Análisis | Attack on Titan 2: Final Battle suma la tercera temporada
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Análisis | Attack on Titan 2: Final Battle suma la tercera temporada

Ya no hacen juegos de anime como éste, y por una buena razón

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Por: Lucas Rivarola

Hace unos cinco años, el anime Attack on Titan parecía que estaba en todos lados. Esta inmensa popularidad, sin embargo, no se tradujo tanto a los videojuegos, habiendo sólo unos pocos de ellos. La tercera y más reciente temporada de la serie acaba de terminar hace solamente unos días y con ella Attack on Titan volvió de nuevo a ser tema de conversación. Casi inmediatamente después de dicho final, la gente del estudio desarrollador Omega Force y los distribuidores Koei Tecmo lanzaron Attack on Titan 2: Final Battle para que los videojuegos se pongan al día con el anime.

Este juego no es técnicamente un nuevo juego tanto como es una expansión de un juego viejo: Final Battle se vende tanto como DLC para Attack on Titan 2, lanzado el año pasado, así como paquete completo que incluye el juego base. La lógica detrás de esto es simple: Attack on Titan 2 cubre las primeras dos temporadas de la serie, mientras que Final Battle añade una adaptación de esta tercera temporada que acaba de terminar.

Gracias a esto, el juego cuenta con dos modos historia diferentes: por un lado, para adaptar las dos primeras temporadas, el juego nos permite crear nuestro propio personaje que aparentemente siempre estuvo presente en absolutamente todas las escenas claves de la historia. Nuestro personaje es un protagonista silencioso, por lo que no aporta absolutamente nada a la narrativa. Por más que haya estado ahí desde el principio de la serie e incluso todos los protagonistas del anime le traten como una amistad más, cumple solamente el rol de observar las escenas desde un costado.

Este personaje que creemos participará en las batallas claves del anime e irá subiendo de nivel con la experiencia que gane en ellas. Diferentes misiones ofrecen la posibilidad de contar con diferentes personajes del anime como compañeros de las mismas y mientras más juguemos con ellos en el equipo, más aumentará el nivel de amistad con ese personaje. Fuera de las misiones, podremos tener conversaciones con los personajes del anime para aumentar dicho nivel todavía más y con cada nivel que se suba tendremos la posibilidad de compartir una escena especial y de aprender una habilidad para equiparle a nuestro personaje.

Una conversación típica para subir la amistad con un personaje, que también muestra la calidad de los textos al español

Este sistema de amistad es la única manera de subir las estadísticas de nuestro personaje. Si bien podemos mejorar el equipamiento con materiales que se consiguen en las misiones, todos los demás parámetros dependen exclusivamente de las habilidades que consigamos al hacernos amigos de los personajes del anime. Subir de nivel con nuestro personaje solamente nos permite equiparnos más habilidades. Es por esto, sumado a que las conversaciones y escenas con personajes del anime no son interesantes porque nuestro personaje es un ente sin personalidad, que todo el sistema de progresión de nuestro personaje termina sintiéndose como un estorbo a la hora de avanzar con la historia de las primeras dos temporadas.

Para adaptar la tercera temporada, Final Battle añade un modo diferente llamado Episodio de personaje. Como su nombre lo indica, en este modo controlamos diferentes personajes a través de la historia de la nueva temporada, dejando en el otro modo a nuestro personaje propio. Si bien este modo está más enfocado a ser una adaptación propia del anime que el otro modo, ambos tienen el mismo problema: terminan siendo extremadamente resumidos.

En ninguno de los dos modos se siente que los personajes se desarrollan y la historia en general tiene un aire de resumen de estudiante de secundario, mencionando hecho tras hecho sin ningún peso emocional. Por si esto fuera poco, esta falta de detalle acentúa todavía más algunos de los aspectos más problemáticos de la historia, como el fetiche militar o el tono nacionalista y casi fascista que tiene.

¡Amenazá a quienes descansen sin permiso con delatarlos para ser el mejor soldado!

Por suerte, jugar las batallas es más entretenido que la historia en sí. Las misiones que tengamos nos proponen cumplir con variados tipos de objetivos, algunos más interesantes que otros. Para esto contamos con los icónicos mecanismos de movimiento que nos permiten desplazarnos por los mapas con una agilidad que si bien no alcanza la precisión de juegos como Spider-man, no deja de ser entretenido.

Es esta opción de movilidad también la clave del combate. Una vez que elegimos una parte del cuerpo del Titán que queremos atacar, podemos maniobrar el ángulo y la velocidad con la que nos acercamos, pudiendo eliminarlo de un solo golpe si maniobramos bien. Por más que las peleas con los Titanes se vuelvan repetitivas, el maniobrar hacen que al menos no sean aburridas, aunque lamentablemente el minimapa que nos muestra nuestro objetivo es pésimo para transmitir información.

La única indicación del objetivo: esa minúscula calavera en el minimapa

Los problemas del minimapa se vuelven más tediosos todavía cuando las misiones secundarias entran en juego. Durante las misiones principales aparecen señales de humo de personajes que necesitan nuestra ayuda para alguna tarea que siempre se reduce a eliminar más titanes. El problema es que por más que haya varios Titanes en el área de la misión secundaria, el juego busca que eliminemos Titanes específicos que entre todo el caos del juego son a veces difíciles de discernir.

Y es que Attack on Titan es un juego muy caótico. Los personajes hablan prácticamente a los gritos, y aprovechan las misiones principales para intentar avanzar la historia de una manera demasiado tosca. Uno puede estar en medio de una batalla contra varios Titanes, mientras el juego introduce personajes completamente nuevos sin demasiado contexto mediante diálogos que uno tiene que leer subtitulados al mismo tiempo que calcula el ángulo para atacar a un Titán. Esto hace parecer que el modo historia no está bien pensado para el estilo de juego que se eligió.

Final Battle también cuenta con otros modos que ofrecen más batallas fuera de la historia principal. En el modo Recuperación de territorio podemos crear y administrar nuestro propio regimiento para jugar misiones con el objetivo de reclamar territorio perdido a mano de los Titanes. Por su parte, el modo literalmente llamado Otro modo nos permite controlar a cualquier personaje del anime en misiones que podemos también jugar online si así lo preferimos. Estos modos no son la gran cosa pero sí suman un plus para aquellos que se queden con ganas de más luego de terminar la historia.

Esta clase de redacción es moneda corriente en todos los objetivos del juego

Por si los nombres de los modos no lo dejan en claro, la traducción al español del juego deja muchísimo que desear. No importa qué género sea el personaje que creemos en el modo historia, el juego siempre usa pronombres masculinos. Esto ocurre también con personajes del anime y no solamente con pronombres sino también con mezclar singular y plural sin discreción en ciertas pantallas como lo es la descripción de objetivos. Si bien el diálogo se entiende, errores como estos pasan tan seguidos que quitan cualquier inmersión que uno pueda sentir.

Estos detalles de traducción, sumado a animaciones que fuera de la batalla se ven muy duras, una historia mal contada, una interfaz que no es tan buena como debería para transmitir información y objetivos que hacen que el divertido sistema de batalla pueda tornarse tedioso, recuerdan más a juegos de anime de la época de Playstation 2. Attack on Titan 2: Final Battle es de esos juegos que sólo se le puede recomendar a los fans de la serie y que así y todo, por más que tengan sus buenos momentos, no alcanza a ser un complemento lo suficientemente interesante para la misma. Tendrá algunas buenas ideas y las batallas son divertidas por momentos, pero no por nada los juegos más recientes basados en anime deciden contar historias originales. Attack on Titan, por alguna razón, tomó la decisión de ir contra la corriente.

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