Análisis | Daemon X Machina trae robots gigantes a Nintendo Switch
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Análisis | Daemon X Machina trae robots gigantes a Nintendo Switch

Nintendo quiere que nos metamos en el robot, pero Daemon X Machina no ofrece mucho más que eso

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Por: Lucas Rivarola

En un año lleno de contenido para amantes de los mechas, el estudio Marvelous y Nintendo traen Daemon X Machina, una carta de amor a los juegos de este género con una inyección de animé. Parte de esa mezcla viene de la gente involucrada: este juego es producido por Kenichiro Tsukuda, de la serie Armored Core de From Software, mientras que Yusuke Kozaki, artista de manga que trabajó en No More Heroes, Fire Emblem y Pokémon Go, se encargó de los diseños de los personajes.

La premisa de Daemon X Machina es adecuadamente extrema: en el futuro y por algún motivo, la luna (o al menos parte de ella) cayó hacia la tierra y este desastre dejó unas extrañas partículas llamadas femto que corrompió inteligencias artificiales, entrando en guerra con varios consorcios que intentan utilizar el femto para paliar la crisis. Como respuesta se creó el Oval Link, un área donde estos consorcios operan bajo la organización neutra Orbital y utilizan grupos de mercenarios para sus varios objetivos. Tu personaje, protagonista silencioso que podés crear, es uno de esos mercenarios.

O al menos, eso es lo que pude entender de la historia de Daemon X Machina; el juego tiene serios problemas para contar una historia coherente. Arrancamos jugando misiones con cero contexto y con breves conversaciones al estilo novela visual para tratar de darle sentido al juego, que no se molesta en intentar establecer su base narrativa ni se preocupa en tratar de explicar su universo más allá de hacer simples menciones sin detalles. Tanto es así que recién a las 10 horas de juego se hizo una mención casi al pasar de que existe una sociedad fuera del Oval Link, sin profundizar en tan importante información.

Nuestro personaje no tiene peso en la historia, pero por alguna razón todo el mundo lo ve como el novato al que hay que prestarle atención mientras que el resto de los mercenarios se encasillan en varios estereotipos: hay un grupo de presos a los que se les paga con reducciones de su sentencia, uno que es una familia de ricachones que se creen superiores, un grupo de gente inmortal (que el juego en ningún momento explica por qué ni cómo), un grupo de mujeres cuyos nombres son títulos de realeza como Princesa, Emperatriz o Reina, y hasta un grupo de góticos. Todos son muy animé en el buen sentido, pero el juego no hace nada con ellos y los momentos que quieren ser dramáticos, como muertes de personajes, fracasan estrepitosamente.

El juego tiene la muy mala costumbre de intentar meter su incoherente historia en medio de las batallas.

La jugabilidad también deja bastante que desear aunque no sea el completo desastre incoherente que es la narrativa. El loop del juego es bastante simple: empezamos en nuestro hangar, nos acercamos a una consola con una lista de misiones y al rato ya estamos disparando en nuestro mecha altamente customizable que el juego llama Arsenal. Podremos reemplazar las piezas de nuestro robot con partes que encontremos luego de derrotar otros Arsenals, que compremos en la tienda o que fabriquemos ofreciendo piezas que ya no usemos. Cada una tiene sus propias estadísticas que afectan a tu mecha en varias maneras. Es un un poco complicado entender qué afecta cada número, pero el mecha tiene un número general de “poder” que sirve para indicar a grandes rasgos si la pieza que querés poner es mejor. Además, podés pintar tus piezas de varios colores, ponerle stickers o usar ciertos patrones como estilo camo.

Nuestro mecha tiene una variedad de armas, ya sea de disparo o espadas, para destruir las IA corruptas. Con una en cada mano, un arma secundaria para cada brazo y un arma montada en el hombro, nuestro Arsenal vuela por los diversos escenarios atacando a estos enemigos con un sistema de fijación de objetivo que es automático. No hace falta apuntar, simplemente direccionar la cámara hacia el objetivo por unos segundos y el juego lo tendrá fijado siempre y cuando siga a la vista. Esto, junto con la movilidad del mecha, hace que los mapas en los que hay muchos pequeños enemigos sean entretenidos.

No acepto críticas de que a mi mecha le puse colores "poco originales".

Lamentablemente, el resto no está a la altura. Las misiones tienen objetivos variados, pero pocos son entretenidos. Las peores tienen como objetivo proteger estructuras o vehículos y es muy fácil fallarlas. Siempre vas acompañado de un NPC, pero la IA de los mismos es tan pobre que aportan poco y nada a la misión. Esto es todavía más frustrante cuando te enfrentás a otros mercenarios, que o pueden destrozar tus objetivos en cuestión de segundos o dan vueltas sin hacer nada, hasta que por algún motivo se quedan quietos dejándote descargar todas tus balas sin ningún tipo de resistencia.

Lo mejor que ofrece en cuanto a combate son las batallas contra los enemigos llamados Colossal Immortal, inteligencias artificiales que controlan máquinas enormes. Estos jefes recuerdan a juegos como Monster Hunter, en los que te enfrentás a bestias enormes tratando de buscar el punto débil y evadiendo ataques para los cuales tenés que estar atento. Si bien son el punto más alto del juego, pueden ser un problema si la misión decide no acompañar al Colossal con enemigos menores, ya que son la única fuente de munición en medio de una misión. Lamentablemente esto se da demasiado seguido, incluyendo el jefe final, y obliga a llevar un arma de cuerpo a cuerpo alargando las pelea más de lo que debería o sino es literalmente imposible de derrotar.

Una especie de cangrejo robot gigante, divertido de derribar.

Al menos no todo es un desastre, ya que los escenarios son muy coloridos, los efectos de explosiones y ataques muy estilizados y las cinemáticas están muy bien coreografiadas cuando buscan mostrar escenas de acción. Como si eso fuera poco, el juego está acompañado por un soundtrack impresionante, que tiene quizás las guitarras más pesadas que escuché en un videojuego desde el nuevo Doom allá por el 2016.

Así y todo, esto no alcanza para salvar a Daemon X Machina. Con una historia que roza lo incoherente y misiones que se tornan aburridas y hasta frustrantes, no hay mecha que lo levante. Me encanta el soundtrack, me encanta verlo, me encanta combatir contra robots aún más gigantes que mi mecha. Pero si todo lo demás es mediocre en el mejor de los casos, entonces no hay motivo que me convenza de meterme en el robot.

Completé la historia de Daemon X Machina en casi 18 horas, haciendo algunas misiones secundarias cuando necesitaba fondos para nuevas partes o mejores. No pude probar el online, pero con objetivos como los de esas misiones, no creo que mejore demasiado.

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