alistando para una batalla. El herrero está cansado, el ruido ensordece, y el filtro de humo rojo de “Winterfell” deja lugar a un espacio con mayor profundidad, el volumen que caracteriza a Game of Thrones.

Maisie Williams se luce en una temporada que por fin la devuelve al centro de la historia

Arya baja a monitorear el trabajo de Gendry. No está disfrazada de soldadito como en el episodio anterior.No quiere fundirse en las sombras. Está ahí, está presente, pero no se acerca. Quiere que Gendry la vea. Le… ¿yo vi bien o le levanta una ceja? Vamos Arya. Nadie más que vos se merece un poco de cariño en esta serie.

La conversación entre los dos tiene una coreografía elegante, delicada. En el lenguaje corporal está todo. Arya está acostumbrada a que la subestimen, pero en este caso no se indigna, sino que lo usa para seducir. Pero Gendry está en otra frecuencia. Este enemigo no se combate con emoción y hambre de gloria. “¿querés saber cómo son? La muerte, eso es lo que son.” Y la respuesta de Arya, tan arrogante que sólo puede venir de alguien que nunca vio un Caminante Blanco, tiene el efecto sorprendente de tranquilizarlo un poco.

Faltan más de estas escenas, momentos que no avanzan la historia ni suman mucha información pero que, a diferencia de la mayoría de las que vimos en “Winterfell”, respiran. Es como si el reencuentro de Arya y Gendry en ese episodio hubiese sido un boceto de esta escena perfecta, llena de toques maravillosos: la ceja, la reacción de Gendry cuando Arya le desordena el trabajo, el ayudante huyendo de esta psicópata lanzacuchillos.

Jaime junta fuerzas. Y a todo esto ¿quién es el nuevo Hodor de Bran? ¿Cómo se traslada???

Los planos sostenidos de Nutter vuelven a brillar con la escena de Bran y Jaime. Bran espera junto al arciano. Jaime se acerca, lentamente. Sabe que esta conversación no puede terminar bien. La duda se refleja en su cara en la que vemos que todavía está pensando cómo decir lo que siente. Escuchamos sus pasos lentos en la nieve, el audio amplificado que nos hace pensar que Bran, aún sin poderes, hubiese sabido hace largos segundos que alguien se acercaba.

De repente, la decisión. No hay otra forma de decirlo. “Perdón por lo que te hice”. Y por supuesto, la conversación va en una dirección imposible de predecir (bueno, imposible de predecir para cualquiera menos Bran).

Poco después, los hermanos Lannister se encuentran en el mismo bando por primera vez en muchos años. La reunión no se da en los pasillos del poder como en la era de Desembarco del Rey ni en una caverna perdida como su último encuentro. Hoy, en una Invernalia acelerada, en medio del caos y los preparativos, Jaime y Tyrion son dos soldados más.

Este capítulo desafío la fe de Dany en Tyrion... y viceversa

El tema de conversación no es la batalla ni las circunstancias, sino las dos reinas que se disputan Poniente. Tyrion aún defiende a Daenerys, y cuando el tema pasa a Cersei, Tyrion remarca que Jaime “la ama aún sabiendo perfectamente lo que es”... ¿y no podría aplicarse lo mismo a Tyrion, que apoya a una reina que está lejos de ser la alternativa ideal para los siete reinos?

Tyrion parece obsesionado con su propia muerte, una posibilidad que no parecía pasar por su cabeza, ni siquiera cuando esperaba su ejecución en los calabozos de la Fortaleza Roja. Que Jaime lo deje hablando solo es un chiste efectivo, y a la vez se siente como una premonición. Cada vez más, me voy resignando a que mi personaje favorito no va a llegar a ver los créditos del S08E06.

El tour de Invernalia de Jaime L. continúa con Brienne, que mira orgullosa cómo ha crecido su otrora incompetente escudero Podrick. Y esta caballero de dos metros entiende Game of Thrones tanto como si fuese una espectadora más. Jaime viene de hablar de la muerte con Bran y con Tyrion, y ahora, sin chicanas ni soberbia, se postula para ser parte del batallón de Brienne. Es un hombre listo para morir, y ella lo sabe. No puede ni siquiera aceptar su oferta.

¿Otro que está resolviendo conflictos antes de una batalla que promete cuantiosas bajas? Jorah Mormont, que intercede por Tyrion con una Daenerys que ya no entiende nada, y la empuja a intentar emparchar las cosas con Sansa.

Battle Armor Sansa. Dame esta action figure ya.

Las cosas no se emparchan. Sansa, lista para la batalla con una armadura que inspirará cosplays de aquí a la eternidad, no sólo defiende a Tyrion sino que increpa directamente a Daenerys por haber confiado alguna vez en Cersei. Dany se sienta en una pose que solo se podría llamar “la tía copada” y trata de explicar a Sansa que tienen mucho en común… algo que Sansa viene escuchando de gente como Cersei (en esa conversación memorable en la batalla de Aguasnegras), las Tyrell, y hasta Petyr Baelish.

El duelo entre las dos es fantástico porque hasta el último momento, parece que Dany va a conseguir la tregua que busca. Nada más lejos que eso. Sansa simula bajar la guardia, habla de hombres y de amores por unos segundos… hasta que pregunta directamente “¿Qué pasa con el Norte?”

A la Khaleesi no le sale muy bien comportarse como persona

En el momento en que Daenerys retira su mano, furiosa, y se da cuenta de que cometió un error gravísimo (y que es pésima para la diplomacia) ya es tarde. Esta negociación no hizo más que dar poder a Sansa, y la futura reina se da cuenta de que Jon no está capacitado para tomar decisiones sobre todo el Norte. Es una derrota terminante, y quizás una de las mejores escenas de Sophie Turner en la historia de la serie.

Vince Gilligan, creador de Breaking Bad, habló en más de una entrevista de la indignación que le causaban los fanáticos de la serie que odiaban a Skyler White, la esposa del protagonista. Para Gilligan era casi incomprensible que alguien se identifique con Walter y vea a Skyler como una molestia… y aún así, la serie termina cayendo un poco en la visión romántica de ese protagonista con un final excelente y a la vez ligeramente predecible.

Sansa Stark recibe el mismo odio que Skyler desde la primera temporada. Que era llorona, que era aburrida, que sus historias no eran interesantes y que era demasiado vulnerable a las manipulaciones. Y a pesar de que los guionistas parecían compartir este desprecio por Sansa, desde la sexta temporada se decidieron a reivindicar el personaje, casi como una respuesta a los haters. Hoy Sansa es la protagonista de la serie, y a pesar de que esta transformación no haya sido la más elegante, es admirable que los autores hayan decidido irse en contra del lado más tóxico (y estridente) de su propia comunidad de fans.

El viaje de Theon Greyjoy llega a un final digno en este episodio

Esa torpeza de la quinta temporada está en la forma en la que la serie trató las experiencias traumáticas de Theon y Sansa, usándolos casi como utilería para inflar al malvado Ramsay Bolton. Y aún así, la escena del abrazo entre estos dos sobrevivientes es conmovedora. A ningún actor le ha tocado un papel más difícil en “Game of Thrones” que a Alfie Allen, y esta decisión de pelear (y seguramente morir) por Winterfell cierra el arco de su personaje con un impacto emocional que realmente no me esperaba.

Prepararse para la batalla es más que pararse frente a una pared espada en mano. Davos y Gilly colaboran en la organización de las milicias de aldeanos, y el Caballero de la Cebolla se quiebra por un instante al ver a una niña víctima de la misma enfermedad que Shireen sufría. Habíamos visto la furia por esa muerte sin sentido, pero no el dolor.

La genialidad de este episodio está en la forma en la que integra la tensión de la batalla que se viene con pequeños momentos y conversaciones al paso que nos hacen sentir, como nunca en la historia de la serie, que todo el elenco tiene un objetivo en común. En el episodio anterior sentí por primera vez que la serie se me hacía chiquita, pero este episodio expande lo que se había logrado en las primeras mitades de capítulos como “Aguasnegras” o “Los Guardianes del Muro”. La tensión, la camaradería, la vida y la muerte.

Y la segunda podría llegar más rápido de lo que esperan. Los hombres del Muro vienen con malas noticias. El ejército de los muertos, cada vez más grande, avanza sin parar y estará en Invernalia antes del amanecer.

Después de 8 temporadas quedan pocos lugares donde colgar la cámara

Cae la noche, y con ella otro plano increíble de David Nutter, una panorámica del Salón de Guerra de Invernalia que contrasta el frío del norte con la luz del fuego, un clásico de la serie del que el director, milagrosamente, logra encontrar nuevas variantes.

Los norteños organizan el plan de defensa, una excusa para una serie de monólogos emocionantes, en los que no se percibe el más mínimo resquicio de luz. Jon empieza el ba-jón diciendo que es imposible ganar, algo con lo que parecen estar de acuerdo Sam, Theon, y hasta Daenerys. Tormund aprovecha para tirar una ondita a Brienne. Si es su última noche en este mundo ¿por qué la va a pasar mal?

Con una frase estremecedora, Bran se ofrece como carnada y a la vez nos da el primer atisbo de motivación por parte del Rey de la Noche: “quiere borrar este mundo, y yo soy su memoria”.

Jon sigue esquivando a Daenerys de la forma menos sutil posible. Si el objetivo de estos dos capítulos es que lo odiemos, están lográndolo con creces. Por momentos parece que desease morir en esta batalla de forma heroica y no tener que comunicar la noticia a su “tía copada”.

Cuando Tormund arrastra una silla, no hay quien lo pare

Y de aquí en adelante, a pesar de que queda medio capítulo, no hay más que esperar. Nunca me convenció el amor entre Missandei y Gusano Gris, pero los actores hacen que su breve escena se sienta más que un relleno. Sam, Edd y Jon miran al horizonte desde otro muro, convencidos de que el fin del mundo está llegando. Tyrion y Jaime, en otra charla magistral de solo segundos, brindan a “los peligros de la autoayuda”. Medio elenco se suma a esta vigilia alcohólica en la que conocemos el origen surrealista del apodo de Tormund.

Sí, cada una de estas escenas tiene algo de metaficcional. Las despedidas se sienten tanto de los personajes como de los actores y los guiños hacen que todo se vuelva menos creíble… ¿pero está realmente mal que sea así? El final de la serie es, pase lo que pase, el fin del mundo para este elenco prodigioso, este equipo de creativos que cambió la forma de narrar la fantasía en televisión. Se merecen un brindis, y lo artificial de estas escenas no se siente como autobombo sino como un agradecimiento al público.

Confirmado que el Perro y Beric salieron de "La Lista" hace rato

De todas estas escenas, la que mejor funciona es la de Arya y el Perro, una dinámica tan efectiva como la de Jaime y Brienne, pero que se aplica de otra forma a dos personajes que han cambiado tanto desde la última vez que se vieron. Arya verbaliza una pregunta que flota sobre todo este capítulo: “¿por qué peleas?”, que en realidad es preguntarse por qué cada uno de los personajes hace lo que hace. Por qué (como bien dicen Tyrion y Jaime, como remarca Sam en su conmovedor discurso) siguen aferrándose a la vida, aún después de haberlo perdido todo.

Si el capítulo anterior nos había agotado con los contrapuntos con temporadas anteriores, este prefiere espejarse interamente, y la escena de la forja tiene su reprise, con Gendry admirando a Arya desde la oscuridad y haciendo entrega de una lanza (¿desmontable?) de vidriagón que sería el orgullo de Oberyn Martell.

"No soy la Mujer Roja, sacate los pantalones vos"

Y entre Arya y Gendry pasa lo que tiene que pasar. Es una escena de amor apasionada, romántica, atolondrada. El sexo ha sido algo tan maltratado en una serie cargada de prostitución, violaciones, e incesto (y a veces hasta un mix de estos tres elementos) que refresca ver una escena tan simple como bien ejecutada. Ya no me importan las batallas o quién quede en el trono: la temporada podría terminar hoy y solo con esta escena la serie me dejaría con una sonrisa.

La noche avanza y ya no hay otro ruido más que el viento. La borrachera del grupo que se cobija del frío frente al fuego se ha vuelto melancólica… pero es Tyrion el que, por primera vez, parece volver a su vieja personalidad y echa una luz de esperanza sobre sus compañeros. El humor sarcástico del mediohombre contagia al resto, y Jaime termina haciendo caballero a Brienne, un momento de importancia suprema para el personaje, y un cierre tan perfecto para su historia que ya estoy llorando por los dos.

Directo al top 10 histórico de mejores escenas de la serie

Lo que hace Nutter con esta escena es perfecto. El nombramiento empieza casi como una broma, pero la expresión de Jaime deja claro que esto es muy en serio. No sólo homenajea el viaje de Brienne, cargado de desencuentros e injusticias, sino que devuelve el honor al “León Dorado”. Se me hizo un nudo en la garganta cuando Jaime, al terminar el juramento, acaricia el hombro de Brienne con la espada.

Para cada uno de los personajes este ritual tiene un valor importantísimo: más que sus estandartes o afiliaciones, son las tradiciones y las costumbres que han creado los que los hace humanos. Formar parte de esta ceremonia se vuelve casi espiritual, una celebración de la conciencia que los separa para siempre del enemigo que van a enfrentar. Vivan o mueran, nadie les puede quitar eso.

Los señores barbudos que acompañan a Lyanna a todas partes son lo más de lo más.

Los que temíamos que Lyanna Mormont tuviera solo un cameo en esta temporada recibimos otra gran escena, aclarando a Jorah que ni piensa sentarse con los niños y las mujeres en la cripta de Invernalia. El momento posterior con Sam entregando la espada de acero valyrio de los Tarly a Jorah es casi tan efectivo como el de Brienne, ya que a la vez nos muestra cómo Sam procesa la muerte de su padre y hermano, y la importancia que tiene para Jorah la aceptación de un mundo que hace tanto tiempo lo enviase al exilio.

La versión del final del capítulo es de Florence & The Machine

El amanecer se acerca, el vino se acabó, y Tyrion pide una canción como para que esta noche no termine nunca. Podrick elige cantar la “Canción de Jenny” (que da su nombre al episodio) - es una elección particular, ya que a diferencia de “Las Lluvias de Castamere” o “El Oso y la Doncella” no ha sonado en la serie pero sí se ha nombrado en las novelas. La letra se puede conectar con un posible final de la serie, pero por lo pronto da un cierre sombrío, casi funerario, a la vigilia de los borrachos.

La voz de Podrick repite el “nunca se quiso ir…” del final de la canción una y otra vez, sobre personajes que pueden estar preparados para la batalla, pero digan lo que digan, no están listos para morir.

A la luz de Lyanna Stark

Y finalmente, en la cripta, entre fantasmas similares a los que bailaban con Jenny, Jon Snow/Jon Stark/Aegon Targaryen hace lo correcto y habla con Daenerys. La decisión de mantener las emociones de los dos contenidas a lo largo de la escena esquiva los profundos baches actorales de Kit Harington y Emilia Clarke, pero la reacción de Dany confirma todo lo que sospechábamos cuando siente el Trono escabullirse de entre sus manos.

Al menos una de estas dos historias terminará en Winterfell

Cuando uno habla de grandes capítulos de “Game of Thrones” piensa en La Boda Roja, la Batalla de los Bastardos, o en Cersei haciendo estallar el Septo de Baelor. Pero ninguna de esas secuencias inolvidables hubiese tenido el impacto que tuvo sin la precisa construcción de personajes y situaciones que vino antes. La Boda Roja funciona porque un episodio antes Robb finalmente aceptó el consejo de Cat. La Batalla de los Bastardos representa el nacimiento de Jon como Stark y el empoderamiento de Sansa. La venganza de Cersei es efectiva porque pone su propio resentimiento por encima de los deseos de Tommen, tomando control de su propia profecía.

No hay muchas diferencias en estructura entre este capítulo y el anterior, pero hacen al diferencia la puesta en escena infinitamente creativa de David Nutter y un guión prodigioso de Bryan Cogman (un talento para tener en cuenta a futuro, mucho menos mediático que Benioff y Weiss).

Este episodio perfecto entiende por qué “Game of Thrones” es una religión para su público. Nunca se trató de los dragones, las espadas, o las tetas de las prostitutas de Meñique. Desde el primer episodio la serie miró de lleno al abismo, obligó a los personajes a tomar decisiones imposibles y a reconstruir sus vidas de la nada cuando todo parecía perdido.

“Game of Thrones”, más aún que las novelas, habla del caos inevitable y la valentía que toma defender una causa perdida. Es una serie que enfrenta la belleza y la muerte, y a la vez tiene el atrevimiento de decir que cada una tiene un poco de la otra.

En esta nota