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Análisis

ANÁLISIS| Titans S01E011: Dick Grayson (Spoilers)

Titans llega al final d esu primera temporada con uno de sus episodios más violentos y retorcidos. Dick llega al extremo y exorciza sus demonios de forma caso literal. 

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Por: Jessica Blady

Como final de temporada, “Dick Grayson” es un episodio bastante extraño. Cumple su función, demuestra su punto y deja el desenlace picando en un frustrarte cliffhanger. Se nota que la cosa no iba a terminar acá y que la primera temporada de “Titans” tenía un capítulo más para ofrecer (supuestamente titulado “Raven”), pero los responsables del primer show original de DC Universe decidieron poner un alto de forma brusca, y guardarse esa conclusión para el comienzo de la próxima entrega, sabiendo que la estaba confirmada. ¿Una jugada magistral o una metida de pata? Lo sabremos cuando llegue el momento.

Por ahora, nos queda analizar este episodio dirigido por Glen Winter, un realizador que se conoce el universo televisivo de la Distinguida Competencia casi, casi como la palma de su mano, habiendo pasado por todas las series del Arrowverse, y encargado del piloto de “Doom Patrol”.

Cuando llegaron los primeros adelantos de “Dick Grayson”, supimos que había gato encerrado. Entendemos que Batman es un personaje violento que muchas veces corre sus propios límites y manipula un poco sus reglas, pero hay ciertas líneas que no está dispuesto a cruzar. ¿O sí? Por ahí viene la cuestión de este capítulo que sumerge al propio Dick en sus fantasías y temores más oscuros, reflejándose en las acciones de su mentor, y en las ganas de escapar de su influencia.

 

Epa, ¿qué pasó acá?

 

A lo largo de toda esta temporada vimos al ex Robin lidiando con esta disyuntiva tras haberse alejado activamente de la acción del dúo dinámico y de la sombra de Bruce Wayne. Poco y nada logró cortando los lazos y mudándose a Detroit para convertirse en detective de la policía, suponiendo que esa era su alternativa a la hora de impartir justicia. Pero no todos los criminales reciben su merecido, y ahí es donde Grayson no logró asfixiar a su alter ego.

La llegada de Rachel Roth a su vida lo cambió todo, para bien y para mal. Le dio un  nuevo propósito a sus desmanes, pero también la necesidad de plantearse su presente y su futuro como justiciero. Robin ya no es una opción viable porque la violencia excesiva e incontrolable lo está acercando peligrosamente a los métodos y la “ideología” del Caballero Oscuro, por eso debe convertirse en otra cosa, en esa otra personalidad que se adapte a su propia doctrina y consciencia.

Tras desterrar al petirrojo de su vida (literalmente, quemando el traje superheroico), Dick dio el primer paso para encausar su rumbo, pero nunca contó con los truquitos de Trigon. El padre de Rachel tiene planes bastante específicos para su hija, la destrucción de la Tierra y otros tantos mundos, incluyendo el de Koriand'r, pero para ello necesita quebrantar la voluntad y la moral de la jovencita, que ve en Grayson a su único salvador.  

 

Ummm, ese asilo nos suena

 

Y ahí va el pobre pibe derechito a una trampa psicológica, una fantasía que lo obliga a abrazar la oscuridad de la que tanto anda renegando y quiere escapar. El escenario ficticio que Trigon le propone ocurre cinco años en el futuro, una vida placentera y familiar que lo muestra asentado en California, casado con Dawn, con la que comparte un hijo (John) y uno más en camino. En esta ilusión, Rachel y Gar siguen juntos, contentos con su vida y sus estudios, y no hay señal de ninguna amenaza a la vista. Pero cada vez que Grayson se siente confortable con este presente, el villano retuerce un poco las cosas y manipula sus hilos.     

La visita inesperada de un invalido Jason Todd, las noticias de la muerte de James Gordon y la amenaza de Batman de matar al Joker, obligan a Dick a tomar la decisión de volver a Gotham y trata de frenar los desmanes del vigilante. Acá es donde se invierten los papeles, y es Grayson el que debe convertirse en la brújula moral de su padre adoptivo, evitando que cruce esa raya y transgreda esos límites que él mismo se impuso y tanto le machacó.

Ciudad Gótica es tierra de nadie, un lugar donde el crimen se pasea sin restricciones y donde las autoridades ya no toleran los métodos de su caballero nocturno. Pero cada vez que surge la duda en Dick, Trigon vuelve a traerlo al juego, uno cada vez más violento y peligroso. En esta realidad, Batman termina perdiendo la chaveta, asesinado al payaso del crimen y purgando al resto de los villanos del asilo Arkham. Claro que no se detiene ahí, y sigue adelante con doctores, empleados y enfermeras que lo intentan detener, desatando una cacería sin cuartel por parte de SWAT, el FBI –encabezado por Kory-, y el propio Grayson, dispuesto a revelar la identidad del superhéroe y la locación de la baticueva.

 

Batman no se anda con chiquitas

 

A esta altura sabemos que todo es pura manipulación mental (Trigon y el capitán Frank Finney son la misma persona, dah), aunque no podemos dejar de asombrarnos por la brutalidad de la situación y las reacciones del futuro Nightwing, dispuesto a todo para frenar a su protector. Por supuesto que en esta fantasía los roles están invertidos, y Batman es un reflejo de su propia oscuridad, pero la decisión de acabar con todo es mucho más literal de lo que pudiéramos haber imaginado.

Finalmente, Dick Grayson decide matar a Bruce Wayne y ese es el momento en que Trigon aprovecha para traerlo de su lado, ante la atónita mirada de su hija. Desde acá sabemos que el pibe puede afrontar cualquier obstáculo, pero nos da curiosidad como los realizadores van a revertir una situación tan extrema. Suponemos que Rachel es la clave de todo esto, como Dick lo es para Batman dentro de la ilusión recreada por el demonio interdimensional; esa luz de esperanza, ese pedacito de consciencia perdida y esa superación (moral) que el alumno suele tener sobre su maestro.

“Dick Grayson” es un gran capítulo cargado de acción, un millar de referencia al batiuniverso, y un análisis bastante profundo de la psicología de estos personajes constantemente expuestos a la violencia y a la toma de decisiones moralmente ambiguas; pero no funciona tan bien como final de temporada “abierto” para una serie titulada “Titans” que necesita un poco más (o nosotros necesitamos un poco más) de este cuarteto justiciero.      

 

La sombra del murciélago

 

Igual, Winter nos entrega un gran episodio superheroico que logra mantener el ritmo y su coherencia dentro del mensaje que nos quiere dejar, y que, de yapa (sí, hay escena post-créditos), introduce al “sujeto 13”, un extraño y forzudo individuo que logra escaparse de la instalaciones del Proyecto Cadmus en algún lugar de Metrópolis… además de llevarse a su perrito. A nosotros también nos brillaron los ojitos como al can, pero no vamos a anticiparnos a la presentación de Super Boy, sin saber que les depara el futuro de la serie a los Jóvenes Titanes que ya conocemos.

La segunda temporada no tiene fecha de estreno, así que aprovechemos todo este tiempo para elaborar conjeturas y teorías de cómo Dick va a recuperar su lado más amable para detener a este destructor de mundos. “Titans” superó las expectativas o, al menos, nos terminó sacando los prejuicios y la mala espina que teníamos al ver los primeros adelantos de una serie que se perfilaba como fracaso, y terminó siendo una alternativa más oscura y violentas de los orígenes de uno de nuestros grupetes superheroicos favoritos, una donde los personaje son los primeros en brillar.

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