Análisis

ANÁLISIS: The Crown S02E01: Misadventure (Spoilers)

La serie de Netflix estrena segunda temporada y las cosas se ponen tensas en el palacio.
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Por: Jessica Blady

“The Crown” no es la serie más exitosa de Netflix, pero sí (tal vez) la más prestigiosa; la que le reporta más cantidad de premios y buenas críticas alejada de los escándalos, y en la que invierte millones para reconstruir los primeros años del reinado de Elizabeth II (Claire Foy).

La segunda temporada de este drama biográfico (la idea es cubrir toda la regencia de la monarca) arranca exactamente donde nos quedamos, con Elizabeth tratando de acomodarse en un mundo de hombres, lidiando con su nuevo primer ministro, Anthony Eden (Jeremy Northam), y un matrimonio con altos y bajos.

El director Philip Martin y el guionista y creador Peter Morgan, deciden dar un pequeño saltito en el tiempo para luego volver a atrás y resumir cinco meses conflictivos para la reina: la partida de su esposo Philip (Matt Smith) en una gira diplomática que lo va a llevar por varios países, y una nueva guerra en el horizonte, cuando Egipto decide recuperar el Canal de Suez.

A Elizabeth se le “enseñó” a no meterse en estos asuntos políticos y dejar todo en manos entendidas, pero a sus espaldas Eden comenzó su propia cruzada, y complotando con Francia e Israel, pretende acabar con los planes del presidente egipcio Gamal Abdel Nasser. El conflicto bélico está a la vuelta de la esquina, pero la reina tiene otros asuntos en la cabeza: las indiscreciones de su marido.

Sí, al parecer el duque de Edimburgo esconde un affaire, y aunque Elizabeth trate de mantener la compostura, esta revelación le va a empezar a afectar. No ayuda que su esposo esté a punto de embarcarse en un viaje larguísimo junto a su secretario personal Mike Parker (Daniel Ings), otro cuya “reputación” lo precede, y no tiene reparos a la hora de huir de su familia en busca de aventuras de todo tipo.

Como bien lo dice Dickie (Greg Wise), su majestad se casó con un “espíritu libre” y, de alguna manera, debe aceptar las consecuencias por ello. La realidad es que Philip no está muy contento con su papel de consorte y segundón, y claro que ningún hombre lo estaría en la Inglaterra de mediados de los cincuenta.  

“Misadventure” reafirma este punto donde los refinados señores siguen tomando las decisiones importantes y llevando adelante al país en tiempos de la post-guerra. En este contexto, la monarquía parlamentaria es sólo un adorno, y a Elizabeth se le consultan los asuntos por pura cortesía. Esta es la lucha de la reina: hacerse camino en un mundo tan masculino, sin entorpecer, pero tampoco quedándose afuera. Ni hablar de que, como mujer, debe balancear lo social, lo político y lo doméstico, siempre bajo el escrutinio de la opinión pública; algo que, generalmente, no se le suele exigir al sexo opuesto.

“The Crown” se guía, ante todo, por los hechos históricos con una detallada puesta en escena y actuaciones impecables, pero también se atreve a sumergirse en los problemas más mundanos de la realeza, con una Elizabeth/Foy a la cabeza que trata (y logra) de mantenerse imperturbable ante los deslices de su marido o las “traiciones” de su primer ministro. Todos tenemos esa gota que rebalsa el vaso, y por ahí viene la cosa durante esta segunda temporada, donde Liz y Philip van a tener que llegar a un acuerdo para mantener una convivencia aceptable ya que, para ellos, el divorcio no es una opción que se puede contemplar.

Esto sigue siendo lo más interesante que plantea el drama de Netflix. No el cotilleo de la monarquía reciente como estamos acostumbrados a percibirlo desde los medios más amarillistas, sino lo que pasa a puertas cerradas; el lado menos glamoroso de este cuento de hadas y, sobre todo, el de una mujer (como antes lo hizo Elizabeth I o Victoria) tomando las riendas de una de las potencias del mundo, cuando todas las apuestas (y el apoyo de sus pares) no suelen estar a su favor. Una serie que carece de fantasía y todas esas cosas que llaman más la atención, pero sí tiene una gran protagonista que, después de más de seis décadas, sigue bien apostada en su trono.   

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