Análisis

ANÁLISIS: The Terror S01E01: Go for Broke

AMC tiene una nueva serie y pretende generar sustos con dos barquitos perdidos en el Ártico.
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Por: Jessica Blady

Todavía no estamos tan seguros de qué la va “The Terror”, el nueva serie antológica (léase, temporadas autoconclusivas) de AMC, en este caso, basado en la novela homónima de Dan Simmons, best seller del año 2007; pero si sentimos que la atmósfera es perturbadora. La creación de David Kajganich mezcla misterios y drama de época, y ya desde este primer episodio logra captar nuestra atención… y ponernos un poco los pelos de punta.

Los hechos: en el año 1845 dos naves de la Marina Real Británica –el HMS Erebus y el HMS Terror- se aventuran en territorios no explorados del Ártico en busca del llamado Paso del Noroeste. Cuatro años después, sabemos que los barcos (los mejores y más tecnológicos de su momento) nunca llegaron a destino y siguen desaparecidos desde entonces, junto con toda la tripulación. La expedición que los sucede se topa con un esquimal que tuvo contacto con el capitán Francis Crozier (Jared Harris), pero sus noticias no son para nada alentadoras.

La última vez que los vio huían cansados y famélicos, según el indígena de una extraña criatura llamada Tuunbaq. Crozier ya se daba por muerto, y advirtió que nadie siguiera sus pasos y que jamás podrían cruzar el famoso estrecho.

“Go for Broke”, el primero de los diez episodios de la temporada, nos lleva a septiembre de 1846 con ambos barcos tratando de atravesar el hielo antes de que las condiciones se pongan más adversas y peligrosas. Crozier tiene a su mando el Terror, mientras que John Franklin (Ciarán Hinds) comanda el Erebus, nave insignia de la expedición, con James Fitzjames (Tobias Menzies) como su segundo al mando. No hay demasiado cariño entre capitanes, pero sí respeto, y ninguno toma decisiones sin consultarle al otro, mucho menos poner en riesgo a sus hombres.

A medida que avanzan comienzan los problemas. Un marinero que cae enfermo y un accidente en cubierta. El Erebus también sufre una avería importante que obliga a los oficiales a tomar una decisión bastante riesgosa que podría poner en juego la supervivencia de todos, pero les aseguraría poder reanudar la aventura.

Así nos deja Edward Berger, director de esta primera e inquietante entrega que abre las puertas hacia una historia que mezcla lo histórico con lo terrorífico. La idea de la cadena, y de sus productores –entre ellos Ridley Scott- es replicar el éxito de “The Walking Dead” (cuando era un suceso), pero cambia zombies por fuerzas sobrenaturales.

Claro, todavía no sabemos si se trata de un monstruo real o puras supersticiones, pero ya tenemos el beneficio de la duda y un par de escenas que no muestran mucho, aunque insinúan bastante. Imaginemos una cruza entre “Alien – El Octavo Pasajero” (Alien, 1979) y “Capitán de Mar y Guerra: La Costa más Lejana del Mundo” (Master and Commander: The Far Side of the World, 2003), eso sí, con menos extraterrestres y ciencia ficción, y ambientada a mediados del siglo XIX.

Ese es el clima que logra el realizador, en medio de un paisaje blanco y bastante desolador donde los hombres son cautelosos y entienden los riesgos que atraviesan. Crozier es el “temerario” (y borrachín), mientras que Franklin se agarra fuertemente de sus creencias religiosas. En el medio hay hombres de ciencia, ingenieros y marineros más toscos e ignorantes, que pueden caer fácilmente bajo el influjo de los mitos y leyendas.

Por momentos, “The Terror” se pierde un poco entre diálogos muy técnicos, y algunos flashbacks que remiten al comienzo de esta aventura, que cortan la atmósfera inquietante que va construyendo. Ese clima de suspenso, el “terror psicológico” que maneja y las actuaciones de un elenco (sobre todo la dupla Hinds/Harris) que engalana cada una de las escenas son los puntos más altos de esta serie que podría convertirse en nuestro nuevo pasatiempo televisivo… si no desbarranca como su hermana apocalíptica.

Suma puntos la puesta en escena de época y esos “avances tecnológicos” puestos al servicio de la exploración que hoy nos parecen piezas de museo, pero en aquel entonces eran la hostia… o para muchos rozaban la brujería. La combinación con el suspenso, y ese atisbo de terror funcionan a la perfección, y de paso nos recuerdan a ciertos momentos clásicos del género como el desolador final de “Frankenstein” y su criatura. Le ponemos nuestro voto de confianza, y esperemos que no la pifie. 

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