Análisis

Análisis | Blasphemous es una espectacular pesadilla pixelada

Un cóctel oscurísimo e imperdible de catolicismo, metroidvania y logros estéticos

Avatar de Florencia Orsetti

Por: Florencia Orsetti

A esta altura es fácil estar aburrido de los Metroidvania y los Souls-like, que abundan como la mugre, pero poco importa el asunto cuando pensamos en Blasphemous, título español que no puede ser definido de otra manera sino como SoulsVania. Por muy trillado que pueda sonar, el juego se despega de cualquier noción de genérico y termina siendo uno de los indies destacados del año.

En Blasphemous tomamos el papel de El Penitente, un guerrero religioso que se embarca en una cruzada de venganza y expiación rebalsada en el imaginario cristiano más oscuro. Desarrollado por The Game Kitchen, a quienes conocemos por la brillante aventura The Last Door, el juego es una aventura de acción 2D con un claro diseño Metroidvania, no lineal y laberíntico; y algunos elementos RPG y narrativos que nos remiten a Dark Souls.

Pocos botones, pero formas inteligentes de combinarlos hacen del sistema de combate un todo muy aprendible

Sí, Blasphemous es derivativo. Muchas de sus mecánicas ya las vimos, pero no son sus partes sino la suma de ellas lo que hacen de él un videojuego único. Es una propuesta con mucha personalidad que nos atrapa por completo en los primeros compases.

También se siente especialmente fresco a nivel estético, por inspirarse en el imaginario sevillano. El juego respira Inquisición y Cruzadas por todos lados, una época histórica que pocos videojuegos exploran.  Esto hace que sea muy difícil que no nos sintamos seducidos ni bien comenzamos a jugarlo. La premisa es ambiciosa: un pixel-art que quita el aliento, un mundo lúgubre y miserable que parece salido de una pintura de Goya, y enemigos propios del infierno más cristiano.

Blasphemous es un juego de mundo abierto en el que se nos da una gran libertad para explorar los escenarios. Nuestra fiel amiga es Mea Culpa, la espada de Penitente y la única arma del juego, que puede sonar a poco, pero tenemos habilidades desbloqueables y bastantes ítems para personalizarla.

Lo variados que son los escenarios. Impensado.

Nos enfrentamos a una cantidad de enemigos de lo más variada y jefes que van a costarnos sudor y lágrimas. El desafío de los distintos mundos que componen Cvstodia, el universo donde se ambienta el juego, no solo se centra en los enemigos, también es de reflejos por sus secuencias de plataformas y de ingenio por los puzles.

En líneas generales, ir ‘desbloqueando’ el mundo de Blasphemous es muy satisfactorio, sobre todo cuando encontramos un pasaje secreto o nos damos cuenta de que acabamos de conectar varios mapas con solo jalar una palanca. No todo es color de rosas porque, como muchos Metroidvania, comete el pecado de abusar del backtracking. Y es que a la mitad de la aventura nos vamos a encontrar yendo y viniendo a las mismas locaciones más veces de las que nos gustaría.

Con todo lo dicho, el diseño de niveles es estupendo, y solo podemos quejarnos de lo injustas que pueden ser todas las secuencias que incluyen plataformas y pinchos. El concepto de difícil va muy de la mano con los dos géneros que quiere hermanar el juego, pero no deja de ser frustrante morirse en el mismo pozo una y otra vez.

El trasfondo es tan único que hasta se permite coquetear con el horror cósmico

Un diseño plataformero tan hostil no va de la mano con el sistema de puntos de control del juego, sacado de Dark Souls. Cada vez que morimos, revivimos en hogueras que previamente activamos, donde podemos recargar frascos de salud y se nos recarga la barra de vitalidad. Estas hogueras están bastante lejos las unas de las otras y eso nos incentiva a ser cada vez mejores en el combate. De hecho, todas las mecánicas relacionadas a ello, sean de la espada o de magia, son muy intuitivas y fácilmente mastereables. El problema es el diseño de saltos milimétrico y los bugs que pueden hacernos caer a un pozo.

Se vuelve frustrante tener que volver a recorrer todo un nivel porque nos caímos sin querer, por culpa de que Penitente se aferró a un borde al que no queríamos trepar. Blasphemous muchas veces es injusto como plataformas 2D, y esto choca especialmente con la faceta de acción, tan pulida y divertida. Por suerte, secuencias puramente plataformeras hay pocas, pero las que hay, se sufren.

Ahondando en los elementos roleros, el título tiene un sistema de progresión más complejo de lo que parece a primera instancia. Blasphemous siempre nos premia por explorar y, de hecho, llega un punto en el que no podremos progresar si no nos preocupamos por encontrar las diversas mejoras para Penintente que están escondidas por los niveles. Recogemos cuentas de rosario que son mejoras permanentes que podemos equipar; Plegarias que son magias que podemos equipar y lanzar consumiendo nuestra barra de energía (acá llamada Vigor); también tenemos un árbol de habilidades donde gastar experiencia, que obtenemos matando enemigos, y mejorar a Penitente.

Hasta agarrar un item puede verse majestuoso en este juego

Hay toda una mecánica llamada Culpa que consiste en penalizarnos reduciendo temporalmente la barra de energía cada vez que morimos. Recuperamos Culpa volviendo a recoger nuestro cadáver o en Confesionarios donde pagamos con experiencia nuestro perdón. Además, hay tiendas donde comprar objetos. Lo atrapante de Blasphemous es que hay mucho para ver, mucho para tener en cuenta y ningún ítem o mecánica está puesto ahí en vano. Siempre seremos recompensados por ser curiosos y a medida que vamos ganando habilidades o ítems, el sistema de personalización para Penitente se vuelve más complejo.

Hay poco más que criticarle a Blasphemous. Uno de los peros es el diseño de algunos jefes particulares. En concepto, todos son pesadillescos y memorables, no se van a ir de nuestra mente en mucho tiempo. Pero en cuanto a mecánicas, algunos no destacan y son triviales por proponer un desafío muy igual a algún otro.

Algunos, muy pocos, jefes son un lindo meh

Sin embargo, la experiencia general es atrapante. Lo narrativo da en el clavo porque construye una mitología única, que nos seduce con un trasfondo espiritual que usa el cristianismo como algo más que una excusa estética. Perdón, culpa, pecado son conceptos que explora de una manera más profunda de la que esperaríamos.

Y no se puede cerrar este análisis sin desvivirnos por su apartado audiovisual. En lo que respecta a gráficos, la paleta de colores es muy personal y el diseño pixel-art es único, lo que nos hace sentir que estamos experimentando una pintura barroca hecha videojuego. La banda sonora, por su parte, sorprende con un mix que va entre música solemne, cantos gregorianos y heavy metal que construye una atmósfera lúgubre y canchera por igual.

El ejemplo perfecto de cuánto amor y detalle le podés poner al pixel art

Han salido Metroidvanias más pulidos y divertidos en los últimos años, pero Blasphemous se siente tan único por muchas otras cuestiones que es imposible no recomendarlo. Para amantes del género, es un obligado. Su logro más llamativo, además de su mitología y su presentación visual, es el de resignificar los conceptos de agonía y dolor. Como le pasa a Penitente, nosotros también vamos a sufrir con Blasphemous. A veces muchísimo. Pero después de la flagelación siempre llega la recompensa, es decir, una nueva área, un nuevo jefe, un NPC enigmático o un nuevo mecanismo sorprendente, que conecta un mundo con otro, y que nos invita a no soltar el control.

Jugué Blasphemous en Switch, casi siempre en modo docked porque quería admirar cada uno de sus pixeles en una TV. Las 20 horas que pasé con él fueron hermosas. Tiene pifias, pero también muchos momentos que me remontaron a lo mejor de los dos géneros que componen el SoulsVania que ofrece. No lo puedo soltar, quedan finales y secretos por conocer.

En esta nota
  • Blasphemous

Comentarios