A Ivar se le subieron los humos
Análisis

ANÁLISIS: Vikings S05E013: A New God (Spoilers)

Nadie está a salvo de una traición inminente. Vikingos y británicos deben cuidarse las espaldas si quieren mantener firme sus reinados. 

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Por: Jessica Blady

Las traiciones están a la orden del día, ya sea en Kattegat, Wessex o York, que vuelve a decir presente en “A New God”, un episodio que nos obliga a tomar bastante partido entre nuestros vikingos favoritos.

Arrancamos en Noruega, donde Ivar hace lo imposible para esconder sus temores, y como respuesta cubre sus debilidades con decisiones megalómanas. Tras el asesinato de Margrethe, la relación con Hvitserk se tensa un poquito más, pero no estaría bien visto que se despache a otro de sus hermanos, después de la desafortunada muerte de Sigurd. Por lo pronto, el nuevo soberano de Kattegat manda a pasear al rey Harald de regreso a York, terreno conquistado en la última incursión, y puerta de acceso para invadir Essex.

Ivar no es ningún zonzo y sabe que Harald codicia su puesto, de ahí que prefiera despedirlo con buenos augurios, en vez de enfrentarse a su ejército, el mismo que le aseguró el trono. Trono que debe resguardar con su descendencia, algo que pocos creen posible debido a sus incapacidades, pero vaya sorpresa cuando el hijo de Ragnar asegura que su nueva esposa Freydis está felizmente embarazada.

 

 

No sabemos si Freydis terminará por traicionarlo o sigue sus propios movimientos de poder. Por lo pronto, se dedica a llenarle la cabeza de ideas locas a su marido, mientras se deshace de los cabos sueltos que pueden amenazar su condición de reina y, por ende, también su vida. La chica hace unas jugadas maestras, de las cuales, Ivar, no parece estar tan al tanto. La lavada de cerebro parece haber rendido sus frutos cuando el Deshuesado decide proclamarse dios, una vuelta de tuerca que podría poner en peligro el bienestar de Hvitserk, aunque queremos creer que ese cliffhanger viene con trampita. ¿O no?

Al otro lado del charco, las cosas no están mucho mejor. Apenas pone un pie en York, Harald ya está maquinando su futuro, tratando de poner a los hombres de Ivar de su lado, con Jarl Olavson a la cabeza. La idea del monarca: saquear Essex, volver triunfante a Noruega y reclamar el trono de Kattegat. Claro que esto implica una conspiración por parte de Jarl que, de entrada, parece estar bastante dispuesto a traicionar al hijo de Lodbrok.

Sabemos que Ragnar nos dejó hace tiempo, pero su nombre sigue generando pasiones a lo largo y ancho del continente. Las ganas de venganza de Bjorn todavía no se apaciguaron, pero sabe que corre con desventaja estando en dominios británicos. Mientras ve con muy malos ojos como Ubbe y Torvi deciden comprometerse con el rey Alfred y abandonar sus costumbres paganas, encuentra un “aliado” inesperado en la figura de Magnus, quien todavía clama ser el hijo bastardo de Lodbrok y Kwenthrith de Mercia. Claro que es mentira, pero Ironside necesita a alguien de su lado, y este muchacho desterrado le viene como anillo al dedo.

 

¡Qué vivan los novios!

 

Los norteños saben que tienen una oportunidad de no perder la cabeza mientras Alfred conserve su trono. Todos, enemigos externos e internos, lo consideran un monarca débil, pero el hijo de Athelstan, les va a demostrar lo contrario. Por un lado, decide devolverle su puesto al obispo Heahmund y “perdonarle” sus desmanes, a cambio de que investigue quienes son aquellos que intentan derrocarlo.

Las intenciones de Heahmund son dobles y, a pesar de serle fiel a su rey, sabe que de esta manera nadie se interpone en su romance con Lagertha, que ni corta ni pincha cuando se trata de decisiones. ¿Está realmente Aethelred conspirando con los poderosos de la iglesia en contra de su hermano? A nadie le sorprendería, ya que las monarquías más poderosas del mundo se establecieron a partir de una infinidad de intrigas palaciegas y puñaladas por la espalda.

Lo mejor de “A New God” es la actitud de Alfred, asegurando la alianza con los enemigos del Norte, mientras contrae matrimonio Elsewith para asegurar su reinado, una chica que, sabemos, de temerosa no tiene nada, y esperemos que deje de mirar a Bjorn ahora que la tensión se siente en el aire.

 

Por los dioses antiguos y los nuevos

 

“Vikings” sigue por el buen camino, sentando las bases y preparando los bandos antes de que se desate el caos y las batallas que, seguro, llegarán tarde o temprano. Su punto más flojito, sigue siendo la trama de Floki, que no da pie con bola, allá en las frías tierras de Odín, tratando de crear armonía, ahí donde sólo hay discordia entre sus colonos. Lástima desperdiciar así un personaje tan carismático, pero tampoco parece encajar en este nuevo universo donde Ragnar ya no está presente.

 

 

   

 

 

 

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