Análisis

ANÁLISIS: The Kominsky Method S01E01/02: Chapter One: An Actor Avoids/Chapter Two: An Agent Grieves

Siempre se le pueden enseñar trucos nuevos a un perro viejo.
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Por: Jessica Blady

Chuck Lorre es una máquina de hacer éxitos televisivos (“The Big Bang Theory”,  “Two and a Half Men”, “Dharma & Greg”), claro que también tiene un par de bodriazos, pero no es el caso de “The Kominsky Method”, dramedia protagonizada por Michael Douglas y Alan Arkin, ambientada en el Hollywood que tanto conoce.

Douglas es Sandy Kominsky, actor entrado en años que supo vivir momentos de gloria y darle clases de interpretación a los más grandes. Ahora se gana la vida como profesor en su propia escuelita de actuación, empresa que lleva adelante junto a su hija Mindy (Sarah Baker).

Norman Newlander (Alan Arkin) es su agente y amigo desde hace décadas, pero no está pasando el mejor de los momentos ya que su esposa está perdiendo la batalla contra el cáncer. Esto también le afecta a Sandy, un tipo que no puede lidiar con la muerte, ni con la expresión de ningún sentimiento propio, más allá de los concejos que suele darles a sus alumnos.

“The Kominsky Method” se mete de lleno en estas cuestiones: la relación entre Sandy y Norman, Sandy y su hija, y entre Sandy y Lisa (Nancy Travis), una estudiante cincuentona que puede alegrarle un poco la vida. Lo mejor de esta comedia dramática (porque hay un poco de ambas cosas) es que a Douglas y Arkin les sale todo naturalmente y no es tan difícil creer que estos tipos se conocen de toda la vida y se pueden leer como un libro.

Sí, es una historia de hombres blancos, heterosexuales y vegetes, pero Lorre se asegura que la coyuntura esté bien presente -aunque le choque a estos personajes, generacionalmente hablando-, ya sea a través de la diversidad y el lenguaje inclusivo, o el #MeToo, deslizado de manera muy sutil al tener que encarar la relación entre alumna y maestro, o culpar a Bill Clinton por cómo se “naturalizó” su escándalo con Monica Lewinsky.      

Claro que “The Kominsky Method” también se ríe de la industria, y Lorre de sus propias series, desde el punto de vista de estos protagonistas que atravesaron un pasado y un presente muy diferente. En este aspecto, hay algunos puntos de contacto con “Barry” –de las mejores series nuevas de este 2018-, claro que esta carece del humor negro y las situaciones extremas del drama de HBO.

Por el contrario, hay un naturalismo que nos acerca a los personajes y sus problemas cotidianos, un común denominador con el resto de los mortales que están (y estamos) más allá del escenario hollywoodense, las excentricidades o los famosos que aparecen como estrellas invitadas. Acá la realidad se mezcla con la ficción de la serie, y en ciertos momentos no distinguimos si se trata de Sandy Kominsky o del verdadero Michael Douglas. ¿Eso es malo o es bueno?

Al show le funciona y ayuda a humanizar a estos personajes que, como cualquier hijo de vecino, atraviesan pérdidas, fracasos amorosos o malas relaciones con sus hijes. “The Kominsky Method” arranca muy bien porque sabe balancear la comedia y el drama sin irse a los extremos en ninguno de los dos casos. Ayuda muchísimo tener dos monstruos como Douglas y Arkin de protagonistas, y al mismísimo Lorre haciéndose cargo de los guiones y la dirección de, al menos, el primer episodio, de los ocho que nos trae esta temporada. La fórmula no es nueva, pero resulta efectiva porque nunca viene mal un poco de clasicismo que sabe adaptarse a los tiempos modernos.

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