Dirt Rally 2.0
Análisis

Análisis | Dirt Rally 2.0 (PC, PS4, XONE)

Codemasters nos sorprende con una obra superadora que representa el punto más alto dentro de su producción contemporánea.

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Por: Jeremias Curci

Al igual que las sinuosas carreteras que componen este Dirt Rally 2.0, la serie ha dado giros sumamente inesperados a lo largo de los últimos años. Aunque los primeros juegos de la casa Codemasters ofrecían un acercamiento más ortodoxo a la simulación de rally, desde el deceso de Colin McRae la franquicia se inclinó más por el espectáculo propio de los X Games; más cerca de Ken Block que otra cosa.

Esto implicó también abrirse a un nuevo público: un manejo exigente pero lejos de la simulación en donde los seguidores de siempre dejaron de tener excusas para seguir al volante, encontrando su lugar en los brazos de Richard Burns Rally. Sin embargo, todo cambió más acá en el tiempo con la salida del primer Dirt Rally, allá por el 2015. Se trataba de una vuelta a las raíces que nos mostraba un Codemasters más comprometido con una forma de entender al rally como solían hacerlo cuando ellos y Colin McRae eran uno solo.

Dirt 4 nos hizo pensar que el desarrollador inglés había dejado atrás aquel primer revival -que era excelente, aunque tenía cosas que ajustar- pero por fortuna estábamos equivocados: ese sucesor es ni más ni menos que este Dirt Rally 2.0 y, tras unos cuantos días en sus pistas, podemos afirmar que estamos ante uno de los juegos de conducción más trascendentales de los últimos años.

Correr en Dirt Rally 2.0 es una experiencia imposible de conseguir en otros exponentes del género. Basta con probar un par de vehículos para tomar nota de las diferencias en la tracción, el peso y la aceleración de cada uno de los bólidos: todos ofrecen algo que los caracteriza y que los hace únicos. Conocer estas máquinas implica una buena cantidad de horas practicando en cada circuito para lograr los mejores tiempos posibles, o bien entregarnos al ensayo y error. Porque estamos ante un título sumamente meticuloso que no dará lugar a que apliquemos ningún vicio proveniente de otros exponentes similares.

Codemasters da el primer paso en el enorme compromiso que requiere Dirt Rally 2.0, dejando atrás una mecánica que ellos mismos hicieron popular: la de rebobinar el tiempo en cualquier punto de la carrera. En su lugar, tenemos la opción de reiniciar cualquier tramo de la competencia, pero sólo podremos hacerlo hasta cinco veces en total, lo cual nos obliga a bajar marchas y a prestar atención a los designios de nuestro copiloto para tomar las decisiones adecuadas en cuanto a la aceleración y la dirección.

Y si bien esto da lugar a una conducción tal vez más especulativa o “defensiva”, Dirt Rally 2.0 brilla de igual modo por la tensión que generan sus propios sistemas de juego: hay algo muy especial en cruzar la línea de llegada con el tiempo justo, guardando nuestras últimas dos reiniciadas para el segmento final, con un vehículo que ha sufrido el trajín de las maniobras mal calculadas. La nueva obra de Codemasters penaliza con tiempo si salimos anticipadamente de la largada, como también lo hace físicamente al vehículo si es que tenemos el mal hábito de chocar o irnos contra la banquina.

En Dirt Rally 2.0 adrenalina es lo que sobra.

Dirt Rally 2.0 logra generar momentos de impacto no sólo por su propuesta jugable, sino también por la estupenda dirección audiovisual que ostenta. Incluso en consolas es un auténtico festín visual, que incorpora unos efectos de iluminación que directamente nos dejan boquiabiertos. Gracias a ellos, se materializan unas puestas de sol alucinantes que nos permiten ver más allá del horizonte, o bien reducen la visibilidad en curvas serpenteantes mientras cae la noche con una intensa lluvia. Los motores rugen cada uno con su tono diferencial y el resto simplemente nos mete ahí: escuchamos cada trozo de gravilla impactando en el chasis, las bocanadas de compresión provenientes del caño de escape, o mismo los pedazos de carrocería chirriantes a punto de desprenderse.

Todo esto se da dentro de un marco compatible con el de la más profunda simulación: para aquellos nostálgicos que extrañaban las viejas épocas de gloria de Colin McRae Rally, sepan que estamos ante un nuevo hito en la franquicia. Aunque tenemos una buena cantidad de asistencias para hacernos la vida un tanto más sencilla, nos encontramos con un simulador de lo más intransigente en el que sólo los más dedicados podrán sacar el mayor provecho de cada vehículo y por tanto, los mejores tiempos. Así y todo, si logramos ponernos en la frecuencia que el título nos pide y seguimos su compás, incluso un piloto desprolijo y poco habilidoso como quien les escribe puede lograr auténticos milagros con el cronómetro. Dentro de su elevado nivel de exigencia, Dirt Rally 2.0 tiene lugar para la inclusión.

El trabajo realizado en la forma de representar el terreno sobre el que corremos, con todas sus imperfecciones y un detallado desgaste progresivo de hasta cien capas -una novedad en esta entrega- es realmente alucinante: no hay otro exponente del género que se le parezca. Imposible dejar de mencionar el ya famoso sistema de simulación de físicas en las ruedas, el cual trabaja de manera independiente en los neumáticos, impactando directamente en la respuesta del vehículo en las pistas y por lo tanto, en nuestras manos cuando estamos al volante. Por esto es que la afinación del vehículo antes de cada salida resulta casi obligatoria: tenemos que pensar considerando el clima que se nos presenta y todos los factores mencionados, con el objeto de obtener el mejor rendimiento posible. Esto lo convierte en una experiencia sumamente atípica, que viene a ocupar un espacio vacante entre tantos títulos de conducción que la van de festivales y luces de neón.
 

La degradación de los terrenos es una de las grandes novedades de Dirt Rally 2.0

En cuanto a los modos de juego, Dirt Rally 2.0 nos trae una oferta similar a la de su antecesor. En esta oportunidad el foco está puesto en los eventos de Rally y Rally Cross, lo cual podemos vislumbrar mientras recorremos eventos como Carreras Históricas, la competencia de la FIA World Rallycross Championship o mismo el Modo Carrera, que nos ofrece una amplia gama de eventos a “limpiar”. Desde el menú principal de esta modalidad tenemos nuevamente un garage para llenar con nuestros vehículos -más de cincuenta entre clásicos y modernos a disposición-, como también la posibilidad de gestionar al equipo de nuestra “escudería”. Sin embargo, se siente una opción meramente cosmética, sin implicancias reales.

Tal vez en la oferta de “disciplinas” encontremos una de las pocas cosas que podemos achacarle a este título: aunque las carreras resultan espectaculares y los trazados -junto con las incidencias climáticas- aportan variedad, la realidad es que tienen sabor a poco. Se trata de dos tipos de eventos a través de seis locaciones reales en el mundo: España, Argentina, Australia, Polonia, Nueva Zelanda y Estados Unidos. Aunque el trabajo de recreación de estos entornos es alucinante, es imposible negar que en la rutina que hace al avance a través de Dirt Rally 2.0, a veces asoma un poco la asfixia. De igual modo, en el apartado “Free Play” (que nos permite disputar el FIA World Rallycross Championship, eventos por tiempo, Time Trials y competencias personalizadas) nos deja acceder a todos los circuitos y vehículos existentes. Esto se carga por completo la sensación de progresión que podría haber estado perfectamente vinculada al Modo Carrera. 

Dirt Rally 2.0 va tan a las raíces que incluso en sus menús se nota cierta cosa desprolija, propia de épocas pasadas. Sin embargo, lo más importante está dentro del capó: porque presta toda su atención a lo que realmente importa. Después de todo, es obra de un equipo que ha demostrado sus credenciales con el fenomenal F1 2018; de ahí que sea tan fácil de percibir todo el amor que hay por los motores, el cual exuda en cada una de las curvas que tomamos; en cada vertiginoso acelerón que metemos siempre que el circuito nos lo permita. Codemasters se supera a sí mismo y nos trae la mejor interpretación posible de las carreras de rally, que es a la vez de lo mejor que podemos experimentar al día de hoy en materia de conducción.

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