Hijo de tigre
Análisis

ANÁLISIS| Vikings S05E016: The Buddha (Spoilers)

La cosa se puso picante en Wessex y ya no podés ni confiar en tu propia madre. 

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Por: Jessica Blady

Está claro que esta segunda parte de la quinta temporada de “Vikings” eligió un enfoque muy diferente, más allá de los enfrentamientos en el campo de batalla, la brutalidad y las costumbres norteñas; abrazando un lado más dramático, plagado de política e intrigas palaciegas. Todo tiene que ver con el poder, y cómo aquellos que lo ostentan deben luchar para retenerlo, muchas veces, contra sus colaboradores más allegados o seres queridos. “The Buddha” plantea esta cuestión en cada uno de los escenarios de la serie, ya sea Wessex, Kattegat, York o Islandia.

Después de la contienda entre los británicos y los vikingos comandados por el rey Harald, Alfred parece haber recobrado cierta confianza por parte de sus súbditos y de aquellos que querían derrocarlo, incluyendo a su hermano Aethelred. Igual, el monarca sajón no va a quedarse de brazos cruzados esperando una nueva traición y manda a ejecutar a todos los instigadores. A pesar de las advertencias de su madre, el joven rey decide perdonarle las ofensas a su hermano, quien demostró lealtad en el campo de batalla.

A la tensión familiar, hay que sumarle un hecho importante: Alfred finalmente cumple su palabra (y las viejas promesas de su abuelo, el rey Ecbert) y le otorga las negadas tierras a sus nuevos aliados vikingos. Para Ubbe es toda una victoria, pero tras la desaparición de Lagertha, Bjorn no logra disfrutar este postergado sueño de su padre. Asentarse en suelo británico y expandir el reinado del Norte siempre fue uno de los anhelos de Ragnar Lodbrok. A los ojos de su hermano mayor, el triunfo de Ubbe tiene gusto a poco, ya que debió abandonar sus tradiciones paganas y pelear al lado de los cristianos.

 

 

Sin poder conciliar estos cambios, Bjorn piensa en la alternativa: volver a Kattegat para reclamar lo que es suyo (y el viejo reinado de su madre). Para ello debe enfrentar a Ivar con un ejército que no tiene. ¿La solución? Aliarse con Harald, quien comparte muchas de estas intenciones. Sabemos que el rey noruego es de poca confianza, pero al menos conserva cierto honor y el respeto por los hijos de Ragnar.

Tras la derrota en Wessex, Harald decide hacer rancho en York planeando su próxima jugada. La propuesta de Bjorn le cae como anillo al dedo, pero está por verse si estos dos viejos enemigos pueden dejar sus diferencias de lado por un objetivo en común.

Por lo pronto, Ironside hace buenas migas con Gunnhild -viuda del fallecido Jarl Olavson-, y sigue esperando el regreso de su madre que parece haberse desvanecido después de la muerte del obispo Heahmund. Lagertha ya venía “derrotada” mucho antes de su llegada a Wessex, pero el deceso de su amado parece haber hecho mella en su frágil estado anímico. Algo poco visto en una guerrera tan poderosa, pero si algo demuestra la serie de Michael Hirst, en especial estos últimos episodios, es que ninguno de estos personajes son invulnerables, ni dioses inmunes a los sentimientos más humanos.   

 

¡Córtenle la cabeza!

 

No hay que confundir emociones con debilidad, y “The Buddha” nos vuele a recordar el parecido entre Bjorn y Ragnar, aunque el ADN diga lo contrario. Esos últimos momentos junto a Ubbe, y en especial la despedida de Torvi, reafirman por qué es nuestro guerrero vikingo favorito… aunque no se haga cargo de los pibes.

Sabíamos que Ironside no encajaba en la dinámica de Wessex y su partida parece alivianar cierta tensión con Alfred, aunque este sea el menor de los problemas del monarca. Muertos los traidores, el rey puede seguir gobernando sin preocupaciones inmediatas, pero Judith no ve con buenos ojos el perdón a Aethelred y la buena relación que este tiene con los súbditos. El débil estado de salud de su hermano -algo que ya vimos varias veces- vuelve a poner en duda su poderío, y el atisbo de una nueva conspiración. Acá es donde “Vikings” se sumerge en full tragedia shakesperiana dando un giro tan inesperado como aterrador: mamá envenenando a su propio hijo.

Siempre supimos que Judith tenía a Alfred como favorito, pero no hay retorno de esta línea que acaba de cruzar. Claro que nos acordamos de Joffrey Baratheon y su destino, pero no estamos seguros si Aethelred merecía una “reprimenda” tan cruel. Queda ver que va a hacer Alfred al respecto, y cómo se van a convulsionar las cosas en su reinado.

 

Los nuevos y los viejos dioses

 

Lejos de ahí, en Islandia, a Floki también le toca enfrentar decisiones importantes. Tras haber desterrado a Eyvind y su familia, los peregrinos reciben la inesperada visita de Helgi, quien atravesó la tempestad para pedir un poco de ayuda. Parece que Eyvind y los suyos lo están pasando bastante mal, y arrepentido de sus actos, busca esta mano amiga que los pueda salvar. Floki debe decidir si cree en las palabras de Helgi y el cambio de actitud de su viejo enemigo, y traspasar el clima más dañino para socorrerlos en favor de crear una comunidad más pacífica.

Kjetill termina decidiendo por él, y esperemos que no se equivoque ya que esta subtrama viene dando vueltas en sí misma desde hace rato, sin avanzar mucho que digamos. El paralelismo con Wessex no es intencional, y hace hincapié en la necesidad de mantener unida a esta comunidad, a pesar de la discordia y las adversidades.    

Los sucesos en Islandia no terminan de encajar dentro del panorama general de esta historia y desde hace rato parecen desconectados. Seguimos creyendo que hay un plan detrás de las peripecias de Floki, pero extrañamos esos momentos cunado ponía sus habilidades al servicio de los hijos de Ragnar. Claro que ese barco partió hace rato, y suponemos que vería con buenos ojos el hecho de que Ivar se autoproclamara un dios.

 

Muerto el rey, qué viva el rey

 

En Kattegat todo parece tranquilo, al menos por el momento. Las noticias de la derrota de Harald llegan a los oídos del Deshuesado que ya piensa en su próxima jugada: enfrentar a Alfred en el campo de batalla. Pero uno de los problemas inmediatos de Ivar es la lealtad de Hvitserk, que todavía no logra encontrar su propósito en esta empresa. Desde que decidió unirse a las huestes de su hermano, Hvitserk supo cuestionar muchas de sus decisiones. Ahora, su encuentro con un artesano y la filosofía de Buda le abren un nuevo camino que, además, podría poner en jaque todas sus creencias. Un dilema por el que supo atravesar el propio Ragnar tras su amistad con Athelstan y el choque con la cultura cristiana.

Lo cierto es que, ante los ojos de Ivar, Hvitserk sigue siendo un cabo suelto y, cada vez que se cruzan, no dejan de insinuarse amenazas. Ivar está demasiado confiado en su nueva condición omnipresente, un detalle que podría jugarle en contra a la hora de tomar decisiones.    

“The Buddha” es un gran episodio cuando se trata de los personajes, pero un tanto desprolijo al saltar de un escenario a otro sin mucha elegancia. Los realizadores decidieron ir mucho más por el lado de las intrigas y las decisiones personales que pueden cambiar para siempre el futuro de los acontecimientos. La muerte de Aethelred es un giro importante, pero claro que acá estamos pendientes del destino de Bjorn y Lagertha porque ¡Vikingos! se llama la serie.  

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