Code Vein
Análisis

Análisis | Code Vein es un mediocre mix de animé y Dark Souls

Bandai Namco nos invita a recorrer un mundo post apocalíptico en el que una enfermedad parasitaria transformó a la humanidad en vampiros, repleto de cinemáticas de anime y combates intensos que no están a la altura de su evidente fuente de inspiración.

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Por: Sebastián Cigarreta

Bandai Namco es especialista en brindarnos juegos japoneses, pero no simplemente porque hayan sido desarrollados en la tierra del sol naciente, sino porque adoptan la estética de anime mejor que nadie. Es normal que sus juegos se vean espectaculares, debido al elevado presupuesto con el que cuentan y a su dominio de las técnicas que hacen que sus productos se vean igual (e inclusive mejor) que un dibujo animado en movimiento. Shift es uno de los estudios que mejor logran esa sensación, como bien han demostrado en la saga God Eater, y a su vez saben cómo crear sistemas de progresión complejos e inmersivos. Con todo esto en mente, los trailers de Code Vein nos dejaron más que interesados, porque el estudio parecía estar dando el paso correcto de cara a mejorar el punto más débil de sus títulos: el sistema de combate.

Code Vein tiene todo lo que hizo interesante a la saga emblema de Shift, incluyendo un hermoso apartado visual, personajes bien diseñados y una historia más que llamativa. También un grandioso y completo sistema de progresión, trabajos y cientos de armas y piezas de equipamiento para darnos la libertad de pelear como se nos dé la gana. Y a la hora del combate se decantó por transitar el camino recorrido por Hidetaka Miyazaki, tomando una cantidad suficiente de elementos como para mejorar la experiencia del jugador aunque evitando algunos de los puntos más importantes. El resultado nos dejará con un sabor agridulce, porque sin duda es el mejor trabajo del equipo, pero cuando bajamos la guardia para disfrutarlo siempre nos llegará algo que nos recuerde que nos más que una sombra de lo que promete.

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Jugar con un amigo es la mejor forma de disfrutarlo, aunque la IA no parece poder mantener el desafío y se rompe

La historia es profunda y está llena de recovecos que deberemos llenar en forma de recuerdos. Se desenvuelve de forma irregular y descansa principalmente en una serie de cinemáticas hermosas, aunque también en clips del pasado que nuestro protagonista podrá ver gracias a su particular código sanguíneo. Así es como mezclamos progresión de mecánicas y narrativa, a medida que encontramos más partes de un trabajo iremos ganando habilidades y aprendiendo un poco más del trasfondo de los personajes que nos acompañan en la aventura. Todo sirve, ya sea para la inmersión, el combate o para conseguir el favor de ellos con el obsequio adecuado, que a su vez repercutirá en mejores recompensas. 

Los diálogos son entretenidos y se nota que han puesto una gran atención en el argumento, pero las interrupciones son tan frecuentes que resulta muy tentador saltearlas. El problema es que Code Vein depende mucho de la narrativa, ya que sin ella se siente como una serie de niveles inconexos recorridos por un puñado de personajes excéntricos. Entonces nos hallaremos en la difícil decisión de tolerar la lluvia de cinemáticas en pos de una experiencia coherente o ceder ante la prisa por pelear y arriesgar el disfrute general de la obra. Esto sucede mucho en las primeras 10 horas de juego, en las que nos bombardean con información, trasfondo y cinemáticas mientras lo que más queremos hacer es ponernos a jugar. 

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Los compañeros de la IA no brillan por su eficacia, pero tienen un trasfondo rico, interesante y bien construido 

El sistema de combate es un gigantesco paso adelante en cuanto a los juegos anteriores de Shift. Esta vez ya contamos con un sistema de lock-on intercambiable para fijar la cámara en un enemigo y dedicarnos a esquivar tranquilos. Las armas están divididas por clases que definen su velocidad de reacción, cantidad y tipo de daño, como también su injerencia en la defensa. Code Vein nos propone probar nuevas combinaciones de trabajos y habilidades, cambiarlas para adaptarnos a cada situación y tener varias listas para hacer un cambio rápido. Ese es el mejor aspecto de la propuesta en cuanto a versatilidad, tomaron como ejemplo el sistema de trabajos de Final Fantasy V y lo agilizaron para que podamos aprender habilidades de cada uno y podamos crear algo propio. 

Las posibilidades son muchas y la cantidad puede llegar a resultar abrumadora. En todo momento vamos a ir consiguiendo nuevos fragmentos que habilitarán recuerdos y a su vez nuevas habilidades que aprender, encontraremos nuevas armas que mejorar o modificar y nos la pasaremos en el menú principal ajustando detalles. El sistema de combate está pensado para los amantes de las micro gestiones y en apariencia es un soulslike puro y duro, pero en la práctica no resulta balanceado ni intuitivo. Esto significa que si no nos tomamos el tiempo para aprender y probar las combinaciones seguro tengamos más de un dolor de cabeza ante uno de los jefes. Esta sensación de fragilidad se da especialmente al comenzar la aventura, ya que a medida que conseguimos mejor equipamiento y subimos de nivel la dificultad en general baja drástica y artificialmente.

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El motor de juego hace maravillas y está perfectamente optimizado inclusive en las ediciones básicas de las consolas

La dificultad es un tema sensible para Code Vein, porque es uno de los puntos en los que falla estrepitosamente al intentar emular a la saga souls. Evidentemente está diseñado para ser jugado acompañado por un personaje controlado por la IA, que siempre estará con nosotros salvo que decidamos desactivarlo, y tiene un comportamiento errático. Así como puede arrasar a su paso, e ir limpiando la pantalla de enemigos aún cuando nosotros no estemos jugando demasiado bien, también puede ir a suicidarse tirándose al vacío o enfrentando a ciegas a un jefe cuando está anunciando su ataque más poderoso. En incontables ocasiones un excelente combate contra un jefe ha quedado frustrado por la IA, lo que nos lleva a querer desactivarla, pero tampoco es una solución ya que nos priva de una parte  importante de la experiencia. 

Otro de los problemas más importantes es la sensación de injusticia, con la que nos toparemos con demasiada frecuencia. Ésta viene de la mano de la dificultad artificial del juego de Shift, que incluye enemigos que hacen demasiado daño o tienen muchísimos puntos de vida, pero especialmente se nota en los patrones de ataque que spamean golpes como si no estuvieran atados a una barra de resistencia como nosotros. Los jefes también sufren de estos síntomas, pero con la dificultad agregada de poder matarnos en uno o dos golpes si están en modo focus. A medida que un jefe recibe daño se activa una importante bonificación al daño y a la resistencia, hay una marcada mejora cuando le quitamos la mitad de la vida y en el último cuarto el incremento es crítico. Esto lleva a batallas que comienzan bien, en las que parece que vamos agarrando el ritmo y se vuelven más complicadas, para terminar trágicamente cuando al jefe le falta muy poca vida justamente porque nos mata de un golpe que antes no quitaba esa cantidad de vida. También es el momento ideal para que nuestro compañero de la IA salte de cabeza contra la lanza del jefe, algo lamentablemente frecuente.

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El diseño estético de los jefes también es espectacular, aunque los patrones de ataque no están a la altura del mismo

Al no tener escudo uno tiende a esquivar, porque el movimiento es muy vistoso y (cuando funciona bien) realmente útil. Sin embargo los necesarios cuadros de invulnerabilidad no son confiables, tampoco las colisiones entre los hitboxes y hurtboxes de los enemigos, armas y el propio. Entonces no sabremos si en realidad llegamos a esquivar bien, o nos equivocamos en el timing o simplemente el juego decidió que el golpe conectó a pesar de todo. Cubrirse es una opción, por supuesto, conlleva menos riesgos salvo que nos topemos con un golpe imposible de bloquear. Por último existe la posibilidad de parriar los ataques, dejando al enemigo abierto para un contraataque, pero son muy poco confiables por las mismas razones que a veces los golpes nos impactan aún cuando esquivamos a tiempo. Esto no cambia a medida que avanzamos, sino que importará cada vez menos porque somos más fuertes y podemos aguantar más castigo corporal. 

Jugar Code Vein en cooperativo con un amigo lo hace más divertido, pero también infinitamente más fácil. El personaje de la IA sigue arrasando, solo que ahora hay dos jugadores rompiendo la frágil inteligencia artificial de los enemigos, desde el más básico hasta los jefes, todos son vulnerables y como su dificultad principal radica en la cantidad de daño que pueden hacer y puntos de vida que tienen, no hay mucho que puedan hacer para contrarrestar un ataque combinado. Sin embargo, y a riesgo de romper un poco la experiencia, termina siendo una buena forma de disfrutar el juego. Ya que borra la frustración de la ecuación y nos permite relajarnos mientras disfrutamos del combate, entonces más parecido a un hack n slash complejo que a un soulslike. 



La impresión final es buena, pero decepcionante. Code Vein es un paso adelante para el estudio y un juego de acción disfrutable, complejo y entretenido, pero que termina desperdiciando su potencial al querer hacer todo a la vez. La mezcla de una historia compleja, con elementos de RPG y que intenta que generemos vínculos con los protagonistas, contrasta fuertemente con el sistema de combate dedicado a la acción, que a su vez choca con las constantes interrupciones que la microgestión requiere. El ritmo de juego se ve afectado por la historia y genera impaciencia, los jefes no se sienten como un gran desafío sino como una trampa que superar, y al ganarles la sensación es de alivio y suerte, no de superación. También recae en el cliché de sobresexualizar a todos los personajes femeninos, que andarán por el juego en paños menores, haciendo poses sugerentes y generando intercambios propios de una fantasía adolescente super hormonal. Así y todo es un juego con el potencial de mejorar en futuros parches y que los amantes del género podrán apreciar.

Ficha Code Vein

Pasé 11 días jugando Code Vein, probando builds de todo tipo, mezclando armas y equipamiento, mejorando habilidades e intentando explotar al máximo el genial sistema de progresión. Logré adaptarme a sus falencias y hasta complementarlas a fuerza de pequeños trucos que aprendí con una década de soulslike en mi haber, sin embargo la sensación final es de potencial desperdiciado. Me dió verguenza ajena el rol de los personajes femeninos en el juego, super sexualizados y representando los peores clichés de la industria.

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