Análisis

ANÁLISIS: Here and Now S01E01/E02: Eleven Eleven/It's Coming

HBO, Holly Hunter y Alan Ball. La propuesta parecía interesante... pero no.
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Por: Jessica Blady

Alan Ball, creador de “Six Feet Under”, “True Blood”, y ganador del Oscar por el guión original de “Belleza Americana” (American Beauty, 1999) vuelve a la carga en la misma cadena que siempre le dejó cumplir sus caprichos (HBO), esta vez, con una historia familiar demasiado rebuscada –sí, incluso más que la de los Fisher-, que intenta abarcar demasiados temas, mientras se hace la irreverente.

Entendemos que se trata de ficción, y a esta altura está casi todo inventado, por eso Ball arremete con “Here and Now”, una dramedia centrada en los Bayer-Boatwright, una familia multiracial conformada por mamá Audrey Bayer (Holly Hunter), una ex terapeuta ahora dedicada a promover la empatía en las escuelas; papá Greg Boatwright (Tim Robbins), profesor y filósofo en plena crisis de los sesenta; y sus cuatro hijos: los adoptados Ashley (Jerrika Hinton), empresaria de la moda oriunda de Somalia; Duc (Raymond Lee), “arquitecto emocional” y célibe nacido en Vietnam; y el joven Ramón (Daniel Zovatto), colombiano que ahora se dedica a diseñar videojuegos; más la adolescente Kristen (Sosie Bacon), única hija biológica de la pareja, que solo piensa en drogarse y debutar en el sexo.

Como verán, un crisol de razas, todos con ganas de olvidar sus traumáticos pasados y convertirse en norteamericanos de bien. Bien norteamericanos. Exitosos a la sombra de una madre que los alienta y sobreprotege, y de un padre que, por momentos, ni se da cuenta que existen.

Cada uno hace la suya, pero la dinámica familiar comienza a alterarse y mutar cuando Ramón empieza a ver ciertas cosas, patrones que los demás no logran visualizar y, en seguida, se cree que podría sufrir los mismos síntomas esquizofrénicos que su tío (el hermano de mamá), aunque no estén emparentados de forma sanguínea.

Hasta acá, un drama como cualquier otro, pero Ball lo retuerce y lo recarga de situaciones y detalles que, en apariencia, podrán complejizar a los personajes, aunque en realidad no hacen más que presentárnoslos como extrañas caricaturas, arquetipos que solo pueden existir en la retorcida cabeza de un escritor que lo intenta demasiado. Nadie es remotamente normal, todos tienen debilidad por las drogas, o el sexo desenfrenado, o ambas cosas. Exageran cada una de las situaciones mucho más que melodrama mexicano, o aún peor, atenúan las que son verdaderamente importantes.

A lo largo de estos primeros dos episodios no hay descanso narrativo, pero tampoco hay momento para la reflexión, sólo una sucesión verborrágica de extraños momentos y conflictos. Situaciones inverosímiles llevadas al extremo y aunque sus personajes estén bien encaminados, y algunos temas relevantes como la empatía, el racismo y las enfermedades mentales quieran colarse en el argumento, todo termina siendo un gran pastiche que quiere demostrar lo cool e irreverente que es, en relación con otros proyectos.

Resulta imposible conectar con la mayoría de estos protagonistas. Y duele, sobre todo teniendo a dos grandes actores como Hunter y Robbins a la cabeza. Desde lo visual, “Here and Now” tampoco aporta mucho, más allá de algunas alucinaciones y flashbacks que solo refuerzan el misterio que intenta esconder la serie.

Resulta extraño porque Ball siempre supo balancear muy bien sus historias, incluso locuras como las primeras temporadas de “True Blood”. Pero acá, todo se le escapa de las manos, queriendo abordar el drama familiar y la diversidad, sumando cuestiones filosóficas sobre el “acá y el ahora”, y algún que otro temita sobrenatural, suponiendo que por ese lado vayan sus intenciones.

“Here and Now” falla porque es demasiado rebuscada y, al final, poco atractiva. Los temas que plantea pueden resultar interesantes, tal vez, si estuvieran repartidos en diferentes series, y algunos de sus personajes se destacan (Hunter, Hinton, Zovatto); pero el conjunto no funciona ya que todo es extremo y, en definitiva, no hay aristas de donde nos podamos agarrar… mucho menos, encontrar ese punto de conexión que nos empuja a querer seguir mirando el resto de los capítulos.  

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