Análisis

ANÁLISIS: Legítimo Rey (Outlaw/King, David Mackenzie, 2018)

La historia la escriben los que ganas, y esta vez no son los ingleses.

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Por: Jessica Blady

La historia entre Escocia e Inglaterra es larga y bastante violenta. Claro que todo cambió a partir de la firma del Acta de Unión que dio lugar al Reino de Gran Bretaña (de ahí lo de Reino Unido), pero para llegar a esta instancia del siglo XVIII, pasó mucha sangre y ganas de independencia bajo el puente.

“Outlander” empezó a reivindicar la rica cultura escocesa ante los ojos del mundo desde su estreno en 2014. Tenemos el antecedente de “Corazón Valiente” (Braveheart, 1995) y su ‘particular visión’ de los hechos; y ahora el realizador David Mackenzie –ese apellido lo dice todo- llega a la pantalla de Netflix para rescatar el nombre y las acciones de Robert the Bruce -Roberto I de Escocia-, noble que se cansó de inclinar la cabeza y, tras la muerte de William Wallace, decidió plantarle pelea a los ingleses y recuperar el trono de Escocia, que le correspondía por derecho.

Seamos sinceros, la historia nos resulta fascinante y muchas veces olvidamos que todas esas batallas, desmembramientos y traiciones ocurrieron de verdad. Sí, pasó hace más de setecientos años en tierras ajenas a las nuestras, pero estas luchas por la independencia y la libertad no son diferentes a las que celebramos por estas pampas.

“Legítimo Rey” (Outlaw/King, 2018), una traducción bastante desafortunada si entendemos la importancia de Robert como rey y fugitivo, arranca en el año 1304 cuando los lores escoceses deciden jurarle lealtad (para conservar sus cabezas) a Eduardo I de Inglaterra (Edward I of England), soberano que tendría que haber elegido a un monarca local, pero en cambio prefirió el camino de la tiranía.

Tras la muerte de Wallace, el último rebelde que se le oponía a Eduardo, Robert –un viudo obligado a casarse con Elizabeth de Burgh para asegurar ciertas alianzas-, decide emprender su propia cruzada, eliminar a la competencia (John Comyn.), y coronarse rey de Escocia, lo que desató la ira del monarca inglés.

Claro que la historia no tiene nada de glamoroso porque Bruce es un rey perseguido con pocos aliados y ningún reino que gobernar, al menos hasta que logre la independencia de su pueblo. Mackenzie se concentra en estos primeros “años”, la lucha por conseguir el apoyo de los escoceses que no siempre están tan de acuerdo con la manera en que se adjudicó el trono, su particular forma de ataque (un castillo a la vez y en plan guerrillero) y el enfrentamiento que lo cambiaría todo.

Con “Sin Nada que Perder” (Hell or High Water, 2016), el realizador escocés demostró sus destrezas narrativas, algo que vuelve a exponer, de entrada, con un plano secuencia de ocho minutos (chupate esta temporada tres de “Daredevil”) que sienta las bases de la historia y nos marca aliados y traidores con apenas un movimiento de cámara.
Acá, Mackenzie vuelve a hacer equipo con Chris Pine, que parece haberse enamorado de los personajes que persiguen buenas causas y están dispuestos a ir hasta las últimas consecuencias. Más allá del acento impuesto (bastante bien para un pibe de California), no podemos dejar de ver mucho de Steve Trevor en su Robert Bruce que, además, le va de igual a igual a su compañera y esposa Elizabeth Burgh, una Florence Pugh (la Katherine de “Lady Macbeth”) que no para de impresionar con sus interpretaciones.

Claro que “Outlaw/King” es una película de batallas épicas y mucha testosterona, pero no deja de resaltar a este breve personaje femenino que, no siempre está de acuerdo con las ideas de su marido, pero decide quedarse a su lado sabiendo que la lucha es justa, aunque pague las consecuencias.           

A través de los ojos de Mackenzie y sus guionistas, Robert se nos presenta como un héroe sin falencias, y un santo en contraposición a Edward I (un Stephen Dillane que no larga la espada, por las dudas), y su hijo y heredero, el otro Edward (Billy Howle). Los realizadores deciden contar la historia desde este punto de vista, sin muchos matices, aunque tampoco hay tanto tiempo para desarrollar los personajes.  

Así, los años de disputa se convierten en dos horas de metraje donde se intuye apenas el comienzo de esta lucha. “Legítimo Rey” podría, tranquilamente, ser la primera entrega de una saga (¿estamos dando ideas?), de ahí que, al final, nos quede la sensación de haber visto poco. Sí, la trama resulta anecdótica, un recorte dentro de una narración más rica, pero no deja de ser interesante y entretenida para aquellos ajenos a los acontecimientos… o para los amantes de los dramas históricos con toques de épica.

Entendemos las razones de los protagonistas, pero ante la representación no dejan de ser un tanto bidimensionales (o un poquito exagerados como el caso de Aaron Taylor-Johnson). Esta es la falla más grande de una película muy correcta, bien ejecutada y actuada –la reconstrucción de época, los paisajes escoceses, las batallas sangrientas, la música de Jake Roberts, el acento en algunas de las tradiciones de esta rica cultura- y llevadera, que pone al centro y al frente a uno de esos tantos héroes olvidados de la historia.

LO MEJOR:

- Mackenzie sabe cómo contar en imágenes.

- La reivindicación escocesa.

- Los elementos se conjugan muy bien, aunque no sea una obra maestra.

LO PEOR:

- Una historia correcta, pero no profunda.

- A los personajes le vendría bien más desarrollo.

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