Dangerous Driving
Análisis

Análisis | Dangerous Driving (PS4, XONE, PC)

El arcade de conducción del equipo de desarrolladores ex-Criterion se perfila como el sucesor espiritual del legendario Burnout, pero se queda sin nitro a mitad de la carrera

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Por: Sebastián Cigarreta

Antes que el realismo y la simulación se volvieran una parte fundamental del género, los juegos de carreras se enfocaban en una experiencia arcade. Así crecimos disfrutando de Outrunners, Cruisin’ USA, Need for Speed y tantos otros clásicos del pasado. Sin embargo Criterion se encargó de elevar la vara con su saga Burnout, dedicada a ofrecer velocidad frenética, un apartado técnico brillante y choques espectaculares. Todo esto maridado con una banda sonora que nos hacía subir el volumen y cantar a los gritos cada canción.

Esta es la esencia que Three Fields Entertainment quería capturar y revivir, y a su vez el atractivo principal de Dangerous Driving. El estudio formado por Alex Ward, Fiona Sperry, y Paul Ross cuenta con poco personal, pero sus fundadores participaron de toda la saga Burnout, de ahí la esperanza que la comunidad depositó en ellos. Hasta ahora estuvieron desarrollando y publicando títulos pequeños para financiar futuras producciones, mientras tanto se fueron haciendo con las herramientas necesarias para su primer gran lanzamiento.

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El estudio sabe sacarle el jugo a Unreal Engine, especialmente en cuanto a los efectos de iluminación en tiempo real

El resultado de tanto esfuerzo es un arcade de conducción que brilla gracias a la fuerza de la nostalgia y a su grandiosa sensación de velocidad, pero que decae a causa de problemas variados. Seguramente su humilde procedencia habrá sido responsable de varios de ellos, sin embargo muchos otros simplemente denotan una absoluta falta de coherencia con relación al resto de las producciones contemporáneas. Desde su modesta interfaz, incluyendo menús, texto en pantalla y efectos de sonido, pasando por la ausencia total de música y llegando hasta el extremo de presentar una progresión arcaica que trunca cualquier tipo de exploración o estilo de juego personal de forma inmediata.

Pero vamos por partes, porque no todo es necesariamente malo. Dangerous Driving es un juego vistoso, los modelos de los vehículos están a la altura de un título moderno, los paisajes donde se desarrollan las carreras son hermosos y la sensación de velocidad genera el vértigo necesario para mantenernos al volante. El modo para un jugador (el único disponible por ahora, al menos hasta el mes que viene) contiene más de 60 eventos para completar y así ir desbloqueando nuevas pistas, vehículos y hasta modelos retocados con mejoras técnicas. Entre todos esos modos, que incluyen los clásicos “Carrera”, Grand Prix (3 carreras seguidas y victoria por puntos) entre otros, podremos disfrutar de duelos mano a mano con un rival de la IA, Supervivencia por tiempo contra el tráfico y otros oponentes y hasta una versión del Hot Pursuit que golpea directo al corazón de los amantes de Need for Speed.

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El modo Hot Pursuit se siente como una versión moderna del clásico Chase HQ2, y es de lo más divertido del juego.

También ofrece novedades en cuanto al juego de 2004, aunque quizás no las suficientes por los 3 lustros que pasaron desde entonces. Además del prometido modo online que llegará “dentro del primer mes post lanzamiento”, según Three Fields Entertainment, lo más interesante son los vestigios permanentes de los choques. Cuando destruimos a un oponente la carrocería chamuscada de su vehículo quedará allí por el resto de la carrera, haciendo que las vueltas posteriores sumen un nuevo desafío. También podemos aprovechar y chocar a los oponentes empujándolos hacia ese cementerio de metal retorcido, algo que seguro brillará con fuerza propia cuando se implemente el multijugador online. Sin embargo las otras adiciones no son más que modificaciones a los modos del viejo juego de Criterion. El más divertido es el modo Burnout, una carrera en la que se rellena el nitro si lo gastamos todo de una vez, que vuelve a hacer su aparición bajo el nombre de “Heatwave” y esta vez nos suma velocidad final cada vez que gastamos el nitro de forma ininterrumpida. Nada nuevo bajo el sol.

Los problemas comienzan cuando hilamos un poco más fino. Sí, Dangerous Driving tiene todos los ingredientes para ser el sucesor espiritual de Burnout 3, pero lo que suena bien en papel no necesariamente se traduce al gameplay. En primer lugar vamos a notar que el juego no tiene música más allá del tema del menú de inicio. Al explorar las opciones veremos la opción para conectar Spotify Premium y elegir nuestra música favorita, sin embargo los volúmenes no se mezclan bien y por más que pongamos la música al 30% como recomienda el juego nunca sonará del todo bien: o la música tapa los efectos o viceversa. Spotify Connect es una gran idea cuando se ofrece como algo opcional, como vimos en la remasterización de Burnout Paradise, y es una gran herramienta para abaratar costos de licencias. Sin embargo hacerle pagar la música al jugador tampoco es una solución ideal, porque solo funciona si tenés una cuenta premium.

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Estos accidentes pasan porque reutilizan secciones espejadas de las pistas y no quitan los carteles de las curvas.

En segundo lugar, la presentación general parece diseñada hace 15 años. Entiendo que las fuentes genéricas y los textos superpuestos, tanto en el hud como en las pantallas de carga, pueden llegar a recordarnos a Burnout, pero si le sumamos la falta de música nos hace recordar constantemente que estamos ante un producto de bajo presupuesto. El hud durante la carrera mantiene esa línea, los cronómetros y mensajes en letras amarillas y el medidor de nitro gigantesco y grosero no ayudan a mejorar la experiencia. Es claro que el estudio no cuenta con las herramientas que Criterion y Electronic Arts podían ofrecerle y por eso el juego cuesta 30 dólares, es decir la mitad de cualquier otro título, pero estas decisiones de diseño hacen que ya de entrada las cosas nos hagan un poco de ruido.

En tercer, y último, lugar la experiencia de juego es inconsistente. Los vehículos se diferencian muy poco entre sí. Quizás alguno dobla un poco más fácil que el otro, o es simplemente más veloz, sin dudas hay un diferencia tangible a la hora de ver cuál genera o consume nitro más rápido, pero no lo suficiente como para que lleguemos a sentir que estamos tras el volante de un bólido distinto. La velocidad es vertiginosa y el ritmo de juego frenético, pero las colisiones y la física son irregulares. Así como podremos embestir a los rivales y hacer un Takedown espectacular, o salvarnos de una mala curva dejando la pintura en el guardarrail, también podemos salir volando por los aires porque pisamos una piedrita mientras usábamos el turbo. Me he encontrado haciendo un trompo o una vuelta en U simplemente tras haber tocado el borde de una banquina, y hasta frenado instantáneamente (sin animación de choque) porque el hitbox de un cartel indicador era más grande que el cartel mismo y, por algún motivo mágico, no se pueden romper.

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Los choques son espectaculares, quizás no tanto como en los últimos Burnout, pero cumplen con creces su función.

Todo esto nos deja con un juego en el que nunca nos podemos confiar, pero los por los peores motivos. El motor gráfico en sí es hermoso y cuando activamos el turbo el motion blur nos hace sentir en las nubes, pero cuando la carrera se trunca porque en lugar de chocar de frente contra el tráfico los modelos de coches se repelen y seguimos adelante la magia se esfuma. Así como jugar un Grand Prix por puntos para avanzar de categoría puede ser una experiencia adrenalínica, también se puede volver una pesadilla gracias al abusivo rubberbanding de la IA, al menos en algunos modos. Esto nos hace sentir que no importa cuán bien hayamos estado corriendo porque, si sobre el final la física decide jugarnos una mala pasada o tenemos un accidente, seguramente nos pasarán los 3 o 4 autos de la IA que venían (supuestamente) pisándonos los talones.

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El Fórmula 1 hace su regreso triunfal y es genial, pero para tener el placer hay que superar TODOS los otros eventos.

Por eso cuando las reglas de juego no son claras la diversión pasa a segundo plano. Y por más que dejemos de lado los autos voladores, los bugs de colisiones y la sensación de juego barato que destila constantemente, Dangerous Driving no termina de ofrecernos una experiencia a la altura de los tiempos que corren. La progresión atrasa 15 años y es un claro ejemplo de que Three Fields Entertainment está intentando evocar el efecto nostalgia de la peor manera. Imaginen que inician el juego, primero ven los menús arcaicos, se dan cuenta de que no tiene música y además de que TODO está bloqueado desde el vamos. No hay selección de auto ni pista, ni siquiera hay un tutorial que nos explique el porqué, solo hay que ir ganando el evento disponible para desbloquear el próximo. Y así ganaremos el derecho de jugar con otro vehículo, sólo para pasar todos los eventos y seguir al próximo. Para el momento en que desbloqueen el Fórmula 1 van a haber invertido unas 20 horas de su vida en un título que, al menos en su estado actual, no logra superar la barrera de la mediocridad. Claro que tiene buenos momentos, es accesible y si ponen una lista de Heavy Metal ochentero en Spotify todo mejora, pero es tan simplón e inestable que no pude dejar de pensar en instalar Burnout Paradise Remastered, ¿y saben qué? se juega mejor, se ve increíble y también tiene Spotify Connect.

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