Análisis | Everybody’s Golf VR (PSVR)
Análisis

Análisis | Everybody’s Golf VR (PSVR)

El clásico juego de golf de Clap Hanz es una simulación ligera y efectiva que, lamentablemente, tiene poca profundidad y está plagada de problemas técnicos relacionados con PlayStation VR.

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Por: Ignacio Esains

La realidad virtual debería ser el entorno ideal para un juego de golf, en particular PlayStation VR y sus controladores Move. Al fin y al cabo, golpear una pelota de golf requiere que el jugador se mantenga quieto, haciendo un movimiento perfecto con un implemento que ese control emula a la perfección. Y a pesar de que en lo básico Everybody’s Golf VR ofrece una simulación competente y experiencia sumamente agradable, el hechizo se desvanece a las pocas horas de juego.

Esta venerable serie de juegos deportivos, antes conocida como Hot Shots Golf, nació a fines de los ‘90 con el objetivo de encontrar un híbrido entre la simulación “seria” de series como Links y PGA Tour y el delirio arcade del genial Mario Golf. Los que hayan jugado cualquiera de sus versiones reconocerán la atmósfera que mezcla canchas detalladas y física realista con personajes de animé y un diseño ligero y cálido.

Cada entrega de Everybody’s Golf usa el clásico sistema “3 clicks” para simular los golpes. Cuando estamos listos para golpear presionamos un botón, lo volvemos a presionar para marcar la fuerza del golpe, y una vez más para marcar la dirección. Everybody’s Golf VR, en cambio, simplemente nos invita a golpear la bola, marcando potencia e inclinación con nuestras propias manos sobre el control PlayStation Move.

El nuevo sistema es inmediatamente intuitivo, y pronto aprendemos a medir nuestra fuerza y nuestros ángulos, sea en la cancha o en los modos de práctica. Antes de dar cada golpe de forma efectiva podemos simularlo y recalcular nuestro ímpetu, mientras que una serie de herramientas nos permiten medir la distancia máxima de cada palo y hasta ver el hoyo desde una cámara similar a un drone, con solo hacer un click sin ningún tipo de transición.

Everybody’s Golf VR puede jugarse sentado, pero parados sentimos la inmersión que sólo la realidad virtual provee, y los primeros minutos son realmente emocionantes - hasta que la cámara nos informa que el Move está fuera de su rango, muchas veces en el momento justo en el que estamos haciendo nuestro “swing”.

En Everybody’s Gold la cámara PlayStation Eye debe mantener en su plano el Move y el casco a la vez, lo que es un problema para un juego de golf en el que nuestra cabeza estará alzada, tratando de distinguir el hoyo a la izquierda, mientras que el Move estará en posición vertical, apuntando al suelo. Un mínimo de tres metros de distancia entre el jugador y la cámara es recomendable, lo que va a obligar a la mayoría de los golfistas aspirantes a hacer un Tetris de su living.

El casco resulta ser otro problema, ya que al golpear la pelota vamos, necesariamente, a estar mirando hacia abajo, y el peso del headset hará que se desajuste de a poco. Luego de los 40 o 50 golpes que suele durar una ronda el ajuste se volverá insoportable.

La detección de movimiento de los controles de Move es bastante buena. Aunque suele ser un poco imprecisa con los movimientos veloces, el juego compensa para no hacernos perder puntos por las propias limitaciones técnicas del equipo. Al llegar al green la experiencia es completamente inmersiva, ya que los movimientos suaves del putter permiten a la cámara leer el Move con precisión.

Hay otro aspecto de Everybody’s Golf VR que a mí, personalmente, me resultó incómodo… aunque para muchos de los potenciales jugadores podría resultar ser atractivo. Como en otras entregas de la serie, una simpática caddy nos acompaña en nuestras incursiones a la cancha, y todas, sin excepción, son chicas sexy estilo animé, que prestan profunda atención a nuestro juego, nos dan consejo, y nos felicitan cada vez que alcanzamos el más pequeño logro. En ciertos momentos, vivimos pequeñas aventuras con ellas, casi como escenas de una novela visual que son profundamente incómodas, en especial para los que todavía no nos acostumbramos a que personajes virtuales invadan nuestro espacio personal.

Y aún así, no puedo negar que, después de aprender cómo se podían saltear esas bizarras escenas de coqueteo polígonal, me acostumbré a las caddies y me terminaron cayendo bien. No niego haber festejado con ellas mi primer birdie, o haberles pedido por favor que no me hablen cuando estaba a punto de lograr mi cuarto triple bogey.

Ese aspecto “maid café al aire libre” se puede obviar, pero lo que termina de romper el hechizo de Everybody’s Golf VR es su propia simplicidad. La mecánica de golpe es tan simple que se vuelve precedible y repetitiva (es casi imposible tener un mal puntaje sin cometer errores gravísimos en el camino) y la cantidad de contenido que ofrece es realmente paupérrima: sólo tres canchas que se pueden recorrer de ida y vuelta, nada de multijugador, muy pocos objetos desbloqueables... ¡Y nada más que tres caddies!

Aún así, los 30 dólares que Clap Hanz pide por Everybody’s Golf VR justifican la compra de esta variante de la clásica serie, que se siente casi como una prueba piloto en camino a una secuela que se sienta tan cargada de contenido como las mejores entregas.

Más que una tech demo, pero menos que un juego completo, Everybody’s Golf VR es un viajecito de fin de semana que garantiza satisfacción a los que no esperen más que un recreito de la vida cotidiana.

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