Análisis

ANÁLISIS: Lamplight City (PC)

El creador de Shardlight viaja al pasado para contar una de detectives.
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Por: Leon Valle

Con sus fallas, una de mis aventuras favoritas de los últimos años es Sherlock Holmes: Crimes & Punishment, la séptima entrega de la saga del famoso detective a cargo del estudio Frogware. No fue el espantoso voice acting o las animaciones por momentos robóticas lo que más disfruté del juego, sino esa sensación de estar haciendo un trabajo detectivesco real y sobre todo la posibilidad de fallar y tomar decisiones que influyeran en el curso de la historia.

Cito Crimes & Punishment porque sucede que este nuevo proyecto del creador de Shardlight, Francisco Gonzalez (ya alejado de Wadjet Eye Games), tiene algunos de los elementos de aquel juego de Frogware, aunque no llega a profundizar en el concepto como lo hacía Sherlock.

Lamplight City nos pone en la piel de Miles Fordham, un detective devenido en investigador privado que tiene que lidiar con las secuelas de la muerte de su compañero Bill Leger mientras continúa buscando a su asesino en la New Bretagne steampunk del siglo XVIII. Alejado de la fuerza, Miles, con ayuda de Bill (cuyo espíritu no encontrará descanso hasta que el responsable de su muerte esté tras las rejas) decide aceptar algunos casos que su ex-colega Constance Upton le pasa por debajo de la mesa –casos que la policía no hay podido resolver o que ella siente no se investigaron los suficiente antes de arribar a un culpable- para mantener la mente activa y quizá en algún momento resolver el misterio que lo persigue desde hace meses.

Nos lanzamos entonces a la aventura (gráfica) en un terreno que será familiar a los seguidores del género, con un diseño general sencillo pero atractivo, con personajes bien animados y locaciones cuyo nivel de detalle depende mucho de la cantidad de veces que vayamos a visitarlas durante el juego, y un guión y actuaciones de voz dinámicas, interesantes e inteligentes. Dada la inexistencia de puzzles que requieran la utilización de ítems no hay menú contextual ni inventario y el sistema de control es convencional, con un cursor dinámico que se modifica dependiendo de la acción disponible (hablar, investigar o interactuar/recoger). Todas las pistas, descripciones y objetivos están contenidos en el anotador de de Miles.

Como decía al comienzo, Lamplight City ofrece una particular mecánica de resolución de casos: no es necesario encontrar al verdadero culpable para dar por terminada nuestra tarea ya que el juego admite el error como parte de la narrativa –y en ciertas ocasiones mostrará las consecuencias de ello–. De hecho no resolver de forma satisfactoria los primeros cuatro casos nos impedirá acceder al quinto, porque una cosa es errarle cada tanto y otra es ser un desastre de detective.

Por desgracia este sistema es a la vez el principal atractivo y el mayor de los problemas del juego. Es posible cruzarse durante una investigación con individuos que tienen conexión con un caso anterior y responderán de forma positiva o negativa dependiendo de nuestro accionar en aquella oportunidad; sin embargo las consecuencias de una detención errada no se sienten en ningún momento más allá de este tipo de repercusiones triviales que, en última instancia, no afectan de forma real el desarrollo de la investigación en curso. Asimismo Upton confía ciegamente en el criterio de Miles y hará caer el brazo de la ley sobre quien apuntemos el dedo acusador, aunque como jugadores sepamos que es la elección equivocada.

Sucede que en ciertas ocasiones es posible escoger una opción de diálogo equivocada y ofender a un personaje que claramente tiene información fundamental para continuar con la investigación, de forma tal que, sin acceso a esos datos, no tenemos más remedio que cargar una partida guardada (guarden seguido), resignarnos y acusar al sospechoso equivocado, o comenzar el caso nuevamente. 

Completan estas frustraciones e inconsistencias una colección de puzzles lógicos bastante sencillos y un desarrollo de lineal que en la gran mayoría de los casos sólo pide al jugador que haga clic en todos los lugares posibles y agote las opciones de diálogo para avanzar.

Aún con todos esos problemas a cuestas, Gonzalez se las arregla para construir en Lamplight City una historia interesante y personajes con carisma y motivaciones identificables. Desde Miles, que lucha contra la adicción, el alcoholismo y la voz de su ex compañero en la cabeza hasta su esposa Adelaide, una peluquera afrodescendiente que tiene que lidiar con los secretos y problemas de su marido además de la intolerancia de sus clientas. La presencia de Bill ayuda mitigar la clásica repetición y el tedio de los monólogos internos tan propios de estas aventuras, y algunas de las elecciones de diálogos hasta afectarán la relación del protagonista con él, ofreciendo un ida y vuelta digno de un Hyde y Jekyll improvisado que funciona muy bien.

La ambientación y el contexto también suman a la aventura porque la ciudad de New Bretagne es un personaje más, sumida en el crimen, la homofobia, el racismo y las tensiones políticas y de clase propias de un proceso de evolución tecnológica que promete reemplazar la mano de obra con máquinas a vapor. No todas las temáticas tienen una injerencia profunda en los casos a resolver, pero el clima de transformación y hastío de la ciudad aflora en cada escenarios y cada situación, ya sea en la apatía de los trabajadores que ahogan sus penas en una taberna, en la excitación de un científico experimentando con una nueva fuente de energía o en la resignación de las trabajadoras de un burdel que sufren constantes abusos por parte de sus clientes. El imaginario del juego es realmente fantástico y me gustaría verlo desarrollado más en profundidad en algún otro proyecto.


Lamplight City es un gran concepto enterrado en una ejecución que deja que desear. Por fortuna sus fallas son compensadas por una historia atractiva, personajes interesante y un imaginario que esconde más de una sorpresa. No pasará a la historia del género pero es sin dudas una experiencia que vale la pena… sobre todo si lo consiguen en oferta en unas semanas. 

LO MEJOR
+ El imaginario de New Bretagne.
+ La historia y los personajes.
+ El concepto que explora.

LO PEOR
- No termina de hacer pie en la ejecución.
- Los casos van de mayor a menor.

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