Análisis

ANÁLISIS: Slay The Spire (PC Early Access)

Ideas que por sí solas no son originales pero que juntas nos terminan enamorando
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Por: Guillermo Leoz

A esta altura todos los géneros han sido alguna vez combinados. Como jugadores hemos comido todo tipo de ensaladas virtuales con mejor y peor resultado. En los últimos años ejemplos de títulos que fusionan distintos estilos hay varios, por ejemplo, Crypt Of The Necrodancer, un juego musical, rítmico que a la vez era un roguelike. Grandes estudios muchas veces no se animan a tomar riesgos, a experimentar con nuevas y frescas ideas, por lo tanto esas extrañas combinaciones vienen más del lado de la escena independiente. De esa manera es como la gente de Mega Crit nos ha dado lo que es una de las primeras joyas del año, mezclando sabores familiares para crear un producto totalmente adictivo y refrescante en forma de Slay The Spire, un juego que actualmente se encuentra early access en Steam.

Es en parte Magic The Gathering o Hearthstone, es decir, un juego donde tenemos que ir armando nuestro mazo y usando cartas para defender y atacar. Pero también es parte Rogue Legacy o  Binding Of Isaac, en el sentido que cada vez que empezamos una nueva partida, todo es diferente: los enemigos son aleatorios, los caminos a recorrer también y nunca realmente sabemos con qué nos vamos a encontrar. Por último es parte Darkest Dungeon o cualquier otro juego donde el estilo de combate es por turnos. Más allá de las varias referencias a otros juegos, no se siente como una copia de ninguno de ellos en particular; más bien es la prueba de cómo no hay que tenerle miedo a la experimentación y a unir lo mejor de varios mundos.

Cuando comenzamos Slay The Spire elegimos a nuestro personaje, que es el equivalente a un tipo de mazo específico. Funciona como una “clase”, como un tipo de personaje pero disfrazado en forma de serie de cartas con distintas habilidades. En un principio contamos con sólo un personaje pero después vamos destrabando otro más, con la posibilidad de que con el correr del desarrollo continúen agregando personajes/mazos jugables. Slay The Spire plantea una plataforma totalmente expansible; más allá de la frescura nata que tiene por ser un roguelike, es un juego que tiene la posibilidad de agregar contenido de manera constante, renovando enemigos, cartas, personajes, items, escenarios, etc.

El primer personaje disponible se llama Ironclad y se especializa sobre todo en cartas de fuerza y de bloqueo. Además comienza con una reliquia que siempre permite recuperar un poco de HP al final de cada combate. En lo personal me resultó un poco menos versátil que el segundo personaje llamado The Silent, una encantadora cuyo mazo se basa en dagas y veneno. Ella cuenta con una reliquia que hace que todos los combates empecemos con dos cartas adicionales la cual, si tenemos suerte, nos permitirá ejecutar combos devastadores.

Una vez que elegimos nuestro personaje, comienza nuestra aventura. En un principio vamos a tener un mazo bastante básico, pero la idea es que con cada partida, con cada derrota, ganamos experiencia para levelear y eso nos permite destrabar cartas que se suman de manera permanente a nuestro mazo. El juego se divide en actos con creciente dificultad y la particularidad que tiene es que cuando comenzamos tenemos que elegir un cierto camino, atravesando casi que distintos “casilleros”. Allí nos podemos encontrar con peleas contra enemigos, fogatas para descansar, tesoros, un mercader, enemigos de elite o signos de pregunta que pueden ofrecer recompensas o castigos. El hecho de poder ver cómo va a ser la totalidad del recorrido y del mapa, le agrega un componente estratégico y de especulación interesante, que se asemeja bastante a lo que termina sucediendo durante el combate.

En los enfrentamientos es donde el juego más nos sorprende y donde todas sus facetas se fusionan para dar una experiencia muy singular. En cada ronda contamos con una serie de cartas a utilizar en nuestra mano y, obviamente, tenemos una energía (equivalente al mana) para jugar dichas cartas, cada una con un costo en particular. Podemos atacar, defendernos, aplicar buffs o efectos negativos a los enemigos, envenenarlos, debilitarlos, etc. Las posibilidades son muchísimas y crecen a medida que conseguimos mejores cartas que van definiendo los combos que podemos ejecutar con cada mazo. Esos efectos negativos, esos buffs o esos cambios de estado con aquello que más lo hacen parecer a un RPG por turnos tradicional, un aspecto que no solemos encontrar en otros juegos de cartas del estilo.

Para decidir nuestra estrategia de una manera que no sea frustrante y desconcertante, Slay The Spire toma una decisión en particular que, a mí entender, es sumamente acertada. Arriba de cada enemigo en pantalla, nos aparece exactamente qué va a hacer cuando le llegue su turno. Esto significa que sabemos si nos va a atacar y cuánto daño nos va a hacer, pero también si se va a defender o aplicar algo que afecte nuestro estado, entre otras cosas. También sabremos de antemano si tienen la habilidad de duplicarse cuando su vida esté a menos del 50% o si nos robarán oro o si van a transformarse de alguna… La variedad de acciones de parte de nuestros contrincantes es altísima y ante semejante factor aleatorio, poder saber con anticipación cómo van a ser sus acciones ayuda a que formemos una buena estrategia y a no desperdiciar cartas o tiempo. Es una mecánica que podría parecer insignificante pero que es clave para la experiencia del usuario y para mantener el ritmo del juego. Nos hace sentir inteligentes cuando contrarrestamos por completo la jugada del rival y nos salvamos de una muerte segura, o eliminamos a varios enemigos a la vez. Slay The Spire se trata de eso, de hacer el mejor uso posible de los recursos que tenemos a nuestra disposición; tenemos que tratar de jugar la mayor cantidad de cartas posibles en una misma mano y hacer todo de la manera más efectiva posible.

La obra de Mega Crit, como todo buen roguelike, se apoya en el hecho de regresar una y otra vez; si perdimos nuestra partida, necesitamos un incentivo automático para volver a intentarlo. En este caso, más allá del componente adictivo del juego mismo, eso se materializa en el hecho de tener nuevas cartas o nuevos personajes para probar. Siempre algo desbloqueamos y siempre avanzamos un poco más en cada recorrido. Quizás una vez llegamos al jefe final de un acto pero perdimos; pero en otro intento ya lo pudimos derrotar, no sólo por lo que aprendimos, sino por los elementos que tenemos a disposición. Para eso también hay reliquias que nos dan ciertos beneficios, las cuales podremos comprar en el mercado. Acá es donde el componente aleatorio propio del género puede jugar a nuestro favor o en nuestra contra. Muchas veces conseguimos ese item que nos hace la vida más fácil, otras veces ni aparece e incluso en algunas ocasiones directamente nos va a perjudicar.

Otro aspecto que suma a la complejidad del juego y de nuestra estrategia, es el hecho de poder mejorar cartas en las fogatas, que hacen que sean más baratas o tengan mejores estadísticas. Ahí nuestro mazo no diría que cambia por completo, pero ciertamente empieza a tener otro sabor y empezamos a conocer mejor los beneficios de cada carta mejorada para una próxima partida (una vez que, inevitablemente, perdamos). Queda en nosotros decidir si le metemos un upgrade a alguna carta o si vamos a lo seguro y recuperamos vida, ya que no vamos a poder hacer las dos cosas a la vez. Mejorar nuestro equipamiento es algo fundamental si queremos eliminar a los enemigos más difíciles del juego que nos meten en combates más largos de lo normal, más complejos y con más idas y vueltas. Por ejemplo, nos puede tocar un enemigo que vaya acumulando armadura pero que no ataque tanto; otro que si le realizamos una cierta cantidad de daño despliegue una coraza; jefes finales que “spawnean” minions para que atacarnos (lo que significa tener que lidiar con más contrincantes) o incluso algunos que nos harán mucho daño cuando mueran, algo que compromete nuestra posibilidad de llegar cada vez más lejos ya que nuestra vida no se regenera automáticamente (sólo podemos curarnos en fogatas, en ciertos casilleros con signos de pregunta o una vez que terminamos un acto y pasamos al otro).

Quizás a mucha gente el hecho de que Slay The Spire esté en Early Access la desaliente a darle una oportunidad a este gran juego. Entiendo la desconfianza a este sistema o al argumento de “no voy a pagar por un juego no terminado”, sin embargo es hora de quizás redefinir lo que es un juego en este estado o en este programa en particular. Hoy por hoy la mayoría de los juegos de publicadores más importantes y sobre todo aquellos con mundos conectados y con experiencias cooperativas online, son juegos que constantemente van cambiando y a los que se les va agregando contenido a partir del feedback de la gente. Se los llama juegos como servicio, pero secretamente son prácticamente lo mismo que juegos en Early Access, simplemente tienen otra etiqueta.

Más allá de esta discusión, el caso de Slay The Spire es el de un juego que se adapta muy bien a este estilo de desarrollo. Las posibilidades para agregar nuevo contenido son infinitas. Además al no contar con un componente competitivo (al menos por ahora) no hay tanto miedo de desbalancear el juego o arruinar el “meta”, como suele decirse (de hecho ya hay algunas cartas que se siente demasiado fuertes, pero es sinceramente genial cuando las conseguimos). El público a través del feedback podría darle una vida útil muy extensa a este extraño juego y convertirlo en una experiencia todavía más variada. Otro miedo que hay con respecto al Early Access es que un juego cambie por completo su estilo, su género o lo que ofrece; que aquello por lo que pagamos termine siendo algo totalmente distinto. Si bien ese es el riesgo que se corre cuando uno decide utilizar su dinero de esa forma y las reglas están claras, no es algo que por lo general suceda. Estará en cada persona animarse entonces a lanzarse a la aventura y que en lugar de que nos vendan gato por liebre, terminemos entre todos haciendo un mejor juego. Slay The Spire tiene todo para convertirse en el nuevo gran juego de cartas coleccionables, sólo resta ver qué camino decide tomar, al igual que nosotros cada vez que comenzamos una nueva partida.

LO MEJOR:

  • Super adictivo
  • Gran variedad de enemigos
  • Posibilidades infinitas para agregar contenido
  • Nos vamos a sentir grandes estrategas

LO PEOR:

  • Algunos problemas técnicos
En esta nota
  • en construcción
  • slay the spire

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