Análisis | A Plague Tale: Innocence (PC, PS4, XONE)
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Análisis | A Plague Tale: Innocence (PC, PS4, XONE)

Los hermanos de Rune contra el mundo: Asobo Studio nos trae una fenomenal aventura que es a su vez, una de las grandes sorpresas de este 2019.

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Por: Jeremias Curci

La idea de los hermanos unidos ante la adversidad puede sonar un tanto trillada, pero siempre resulta efectiva, en especial cuando los personajes planteados en el relato resultan tan humanos y con tantas tonalidades. Porque esa es la premisa de A Plague Tale: Innocence; nos pone en la piel de los hermanos Amicia y Hugo de Rune, quienes deberán plantar cara no sólo a una invasión de ratas implacables, la Peste Negra y a la inefable Inquisición inglesa que los persigue, sino también tendrán que sortear los escollos de una relación sanguínea que en principio no dice nada pero que al final termina siendo todo.

Ahí reside el componente principal y más importante del título: la relación de los hermanos. El acto inicial levanta su telón pintando el fresco de una relajada vida en el marco de la nobleza: Amicia, de 15 años, yendo a cazar con su padre, mientras que la madre cuida de su hermano menor, Hugo -de 5 años- en la casa en la campiña. Inmediatamente percibimos que algo no está bien. Por un lado, es evidente que desde su nacimiento, Amicia sólo vio un par de veces a Hugo; por el otro, es claro que hay un mal que lo asola y su madre es quien está buscando una cura. Hay algo más: en medio de la cacería el sabueso fiel de la familia es engullido por una misteriosa bestia que extiende sus extremidades desde un agujero. Hay un mal que sale desde la misma tierra que amenaza con comérselo todo.

Pero todo termina de resquebrajarse al regresar a la campiña. A Plague Tale: Innocence está ambientado en la Francia del siglo XIV, en plena Guerra de los Cien Años. Y justamente las tropas inglesas son las que invaden el enclave, más precisamente el ala relacionada a la Inquisición. Un oscuro caballero clama por Hugo: lo busca con una vehemencia tal que empiezan a liquidar sistemáticamente a todos los peones, súbditos y finalmente a la familia de Amicia y Hugo. Ellos -siendo prácticamente dos desconocidos- deberán emprender un viaje forzoso que los llevará por mil y una situaciones tanto o más impresionantes y de suma tensión como las que vivimos en el primer episodio de la aventura.

La relación de Amicia y Hugo es la estrella del juego. No sólo porque sus líneas están brillantemente escritas, sino también por su actuación, que le ponen vida a una relación que va creciendo a medida que pasan las horas de juego. Es remarcable el grado de humanidad que despliegan estos dos personajes: dos huérfanos envueltos en uno de los sucesos más cruentos de la historia que, en el medio de las pilas de cuerpos regados en medio del campo de batalla -una de las escenas más impactantes del título- se permiten incluso fugarse de la realidad, estableciendo juegos imaginarios fugaces, con sus propias reglas.

Hay un crecimiento -y por qué no, endurecimiento- en ellos, principalmente porque lo que les sucede no les es ajeno. Horas atrás eran niños en un entorno de contención absoluta, para luego convertirse de momento a otro en dos huérfanos de guerra más. La primera muerte a manos de Amicia es un momento alucinante: se siente el impacto que genera en ella, quien trata de excusarse con toda su humanidad ante quien amenazaba la vida de su pequeño hermano. Incluso la primera pelea contra un jefe: alguien que perdió a sus hijos a causa de la peste, y al saberse derrotado, nos suplica que lo ayudemos a encontrarse con su familia.

Así es como se ve A Plague Tale: Innocence. Crudeza absoluta y mucho clima.

Amicia queda a cargo de su pequeño hermano y la misión principal en el periplo es no sólo entender la relación entre “la enfermedad” que asola a Hugo y  su relación con el mal emergente desde la tierra misma, sino también encontrar la cura. Para esto, el juego nos presenta un total de 17 capítulos que tomarán no menos de ocho o diez horas para completarse. Hay quienes comparan esta obra con Brothers: A Tale of Two Sons, y aunque por momentos, algo de eso hay, lo cierto es que estamos ante un juego por completo distinto. Encontraremos, sí, algún que otro puzzle en los entornos pero definitivamente estamos ante un juego que prima el sigilo por sobre todas las cosas.

Atravesar cada uno de los niveles implica que siempre estaremos siendo asediados por miembros de la armada inglesa y la inquisición y por lo tanto, tenemos que emplear toda nuestra sapiencia en abrirnos paso con astucia entre las líneas enemigas. Contamos con una honda que podemos usar, al principio, para arrojar rocas y generar una distracción o bien usarla para defensa personal. Este artilugio tomará protagonismo con el correr de las horas, cuando vayamos aprendiendo a fabricar todo tipo de municiones: algunas ácidas para corroer el casco de los guardias -y así poder aplicarles un letal piedrazo en la nuca-, otras que nos permitirán prender fuego en puntos específicos. Lo cual resulta útil para afrontar una de las más grandes e imponentes amenazas que tiene el juego: las ratas.

En los primeros actos entendemos que parte del mal que está despertando trajo consigo una plaga de ratas rabiosas, que inundan a borbotones cada uno de los escenarios. Calcular mal un movimiento implica que un enjambre de ellas nos envolverá cual torbellino, desprendiendo a mordiscones la carne de nuestros cuerpos hasta dejarnos hechos un puñado de huesos. Ahí es donde el fuego hace su trabajo: debemos valernos de antorchas, fogatas y hasta cuerpos incinerados para poder generar un camino seguro a nuestro destino. Es tal la estupenda recreación que hacen con estos bicharracos que su simple presencia es espeluznante, logrando así generar tensión y pavor por partes iguales.

Las ratas son una amenaza constante que debemos combatir con el fuego.

Nada de esto sería efectivo si no fuese por dos factores fundamentales. Por un lado, A Plague Tale: Innocence cuenta con un nivel de producción digno de los más grandes estudios. Técnicamente es una belleza, con escenarios que se sienten naturales, plagados de detalle, y que constituyen en sí mismos una recreación de época digna de los más excelsos “Assassin’s Creeds”. Siempre nos sentimos dentro de su sombrío universo porque todo luce verosímil: llama particularmente la atención la acertadísima escala que tienen las edificaciones y la disposición de los elementos con respecto a los personajes, algo que pocos juegos logran plasmar con eficacia.

Por el otro lado, es imposible dejar de lado el trabajo sonoro que tiene el juego. Ya hablamos de las actuaciones de voz: tanto para los protagonistas como también para los distintos aliados que iremos conociendo en el camino, todos entregan una performance humana y creíble. Pero la música tiene lo suyo también: una mezcla de cellos bien profundos y sombríos, violines y notas de guitarra que musicalizan a la perfección tanto los momentos emotivos como aquellos en los que el juego transmite la absoluta insania; la sordidez. Es tal vez, la obra más excelsa de Olivier Deriviere, quien ya tiene una sobrada experiencia en la industria, con trabajos que van desde Remember Me, Assassin’s Creed: Black Flag, hasta Vampyr, de Dontnod.

La recreación de Asobo Studio en A Plague Tale: Innocence no tiene nada que envidiar a los gigantes de la industria.

A Plague Tale: Innocence no es perfecto bajo ningún punto de vista:  los enemigos suelen repetirse y su faceta lineal puede generar cierta incomodidad, especialmente si consideramos que la inteligencia artificial hace poco y nada por salir del bucle de “escucho un ruido-voy a ver-regreso a mi puesto-era mi imaginación”. Un poco más de astucia por parte de los guardias no hubiera venido mal, aunque me gusta mucho pensar que el retrato como hombres de pocos recursos y bastante torpes es más bien una decisión artística. No sé si algún día podré descubrir la verdad respecto a eso. Por otro lado, los últimos niveles pierden un poco el ritmo, en especial cuando el juego se encapricha en ponernos enfrente determinados puzzles que abusan de la idea de la prueba y el error.

Pero son pequeñas manchas que no logran empañar lo que constituye una de las experiencias “de un jugador” más gratificantes de los últimos meses, y me arriesgaría a decir, de los últimos años. De hecho, lo tomo como una celebración de la idea de los juegos single player. Lo bueno de A Plague Tale: Innocence es que no se queda conforme con simplemente, “tener corazón”, sino que lo acompaña con una realización hecha con muchísima cabeza y cuidado; con ideas frescas y con una atención por el detalle que solíamos emparentar a grandes estudios, hoy en decadencia. Se trata de un viaje de descubrimiento, tan oscuro y sombrío como maravilloso, con una emotiva y solvente historia que contar, cosa que logra con creces. Una de las grandes sorpresas del año, que es imposible no recomendar.

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