Análisis

ANÁLISIS: Westworld S02E07: Les Écorchés (Spoilers)

Tantas respuestas como violencia.
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Por: Jessica Blady

No nos podemos quejar, el séptimo episodio de esta temporada de “Westworld” nos dejó unas cuantas respuestas (aunque no todas) y un montón de cadáveres por el camino. “Les Écorchés” –literalmente, “pintura o escultura de una figura humana con la piel eliminada para mostrar la musculatura”- es, hasta ahora, uno de los capítulos más violentos y emocionales del show creado por Lisa Joy y Jonathan Nolan, de esos que nos demuestran quien es más humano en esta “lucha” entre anfitriones y amos.

Nicole Kassell (“The Americans”, “The Killing”) se despacha con su primera incursión en el drama de HBO y empieza a unir esas dos líneas temporales (separadas por un par de semanas de diferencia), entre los desmadres de la gala de Ford y la llegada de QA con Karl Strand (Gustaf Skarsgård) a la cabeza.

En el presente, seguimos con un Bernard bastante confundido tras haber confesado la “muerte” de todos esos host en el primer episodio, y un Strand en busca de respuestas y de la unidad de control que se esconde en el cuerpo de Peter Abernathy, la pieza más importante para Delos, incluso más que salvar a los visitantes, a los empleados o poner las cosas en orden.

Para Strand y Hale, Stubbs parece ser el sospechoso más viable tras el ataque de Dolores a Mesa Hub, pero los muertitos del armario de Bernard (y Ford) empiezan a emerger cundo descubren el laboratorio secreto donde fue realmente asesinada Theresa Cullen, y donde el buen doctor Robert tenía almacenados los esqueletos inservibles de su anfitrión (y amigo) más leal. La verdad sale a la luz y Lowe –ese host escondido entre humanos- se convierte en el nuevo sujeto de interés (y tortura) para los representantes de Delos.

Bernard (Jeffrey Wright) es uno de los personajes más interesantes de esta segunda entrega. Nunca supimos muy bien de qué lado está debido a su doble naturaleza, pero más que nada a la “sensibilidad” que heredó de Arnold, la cual Ford se encargó de recrear lo mejor posible. ¿Cómo? Su paso por la Cuna –The Cradle-, el espacio físico y virtual donde se almacenan (bah, se backupean) todas las narrativas de los anfitriones aclaró bastante este panorama y ese pequeño incidente con los host flotando en el lago.

Digamos las cosas como son: la conciencia de Ford se perpetuó después de su muerte física debido a que Lowe (bajo su mando) logró rescatar su unidad de control (aquella bolita roja del bunker, ¿se acuerdan?) y meterla en la Cuna antes del inicio del caos, un poco anticipando las acciones de Dolores. Sabemos que las verdaderas intenciones de Delos y del parque no son el mero entretenimiento, sino buscar la “inmortalidad” para estos ricos y poderosos, aunque todavía no lograron que funcione correctamente. Pregúntenle al mismísimo James Delos.

El pobre Bernard se sigue desayunando con estas revelaciones y el hecho de que él también (al igual que los visitantes) se convirtió en un sujeto de prueba, una variable que fue tesateada y moldeada hasta convertirse en la copia más fiel de Weber con la ayuda de Dolores, la host que más tiempo pasó a su lado. Pero su propia naturaleza “pasiva” lo convierte en un blanco bastante fácil y Ford decide tomar el “control” dejando de lado ese libre albedrío que tanto persiguen están inteligencias artificiales.

Y así, las discusiones más filosóficas del show vuelven a encenderse, siempre bajo el verborrágico semblante del personaje de Anthony Hopkins, acá, obligándose a parar nuevamente en el lugar del “villano” para equilibrar la balanza y poder cumplir los sueños de “libertad” de su socio. En su momento, Bernard tuvo que acabar con la vida de Theresa para esconder los secretos de su “amo”. Ahora vuelve a matar en su nombre y logra desactivar los sistemas de seguridad (que se reavivaron cuando abandonó la Cuna) para darle el control total a Dolores.   

Claro que todavía nos falta llenar algunos agujeros, pero todo (aparentemente) confluye en un solo lugar: el Valle más Allá, ahí donde se dirige dolores con la unidad de control de Hale, donde se esconde el “arma secreta”, donde todos los anfitriones sienten una conexión y donde, suponemos, se va a ir todo a la mier…

“Les Écorchés” dejó varias bajas por el camino, sobre todo tras el ataque de Dolores y su horda a Mesa Hub. Todos parecen tener su propósito en esta guerra, y mientras la chica corre a rescatar a papá Peter, le tenemos que decir adiós a Clementine y a Angela, quien se sacrifica para volar en pedacitos la Cuna, liberando completamente a los anfitriones de sus “cadenas” (léase, narrativas impuestas).

Veníamos renegando un poco de la nueva actitud de la hija del ranchero, sobre todo tras la conversión de Teddy, pero esos momentos de enfrentamiento con Charlotte y la despedida de su padre, nos recuerdan por qué abogamos por los robots en esta historia, en vez de por los seres que respiran. No es que justifiquemos la violencia de unos por sobre la de los otros, pero no podemos olvidar que a los ojos de los host, su sufrimiento y experiencias son mucho más reales que la simple programación impuesta por los humanos.

De ahí que Dolores entienda perfectamente que su papá no es más que una herramienta de control (al igual que la hija de Maeve), pero no pueda evitar involucrar sus sentimientos y experiencias compartidas a lo largo de los años. Podemos discutir largo y tendido sobre este punto -cuánto pesan las narrativas sobre la realidad y el libre albedrío-, pero ya lo dijo Millay en relación a su retoño, para ella los recuerdos son reales y eso es lo único que importa.

Hablando de Maeve, el final de “Les Écorchés” no parece muy alentador. Su hija quedó en manos de Akecheta y la Ghost Nation, y ella sigue manteniendo su promesa de salvación, a pesar de quedar bastante estropeada tras el ataque de las fuerzas de Delos. ¿Dónde quedó Hector y el resto de su comitiva? ¿Vendrán al rescate para ayudar a nuestra anfitriona favorita? Al menos, Lee entendió que hay algo especial con ella y debe ser resguardado, aunque su cobardía extrema lo obliga a abandonar el barco ante el menor de los peligros. Queremos saber ya que le depara el futuro, aunque no nos importa que haya más encuentros con Dolores, momentos donde ambos personajes se humanizan hasta el extremo, más allá de sus marcadas diferencias.

No nos interesan los juegos y el bienestar de William, un peón en esta historia, que no termina de entender dónde acaba la fábula y donde empieza la realidad que lo rodea, empecinado a seguir los caminos marcados por Ford, en vez de volver a casa con su hija. En cambio, queremos saber que oculta realmente el Valley Beyond y que significa esto para los anfitriones del parque, pero sospechamos que el Hombre de Negro tiene un último papel que jugar cuando todas las historias confluyan en este punto.

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