Análisis | Game of Thrones S08E01: “Winterfell” (SPOILERS)
Análisis

Análisis | Game of Thrones S08E01: “Winterfell” (SPOILERS)

Después de casi dos años de espera vuelve la serie más exitosa de la década con un capítulo dedicado a mover las piezas para el gran final

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Por: Ignacio Esains

¿Puede Game of Thrones tener un final satisfactorio? Yo no estoy muy seguro. El retraso de George R.R. Martin obligó a los guionistas a improvisar a las apuradas, y las malas decisiones de la errática quinta temporada todavía repercuten sobre la historia. Los personajes han perdido una ambigüedad moral fascinante y hoy son tan simples como los de “El Señor de los Anillos” o cualquier otra épica fantástica.

Pero tampoco dudo que la última temporada nos dará grandes momentos. Es fácil criticar a Benioff y Weiss (directores de la serie) por sus peores instintos, pero a lo largo de esas siete temporadas construyeron algo propio, un híbrido de la violencia brutal de GRRM y su propia propensión al gran espectáculo, diseñado para que se luzcan los actores (aún los más flojitos).

La “boda roja” es un ejemplo de autor original y adaptadores trabajando en tándem para lograr algo (ya se, sacrilegio) superior a los libros en la forma en que maneja el suspenso y la desolación del final. Lo mismo se puede decir de los puntos altos de la sexta temporada: la puerta de Hodor, la Batalla de los Bastardos, y la brillante secuencia de 20 minutos en la que Cersei ejecuta su plan contra el Gorrión Supremo. 

Quizás el problema de la séptima temporada es que en su apuro por conectar las historias obliga a los personajes a actuar de forma inconsistente con su caracterización. Arya y Sansa juegan un juego extrañísimo para capturar a Meñique. Cersei pasa de la histeria a lo maquiavélico sin matices. Jon Snow parece no haber aprendido nada de su propio asesinato y hace cosas tan estúpidas que hasta el resto de los personajes lo remarcan. Ni hablar del romance forzado, carente de química entre él y Daenerys.

No todo en la séptima es malo. Por más problemas de lógica que haya tenido, la batalla al norte del muro en la que muere Viserion es un espectáculo brillante, una mini película de aventuras narrada como los dioses, con un final estremecedor. Lo mismo pasa con el ataque al convoy de los Lannister, creada para darnos momentos icónicos como Bronn con la ballesta y Jaime enfrentando al dragón de Dany como un toro.

Y aún así, los puntos más altos de esa temporada están en los finales. La escena en la que Olenna revela la verdad a Jaime sobre la muerte de Joffrey está a la altura de los capítulos originales. La muerte de Meñique, sin importar lo enrevesado del plan para acusarlo, es catártica para los personajes y espectadores. La pelea entre Jaime y Cersei en la que él decide partir al Norte es efectiva y la revelación de Bran, a pesar de estar estirada durante años, logra el impacto esperado.

El primer capítulo de la temporada final va en la misma línea que el que para mí fuera el momento más decepcionante de la anterior: el concilio en Pozo Dragón en el que docenas de personajes se encuentran por primera vez, o se reencuentran después de años en una especie de buffet de escenas sin ningún tipo de tensión dramática.

A pesar de que el capítulo tuvo varios momentos logrados, la sensación de apuro resultó incongruente ¿para esto esperamos dos años? ¿no cuesta lo mismo hacer una escena de cinco minutos en vez de una de tres? Si una temporada ameritaba un capítulo inicial de 90 minutos, era esta.

La primera escena es la que dominó los primeros anticipos: la llegada del ejército de Daenerys a Invernalia (perdónenme desde ya, pero voy a alternar los nombres en inglés y en español, para irritar a anglófilos y puristas de Cervantes por igual).

El capítulo empezó con un niño que trepa, como era Bran al inicio de la primera temporada (y como pasaba con Bran, nos sentimos Cat rogándole que nos prometa que nunca más va a trepar, esos árboles de 900 años de Winterfell son peligrosos). Es la primera de muchas referencias cíclicas del episodio - la serie empezó en Winterfell, la última temporada empieza ahí, y cada imagen puede considerarse un espejo de cosas que pasaron antes en el hogar ancestral de los Stark.

El primer gran momento de la temporada nos lo da (como no podía ser de otra manera) Maisie Williams, una actriz que ha crecido de la forma más difícil, sosteniendo escenas casi por su cuenta, alejada del resto del elenco durante varias temporadas. Mientras Sansa espera desde su puesto de Señora de la Fortaleza, Arya está más cómoda camuflándose entre las filas de norteñas, una más, “nadie”.

Es una escena para ver una y otra vez, ya que las emociones de Arya tienen distintos niveles, matices de infinita sutileza. Estamos frente a una persona que intentó activamente borrar su propia identidad durante años, que vivió aferrada a una lista de muerte y recién en los últimos meses ha recuperado la familia que buscó desesperada en esas primeras temporadas. El camuflaje es perfecto, y nadie ve a Arya, pero Arya ve a todos los que pasan.

¿Qué siente hoy nuestra asesinita por el Perro? ¿por Gendry, su primer amor? ¿por Jon, el único hermano que realmente la entendía? Arya pelea contra las cosas que siente. Una especie de vergüenza, un instinto de ahogar esos sentimientos que sabe que la hacen vulnerable cuando tiene que ser más fuerte que nunca. Porque esta también es una referencia cíclica a una Arya impotente - la que vió desde una multitud la ejecución de su padre, sin siquiera poder gritar.

Las primeras palabras del capítulo son una serie de chistes nivel Polémica en el Bar de Tyrion y Varys que no nos bancaríamos en otra serie, pero que podemos leer como una particular demostración de afecto entre estos dos personajes, hombres de las sombras que están tratando de alivianar la presión de la batalla que se viene. También es una referencia cíclica a una dinámica que vimos forjarse en los primeros capítulos, mientras que fuera del carruaje de los consejeros, el entorno es irreconocible. Salvajes mezclados con norteños, dothrakis vestidos de invierno, inmaculados tan perfectamente formados como nerviosos por el desafío que se viene.

La secuencia, emocionante y espectacular parece decirnos ¿te acordás cuánto querías a esa pequeña, salvaje, Arya? ¿te acordás de cuánto te reías con Tyrion y Varys? ¿te acordás lo que fue ver por primera vez a un dragón? Dejate llevar por la magia, metete de lleno en la fantasía.

No es raro que elijan a Arya porque es un personaje que, como nosotros, se resiste a bajar sus defensas, no se distrae con el show, pero si ella se emociona ¿no podemos emocionarnos un poquito nosotros también? Estos primeros cinco minutos son una promesa al espectador de parte de los guionistas: estamos comprometidos con esta historia, sabemos como empezó y podés confiar en que el final va a responder tus preguntas y no te va a dejar en banda. “El Norte recuerda”. 

Jon se reencuentra con Bran, y por supuesto las emociones del ex-Rey en el Norte caen en un pozo vacío cuando dice que su hermano ya es un hombre, y el responde “casi un hombre”. Hay algo raro en este momento, en especial comparado al Bran de la séptima temporada. Su tono indica que está haciendo una broma, pero el Cuervo de Tres Ojos no tiene sentido del humor, y Jon parece interpretar que lo dice por sus piernas.

Si hay una actriz que ha crecido a lo largo de estas temporadas es Sophie Turner, que carga su recibimiento a Daenerys de un desprecio que sólo vimos en el personaje que parece estar imitando: Cersei Lannister. Que pena que Emilia Clarke no haya crecido de la misma forma, ya que su Daenerys era más interesante cuando tenía que simular seguridad que con la confianza que hoy ha ganado.

Bran percibe la tensión y la corta de lleno, con un interés sorprendente por el futuro de Poniente que indica… ¿qué? ¿Que la reunión con sus hermanos lo ha vuelto a humanizar? ¿O que no puede esperar a resolver este problemita de los muertos y seguir con su meditación? Por primera vez sentimos que Bran está del lado del bien en esta pelea, que quiere que la humanidad gane este combate.

Y de nuevo está el problemita de Clarke (o del guión): Daenerys escucha que su dragón Viserion se ha convertido en un zombi y no reacciona de ninguna forma. Ni horror, ni furia - ¡estamos hablando de su hijo! 

La tensión es palpable en la reunión de los lores del Norte. El pequeño Lord Umber quiere ser la nueva Lyanna Mormont (o al menos que el final de este capítulo nos pegue un poco más), pero no se compara con la niña del poder original, que está ENORME ¿no será hija de Brienne? Lyanna (que, recordemos, comparte el nombre de la verdadera madre de Jon Snow) increpa al hombre que coronó como rey de ser el concubino de la reina. Jon, por un momento, parece darse cuenta de la enormidad de lo que hizo: él no tenía derecho a doblar la rodilla.

Sin subrayarlo, esta escena mezcla personajes que conocimos mucho en las últimas 67 horas. La mayoría de los hombres del Norte ni siquiera habla, pero sorprende ver a Lord Royce del Valle, por ejemplo, compartir el mismo espacio con Daenerys y Jon. Son momentos como este que nos recuerdan la ambición de la serie, el tamaño de su elenco, y la enormidad del trabajo que tienen por delante los guionistas.

Interpelado por Lyanna, Jon trata de explicar sus razones pero no convence a nadie, ni siquiera a nosotros… ¿por qué una alianza no hubiese sido una mejor decisión? Tyrion la embarra aún más diciendo que los Lannister vienen en su ayuda. Es cuando las palabras dejan su boca que empieza a dudar de haber confiado en Cersei. En aquel concilio, la insistencia en que la guerra contra los muertos es más importante que el enfrentamiento entre Norte y Sur no logró convencer a la reina. Lo mismo pasa con los norteños, ya que ni siquiera Sansa considera que es sabio soltar la soberanía por la que murieron Robb y Cat a la hija del “Rey Loco”.

Sansa se suma a las voces en contra, preguntando cómo piensan alimentar a este ejército, demostrando una vez más que las decisiones logísticas sobre la guerra son un tema que le escapa al Team Daenerys. Pero eso sí, el intercambio “¿Qué comen los dragones?” “Lo que ellos quieran” es de antología.

El reencuentro de Tyrion y su, eh, ex-esposa Sansa es otro gran duelo actoral del capítulo, en especial para los que recordamos que él era uno de sus pocos aliados en los terribles años de Desembarco del Rey. Sansa está todavía fría con él, y su comentario de que la boda de Joffrey “tuvo sus momentos”, es uno de los guiños más simpáticos del capítulo a la historia de la serie.

Tyrion también tiene derecho a sus rencores. La huida repentina de Sansa de esa boda fue la que lo condenó para siempre a los ojos de su familia, pero Tyrion a la vez admira su capacidad de supervivencia: “muchos te subestimaron, la mayoría ahora están muertos”. Sansa, en cambio, no piensa conceder nada, ya que sabe perfectamente que Cersei está manipulando a su hermano (otra señal de que la Señora de Winterfell vibra en una frecuencia similar a la Reina de Poniente).

Esta escena es tan breve como potente, porque la serie se ha ganado este cambio de roles impensables en que la peor jugadora del “Juego” se ha convertido en su mejor estratega, y el hombre que parecía ver siempre tres movimientos más allá está más perdido que nunca.

El reencuentro de Jon y Arya es perfecto (aunque no entiendo por qué la pausa infinita entre que se ven y el abrazo, como pasó con Sansa) - recordemos que estos personajes no se ven desde ¿qué? ¿el primer capítulo de la serie? El momento en que comparan las espadas es otro guiño a ese primer episodio en el que la guerra y la muerte no eran más que una aventura para los dos. Pero aunque Arya sigue siendo la compinche de Jon, se pone decisivamente del lado de Sansa. Otra señal de que Jon está yendo en la dirección incorrecta.

Estas primeras escenas, tan tranquilas, tan sutiles, demuestran que tomarse ese año extra fue valioso para los guionistas. Es un ajedrez perfecto en el que cada persona hace su jugada, toma una posición, y ataca intentando ocultar sus flancos débiles, ataca. Cada una de las escenas tiene una carga emocional enorme. Son simples conversaciones, pero sin un segundo perdido.

Quizás el problema después de esos grandes 20 minutos iniciales es que el guión no descansa. En vez de tomar aire en su viaje a Desembarco del Rey, la ametralladora de conversaciones cortas de dos o tres personajes empieza a resultar artificial, forzada. La estructura se hace demasiado evidente y por lo tanto, predecible.

También puede ser porque después del suicidio de Tommen, los guionistas parecen haber perdido el motor que motiva a Cersei ¿quiere el caos? ¿quiere que Poniente arda, como una vez quiso el Rey Loco? ¿quiere venganza? ¿qué significa este hijo para ella?

El plan, al menos está claro. Los muertos atacan desde el norte, mientras que desde el Sur atacará la Compañía Dorada, acompañada de ese ejército Lannister que supuestamente defendería al Norte. Pero el ejército no es la armada destructora que ella esperaba. 20.000 mercenarios, 2.000 caballos… ¿y nada de elefantes? Yo creí que la Montaña los iba a aplastar a los dos en ese momento. Nunca vimos a Cersei tan feliz como cuando hablaba de los elefantes que esperaba en la temporada anterior. Y yo también quería elefantes 3D. Me arruinaron el capítulo, la temporada, y la serie.

Qué chiquito que se ve el salón del Trono de la Fortaleza Roja, vacío de soldados, nobles, chupamedias varios. Y qué pobre se ve la escena de seducción de Euron, que como todo con Cersei, no se entiende del todo… parece un guiño al (memorable) primer acercamiento entre Daario y Daenerys, aunque en este caso los dos se están manipulando mutuamente. 

Que Cersei no reconsidere un segundo antes de prostituirse minimiza un poco su poder como reina ¿no? Al fin y al cabo, ahora tiene el poder pero termina acostándose con un tipo desagradable para hacer pasar su frutito del incesto como un hijo legítimo.

¡Y Bronn! Realmente van a hacer un tour por todos nuestros personajes favoritos. Bronn y Qyburn puede ser una buena sitcom si alguna vez quieren hacer una secuela, a pesar de que la escena se vuelva macabra cuando Bronn acepta matar a los dos hermanos Lannister, sus amigos, al fin y al cabo, con la ballesta de Joffrey con la que Tyrion mató a Tywin Lannister en el inodoro. Justicia poética que no tiene mucho sentido, ya que Jaime y Tyrion ofrecieron sus vidas a la Reina en el último episodio de la séptima temporada.

Es difícil también leer el nivel de humillación al que ha sido sometida Yara. Que todavía lleve su armadura da la sensación de que se pasó una temporada atada a ese poste. Si Euron es un villano tan desagradable ¿por qué el castigo de Yara se siente tan suave comparado con las torturas que sufrió Theon a manos de Ramsay? 

El rescate de Yara, por eso, es anticlimático. Como todo en este capítulo, está construido como un espejo a una escena anterior, en este caso el intento de Yara de rescatar a su hermano de las garras de Ramsay en la cuarta temporada. Pero ese momento fue dramático, intenso, sentido. Este es el rescate más fácil del mundo, cuando en la temporada anterior la flota de Euron era indestructible y mortal. En tres minutos Yara es rescatada y Theon viaja camino a Invernalia.

Es en este punto en el que el ritmo del capítulo le empieza a jugar en contra y este atar cabos sueltos se siente casi obligatorio, como si los guionistas estuvieran haciendo la tarea antes de salir a jugar en el resto de la temporada.

Volvemos a Winterfell con los tres consejeros: Davos, Tyrion, Varys. Tres personajes que realmente han sufrido luego de que dejamos los libros atrás. George R.R. Martin nunca hubiera hecho que Davos diga sinceramente la línea “una propuesta es lo que propongo”. Por primera vez se habla de la posibilidad de un dúo gobernante como algo que dejaría a todos felices, pero Varys es más fatalista - dice que “los jóvenes no saben que nada dura”, algo que cobra resonancia adicional cuando sabemos la verdad sobre Jon.

¿Está Jon embobado con Daenerys? La madre de los dragones amenaza directamente a su hermana, con la frase abierta “si no puede respetarme…”, y aún así Jon deja pasar esta nueva mala señal y se va de paseo a bordo del dragón ¿Soy yo o los efectos especiales de esta parte no fueron especialmente impresionantes? ¿Más “Corazón de Dragón” que “El Hobbit”?

¿Querías otra escena espejada? Daenerys y Jon escapan a una zona alejada, que con sus cascadas y su silencio recuerda a la caverna con la que el cuervo consumó su amor con Ygritte. Y para los que volvimos a ver la tercera y cuarta temporada en estos días la comparación no es la mejor. Se extraña la química entre el norteño y la salvaje. A todo esto, ¿está celoso Drogon? Y que raro que Dany nunca registre lo raro que es que los dragones dejen a cualquiera volar.

Hablando de química, el reencuentro de Arya con el Perro es otro de los puntos altos del capítulo. Con dos frases se recupera la franqueza de la dupla que nos dio algunas de las mejores escenas de la serie. El reencuentro con Gendry permite una vez más a Arya bajar la guardia ¿pero qué le está pidiendo exactamente? ¿qué es ese diseño? También aprovechamos para mostrar una vez más que Arya lleva encima la daga de acero valyrio que usaron en el intento de asesinato a Bran.

Sansa está furiosa, y aunque nadie lo diga, es difícil no pensar en otra situación que el capítulo parece espejar de cierta manera: la pésima decisión de Robb Stark de romper su palabra a Walder Frey y casarse con la enfermera Talisa. Este error no sólo desembocó en la boda roja sino que permitió que Roose Bolton se hiciera con el Norte.

Una vez más ¿está Jon embobado con su reina? Nadie lo dice literalmente, pero todo parece indicar que el Norte recuerda. Jon trata de defender con argumentos débiles a su mujer (que, recordemos, acaba de amenazar a Sansa, hace dos escenas) “No es su padre”, dice Jon. “No. Es mucho más hermosa”, dice Sansa, sarcástica y hace la pregunta: “¿Doblaste la rodilla para salvar al norte o porque la amás?”

Quizás el gran problema de esta última temporada es que es imposible saber la respuesta. ¿Está enamorado Jon? ¿Qué es lo que ve en Daeneys? Kit Harington es convincente cuando su personajes quiere salvar al Norte, pero no a la hora de demostrar ese amor por Dany. Esta es una mujer por la que hemos visto a hombres morir de amor, y un hombre que no podía contenerse en sus escenas con Ygritte ¿dónde está ese choque de fuego vs. hielo?

La escena de Daenerys y Sam, en cambio, va en una dirección completamente inesperada. Dany agradece a Sam haber salvado la vida de Jorah, pero también tiene que revelar que ejecutó al padre y al hermano de Sam por negarse a doblar la rodilla. La reacción de Sam demuestra que este es el personaje que los guionistas mejor entienden. Sabemos que los Tarly hicieron de su vida un infierno, pero vimos la necesidad primordial de Sam por demostrar su valor frente a ellos - algo que ahora nunca podrá hacer ¿qué sentido tiene salvar a Poniente si nunca va a lograr la aceptación de la gente que le soltó la mano? Una vez más, las decisiones poco diplomáticas de Dany tienen consecuencias inesperadas ¿eso es lo que quiere transmitir esa escena? 

Es un dominó fascinante. Si Daenerys no hubiese sido tan displicente en su justificación por la ejecución de los Tarly, Sam quizás nunca se hubiese sentido tan motivado por buscar a Bran (que está esperando a “un viejo amigo”) y finalmente decir la verdad de todo a Jon, que al principio se niega a aceptar, porque sabe que esta revelación podría ser el final de una alianza que en su mente es lo único que podría salvar al Norte (y a Poniente).

La pregunta, en una serie que ha hecho del incesto el nuevo shipping es ¿cuánto le importa a Jon que Dany sea su tía? ¿es posible identificar una emoción real en la cara de Harington?

Berric, Tormund, y la pandilla, están detrás del ejército de los muertos y llegan a ÚItimo Hogar, el castillo de los Umber que está justo a mitad de camino entre Invernalia y el Muro. Lo que encuentran es terrorífico, una especie de pulpo hecho de brazos humanos (¿parece el escudo de la casa Targaryen?) y en el centro, el niño Umber asesinado, como si el capítulo hubiese necesitado una gotita de violencia horrorosa para ser oficialmente Game of Thrones.

Parece un comportamiento extraño para un villano implacable que no suele razonar mucho, es más - su atractivo está en esa inhumanidad ¿tenemos que creer que el Rey de la Noche capturó al niño, lo ejecutó, se puso a armar esa porquería de bracitos? ¿Por qué mandaría un mensaje? ¿a quién? Por supuesto, es otra referencia, en este caso a la primera escena de la serie, en la que los guardas de la noche que desertan ven un asesinato ritual similar.

Pero a pesar de todos los problemas de este episodio, la reunión final es un giro que, sin ser espectacular o sorprendente, hace que pongamos nuestras predicciones en perspectiva y una vez más nos retrotrae al primer episodio. El “viejo amigo” al que Bran esperaba es Jaime Lannister, el hombre que lo lanzó por la ventana de la misma torre al pie de la que lo espera. Al ver la mirada de satisfacción de su víctima, el Matarreyes se queda paralizado. 

Si hay una línea en común entre los Stark, es que ninguno de ellos terminó los objetivos que se habían propuesto. Ninguno, de cierta manera, cumplió sus promesas - algunos por decisión propia, otros por las circunstancias. Robb traicionó a los Frey casándose con otra mujer. Sansa nunca se casó con Joffrey. Jon, con la apropiada excusa de su propia muerte, dio fin a su estadía en la Guardia de la Noche. Arya no terminó su entrenamiento con los Hombres sin Rostro, mientras que Bran dejó entrar al Rey de la Noche a su caverna y nunca llegó a aprender lo que debía del Cuervo de Tres Ojos.

Cada uno de los Stark debe improvisar su propio camino, y el Bran misterioso y distante de la séptima temporada parece haber bajado a tierra ¿quizás hasta un “casi humano” quiera venganza?

Este inicio de temporada fue un capítulo mecánico, con algunas escenas brillantes, pero en su mayoría simplemente correctas, y cargadas de datos, datos, datos. Una serie que gastó temporadas enteras perdiendo el tiempo podía darnos un poco más de aire. Mi sensación es que a este estreno le faltó media hora.

Me corrijo entonces con respecto a lo que decía al principio: estoy seguro de que Game of Thrones puede darnos un final satisfactorio, porque este primer capítulo (y esas últimas dos temporadas) están construidas para satisfacer. Para darnos lo que queremos ver. O lo que pedimos, que no es más que lo que creemos que queremos ver.

Vamos a ver a Arya terminar su lista, al Perro matar a la Montaña, a Dany marchar contra Cersei y a Jorah dar su vida por ella. Pero después de este capítulo tan efectivo como esquemático siento que Benioff y Weiss han perdido las ganas de sorprendernos. Espero estar equivocado.

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