Análisis

ANÁLISIS: Pie Pequeño (Smallfoot, 2018)

Demoliendo mitos, un pixel a la vez.
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Por: Jessica Blady

A simple vista, “Pie Pequeño” (Smallfoot, 2018) podría confundirse con una mala copia del abominable hombre de las nieves de “Monsters Inc.” (2001) y su precuela, pero no. Migo (en el original con la voz de Channing Tatum) no tiene nada que ver con el simpático yeti de John Ratzenberger, más allá de que ambos viven en el Himalaya y comparten especie de monstruito.

Warner Bros. sigue sumando historias animadas a su catálogo, siempre con el ojo puesto en sus empáticos personajes, pero también en sus temas. Tal vez no sean las películas más taquilleras del mercado, pero historias como “Cigüeñas” (Storks, 2016) y esta de la que ya les vamos a hablar, resultan una grata sorpresa y una mirada diferente para los más chicos y los más grandes.  

Karey Kirkpatrick, un profesional consumado en esto de los dibujitos -guionista de cosas como “Pollitos en Fuga” y “Jim y el Durazno Gigante”, y director de “Vecinos Invasores” (2006)-, es el responsable de esta aventura digital basada en el libro “Yeti Tracks” de Sergio Pablos.

Los yetis (no, nada que ver con Luke) viven felices en lo más alto del Himalaya, en una comunidad apartada de todo y regida por las reglas de las rocas, una serie de “preceptos” milenarios que todos siguen a rajatabla. Su aldea está ubicada por encima de las nubes en una montaña que flota (¿?), suspendida sobre la nada, más o menos como la Tierra estaba sostenida por cuatro tortugas gigantes, mucho antes de que Colón vinera a complicar las cosas. Sí, estas pacíficas y enormes criaturas se manejan por un pensamiento mágico que no contradicen, salvo algún que otro renegado que siempre le busca la quinta pata al gato.

Pero Migo, no. Él sólo espera el turno de tomar el lugar de su papá como responsable de golpear el gong para que asome el sol y comience el día. Una tradición familiar que trae varios problemas de cabeza (literales), ya que es la parte del cuerpo más requerida para esta importantísima tarea.

Migo falla en su primer intento y sale despedido fuera de la aldea, donde atestigua un accidente aéreo que lo cruza con la extraña criatura mitológica conocida como pie pequeño. Acá no hay ningún misterio, nos referimos a un simple y pequeñísimo humano que sale disparado de la montaña entre sustos y un paracaídas empujado por el viento.

Atónito, Migo vuelve con los suyos a contarle las novedades, pero como ya no hay pruebas y los tratan de mentiroso, el yeto queda expulsado de la lugar con un destino bastante incierto. Pero entre los de su clase hay compañeros que le creen y, apoyados por la evidencia (objetos que fueron encontrando), deciden ir en busca de pie pequeño para probar su existencia.

¿El problema? Las rocas dicen que los pie pequeño NO existen y asegurar lo contrario implicaría que hay errores en esta milenaria sabiduría. ¿Se entiende? En esta comunidad no está bien visto ir en contra de lo estipulado y buscar la verdad por otros medios. Las dudas deben ser enterradas y apegarse a la rutina.

Abajo, en un pueblito himalayo, Percy Patterson (James Corden) intenta recuperar a su audiencia. Este pseudo youtuber solía ser una personalidad de la tele que fue perdiendo popularidad, pero empezó con un propósito más altruista demostrando su amor por los animales. Hoy, todo se mide en likes y seguidores, y el encuentro con el piloto traumado que asegura haber visto al “abominable hombre de las nieves”, le va a dar la idea perfecta para romper la Internet con su próximo video.

  Se imaginarán que, tarde o temprano, los caminos de Migo y Percy se van a cruzar, desencadenando un revuelo en la aldea y, posiblemente, una revelación que cambiará la vida de todos para siempre.  

“Pie Pequeño” no juega a lo seguro cuando se trata de dar un mensaje (los mensajes). Obvio que va a ir por el lado de las diferencias, el choque de las especies (y los mitos) y quien es el verdadero monstruo en esta historia, pero también habla de la moral, la ética de trabajo, nuestra adicción a la tecnología y las redes sociales, y nos alienta a nunca dejar de perseguir la verdad, aunque esta esté escrita en piedra (literalmente). Claro que no viene a revolucionar el cine infantil, pero qué lindo que los peques (y los grandes) estén expuestos a un poquito de anarquía animada en épocas sociopolíticas tan convulsionadas como las que nos toca transitar.

Los momentos más ñoños de la película (no olvidemos que el público principal siguen siendo los niñitos), seguramente, son sus numeritos musicales, algunos realmente graciosos, pero suelen romper el clima de la película. Claro que ayudaría tener a mano las voces originales, pero hay que conformarse con un doblaje bastante decente.

Por lo demás, “Pie Pequeño” es divertida, súper entretenida para los más chicos de la mano de su “humor físico”, y no tiene necesidad de apelar al golpe bajo. Técnicamente, no tiene nada que envidiarles a monstruos como Pixar o Disney, sobre todo cuando vemos los pelajes y la variedad que existe entre los yetis.   

Cuando pensamos que todo ya está cocinado, Kirkpatrick y su codirector Jason Reisig, suman una vueltita de tuerca más, terminando de confirmar que las películas para chicos casi nunca toman el lado facilista.

LO MEJOR:

- Un abanico de mensajes súper interesantes.

- El individualismo de sus personajes.

- Que trata de romper los moldes.

LO PEOR:

- Esos numeritos musicales…

- No es Disney, ni Pixar, ni tiene minions.

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