Análisis

ANÁLISIS: Resident Evil: El Capítulo Final (2017)

Paul W. S. Anderson vuelve con la conclusión de la historia de Alice. Y lo hace de nuevo.
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Por: Leon Valle

Antes de comenzar, un aviso: si no te gustan las películas de la saga Resident Evil, esta nueva entrega no va a cambiar tu opinión. Sin embargo, si sos como yo y disfrutas del universo delirante que ha creado el Paul Anderson trucho, esta película te va a tocar en los lugares correctos.

Como siempre, la protagonista es Alice (Milla Jovovich), que muy lejos está de la joven que despertó con amnesia en una bañera en la Mansión Spencer hace 15 años. Alice ya sobrevivió a un estallido nuclear y a un apocalipsis zombie, ganó poderes telequinéticos (y los perdió igual de rápido), peleó junto a sus clones, y conoció a un desfile de personajes (y enemigos) sacados de los juegos, como Claire y Chris Redfield, Jill Valentine, Albert Wesker, Barry Burton y Leon Kennedy, entre otros.

Lo que personalmente celebro del universo de Anderson es que ofrece su propia visión de una historia ya de por sí convulsionada y ridícula como es la de los videojuegos. La creación del personaje de Alice le otorgó un lienzo en blanco alrededor sobre el cual utilizar a voluntad los elementos del material original sin alejarse de la historia que pretende contar – y cuando las películas se piensan como una única unidad orgánica, aún con sus mil quilombos, agujeros de guión e inconsistencias, realmente se sienten una única construcción gestada desde el comienzo.

Entendería, por supuesto, que los detractores argumenten que estas son excusas que yo me invento para poder disfrutar del compendio de situaciones imposibles que es cada una de las producciones. Puede ser. Aún así, yo la paso bien sacando el cerebro un rato y mirando a Milla tirar frases ridículas escritas por un adolescente y hacer piruetas que desafían varias leyes de la física. Si ustedes no, como dije más arriba, manténganse alejados.

Resident Evil: El Capítulo Final está entre las más grandes películas de la saga, tanto en lo que a valores de producción como a escala refiere. Monstruos voladores, mareas de zombies, ambientes enormes y un largo recorrido desde Washington lleno de referencias a las cinco precuelas y los juegos.

Encontramos a Alice despertando en medio de las ruinas de la Casa Blanca, donde ha sido traicionada por Wesker (Shawn Roberts), quien en el final de la última película (“Resident Evil: Retribution”, 2010) la convenció de trabajar juntos en este supuesto último puesto de resistencia de la humanidad. Allí se encuentra con la Reina Roja, la inteligencia artificial que viene haciéndole la vida imposible desde “Resident Evil” (2002), pero que ahora se muestra de su lado y devela que hay una cura para el T-Virus: un antivirus que se dispersa por el aire y que puede salvar a los poco más de 4500 humanos que quedan en todo el planeta (no se explica si ese número incluye a los varios cientos que Alice mata en el camino). Lo malo es que hay que hacerlo dentro de las próximas 48 horas, y el antivirus está en El Panal, aquella instalación subterránea ubicada debajo de las ruinas de Raccoon City.

Entonces, cerrando el círculo, Alice se dirige al lugar donde todo comenzó hace una década a terminar con Umbrella definitivamente.

Por supuesto, gran parte de las 48 horas que la separan de la redención Alice se la pasa cautiva, inconsciente o planeando defensas innecesarias si se enfocara en buscar el antivirus y resolver el problema de fondo. En el camino, la heroína se encuentre con viejos conocidos, tanto amigos como enemigos, muchos de los cuales dicen presente aún cuando ya los habíamos dado por muertos hace como tres películas, pero que están acá porque son funcionales a la trama – un decisión inexplicable que no puedo más que celebrar. Resulta trágico, sin embargo, presenciar el anticlimático desenlace de algunas historias y rivalidades que venimos viendo desde hace una década. Pero como las apariciones estelares, a esta altura hemos aprendido que en esa ridiculez también radica su encanto.

No quiero hablar mucho más del argumento porque hay un par de vueltas de tuerca que intentan justificar toda la saga y los eventos de esta película con relativo éxito. Pero les puedo adelantar que hay muchos resultados fallidos de experimentos, mareas de zombies, personajes cuyo nombre no terminamos de memorizar que ya están muertos, y clones por todos lados.

Lo que realmente llama la atención es que en una película con diálogos trillados, actuaciones de medio pelo y un argumento convulsionado, sea la dirección de Anderson (que escribió todas y dirigió cuatro contando esta) lo que más desentone. Si bien mantiene su estilo propio, con mucho traveling y cámara aérea, cambios de planos y rápida edición de las escenas de acción con cámara en mano, esta vez intenta generar sobresaltos donde no los hay sin efecto y la vertiginosidad de cámara termina afectando la claridad de algunas de las escenas de acción, sobre todo en locaciones oscuras o espacios reducidos. 

Aún así (o especialmente por esos problemas), la película es lo que esperamos: una road movie de acción que no pide disculpas ni se siente en la necesidad de dar demasiadas explicaciones por su propio delirio. Milla ya te saca a Alice con los ojos cerrados y nunca me voy a cansar de escucharla contar la historia de las anteriores películas una y otra vez en los primeros segundos (una costumbre que se mantiene desde la segunda, “Resident Evil: Apocalypse”). Cuando pensábamos que Anderson no tenía más conejos en la galera, el director y guionista expande la mitología de forma inverosímil e improbable para cerrar la historia con broche de oro. Tómalo o déjalo.    


"Resident Evil: El Capítulo Final" es buena entrega de la franquicia – considerando lo que eso significa. Es entretenida, tiene acción desde el primer minuto y cierra (con relativo éxito) la historia que Anderson viene construyendo desde 2002. Hubiera preferido algunos cameos más o al menos explicaciones acerca del destino de ciertos personajes, pero supongo que habrá que mantener la esperanza para la próxima.

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